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martes, 28 de febrero de 2017

La antesala de la primavera


Como cada año, los últimos quince días del mes de febrero son testigo del despliegue de flores que abarcará los próximos meses, sin necesidad de esperar a la llegada del equinoccio primaveral. Nuestro suave clima permite que las plantas más tempranas comiencen a aprovechar estos días templados para emitir sus flores.

En esta ocasión, para evitar alargar mucho la descripción del vídeo ya que, como es habitual, se habrá hablado o se hablará de las plantas e insectos que aparecen en él en otras entradas, se opta por hacer una relación minutada del contenido de cada escena. A medida que los vídeos van creciendo en contenido y se publican a mayor ritmo, probablemente este sistema sea mejor. No obstante, si hay alguna sugerencia, los comentarios están abiertos.

00:00- Diversas flores de Iris reticulata

00:20- Una abeja de la miel libando néctar en las flores de Plectranthus neochilus

00:43- Flores de rúcula

00:49- Una abeja Lasioglossum recolecta polen en una Bellis perennis

01:05- La misma especie de abeja de la escena anterior, en esta ocasión en una Mauranthemum paludosum

01:23- Flores de Narcissus 'Winter Waltz' recién abiertas

01:28- Un macho de Anthophora plumipes se detiene unos instantes a tomar néctar de una Linaria maroccana

01:32- Narcissus 'Fortune'

01:40- Lamium amplexicaule

01:44- Hyacinthus orientalis 'Anastasia'. Al fondo a la derecha se observa la flor de un Narcissus 'Winter Waltz'

01:52- Narciso de copa pequeña sin identificar

01:56- Grupo de flores de un sólo ejemplar de Dorotheanthus bellidiformis

02:02- Heliophila coronopifolia

02:07- Dimorphotheca sinuata

02:19- De nuevo la Heliophila coronopifolia, con la Dimorphotheca sinuata en segundo plano

02:32- Plano grupal de diversos narcisos que crecen y florecen juntos: 'Dutch Master', 'Winter Waltz' y  'Grand Soleil d'Or'

02:43- Narcissus 'Grand Soleil d'Or'

02:50- Narcissus 'Winter Waltz' unos días después de la anterior escena donde aparecían en solitario

02:58- Otra imagen de Narcissus 'Grand Soleil d'Or'

03:04- Narcissus 'Loveday'

03:10- Narcissus 'Avalanche'

03:18- Las dos variedades anteriores de narciso, juntas

03:29- Narcissus 'Tête-à-tête'

03:35- Muscari armeniacum

03:42- Ipheion uniflorum

03:57- Anemone blanda

04:01- Linaria maroccana de flores blancas

04:10- Malcolmia maritima

04:14- Hembra de Anthophora plumipes recolectando néctar y polen en una Linaria maroccana

04:38- Linaria nevadensis 'Grenada Sol'

04:46- Jacinto de flores rosadas

04:53- Arctotis híbrida, con Lavandula dentata en segundo plano a su derecha

05:00- Arctotis fastuosa

05:05- Felicia amelloides

05:10- Lampranthus aureus con Osteospermum de fondo

domingo, 26 de febrero de 2017

Abejas de patas peludas

Macho de Anthophora plumipes descansando
La Anthophora plumipes es, aparte de las siempre presentes Apis mellifera, la abeja que más temprano comienza a visitar la terraza tan pronto como ésta se llena de flores. Si bien este año hubo una visita inusual de una hembra en la primera mitad de enero, lo habitual es que sean los nerviosos machos los primeros en emerger. No sólo en esta especie, sino en todas las abejas solitarias, puesto que su principal tarea consiste en patrullar una y otra vez los lugares florecientes para tratar de sacar ventaja frente a otros machos rivales en pos de encontrar a hembras con las que reproducirse. Ellos vivirán algo más de tiempo, pero no deja de ser una vida breve que va ligada al ciclo del clima y las plantas en flor.

Hace sólo dos años, o tres temporadas si se cuenta por estaciones, que me percaté de la presencia de esta especie. El primer año era incapaz de conseguir una imagen nítida puesto que, al parecer, sólo venían los machos, que rara vez se detienen, siendo incluso muy escuetos a la hora de beber néctar. Su vuelo poderoso y directo les lleva a recorrer, de manera repetitiva, una ruta alrededor de todos los puntos de flores de la terraza. Si bien es una especie de coloración variable, los machos de esta región se diferencian por su tonalidad grisácea. Lo que confirma su sexo son los parches desnudos de su cara de color blanco-amarillento y la pelusa rala de sus patas traseras. Las hembras tienen la cara negra y las patas traseras con una densa cubierta de pelos dorados en los que pegan el polen que recogen. Además, su librea general incluye tonalidades pardas y oscuras que faltan en los machos.

Esta especie cría en paredes de tierra consistente, donde excavan túneles que servirán de nido. El año pasado conseguí ver nidos de esta especie en Alzira, debajo de una gran roca que se sustentaba sobre un terraplén arcilloso, en el cual habían excavados multitud de agujeros. La especie no forma colmenas, pero varias hembras suelen criar cerca si el medio es el adecuado: esto ocurre con varias especies de abejas solitarias. Desconozco de dónde vendrán las que acuden a la terraza, que vuelven más frecuentes sus visitas en cuanto descubren que existen flores de su agrado. En un radio de medio kilómetro a la redonda, una minucia para recorrer volando si se es una de estas abejas, hay suficientes zonas de campo y monte para criar.

En la terraza se han aficionado a las plantas con nectarios tubulares y a ser posible que permitan un acceso y retirada sencillos para su lengua. Visitan a varias de las linarias y a la ocasional Misopates, pero no a los antirrinos, que requieren de una visita más prolongada abriendo la corola y entrando en ella. Las salvias, borrajas y Cerinthe también forman parte de su recorrido. Este año las dos últimas no han florecido en febrero, aunque están cerca de hacerlo en las próximas semanas. A la Lavandula dentata han dejado de prestarle atención, pero en cambio he descubierto que se detienen a recolectar el polen de los estambres de los Iris germanica.

El macho de la foto tuvo un comportamiento un tanto excepcional. Suelen detenerse a descansar de vez en cuando, pero se marchan en cuanto entramos en su campo visual. Este en concreto estuvo tanto rato posado que me dio tiempo de sobra a acercarme y enfocar lo mejor posible. Las hembras, por su parte, llegan a ser más fáciles de fotografiar o grabar una vez se las encuentra enfrascadas en alguna planta que les proporcione alimento. Este año han aparecido prácticamente a la vez que en el anterior, pero han tenido que encontrarse con una menor variedad de especies de su agrado, limitándose a las Linaria maroccana que, eso sí, han florecido en distintos puntos.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Insectos en septiembre

Amegilla garrula
Con las grandes diferencias que ha tenido el mes de septiembre, no solo en cuanto a tiempo atmosférico sino al número de plantas que quedan en flor en la terraza, la aparición de diversas especies de insectos ha sido un tanto caprichosa. No obstante, las escasas observaciones han tenido muchos momentos interesantes, dándose a conocer algunas especies no vistas hasta ahora o produciéndose el regreso de algunas que no se habían visto en meses. Sea como fuere, las principales visitantes de las plantas, las abejas, se encuentran ya en un punto bajo de su ciclo y la mayoría de especies habituales hasta hace poco han ido ya desapareciendo o dejando de prestar atención a las flores que quedan.

Villa sp.
Nada más comenzar el mes pude registrar, aunque demasiado brevemente, una nueva especie de mosca observada en la terraza perteneciente a una familia que se caracteriza por alimentarse en las flores. Se trata de una Villa, género muy amplio con especies muy similares entre sí, perteneciente al clado de las Bombyliidae, las llamadas moscas abejorro. Hasta ahora sólo había visto en Cullera -y la única vez en mi vida- un ejemplar del género Bombylio, una especie peluda con una trompa convertida en un tubo recto succionador de néctar. En la Villa, el aspecto es más cercano al de una mosca al uso, aunque con grandes alas oscuras que reposan extendidas hacia los lados. Lo que me llamó la atención enseguida fue observarla en vuelo, llegando a pensar que se trataba de alguna especie de abeja tampoco vista hasta ahora. Su vuelo cernido y cambios de dirección rápidos la hacen parecerse bastante a algunas especies de abeja de vuelo poderoso y directo. Debido a esta manera de moverse, apenas conseguí hacerle algunas fotos cuando se posó antes de marcharse definitivamente, sin más observaciones en días posteriores.

Evania appendigaster
El regreso más llamativo ha sido el de la Amegilla tentativamente asignada como la especie A. garrula, que vi una única vez al comienzo de julio. No sólo ha aparecido en diversas ocasiones en la terraza, sino que he tenido la oportunidad de observar ejemplares muy parecidos en el campo que no han hecho más que ampliar las dudas. Los ejemplares que vienen a la terraza siempre son iguales: hembras con escopas peludas en sus patas traseras, abdomen color pajizo con bandas ralas de pelo oscuro y ojos verdes, con dos marcas verticales en la cara. Sin embargo, en el campo he observado ejemplares que cumplen todas las características con la salvedad de que el abdomen poseía bandas negras y claras bien definidas; además, con ellos aparecía de vez en cuando algún ejemplar totalmente cubierto de pelo castaño rojizo. Parece tratarse de machos y hembras, pero desconozco si aquéllos tienen relación con la especie que se presenta en la terraza. Sea como fuere, las escasísimas flores que quedan, sean las escabiosas o, más a menudo, la Buddleja, han sido suficientes para realizar observaciones y fotografías de esta especie que tanto recuerda en comportamiento a su pariente primaveral Anthophora plumipes. En el campo observé que las albahacas atraían a estas abejas, haciendo caso omiso de las lavandas o romeros. En la terraza florecerá en breve una albahaca que ha crecido discretamente toda la temporada, pero quedará algo justa de tiempo, pues seguramente las abejas solitarias no duren mucho más.

Eupeodes sp.
Sí ha habido, sin embargo, presencia continuada de otras especies de abejas solitarias durante todo el mes, que presumiblemente también llegarán a permanecer en octubre. Las Lasioglossum han sido observadas hasta esta semana, aunque han disminuido su presencia notablemente. Se mantienen algo más estables las Hylaeus, que curiosamente son mucho más frecuentes en la única menta del balcón de casa que en la misma planta -acompañada por otras dos especies más del mismo género- que hay en la terraza, ambas con pocas flores ya. De las Megachile hace tiempo que no sé nada, ausentes quizá desde muy a principios de mes, aunque todavía he observado recortes de hojas en algunas plantas que parecen haber aparecido recientemente. En otro punto, en Sollana, todavía observo con frecuencia a otras especies del género que a estas alturas están construyendo nidos o buscando agujeros donde hacerlo.

Amegilla garrula
Las moscas tampoco abundan demasiado durante este mes, incluso las de costumbres necrófagas. Los sírfidos, por su parte, han tenido su mayor representación en la Syritta pipiens, aunque hace dos semanas se dejó ver por unos instantes una especie de Eupeodes de tamaño grande que no había visto hasta ahora. "Grande" si se la compara con la frecuente Eupeodes corollae: la observada era del tamaño aproximado de una mosca común y se detenía a recoger néctar en los pequeños estambres de la Gaura y una Commelina. En otro orden de cosas, las avispas tampoco han tenido mucha presencia en la terraza más allá de las típicas Polistes. Eso sí, pude finalmente fotografiar -e identificar- a la pequeña Evania appendigaster, una avispa de color negro y largas patas traseras parecidas a las de un saltamontes que llevo viendo de manera puntual desde hace años. Se trata de una especie que parasita las ootecas de las cucarachas, resultando pues beneficiosa de manera indirecta para nosotros, principal objetivo de dichos insectos. Además de dípteros e himenópteros, a la esfinge colibel la he observado realizando de vez en cuando visitas vespertinas a las flores de la Buddleja. A partir de ahora, no obstante, vendrán los meses de menor actividad en los que las primeras flores nuevas apenas recibirán visitas de polinizadores más allá de las siempre atentas abejas de la miel y algunas mariposas que siguen activas en invierno.

miércoles, 31 de agosto de 2016

Abejas de agosto

Hylaeus pictus
Con un espacio lleno de flores interesantes para las abejas, la presencia de diversas especies de estos insectos parece que se puede mantener con relativa frecuencia durante todo el verano, etapa en la que en años anteriores era precisamente la falta de flores la que hacía de las observaciones de abejas algo totalmente anecdótico. Sí es cierto que, por ejemplo, observo abejas de la miel hasta en las flores que tienen a la venta en la calle algunas tiendas y a la terraza apenas han llegado a verse durante este mes, pero el verdadero protagonismo recae sobre las especies solitarias, generalmente de pequeño tamaño, que siguen enfrascadas en su búsqueda de alimento para llevar adelante a la próxima generación, que deberá aguardar en su nido hasta la temporada próxima.

Hylaeus sp.
Si bien las mismas especies de flores que quedan desde finales de junio y tenían su estatus de importancia para las abejas siguen llamando su atención, no hay duda de que el aporte de algunas lamiáceas perennes ha dado un pequeño bonus a estas incansables trabajadoras. A principios de mes traje una Lavandula x allardii que vino ya con la floración comenzada y que a los pocos días se convirtió en la preferida de las Megachile, que ya parece que comiencen a hacer menos caso a las Helenium -aunque siguen en flor- y que hasta ahora sólo tenían cierto interés en las Scabiosa y las Cardiospermum, que también han entrado ya en decadencia. Aunque las Megachile siguen observándose a diario, en el momento que la lavanda se quedó sin flores su presencia ha disminuido. La otra lavanda que adquirí, Lavandula dentata, lleva intentando florecer desde hace unas semanas y su aspecto no parece ser el más óptimo, pues empezó a perder tallos enteros a los pocos días de traerla. Con todo, espero que se regenere este otoño y florezca: por lo que suelo ver en ejemplares plantados en el monte, la especie se mantiene en flor durante gran parte de los meses suaves del año.

Lasioglossum sp.
Como en el mes pasado, en agosto las especies mayoritarias han sido, prácticamente en exclusiva, las de pequeño tamaño. Aquellas dos Lasioglossum distintas, las de abdomen gris y negro y las de segmentos ribeteados de rojizo, se han ido presentando con frecuencia en busca siempre de flores de pequeño tamaño. Con todo, la más frecuente es la de las bandas grises. Tampoco descartaría, no obstante, una identidad similar a la de las Megachile: quizá las de abdomen sin bandas sean los machos de la misma especie, pues casi siempre estos ejemplares tienen antenas y abdomen alargados, rasgos propios de los machos, y no recuerdo haber visto a ninguna con las patas llenas de polen. Esto merece sin duda algo más de observación, eso sí, si durante lo que queda de verano siguen frecuentando la terraza. De momento siguen teniendo flores a su disposición, y además de las especies que más suelen gustarles.

Megachile sp.
El mes todavía ha permitido conocer algunas especies nuevas. Tras la lluvia del día 10 empecé a observar las pequeñas abejitas que visitaban la Buddleja davidii, que con su pequeña talla y vuelo nervioso no llegaba a observar con detalle y, por asimilación, di por hecho que serían Lasioglossum. Nada más lejos, cuando tuve oportunidad de verlas quietas y fotografiarlas, observé que se trataba de Hylaeus. Al principio no me paré a comparar imágenes y supuse que pertenecían al mismo tipo de las que vienen en primavera en gran cantidad, pero en una observación detallada se aprecian caracteres diferenciales. La especie que viene en primavera se presenta en dos formas, una de ellas con el abdomen rojizo y varias partes de su cuerpo con un vistoso color amarillo. No hay ninguna parecida entre las observadas estos días, y los ejemplares oscuros, similares a aquéllos de primavera, presentan algunas diferencias. Por ejemplo, no poseen el rebode amarillo en la parte anterior del tórax y, en cambio, toda la mitad inferior de sus patas es de dicho color, mientras que en las de primavera las patas son enteramente negras con una banda amarillo pálido en el centro. Además, por lógica, es probable que se trate de una especie distinta con una época de vuelo diferente a las observadas en primavera. Sea como fuere, no han dejado de aumentar en número durante estos días.

Lasioglossum sp.
Pero no es la única de su género observada este mes, si bien para encontrar novedades tendremos que cambiar la terraza por un balcón. Cuando adquirí la Mentha x rotundifolia lo hice por partida doble, dejando una para casa para futuros fines culinarios. Mi calle en Sueca, que es esencialmente urbana con la única presencia de un jardín exclusivamente de árboles, ha resultado ser otro punto de esos en los que las abejas aparecen como por arte de magia en cuanto dejamos una planta interesante a su alcance. Tan pronto como la dejé allí llegaron las mismas Lasioglossum que en Cullera, y poco después las mismas Hylaeus mencionadas en el párrafo anterior, de las cuales llegan a reunirse hasta 20 sobre la misma planta. Sin embargo, se presentó una especie visiblemente distinta, Hylaeus pictus, que no he visto nunca en Cullera. Aunque no deja de ser pequeña, es claramente más grande que las demás Hylaeus y las Lasioglossum, además de presentar un llamativo colorido negro y amarillo. La he observado también en Sollana, donde a su vez he visto especies de Halictus y Megachile no observadas en la terraza. No son las únicas abejas solitarias que he ido viendo en el campo durante este mes y que nunca he podido ver en la terraza. La más destacable es una especie de Amegilla, probablemente Amegilla quadrifasciata, una abeja robusta y peluda similar a las Anthophora que durante el mes de agosto he observado de manera escasa pero frecuente en el límite entre el monte y los arrozales de Cullera, así como en las motas de los caminos cercanos al río Júcar en Sueca. Quizá es tarde o directamente improbable, pero tomo nota para intentar tener al año que viene mayor cantidad y variedad de plantas capaces de aguantar todo el verano en flor a fin de conseguir más variedad de abejas, que, dentro de lo que cabe, sé que están cerca y por tanto existe la probabilidad.

sábado, 6 de agosto de 2016

Medio verano



Hoy llegamos al ecuador exacto del verano. Parece mentira, pero todavía quedan otros 47 días hasta que llegue el equinoccio de otoño, si bien solemos dar por terminado el verano una vez comienza septiembre, o bien cuando las tormentas que suelen llegar en ese mes, en fechas variables, calman un poco el calor ambiental. La realidad es que agosto acaba de empezar y por tanto todavía nos quedan por delante muchas jornadas en las que pasar calor. El primer día del mes, el pasado lunes, los cielos se cubrieron y llegó a llover, dejando 1 mm. en Sueca pero nada en Cullera. En los últimos años, el mes de agosto suele ser algo impredecible con las tormentas y tanto puede estar exento de lluvias como producirse acumulaciones importantes.

Entre las plantas, poca novedad ya, con un patrón que mantiene más o menos lo mismo de los últimos días de julio, con la ausencia de algunas especies que van terminando su floración. Por tanto, y por las pocas novedades que hay que contar, he elegido esta entrada para mostrar el vídeo resumen del pasado mes de julio, que como siempre se detalla escena a escena.

Comenzamos con asteráceas. Primero, observamos los grandes capítulos de la Leucanthemum x superbum, obtenida de semilla y que quizá ha tardado demasiado en florecer, durando poco más de un mes. Lo mismo han sufrido las anuales Zinnia haageana y Zinnia angustifolia, que sembradas ya en primavera apenas han tenido tiempo para desarrollarse bien: a la próxima, siembra en otoño. Más cargadas de flores se presentaban sendas Angelonia angustifolia, que no parecen tener problema con el intenso sol veraniego. Lo mismo para la Mandevilla sanderi, de flores rojo intenso, cuyo carácter tropical la hace perfecta para este ambiente estival.

Una Megachile macho busca alimento entre las flores de una Scabiosa atropurpurea. Estas abejas han tenido una importante presencia durante el mes de julio, especialmente alrededor de la siguiente planta en aparecer, la Helenium autumnale, de vivas cabezuelas rojigualdas. Tras ella observamos las flores de un Delphinium, de aspecto impecable, visitadas por otra abeja muy frecuente este verano, una Lasioglossum. Frente a ellas se encuentra la Lobelia cardinalis, de vivas flores de color rojo que este año están teniendo su mayor despliegue hasta la fecha, con cuatro espigas a la vez.

Volvemos a los insectos, primero con una avispa alfarera Odynerus y acto seguido nuevamente una Lasioglossum, en esta ocasión visitando una de sus flores predilectas, la de un coleo, las cuales están produciendo semillas, algo a lo que sin duda deben haber ayudado las reiteradas visitas de las abejas. Tras ambas, vemos a un himenóptero mucho más grande, un abejorro, enfrascado en la tarea de buscar alimento en las flores de la Buddleja davidii.

Finalizamos el vídeo entre los cactus. Primero, la floración del ya veterano Ferocactus herrareae, y para concluir, la escena de la araña cangrejo con una abeja capturada entre sus quelíceros que se produjo sobre el pequeño Mammillaria nejapensis.

domingo, 31 de julio de 2016

Verano de abejas

Amegilla garrula
Las altas temperaturas del verano son una bendición para los insectos, que tienen carta blanca para desplazarse todo el día sin más preocupación que encontrar alimento. Entre ellos, claro está, las abejas son una gran parte, y su actividad no cesa durante el periodo estival. Otra cosa es que acudan a la terraza y encuentren flores, cosa que en verano es algo más complicada debido a que muchas plantas floríferas ya han muerto para entonces y las perennes que quedan no siempre son especies atractivas por su polen. Sin embargo, a poco que consigamos tener alguna planta que interese a las abejas, allí estarán. También hay que tener en cuenta otros factores, como los períodos de vuelo de determinadas especies, lo cual explica una ausencia que no se debe a la falta de comida sino a la simple desaparición de los adultos durante esta época del año.

Bombus terrestris
La primera especie que aparece en las fotos que ilustran la entrada no ha dado oportunidad a despejar las incógnitas que su propia presencia planteó. La identifiqué como Amegilla garrula por similtud con esta especie, aunque esta determinación podría ser incorrecta. Morfológicamente no quedan dudas al situarla como cercana a Anthophora; del género Amegilla he observado tanto en Cullera como en Sueca ejemplares que parecen corresponder a Amegilla quadrifasciata, observados durante estos días en algunas visitas en zonas de monte bajo y en los márgenes de los caminos del río. Una nueva observación de esta abeja podría facilitar las cosas, pues su visita fue breve y no he vuelto a verla ni siquiera de pasada en todo el mes. Me di cuenta de su presencia porque entró y salió de casa mientras regaba las plantas, produciendo un sonoro zumbido y aferrándose con sus mandíbulas de los tallos de algunas plantas que guardo colgadas para sacar semillas. Apenas permaneció un rato en la terraza y fue gracias a que una Monarda citriodora todavía conservaba unas pocas flores que despertaron su interés. Recuerdo una observación similar, de una abeja voluminosa con rayas y tórax peludo de color castaño en agosto del año pasado, la cual tampoco volvió a repetirse. Como detalle aprendido, quizá tendría que intentar buscar algunas especies de lamiáceas de flores grandes, tipo salvia o esta Monarda, que florezcan durante todo el verano, con lo que quizá consiga afianzar la visita de este tipo de abejas.

Lasioglossum sp.
No mucho más prolíficas han sido las visitas de los abejorros. Concretamente dos, la misma semana, y el mes termina sin nuevas observaciones. Por suerte, la segunda vez que observé un ejemplar permaneció durante un buen rato acicalándose sobre la Buddleja antes de ponerse a buscar polen. La foto de rigor pudo hacerse bien dentro de lo que cabe, y todavía es la primera vez que consigo sacar una foto así de esta especie en la terraza, pero me confié demasiado a la hora de grabar una toma de vídeo: corté mientras grababa para buscar un encuadre mejor y el abejorro acabó marchándose. A pesar de ser abejas sociales tan activas y trabajadoras como las abejas de la miel, parece ser que no entra en sus planes perder tiempo dentro de la ciudad, donde casi siempre la cantidad de flores que les aporten alimento suele ser escasa o nula. Y es que, a diferencia de otras regiones y países, en nuestro entorno la gente suele conformarse con las pocas especies de plantas "de toda la vida" que se encuentran en las tiendas, la inmensa mayoría de veces tropicales que no llegan casi nunca a florecer o los muy vistos geranios Pelargonium híbridos. En los jardines y casas de campo tampoco aumenta la variedad. Al final, los abejorros poco beneficio sacan de los núcleos urbanos, si bien los cultivos de frutales y hortalizas ya son otra cosa.



Lasioglossum sp. ♂
Las mayores representantes del mundo de las abejas durante este mes de julio han sido sin duda dos géneros: Megachile y Lasioglossum. Las primeras se habían ausentado, no del todo, desde aquellos días de todavía abundancia de flores a principios del mes pasado. Fue comenzar la floración de las Helenium autumnale y, de repente, su número aumentó exponencialmente. Al tratarse de abejas con escopa en la parte inferior de su abdomen, las flores con grandes cantidades de polen en su superficie facilitan el trabajo de recogida a las hembras de este género. Tengo dudas sobre si lo que estoy observando son dos especies o simplemente una con acusado dimorfismo sexual. Las hembras, con escopa, ojos negros y constitución más robusta, tienen bandas grisáceas en su abdomen. Los machos, con antenas largas, abdomen esbelto sin escopa y ojos verdes, tienen las bandas del abdomen y el pelo del tórax de color dorado. Además, en el vídeo en que aparecen sobre las Helenium, con machos tanteando a las hembras, sólo aparecen de estos dos tipos. En el siguiente vídeo se observa a una hembra (o varias, aunque seguramente sea la misma) regresando varias veces a por fragmentos de hojas para construir su nido. Dado que volvía a por más trozos cada poco más de dos minutos, no es descartable que el nido esté muy cerca de la terraza.



Lasioglossum sp.
El siguiente género, las Lasioglossum, también podría estar representado por al menos dos especies. Una la estoy observando desde junio, de color negro con bandas grises en el abdomen. El caso es que he observado algunos ejemplares diferentes, con el abdomen negro cuyos segmentos tienen el borde teñido de color rojizo. Una aparente hembra con este aspecto aparece fotografiada entre las fauces de una araña cangrejo en la entrada que les dediqué (ver foto), mientras que el macho que acompaña estas líneas, de largas antenas, también presenta dicho colorido. Aquel ejemplar atrapado tenía las alas transparentes, mientras que las de bandas grisáceas las tienen teñidas de oscuro. Sea como fuere, se trata de unas diminutas abejas de carácter social, aunque no tan complejo como el de las abejas de la miel y los abejorros, que se presentan a todas horas en busca de polen en cualquier flor que parezca una buena opción. En la mayoría de casos, estas Lasioglossum parecen preferir pecorear apartadas del sol directo, buscando polen en plantas ubicadas en semisombra o acercándose a las Cardiospermum, una de sus especies favoritas, cuando el sol de la tarde ya no incide en la malla por donde trepan. Con sus patas siempre cargadas de polen, sin duda serán de gran ayuda polinizando toda aquella planta que visiten.

viernes, 1 de julio de 2016

Las avispas en junio

Rhynchium oculatum
Junio no sólo ha sido variado en cuanto a presencia de abejas, pues el otro gran grupo de himenópteros, las avispas, también se ha presentado en multitud de formas. Algunas son ya viejas conocidas, pero siguen viéndose otras nuevas y otras que han dejado el misterio en el aire al no dejarse fotografiar. La terraza es sitio de paso y parada también para estos insectos por lo general omnívoros que en la gran mayoría de casos también resultan, a su manera, útiles para las plantas, especialmente aquellas que se alimentan de polen o las que cazan orugas para dar de comer a las larvas que. al igual que lo harán las abejas solitarias, crecerán protegidas y surtidas de alimento en agujeros o en elaborados nidos.

Scolia hirta
Al igual que ocurre con las abejas, las avispas pueden ser solitarias o formar enjambres, aunque, eso sí, a pesar de que existen especies con claras preferencias por las flores, ninguna acumula néctar y polen en exclusiva para alimentar a su descendencia. La más frecuente de las avispas en la terraza, la avispa papelera, es una de las que viven en colonias de varias hembras que colaboran en alimentar a las larvas de la hembra dominante, que no es estrictamente una reina como ocurre en otras especies. A pesar de su omnivorismo, siempre sacan provecho de las flores que encuentran abiertas. Observo a menudo ejemplares de distintos tamaños y proporciones, probablemente machos y hembras.

Liris sp.
Durante este mes también ha sido habitual, aunque no numerosa, la presencia de la avispa roja Rhynchium oculatum. Esta es una especie solitaria doblemente beneficiosa, pues los adultos se alimentan de polen, viajando de flor en flor, a la vez que las hembras cazan orugas para surtir los nidos donde depositan sus huevos. Éstos son muy simples, pues simplemente utilizan cavidades que van tapando con barro. No sería raro que hubiesen criado en temporadas anteriores, en la antigua estructura de cañas que hice para las trepadoras -hoy sustituida por una nueva, más sólida- pues encontré algunos extremos tapados de barro. Parecen sentir preferencia por las compuestas amarillas y la Buddleja. Observo ejemplares de distintos tamaños, llamando la atención algunos muy voluminosos, casi con total seguridad hembras. Los machos, de tamaño más reducido, son similares en talla a las avispas papeleras.

Odynerus sp.
Otra avispa que se ha presentado en repetidas ocasiones es la alfarera Odynerus. Esta especie, constructora de pequeños nidos de barro, probablemente ya haya aparecido otras temporadas en la terraza sin que supiera identificarla. De hecho, el verano pasado observé en un par de ocasiones una pequeña avispa que cargaba con una oruga verde que no se detuvo en ningún momento, aunque no es la única avispa de este aspecto que tiene estas costumbres y desconozco si este género captura orugas de lepidópteros, pues al parecer algunas se alimentan de larvas de gorgojo. En la primera ocasión en que la observé, a la que pertenece la foto que ilustra la entrada, un ejemplar se entretenía mordisqueando las flores secas de Digitalis, probablmente atraíada por el sabor ya desvaído del néctar. En otras ocasiones simplemente la he visto pasearse por algunas plantas.

Polistes dominula
El resto de avispas observadas en la terraza han realizado una sóla visita o puede que, al menos, una sola parada. La Scolia hirta es una avispa de gran tamaño bastante común en la región aunque suele ser menos frecuente en las ciudades. La pude fotografiar ayer, aunque me pareció verla sobrevolando la terraza en días anteriores. Sea como fuere, no la observé acercándose a las flores a pesar de que los adultos, solitarios, sí suelen alimentarse de nectar. Las larvas se alimentan a su vez de larvas de algunos escarabajos en los cuales las hembras han depositado los huevos. En la misma tarde también pude observar una Liris, que se detuvo un rato, se puso a correr y se fue. Esta avispa también parasita a otros insectos, parece ser que grillos, que deposita en madrigueras. Otras dos especies de avispa que visitaron la terraza esta semana no pudieron ser fotografiadas: a una la tuve muy cerca y se marchó para no volver mientras hacía foco con la cámara: probablemente se trataba de una Sceliphron, otra alfarera. La otra, de color negro y largas patas traseras similares a las de un saltamontes, la he observado otras veces tanto en la terraza como en varios lugares más (incluso en el portal de mi casa), pero sigo persiguiendo capturar una imagen que permita identificarla. Espero que se presenten en alguna ocasión más durante el verano.

La presencia de avispas solitarias en la mayoría de ocasiones suele ser más testimonial que la de las abejas, quizá por su menor interés en las flores, aunque lo más seguro es que todas ellas sean especies habituales en los distintos ecosistemas de Cullera donde tendrán bien cubiertas sus necesidades.

martes, 28 de junio de 2016

Las abejas en junio

Anthidium florentinum
Junio ha sido, desde luego, un buen mes para ciertas especies de abejas que han mantenido un ritmo de visitas intenso en la terraza, atraidas sin duda por algunas especies de alto valor para estos polinizadores. Además de algunas especies ya conocidas, se han presentado otras que no había observado hasta ahora, dando de nuevo una idea de lo abundante que resulta la biodiversidad en Cullera, donde ya de por sí existe una gran variedad de especies de plantas apreciadas por los insectos a lo largo de todo el año, especialmente compuestas, leguminosas, lamiáceas y umbelíferas. Con el monte tan cerca de casa -apenas 350 metros en línea recta- es de suponer que muchas de las especies que atraviesan el casco urbano desde allí hacia las huertas acaban siendo atraídas por el oasis de flores que conforma el conjunto de plantas de la terraza.

Stelis sp.
Aunque las abejas melíferas prácticamente han dejado de presentarse en la terraza, hay especies que se han vuelto protagonistas indiscutibles. La robusta Anthidium florentinum, cuyas visitas en temporadas anteriores eran ocasionales, aparece a diario desde finales de mayo y siempre se lleva una buena cantidad de alimento. Este año hay tantas que se pueden apreciar sin dificultad las diferencias entre machos y hembras: ellos llegan a ser casi el doble de grandes que ellas, y están siempre al acecho de éstas para conseguir alcanzar a alguna y aparearse. Al tratarse de una abeja de este tamaño, con una lengua larga, aprovechan desde las flores con polen a la vista que pueden pegar a su cuerpo, como las compuestas y umbelíferas, hasta las tubulares cuyo néctar pueden alcanzar con la lengua, como las escabiosas y la Buddleja.

Lasioglossum sp.
Sin salirnos de su familia, Megachilidae, seguimos observando a dos miembros del mismo género, Megachile, cuya identidad exacta es complicada de determinar pero cuyo patrón corporal permite diferenciar a las dos especies1 que vienen, una con bandas beige y ojos verdes y la otra con bandas grises y ojos negros. La primera es además un poco más pequeña, y se ha dejado ver en menos ocasiones estos días, casi siempre entre los crisantemos amarillos. En la foto se observa a un macho, de abdomen reducido y largas antenas. A la otra especie, en cambio, se la ha visto con más asiduidad incluso recortando los pétalos de un Pelargonium, que utilizará como material para construir los tabiques que separan las celdas de sus nidos. Así, la terraza se convierte para ellas ya no sólo en un punto de alimentación, sino en un lugar donde recoger material de construcción y, probablemente, hasta puede que estén anidando cerca a juzgar por la frecuencia de sus visitas.

Halictus scabiosae
La siguiente especie de la familia que he ido observando es una novedad para este mes de junio, durante el cual ha sido muy frecuente y con un horario bien marcado. Se trata de Stelis, una especie cleptoparásita que sólo utilizará las flores para su alimentación individual, pues deposita sus huevos en nidos de otras abejas solitarias para alimentarse del polen y néctar que éstas tan minuciosamente han recogido, mezclado y almacenado. Sería algo así como la versión abejuna de los cucos. No obstante, su presencia ha sido tan destacada que seguro que como polinizadores sí realizan una misión importante. Aparecen puntualmente a mediodía, cuando más calienta el sol, y pasan largos ratos en los crisantemos, las camomilas amarillas y ocasionalmente las cosmos, sin detenerse en ninguna otra flor a pesar de la cercanía. Son de un tamaño inferior al de una abeja de la miel, compactas y mayoritariamente negras con bandas más claras en el reborde de las secciones de su abdomen. La especie exacta sería complicada de determinar debido al parecido que existe entre los diversos miembros de este género. No son demasiado asustadizas y si algo me ha dificultado la toma de fotos y vídeos ha sido que su llegada a la terraza suele coincidir con el levantamiento de las brisas marítimas, que a la mínima sacudida complican bastante el enfoque a tan pequeñas criaturas.

Stelis sp.
La variedad de abejas ha quedado limitada a dos familias. Si las especies anteriores pertenecían a Megachilidae, las siguientes se engloban ambas en Halictidae. Una vieja conocida en la terraza es la caraterística Halictus scabiosae, de bandas negras y ocráceas y un cuerpo menor y más alargado que el de una abeja común. Como ellas, sí cuenta con escopas en las patas traseras que permiten -sólo en el caso de las hembras- pegar el polen que va recogiendo. De aparición esporádica en la terraza, este mes sólo la he observado una vez, tratándose de un ejemplar muy tranquilo que iba recorriendo minuciosamente las flores de una Cosmos bipinnatus que sembré en primavera en una maceta grande y que ha resultado ser un gran punto de atracción para algunas abejas. Estaba tan enfrascada en su misión que incluso pasaba de un capítulo a otro andando sobre ellos, sin tener que volar. Por suerte para ella no fue atacada por una de las arañas cangrejo que se esconden en esta y en otras plantas en flor durante estos días.

Megachile sp.
A la misma familia pertenece la última especie de la entrada, Lasioglossum. Estas pequeñas abejas son como versiones en miniatura de las Halictus y lo que más me ha llamado la atención de ellas es la gran atención que prestan a todas aquellas flores que se ajusten a su tamaño. Las he visto, además de en las compuestas amarillas, en las diminutas flores del coleo, de la Saxifraga stolonifera, de la menta poleo o de las Cardiospermum, entre otras. Es bastante probable que esta especie haya estado visitándome todos estos años y no haya reparado en ello hasta ahora, pues puede pasar bastante desapercibida por su tamaño y ser confundida con alguna mosquita de las que suelen pasarse por la terraza a menudo. Nada más lejos, si se observa de cerca se aprecia perfectamente que es una abeja. Incluso las hembras, como otros miembros de la familia, pegan polen a sus patas, lo cual llama la atención al ver la mancha amarilla en los laterales, dejando clara su identidad. Ésta, eso sí, tampoco puede ser determinada con exactitud, si bien vengo observando que todos los ejemplares poseen bandas grises y negras en su abdomen. En las Halictus, las bandas de color están formadas por mechones de pelo, no siendo así en las Lasioglossum.

Lasioglossum sp.
Por lo general, las abejas solitarias suelen tener periodos de vuelo concretos, con lo que no resulta del todo raro que algunas especies desaparezcan de golpe. En estos últimos días del mes, sin ir más lejos, se ha reducido drásticamente la presencia de las Stelis. Hay especies que terminan su trabajo en plena primavera y otras que si bien no tienen un periodo de presencia tan limitado, a veces dejan de venir sin más, quizá debido a la distancia que se encuentran de sus nidos. Este es el caso particular de la Xylocopa violacea, que no he vuelto a ver desde su única visita a mediados del mes pasado, o las Osmia, abundante en primavera durante el año pasado y que esta temporada dejó de aparecer tras unas cuantas visitas a finales de invierno. En cuanto a abejas sociales, se podría decir lo mismo de los abejorros, cuya presencia en la terraza es muy esporádica y la última observación data del pasado mes de febrero. Quizá no he dado todavía con las plantas ideales para que aumenten sus visitas o al menos prolonguen las pocas que realizan.

Stelis sp.
A diferencia de otras temporadas, la presente va bastante bien en cuanto a presencia de polinizadores. A pesar de ser el verano la mejor época para la mayoría de los insectos, amantes del calor por encima de todo, la disminución rápida de floraciones en la terraza durante el mes de junio hacía que éstos dejaran de tener interés en venir, lógico por otra parte pues no se van a detener si no encuentran alimento. Aunque es evidente que cuando llegue julio las plantas en flor se reducirán al mínimo y no todas serán interesantes para los insectos, lo cierto es que este año las cosas han ido mejor y todavía hay multitud de especies en auge, algunas desde hace bastante poco, que quizá consigan seguir haciendo de la terraza un punto interesante para las abejas durante este recién estrenado verano.

1. Corrección: al parecer, simplemente se trata de machos (los de color beige) y hembras (los de color gris). Al escribir esta entrada ignoraba que el dimorfismo en esta especie, además de las antenas más largas y la ausencia de escopas abdominales en los machos, incluía una coloración diferente. Tiempo después observé a ejemplares de los dos tipos interactuando.

viernes, 20 de mayo de 2016

Abejas y avispas de relevo

Megachile sp.
El aumento de horas de luz y temperaturas siempre es sinónimo de insectos, que aprovechan el variado incremento de especies en flor de estos días. En la terraza forman parte del llamativo espectáculo de la primavera, pues no sólo se trata de la exhibición de colores que protagonizan las flores, sino de todo lo que envuelve a éstas y su poder de atracción. Los insectos más variados y numerosos que atraen las flores de la terraza son los himenópteros, seguidos de las moscas y algo más lejos por las mariposas, que uno suele asociar con mayor frecuencia a los jardines floridos y que quizá por la ubicación de la terraza, dentro de la ciudad, no les venga de paso. Especies de mariposas diurnas en Cullera no faltan, pero por un motivo u otro apenas tres o cuatro de ellas visitan la terraza con asiduidad. Algo más lejos quedan los hemípteros y los coleópteros, quizá por el mismo motivo que las mariposas: su mayor predilección por el campo y el hecho de que la ciudad no compense su búsqueda de flores nutritivas.

Rhynchium oculatum
Las abejas comunes siempre son protagonistas, y sin embargo durante estos días han ido descendiendo hasta el punto de no saber si ha ocurrido algo con ellas. Han pasado de estar de manera frecuente en la terraza a verse reducidas a un ejemplar ocasional o pasar varias visitas -que suelo realizar cada dos días, ocasionalmente dos días seguidos- sin ver alguna. Es extraño porque la mayoría de abejas, las solitarias, sí siguen un ciclo ajustado a determinadas épocas: las Anthophora plumipes hace algo más de un mes que desaparecieron por completo y la ausencia de Rhodanthidium sticticum también empieza a prolongarse. Sin ambargo, las Apis mellifera suelen estar siempre, incluso cuando aparece una cantidad de flores llamativa en fechas dispares como diciembre o enero. Puede que estén más ocupadas en el campo y no les compense volver a la terraza si ninguna de ellas ha traído el mensaje a la colmena. Sea como fuere, habrá que estar atento mientras dure la floración.

Megachile sp.
Hay más abejas de distintos tipos que suelen tener también una época determinada para venir y otras que, sin embargo, pueden tener una presencia más laxa aunque prolongada. En el primer tipo tendríamos a las diminutas Hylaeus, abejas muy pequeñas (unos 6-7 mm.) que suelen aparecer en mayo desde hace una o dos temporadas. Nunca me fijé del todo en ellas más allá del hecho de que venían ejemplares de distintos sexos, a juzgar por las cópulas que realizaban sobre las flores. Las daba por avispas al ser tan pequeñas, y no ha sido hasta este año cuando tuve la paciencia para hacer algunas fotos donde se viese algún detalle. Descubrí, gracias a la inestimable ayuda de gente que sabe de esto mucho más que yo, que se trataba de abejas de este género. Además, al hacer la foto con el mejor detalle posible me di cuenta de que no eran del todo negras como a priori parecía, sino que tienen bandas amarillas en las articulaciones y una marca rojiza en el abdomen dispuestas de distinta manera según individuos, presumiblemente de sexos distintos. Pertenecen a la familia de las Colletidae y suelen frecuentar flores acordes a su diminuto tamaño: los eneldos les sirven bien todas las temporadas y en ésta han encontrado un oasis de néctar en las umbelas de Ammi visnaga.

Hylaeus sp.
La familia Megachilidae, la de las abejas cortadoras de hojas es, al menos por el momento, la que cuenta con mayor diversidad de miembros que se dejan ver por la terraza. Suelen ser muy variables, con tamaños que van entre el de una abeja común y algo inferiores. Las especies presentan tantas variaciones que no siempre es posible afinar la identificación, aunque en la terraza las repetidas observaciones confirman que hay al menos dos tipos del género Megachile: uno de color gris y grandes ojos negros y otro de color pardo con ojos verdes, ambos con bandas negras en el abdomen. Las del tipo gris son más frecuentes y de hecho, al revisar fotos del año pasado, de verano, aparecen en algunas de ellas. Estas abejas no tienen escopas en las patas, la adaptación para recoger polen, pero son igualmente eficientes. Estas Megachile en concreto pegan minuciosamente el polen a la parte inferior de su abdomen. Otras especies de la familia más grandes cuentan con lenguas robustas y simplemente guardan néctar en su cuerpo. Así pues, las flores preferidas de estas pequeñas abejas son aquellas con una gran cantidad de polen por el que pasearse, esto es, en asteráceas tipo margarita o crisantemo, aunque realmente visitan flores de todo tipo.

Cerceris sabulosa
Las avispas, por su parte, son tanto o más variadas que las abejas, aunque suele darse el caso que muchas especies no repiten su visita a la terraza de manera frecuente, con algunas que aparecen muy esporádicamente, y muchas de ellas se han ido sin foto ni identificación a lo largo de estos años. Las Polistes dominula son ya no las avispas más habituales de la terraza sino uno de los insectos de presencia fija en ella, salvo en los meses fríos. No obstante, nunca he llegado a encontrar alguno de sus nidos de madera masticada, si bien durante los años en los que mi familia vivía allí sí los hubo en alguna ocasión. Estas avispas papeleras son omnívoras y casi siempre se las encuentra probando las diferentes flores que encuentran allí.

Megachile sp.
Otra  avispa que aparece de vez en cuando en la terraza es la avispa alemana o chaqueta amarilla (Vespula germanica). Su presencia suele ser breve y casi nunca se detienen en alguna superficie, perdiendo sólo un poco de tiempo cuando intentan pasar a través de alguna malla al meterse en los diversos rincones cubiertos con ella, y poco más. En esta ocasión conseguí sacar alguna fotografía testimonial dado que un ejemplar se introdujo en casa y estuvo un rato deteniéndose en la vigas del techo hasta encontrar la salida. Gracias a ello también pude verificar a qué especie de Vespula pertenecía. Estas avispas son sociales y construyen nidos en donde hay una reina y obreras, como sucede en otros himenópteros. Son algo más robustas y grandes que las Polistes pero no las avispas más grandes de la región. También son omnívoras e incluso carroñeras, pero no parece que las flores de la terraza les hagan volver. Es posible, quizá, que los pocos ejemplares que han acudido estos años no tuviesen el nido cerca y sólo estuviesen de paso.

Vespula germanica
Las avispas no siempre son omnívoras oportunistas. Muchas de ellas son conocidas por ser cazadoras que necesitan del cuerpo de otro invertebrado para asegurar un sustento a sus larvas durante su desarrollo. Algunas cazan arañas, otras orugas... las opciones son variadas. Algunas ponen los huevos dentro del propio animal capturado mientras que otras lo introducen, paralizado, en el nido junto a sus huevos. También hay variedad a la hora de hacer el nido: algunas excavan galerías en el suelo, otras se conforman con agujeros como harían las abejas solitarias y, las más detallistas, construyen tubos o vasijas con barro para depositar sus huevos. De manera similar a lo que ocurre con las moscas de las flores, algunas cambian radicalmente de dieta según estado: las larvas son carnívoras, mientras que los adultos son beneficiosos buscadores de polen. Este es el caso de la avispa roja (Rhynchium oculatum), una de esas especies que captura orugas de mariposa para surtir sus nidos. Éstos los construye simplemente aprovechando un agujero existente y sellando con barro los distintos compartimentos una vez la despensa para su prole está llena. Esta especie no la observaba en la terraza desde el verano pasado, cuando no pude siquiera hacerle fotos. Su curiosidad por las flores permitió que esta vez sí pudiera captar alguna imagen.

Hylaeus sp.
Otra especie de avispa cazadora que se ha presentado estos días, aunque de una familia distinta -Crabronidae, mientras que la avispa roja pertentece a Vespidae- es la pequeña Cerceris sabulosa. Por lo que puedo encontrar, se trata de avispas que cazan otros insectos (escarabajos y abejas, supongo que de pequeño tamaño) para alimentar a sus larvas, que ubican en nidos que excavan en el suelo. Desconozco si esta especie ha visitado en más ocasiones la terraza, pues a menudo he encontrado pequeñas especies de color amarillo y negro que no siempre he podido fotografiar, incluyendo algunas que portaban pequeñas orugas verdes entre sus patas, aunque no es el caso de esta Cerceris. Los adultos, nuevamente, parecen disfrutar de la variedad de néctares que ofrecen las flores de la terraza. Esta en concreto se encontraba plácidamente alimentándose del néctar de las flores de un eneldo.

jueves, 14 de abril de 2016

Un trabajo bien hecho


Los insectos polinizadores y las flores son uno de los mayores ejemplos de evolución conjunta que existen en nuestro planeta. Los insectos llevan alrededor de 400 millones de años sobre la tierra, y las angiospermas -las plantas con flores- empezaron a aparecer hace unos 140, a principios del Cretácico. Unos y otros han ido moldeándose simultáneamente, se necesitan. Traer un pequeño trozo de esa larguísima historia a nuestro rincón con flores es siempre una experiencia bonita y que, en mi opinión, aumenta el valor ornamental que obtenemos del cultivo de plantas con flores por el simple hecho de su belleza. Verlos interactuar no sólo es interesantísimo, sino que además nos ofrece las mismas ventajas a ambos: a ellos, los insectos, les estamos dando sustento, al tiempo que aseguran que nuestras plantas anuales y otras herbáceas produzcan semillas haciendo circular los distintos tipos de polen por todo nuestro grupo de flores.

Núcula de Cerinthe major
Este año he hecho especial hincapié en cultivar plantas que aúnen un aspecto agradable -evidentemente para mis gustos- y que sean del agrado de los insectos. No obstante, las mayores sorpresas han resultado ser otras plantas que no esperaba que fuesen a tener tanto éxito entre los visitantes alados de la terraza y otras, incluso, que no había visto estar antes tan demandadas por las abejas, principales polinizadores del lugar aunque no los únicos, pues las avispas, moscas, mariposas y algunos escarabajos y quizá hasta los chinches de colores también realizan su parte.

Entre esas plantas que han resultado llamar más la atención de lo esperado se encuentran las linarias. A la Linaria reticulata la llevo cultivando con esta tres primaveras y nunca había observado que resultase tan irresistible para las abejas: las primeras en explotarlas fueron las Anthophora plumipes, protagonistas indiscutibles de estas primeras semanas de floración del año y que seguramente habrán propiciado que muchas plantas estén repletas de semillas. Junto a la Linaria maroccana, estas abejas y las siempre eficaces Apis mellifera fueron encadenando visitas a las siguientes plantas de su agrado que fueron floreciendo, como las Salvia viridis en el caso de las Anthophora o las borrajas para ambas, flor que sí entraría en la categoría de "altamente recomendada para abejas" y que sólo especies hábiles pueden aprovechar. Y es que, precisamente parece que la combinación de especies muy atractivas hace que las abejas dediquen algo más de tiempo a investigar la terraza y sacar provecho de muchas plantas distintas. He comprobado que en invierno y verano, épocas en las que menos insectos se ven, las pocas flores que quedan no atraen a demasiados insectos. En cambio, un áster en septiembre o un girasol en diciembre rompen con esta característica. Incluso las caléndulas este invierno fueron foco de atención para las abejas comunes y para la veloz esfinge colibel.


Gracias a esta asociación de plantas atractivas para insectos, nuestra producción de semillas de anuales para resembrar en próximas temporadas o compartir con otros cultivadores sale enormemente beneficiada. En la entrada destaco dos especies: la Cerinthe major, planta que en principio creía que no tendría problemas para dar semillas, dado al buen número obtenido el primer año (2014) y que sin embargo fue una decepción cuando a la siguiente temporada, con más plantas, no dieron ninguna. Este año la especie ha sido colocada de nuevo junto a su pariente la borraja y su poder de atracción todavía sigue activo a día de hoy. Parece que la Anthophora plumipes esté hecha para ella, a falta de encontrar otras especies en las que es experta, como Pulmonaria o Symphytum -ausentes en Cullera y que no descarto cultivar en un futuro-, de la misma familia y flores también tubulares. Esta abeja no sólo llega a los nectarios con su larga lengua, sino que es capaz de agarrarse a una flor y vibrar con sus alas para que el polen le caiga encima. Los resultados ya se están viendo, y la planta comienza a mostrar varias núculas, el fruto similar a una nuez que suelen producir las boragináceas, de aspecto cónico, negro y brillante en esta especie. El procedimiento de la abeja con esta planta lo observamos en el primero de los vídeos de la entrada.

Aquenios de Dimorphotheca sinuata
También las Dimorphotheca sinuata están produciendo una cantidad de semillas nunca antes vista. Cultivé las primeras en verano de 2014 y en el posterior invierno-primavera de 2015, repitiendo la experiencia para el invierno siguiente, aunque la floración se extiende mucho más (aún hoy parece quedarles cuerda para rato). En todas las ocasiones anteriores, las plantas produjeron semillas y de hecho los primeros ejemplares en florecer esta temporada, aún en diciembre, son autosembrados; no obstante, la cantidad de aquenios, el fruto que contiene la única semilla en una compuesta, era ridícula. Esta primavera son montones las cabezuelas que maduran con un aspecto como el de la foto, llenas de aquenios alados apretados en lo que fue el disco floral y rodeados de otros en forma de cuernecillo que se generan en las flores liguladas. Quién ha sido el responsable de este éxito lo desconozco, pero hay que tener en cuenta que las flores de tipo margarita atraen todavía a más tipos de abeja, en especial a aquellas que sólo pueden llevarse el polen pegándolo directamente a la vellosidad de su cuerpo, algo que tienen fácil en los discos florales planos de las asteráceas. También las moscas y otros insectos disfrutan de estas plantas.

En los siguientes dos vídeos se recogen varios momentos en los que se observa trabajar a las abejas, En el primero de ellos se suceden diversas tomas a cámara lenta donde observamos primero a las abejas comunes en pleno frenesí con las amapolas de California, que debido a un amanecer nuboso habían tardado algo más en abrirse, haciendo perder la paciencia a las laboriosas obreras. Posteriormente se observa a la Rhodanthidium sticticum, primero en una Cosmos bipinnatus donde puede recoger tranquilamente el polen con su abdomen, característica común a las abejas de la familia Megachilidae; finalmente, otro ejemplar aprovecha su experiencia en abrir la corola labiada de un Anthirrinum majus para recolectar a escondidas su ración de alimento. Estas abejas están teniendo también este año su mayor afluencia en la terraza.


En el último vídeo, sobre estas líneas, se observa nuevamente a una Anthophora plumipes hembra trabajando, esta vez a cámara lenta y sobre unas linarias. La combinación de factores, esto es, la grabación a alta velocidad y la recolección más pausada de las hembras de esta especie permite apreciar con detalle cómo realiza sus aproximamientos a las flores, con su enorme lengua retráctil. Fue un gran descubrimiento encontrar que esta compacta sumergible que compré el año pasado -Nikon AW130- también pueda grabar vídeos a 120 fps, aunque se echa de menos que no lo haga al menos en HD (720p en 16:9) en lugar de sólo VGA (480p en 4:3) cuando ya existen hasta smartphones que lo hacen, Confío en que en pocos años ya habrá cámaras que incorporen esta característica como algo habitual. De momento, hay que conformarse con unos vídeos de menor resolución que sin embargo no quedan del todo mal si se consigue grabar a los insectos de cerca.