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domingo, 6 de noviembre de 2016

El gradiente del otoño



El camino hasta esta casi mitad del otoño ha sido muy relajado. Las temperaturas han ido subiendo y bajando sin llegar a ser frías en ningún momento, pero eso parece que va a cambiar a partir de esta semana que comienza. También las lluvias han sido el elemento clave para propiciar un buen estado general para las plantas y sus inquilinos. En el vídeo, que esta vez recoge imágenes de dos meses y no de pocos días como ocurría en la prolífica primavera, apreciamos varios de estos beneficios que el buen tiempo de los primeros días de otoño propicia.

Comenzamos con unas vistas a las flores de Habranthus brachyandrus, un lirio de lluvia que reaccionó de manera positiva a las primeras lluvias en septiembre. Eso sí, esta vez ha sido el único en florecer ya que las Zephyranthes dejaron de hacerlo en verano. Después observamos a otra especie típicamente otoñal, el áster de Nueva York (Symphyotrichum novi-belgii) que con este son cinco los otoños que lleva floreciendo, pero nunca con la magnitud del primer año. Aunque esta temporada ha mejorado considerablemente, en invierno se le hará un aporte de sustrato nuevo y abono a fin de que consiga mejorar todavía más.

Los insectos siguen teniendo su protagonismo. La abeja Amegilla garrula sigue visitando hasta hoy, ya noviembre, las pocas flores que encuentra de su agrado. En esta primera aparición la vemos sobre la Buddleja davidii, de la cual es más probable que aproveche el energético néctar y no el polen, su principal objetivo ahora que deberá dejar listo su nido para que la futura generación se desarrolle para el año próximo. En la siguiente escena observamos a los siempre efectivos Oxalis bowiei, protagonistas de varios otoños, y una de tantas formas de Ipomoea nil, en este caso de flores blancas con un ligero tinte lila.

La esfinge colibel Macroglossum stellatarum ha sido un visitante regular de las tardes al comienzo de la estación otoñal. Presente casi todo el año, ha ido apareciendo de manera puntual en la terraza desde febrero, aunque su presencia ha sido algo más escasa que en la temporada anterior y siempre muy fugaz. Sólo en esta ocasión, en septiembre, se prestó a ser grabada mientras recogía con avidez el néctar de la siempre efectiva Buddleja davidii. De aquí saltamos de nuevo a otro par de Ipomoea: la I. tricolor 'Heavenly Blue', la especie de mayores flores, con un llamativo tono celeste, y la I. purpurea 'Carnevale di Venezia', con una tonalidad que parece hecha a base de salpicaduras de color. Posteriormente observamos a dos lamiáceas: una albahaca que se mantuvo prácticamente en suspensión desde que fuera sembrada el año anterior, comenzando a florecer este pasado septiembre, y la encantadora Clinopodium nepeta, con sus pequeñas e interminables flores sonrosadas.

Otro Oxalis, el triangularis, aprovecha los benignos días del otoño para volver a florecer. En esta ocasión se le realizó una división y cambio de sustrato en otoño que se ha traducido en una mejora sin igual, con mayor densidad de hojas de gran tamaño. También con decenas de flores, aunque ya llegó así, se encuentra el Plectranthus 'Mona Lavender', un híbrido ornamental sudafricano amante de la sombra. Sudafricanas son también las Gazania, que en los últimos años han hecho de los días soleados de otoño e invierno su época predilecta para florecer.

Nuevamente la Buddleja sirve de despensa para un insecto, en este caso el sírfido Eristalinus taeniops, de bello colorido similar al de una abeja. Se han vuelto abundantes estos días, y también su pariente Eristalinus aeneus, que no aparece en el vídeo y que es menos frecuente en la terraza, empieza a aparecer a diario. Las flores de la Thunbergia alata que aparece después, y que ha mejorado conforme avanza el otoño, no suelen sin embargo recibir visitas de muchos insectos.

Finalmente, observamos la relación casi improvisada de un insecto y una planta: la Amegilla garrula con sus frenéticas visitas a la albahaca. Ya observé esta relación entre especies en septiembre en una casa de campo que poseía una mata grande de albahacas en flor, y simplemente tuve la suerte de que hubiera sobrevivido un ejemplar en la terraza, con lo cual el patrón se ha repetido. No obstante, habrá que tenerlo en cuenta para el año que viene y preparar una buena cantidad de plantas de albahaca, así como otras lamiáceas, para que estas especies de abeja tan tardías tengan una fuente de alimento entre finales de verano y el otoño. Seguramente no les quede mucho tiempo de vida ya y haya que esperar cuatro meses, hasta febrero, para que empiecen a volar sus parientes las Anthophora plumipes junto con otras especies tempranas de abejas solitarias.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Insectos en septiembre

Amegilla garrula
Con las grandes diferencias que ha tenido el mes de septiembre, no solo en cuanto a tiempo atmosférico sino al número de plantas que quedan en flor en la terraza, la aparición de diversas especies de insectos ha sido un tanto caprichosa. No obstante, las escasas observaciones han tenido muchos momentos interesantes, dándose a conocer algunas especies no vistas hasta ahora o produciéndose el regreso de algunas que no se habían visto en meses. Sea como fuere, las principales visitantes de las plantas, las abejas, se encuentran ya en un punto bajo de su ciclo y la mayoría de especies habituales hasta hace poco han ido ya desapareciendo o dejando de prestar atención a las flores que quedan.

Villa sp.
Nada más comenzar el mes pude registrar, aunque demasiado brevemente, una nueva especie de mosca observada en la terraza perteneciente a una familia que se caracteriza por alimentarse en las flores. Se trata de una Villa, género muy amplio con especies muy similares entre sí, perteneciente al clado de las Bombyliidae, las llamadas moscas abejorro. Hasta ahora sólo había visto en Cullera -y la única vez en mi vida- un ejemplar del género Bombylio, una especie peluda con una trompa convertida en un tubo recto succionador de néctar. En la Villa, el aspecto es más cercano al de una mosca al uso, aunque con grandes alas oscuras que reposan extendidas hacia los lados. Lo que me llamó la atención enseguida fue observarla en vuelo, llegando a pensar que se trataba de alguna especie de abeja tampoco vista hasta ahora. Su vuelo cernido y cambios de dirección rápidos la hacen parecerse bastante a algunas especies de abeja de vuelo poderoso y directo. Debido a esta manera de moverse, apenas conseguí hacerle algunas fotos cuando se posó antes de marcharse definitivamente, sin más observaciones en días posteriores.

Evania appendigaster
El regreso más llamativo ha sido el de la Amegilla tentativamente asignada como la especie A. garrula, que vi una única vez al comienzo de julio. No sólo ha aparecido en diversas ocasiones en la terraza, sino que he tenido la oportunidad de observar ejemplares muy parecidos en el campo que no han hecho más que ampliar las dudas. Los ejemplares que vienen a la terraza siempre son iguales: hembras con escopas peludas en sus patas traseras, abdomen color pajizo con bandas ralas de pelo oscuro y ojos verdes, con dos marcas verticales en la cara. Sin embargo, en el campo he observado ejemplares que cumplen todas las características con la salvedad de que el abdomen poseía bandas negras y claras bien definidas; además, con ellos aparecía de vez en cuando algún ejemplar totalmente cubierto de pelo castaño rojizo. Parece tratarse de machos y hembras, pero desconozco si aquéllos tienen relación con la especie que se presenta en la terraza. Sea como fuere, las escasísimas flores que quedan, sean las escabiosas o, más a menudo, la Buddleja, han sido suficientes para realizar observaciones y fotografías de esta especie que tanto recuerda en comportamiento a su pariente primaveral Anthophora plumipes. En el campo observé que las albahacas atraían a estas abejas, haciendo caso omiso de las lavandas o romeros. En la terraza florecerá en breve una albahaca que ha crecido discretamente toda la temporada, pero quedará algo justa de tiempo, pues seguramente las abejas solitarias no duren mucho más.

Eupeodes sp.
Sí ha habido, sin embargo, presencia continuada de otras especies de abejas solitarias durante todo el mes, que presumiblemente también llegarán a permanecer en octubre. Las Lasioglossum han sido observadas hasta esta semana, aunque han disminuido su presencia notablemente. Se mantienen algo más estables las Hylaeus, que curiosamente son mucho más frecuentes en la única menta del balcón de casa que en la misma planta -acompañada por otras dos especies más del mismo género- que hay en la terraza, ambas con pocas flores ya. De las Megachile hace tiempo que no sé nada, ausentes quizá desde muy a principios de mes, aunque todavía he observado recortes de hojas en algunas plantas que parecen haber aparecido recientemente. En otro punto, en Sollana, todavía observo con frecuencia a otras especies del género que a estas alturas están construyendo nidos o buscando agujeros donde hacerlo.

Amegilla garrula
Las moscas tampoco abundan demasiado durante este mes, incluso las de costumbres necrófagas. Los sírfidos, por su parte, han tenido su mayor representación en la Syritta pipiens, aunque hace dos semanas se dejó ver por unos instantes una especie de Eupeodes de tamaño grande que no había visto hasta ahora. "Grande" si se la compara con la frecuente Eupeodes corollae: la observada era del tamaño aproximado de una mosca común y se detenía a recoger néctar en los pequeños estambres de la Gaura y una Commelina. En otro orden de cosas, las avispas tampoco han tenido mucha presencia en la terraza más allá de las típicas Polistes. Eso sí, pude finalmente fotografiar -e identificar- a la pequeña Evania appendigaster, una avispa de color negro y largas patas traseras parecidas a las de un saltamontes que llevo viendo de manera puntual desde hace años. Se trata de una especie que parasita las ootecas de las cucarachas, resultando pues beneficiosa de manera indirecta para nosotros, principal objetivo de dichos insectos. Además de dípteros e himenópteros, a la esfinge colibel la he observado realizando de vez en cuando visitas vespertinas a las flores de la Buddleja. A partir de ahora, no obstante, vendrán los meses de menor actividad en los que las primeras flores nuevas apenas recibirán visitas de polinizadores más allá de las siempre atentas abejas de la miel y algunas mariposas que siguen activas en invierno.

domingo, 24 de julio de 2016

Arañas cangrejo, asesinas invisibles

Thomissus onustus, araña cangrejo
En la terraza conviven distintas especies de arañas, la mayoría de ellas pequeñas saltadoras que casi nunca consigo fotografiar con precisión debido a su nerviosismo, recorriendo la superficie donde se encuentran al ser descubiertas, generalmente una pared, hasta encontrar un escondite. Hay otras que viven sobre los tallos de las plantas y tan pronto como intento acercar la cámara, se van marchando a esconderse, imposibilatando la misión. En todos los casos, siempre me resulta curioso que estas criaturas sin alas consigan llegar con tanta efectividad cada año a la terraza, aunque lo más seguro es que estén siempre allí y no destaquen hasta haber crecido lo suficiente.

Araña cangrejo con Lasioglossum
Este debe con seguridad el caso de las protagonistas de la entrada, las Thomissus onustus, una especie de araña cangrejo que no falta prácticamente ningún año. Si bien no sería raro que hubiese otras especies de la familia en la terraza, esta es la que observo con asiduidad. Son arañas que se camuflan en las flores adoptando una coloración similar a la de éstas -blanca, amarilla o rosada- desde las que aguardan pacientemente a que se acerque algún insecto en busca de comida. Poseen un abdomen redondeado y rematado por dos bultos que apuntan hacia atrás. Los ejemplares tienen tamaños variados, que corresponderán a la edad y sexo de cada uno. Los más grandes, como en la mayoría de los arácnidos, son los de sexo femenino.

Cazando una abeja de la miel
Aguardar pacientemente en una flor es una estrategia sin duda muy conseguida: muchos insectos se alimentan de ellas y acudirán en un momento u otro para saciar su hambre o, como las abejas, recoger reservas para su descendencia. Las arañas cangrejo no tienen más que posicionarse con sus patas abiertas para abalanzarse sobre la desafortunada criatura que tenga la mala suerte de acercarse a la flor escogida por la araña para montar guardia. En la foto de la flor amarilla se puede observar como, efectivamente, la víctima ha sido una pequeña abeja Lasioglossum que ha caído en las fauces de una araña mimetizada perfectamente en el mismo tono que la Coreopsis lanceolata en la que se encuentra.

Araña cangrejo y Halictus scabiosae
El tamaño de las presas de las arañas cangrejo puede ser considerablemente mayor que el de éstas a pesar de que en la foto comentada la víctima tuviese un tamaño más o menos proporcionado. El mes pasado, mientras fotografiaba a una abeja Halictus scabiosae en una Cosmos, una pequeña araña la vigilaba. Es probable que no le hubiese hecho nada, pues la araña apenas era del tamaño de la cabeza de la abeja. Sin embargo, tuve mis dudas tras observar ayer una escena espectacular. Había un par de abejas de la miel en la terraza, muy escasas desde hace ya meses, y una de ellas descendió de manera extraña hacia el pequeño cactus Mammillaria nejapensis. Cuando busqué dónde había ido a parar la encontré con una araña cangrejo enganchada a su tórax. No sería raro que la araña no estuviese en el cactus sino en la Buddleja, desde donde salió volando la abeja, la cual quizá se la llevó detrás intentando huir. Sea como fuere, la araña acabó paralizando al insecto que la cuadriplicaba en tamaño.

Ejemplar pequeño en Leucanthemum
Hace dos temporadas, una hembra de esta especie de araña cuidaba de su saco de huevos en una planta seca que dejé intacta para que éstos se desarrollasen del todo. De ahí que suponga que, probablemente, las pequeñas arañas pasen desapercibidas hasta hacerse grandes e instalarse en las flores, viviendo escondidas entre las plantas durante sus primeros días. Se trata pues de un claro ejemplo de fauna asociada a un hábitat muy concreto y una muestra de lo salvaje que puede ser la vida incluso a pequeña escala. No obstante, su número suele ser bastante reducido y los encuentros con las abejas son por tanto escasos. Así es la vida, llena de peligros: unos cazan y otros son cazados a la que se descuidan.

sábado, 2 de julio de 2016

Días de luz



El salto hacia el verano se ha producido. En esta temporada, multitud de plantas se encuentran todavía en flor y la terraza sigue siendo punto de referencia para los distintos insectos que las visitan y añaden vida al conjunto vegetal que regala sus colores al sol. Como es habitual, a continuación se desglosa el contenido del vídeo escena a escena:

Durante los primeros segundos observamos las pequeñas flores de la Talinum paniculatum, una especie tropical de grandes hojas y diminuta floración rosada que se abre durante las tardes, tan pronto como los rayos del sol dejan de incidir directamente sobre ellas. Las flores duran tan sólo esa tarde y pronto producen multitud de semillas. En el cambio de plano pasamos a las cabezuelas de la Ratibida columnifera var. pulcherrima, una perenne ya veterana que, desde que sembré en 2013, ha florecido cada primavera, aunque ya parece que vaya necesitando un buen aporte de nutrientes para recuperar el tono.

Seguimos adelante y vemos una flor de Passiflora caerulea, otra veterana que lleva con esta seis primaveras conmigo, cinco en la terraza, pues la primera estuvo en el balcón de casa, y que con las buenas temperaturas empieza a producir flores de manera regular. De ella pasamos a otra tropical americana, la Commelina tuberosa, de hermosas flores azules que sólo duran unas horas, aunque en este caso sólo se abren durante las mañanas soleadas. Justo a un lado suyo florecen otras veteranas, las Aquilegia 'McKana' que, bien siendo las mismas plantas adquiridas hace tiempo o bien autosembradas a partir de semillas producidas por aquéllas, llevan ya en ese punto de la terraza cuatro primaveras floreciendo.

Como ya se ha observado en entradas recientes, las margaritas amarillas de las Glebionis segetum y Cota tinctoria son punto de interés de varios himenópteros. Observamos primero las pequeñas y oscuras Stelis, abejas cleptoparásitas, y a la avispa roja Rhynchium oculatum, que tiene particular gusto por el néctar de las flores. Nos vamos más abajo y nos encontramos con los cúmulos de flores de las Trachelium caeruleum 'Lake Michigan Purple', de corola tubular púrpura y largos estilos. Nuevamente, observamos a una Stelis, en esta ocasión sobre un capítulo de Cosmos bipinnatus.

Un par de contrastes. Vemos en semisombra las flores azuladas de la pequeña Lobelia erinus 'Crystal Palace' y saltamos a pleno sol, con las multicolores Portulaca grandiflora. De vuelta a las Cosmos, observamos cómo una abeja Halictus scabiosae se afana en recoger polen con los pelos de sus patas. Seguidamente observamos una sucesión de tonos cálidos: el de la Kleinia grantii, una Scabiosa atropurpurea roja y el montón de flores de una Iberis umbellata.

Durante los compases finales pasamos de observar a una avispa Scolia hirta descansando a una sucesión de flores: Buddleja davidii, Angelonia angustifolia de dos colores, Cosmos bipinnatus de nuevo, Pentas lanceolata roja y un pequeño conjunto formado por Zinnia haageana, Zinnia angustifolia y Dianthus gratianopolitanus, así como el capítulo de una Leucanthemum x superbum. Finalmente, cierra el vídeo una bella vanesa de los cardos (Vanessa cardui) buscando néctar en todas las flores que la Buddleja davidii le ofrece.

jueves, 30 de junio de 2016

Verano multicolor

Angelonia angustifolia morada
Llegamos al final de uno de los meses de junio más interesantes desde que hay plantas en la terraza, y con ello, claro está, comienza el verano. No es el primero en el que hay floraciones tan prolongadas, pues en las primeras temporadas lo preparaba todo a partir de finales de invierno y las plantas realizaban todo su ciclo en unos pocos meses. Es lógico que si sembraba en marzo-abril, muchas anuales de desarrollo rápido llegaran a junio aún con flores. Sin embargo, este ciclo se refuerza de manera más efectiva si se encuentran especies de crecimiento más moderado que, aún sembradas en otoño, tardan algo más en producir sus primeras flores, copando toda la segunda mitad de primavera e inicio de verano. Ya van quedando menos de este tipo, mientras que las perennes que florecen en épocas cálidas siguen a su ritmo, si bien no todas las especies habituales en estos últimos años están consiguiendo florecer durante esta llegada del verano.

Sedum lineare 'Variegatum'
Después de todo lo que se ha ido mostrando a lo largo del mes, lo cierto es que el número de anuales -o perennes de vida breve- ya se ha reducido de manera notable. Se quedan sin flores las Glebionis segetum, Cota tinctoria o Ammi visnaga, por ejemplo, pero siguen en liza las Scabiosa atropurpurea, Silene armeria o Lobelia erinus. La Cosmos bipinnatus tiene ventaja, pues la planta que tengo la sembré en primavera. También las Leucanthemum x superbum predominan estos días, siendo quizá la especie de semilla que más ha tardado en florecer, y eso que recuerdo claramente que fue una de las primeras en establecerse tras pasarla del semillero a su maceta, salvándose de los ataques de los caracoles de aquellos días.

Buddleja davidii
Entre las perennes, destacan las flores rosas y moradas de las Angelonia angustifolia. Ya tuve un ejemplar de la especie adquirido el otoño pasado, en aparente buen estado y de tamaño destacable, pero que durante meses no dejó de decaer y nunca conseguí salvar. Apenas floreció un poco al principio de su estancia y nada más, acabando en la compostera a principios de esta primavera cuando vi que ya no iba a recuperarse. Recientemente, en la tienda donde suelo adquirir plantas en Cullera encontré ejemplares de estos dos colores y a mejor precio que en aquella ocasión pasada. Me llevé sólo la rosada porque se veían más frondosas y repletas de flores, pero tardé poco en arrepentirme de no tener también la morada y una semana después me llevé un ejemplar. Las planté en la misma maceta y parecen estar disfrutando del calor y sol de estos días, floreciendo sin parar. Eso sí, ni veo que las visiten los insectos ni producen semillas, marchitándose las flores sin dejar cápsulas.

Leucanthemum x superbum
Otras de las pocas anuales que encontramos comenzando a florecer estos días son las zinnias, concretamente las Zinnia haageana, que ya cultivé el año pasado y cuya experiencia fue positiva. Esta vez apenas han aparecido unos pocos ejemplares y no tienen el aspecto tan llamativo de los de la temporada anterior. Siempre espero a sembrarlas al mes de marzo, aunque este año haré lo posible por tener algunas puestas en otoño y ver qué tal les va en esta época. Sin tener verdaderas razones para ello, lo cierto es que nunca me he atrevido a preparar zinnias para el otoño-invierno, cuando lo más seguro es que florezcan tan pronto como alcancen el tamaño necesario. Otras tantas especies originarias de la región mexicana me han ido muy bien sembradas en esta época y simplemente siguen adelante mientras el tiempo sea bueno. Sólo los girasoles rojos mexicanos fracasan si se siembran en otoño, pues amarillean y se mueren en pleno invierno después de crecer de manera aparentemente normal.

Zinnia haageana
La Buddleja davidii está teniendo sin duda el que es su mejor año. Llegó en otoño de 2013 de manera un tanto inesperada, pues me la envió sin previo aviso una compañera de afición la cual había acordado en enviarme algunas semillas y, entre otros, los Oxalis articulata que aún tengo. La planta, que apenas medía 20 cm., creció deprisa y al año siguiente comenzó a florecer tímidamente en otoño. También en 2015 fue creciendo y floreciendo, ya a finales de verano, con floraciones poco consistentes y estacionarias. Terminó su buen ritmo de golpe cuando acabó tumbada por el viento a principios de noviembre, con alguna rama rota y la tierra reseca. Sin embargo, durante el invierno creció muy bien, ganando tamaño de manera notable y, esta vez sí, empezando su floración a mediados de la siguiente primavera, es decir, esta que acaba de terminar. Todavía sigue hoy, donde ya es lugar de referencia para abejas, avispas y alguna que otra mariposa. No es de las plantas que más insectos atrae a la terraza pero siempre se la tiene en cuenta a la hora de tomar un sorbo de néctar.

Angelonia angustifolia rosa
Está floreciendo también el primero de los Sedum, el lineare 'Variegatum'. Técnicamente es el segundo, pues los Sedum album que crecen el las grietas de las baldosas son los primeros en hacerlo todos los años. Este ejemplar también me lo regaló un compañero con el que intercambié bulbos, concretamente los de Allium triquetrum, en verano de 2014. La planta ha ido ganando tamaño y compactándose durante todo este tiempo y por primera vez produce esas pequeñas y poco llamativas flores amarillas. que me temo serán las únicas, pues van pasando los días y no parece que estén formándose nuevas. Habrá que ir viéndolo, de todos modos.

Meteorológicamente, junio ha cerrado siendo el único mes del año con 0 litros acumulados, a pesar de haber existido un par de oportunidades que acabaron en cielos nublados y alguna gota caída inapreciable. Es, dentro de esta temporada con un claro déficit de lluvias, el único mes de la primavera en que no ha habido precipitaciones. No he sido capaz de encontrar ningún otro mes con ausencia total de lluvias en Cullera, al menos desde 2008, aunque en Sueca sí tuvimos un mes de agosto así en 2011. El verano se prevé seco, con lo que habrá que mantenerse a la espera de la llegada de las precipitaciones otoñales para recuperar un poco de reserva hídrica. Recordemos que en todo lo que llevamos de año no hemos llegado a recoger todavía ni 80 mm., es decir, no llegamos ni a la mitad de lo que suele acumularse en un año de precipitaciones escasas. Ojalá el otoño, aunque todavía haya que esperar, solucione un poco esta precaria situación.

sábado, 31 de octubre de 2015

Flores de octubre

Cyclamen persicum
El mes de octubre de este 2015 llega hoy a su fin. Con sus 65 mm. de lluvia acumulados, quizá alguna décima más que no llegó a marcar durante estos últimos días, continúa la buena racha de precipitaciones para este otoño que al parecer continuará dando de sí con las lluvias aparentemente abundantes que se esperan para los primeros días de noviembre. Con casi todas las visitas centradas en plantar semilleros, regar ocasionalmente y controlar a los caracoles, están siendo también unos días bastante tranquilos.

Como ya se apuntaba en otra entrada a principios de esta semana, la mayoría de floraciones en esta época suelen corresponder a especies no siempre propias del otoño, sino que muestran una recuperación a partir del final del verano y la vuelta de las lluvias. Es el caso de la Buddleja davidii, que este año no parecía mostrar una mejora muy sustancial después del cambio de sustrato y ubicación a los que fue sometida pero sí empezó a dar buenos resultados ya con las primeras lluvias ocasionales de agosto. Hasta el momento no ha parado de florecer aunque parece que el crecimiento sólo lo concentre en un lado. Si el invierno no hace que se detenga, sería estupendo que continuase de esta manera hasta llegar a marzo, momento en el que los insectos polinizadores empiezan a diversificarse y abundar en la terraza. Es bien conocido el poder que tiene de atraer a las mariposas, pero hasta ahora la única que he visto visitarla fue una rápida esfinge colibrí que se dio mucha prisa en probarla. Algunos himenópteros también la visitan de vez en cuando aunque no parece tener ni de lejos el poder de atracción de las borrajas o las Phacelia tanacetifolia.

Mammillaria nejapensis
Florece ya la primera de las caléndulas, que a su vez se ha visto sorprendida por una invasión de pulgones que parece ser sólo la afecta a ella. Corresponde a las plantas que germinaron a partir de las semillas no retiradas a principios de septiembre, prácticamente sobreviviendo con riegos muy breves y la humedad acumulada. Esta está en una maceta suelta en la que debió haber otra planta que ya no recuerdo, y ha salido de las de color amarillo con el centro anaranjado. Las Mauranthemum paludosum, parientes suyas que aprovechan la misma oportunidad que les dan las lluvias, han quedado por detrás en la carrera por florecer a pesar de que ya hace días que muestran algunos capítulos en desarrollo a punto de abrirse. Intentos frustrados, bien por fallos en la germinación o por la destrucción de las plántulas a manos de caracoles y pájaros, han sido los girasoles y las nomeolvides chinas, especies ambas que todavía se encuentran ahora germinando y sacando sus cotiledones y es demasiado tarde ya para que se sumen a la floración de anuales de desarrollo rápido como ocurrió en años anteriores.

Buddleja davidii
El Cyclamen persicum que encabeza la entrada fue traído a la terraza en la primera quincena de octubre, cargadísimo de flores hasta que lo dejé a la intemperie, pues pasó unos días dentro de mi casa hasta que lo llevé a la terraza. En ese momento se encontró de pleno con algunas lluvias y las flores fueron decayendo deprisa, además de perder también muchas de las que tenía en desarrollo. No obstante, la recuperación se produjo en pocos días y tan sólo lo tuve de cambiar de sitio para que reemprendiese su buen ritmo. Lo había ubicado en sombra total, pero teniendo en cuenta el tiempo de esta época, la mejor idea era ponerlo algo más expuesto al sol matinal para que el sustrato no esté indefinidamente mojado. Actualmente ya se encuentra de nuevo floreciendo aunque alguna pequeña criatura se dedica a agujerearle los pétalos. Se trata de una variedad miniatura de hojas compactas, puesto que me parecen más atractivas que las de hojas grandes y sueltas que en ocasiones se encuentran en los supermercados rebajadas una y otra vez durante el invierno por falta de compradores.

Calendula officinalis
Finalmente, el que vuelve a cargarse de flores un otoño más es el cactus Mammillaria karwinskiana ssp. nejapensis. Aunque la novedad este año ha sido que ha producido frutos durante el final del verano, el ritmo habitual de este cactus desde que empezó a mejorar hace un par de años comprende una breve floración primaveral y otra más extensa durante el otoño, prolongándose hasta diciembre y reanudándola en ocasiones un par de meses después. Sus otros dos parientes y vecinos, Mammillaria hahniana y Mammillaria spinosissima han pasado el tránsito del verano al otoño de manera muy exitosa y prácticamente han duplicado su tamaño. Ambos han ofrecido ya garantías de floración -el segundo lo compré precisamente porque lo vi con flores en la tienda- con lo que se espera que, con el buen desarrollo mostrado hasta ahora, tengan energías para llenarse de sus pequeñas flores rosadas durante semanas. Pero eso tendrá que esperar al año que viene.

Con algo más de medio otoño por delante, las pocas flores que decoran la terraza alegran los días mientras se prepara, precisamente, todo lo que servirá para que el largo periodo comprendido entre el final del invierno y el principio del verano dé garantías de ver muchas, muchísimas más flores que en la actualidad. Con el régimen de precipitaciones actual el entorno se vuelve propicio para crecer, pero también para que la amenaza de los caracoles haya de ser vigilada con mayor ímpetu.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Una buena dosis de tormentas

Portulaca umbraticola
Septiembre ha comenzado con el retorno de una de las situaciones meteorológicas que vimos en años anteriores. En 2012 y 2013, la última semana de agosto de ambos años destacó por una acumulación de agua notable tras varios días de nubes, lluvia y descenso de temperaturas. Tras la de 2013 comenzó una etapa de lluvias anormalmente escasas -con vuelta del calor que duró hasta noviembre- que se fue prolongando hasta el otoño siguiente, el de 2014, en el que no se repitió la situación de lluvias a finales de verano y sin que las de septiembre nos afectaran particularmente hasta que llegó el primer día de octubre, que tuvo la tormenta más intensa de estos últimos años en el hecho de la cantidad de agua caída en poco tiempo. Posteriormente, el otoño resultó algo más suave, con lluvias escasas dispersas y un par de días de lluvias eminentemente otoñales ya para el final de noviembre. Las temperaturas mínimas, eso sí, se mantuvieron bastante altas hasta bien entrado diciembre.

Buddleja davidii
Este año el fenómeno se ha atrasado hasta la primera semana de septiembre y ha estado cerca de igualarse tanto con la intensidad puntual de aquel 1 de octubre como con el episodio de lluvias de 2013 en cuanto a precipitación acumulada. El pasado jueves día 3, al anochecer, llegaba la primera tanda de lluvias que dejó 21,5 mm. en apenas media hora. Tras unas horas de calma, a primeras horas de la madrugada del viernes cayeron casi 40 mm. más en alrededor de una hora. El resto del viernes y el sábado tuvieron lluvias puntuales algo más escasas, y el domingo se presentó como un día casi otoñal, con temperaturas frescas (23ºC de máxima) y una lluvia fina y persistente que duró prácticamente la mitad del día, con poco más de 10 mm. acumulados. El lunes fue una repetición del patrón del domingo pero con una lluvia más intensa que duró hasta primeras horas de la tarde y dejó alrededor de 30 mm. acumulados. En total, desde el jueves 3 hasta el martes 8 han sido algo más de 106 mm. acumulados, lo que no está nada mal.

Seguimos en verano, y tan pronto como las nubes se han retirado, el calor vuelve a hacerse notar. No es tanto como a finales de agosto y las mínimas ya se quedan en los 20ºC o un poco menos, pero en cuestión de dos días, del martes al jueves, el ambiente fresco de las madrugadas ya no lo es tanto. En la terraza no he regado desde el jueves pasado y salvo algunas macetas que comiencen a secarse pronto, no lo haré hasta dentro de unos días. Las visitas tan sólo sirven ahora para comprobar que todo está correcto tras la lluvia y que hay agua de sobra: todas las cubetas tienen agua a rebosar y hasta los cubos están a la mitad de llenos. Vista la situación, si haré por vaciar algunas de estas cubetas en garrafas, por tener algo guardado para futuras ocasiones.

Oxalis bowiei
La lluvia y la cercanía del otoño han desatado algo previsible: el despertar de algunas semillas que quedaron perdidas por el sustrato. Un buen montón de caléndulas con su semilla pegada a los cotiledones evidencian que fui demasiado optimista dejándolas tanto tiempo en las macetas, junto a ellas, los anchos cotiledones con pelusa con una semilla negra a sus pies muestran la facilidad con la que las borrajas se pueden resembrar, como ya hicieran en su momento sus parientes las Cerinthe, de las cuales me ha parecido ver también alguna, que en cuyo caso habrá salido de semillas perdidas en 2014 (las plantas de 2015 no han dado semillas y no entiendo por qué). El otro montón de cotiledones diminutos que han aparecido por doquier de momento quedan sin identificar, pero muchos de ellos tienen pinta de ser plantas adventicias que pronto tendrán que ser removidas, como las oportunistas Stellaria media, que si se las deja a su aire forman marañas de tallos allá donde crezcan. Las plántulas que están apareciendo en el contenedor las dejaré hasta que remueva para plantar. Sabiendo que muchas de ellas serán de especies cultivadas allí que tengo interés por conservar, antes de remover intentaré extraer y repicar todas aquellas pertenecientes a especies que quiero conservar.

Aparte de las semillas, el otoño despierta a las plantas con órganos subterráneos. Los primeros bulbos que han despertado son los Muscari armeniacum, acompañados de las otoñales Nerine bowdenii. El Oxalis bowiei más temprano, que no fue sacado de tierra y floreció tarde en primavera, ya tiene un buen montón de flores, mientras que sus congéneres replantados a mediados de agosto empiezan a emerger al mismo ritmo que sus parientes y vecinos los Oxalis articulata y triangularis. El resto de bulbos esperan pacientemente en sus cajas, o en sus paquetes si son nuevos, para plantar tan pronto como lleguen los que tengo pendientes de recibir de Holanda. Tengo los recipientes, tengo el espacio y tengo sustrato para todos: sólo queda la no menos complicada tarea de decidir minuciosamente qué combinaciones hacer para que florezcan de manera armoniosa. Además, una vez repartidos tendré disponible el espacio que dedicaré a especies semilleras.

Clematis
Flores quedan pocas, como ha venido siendo habitual hasta ahora. Sin embargo, las lluvias han animado a algunas plantas: la amante por excelencia de las lluvias Zephyranthes carinata, que no ha parado desde las primeras tormentas de finales de julio; la Pentas lanceolata que vuelve a desplegar unos cuantos ramilletes de sus flores tras una leve poda, y la Buddleja davidii que se beneficia del ambiente húmedo y consigue sacar algunas de sus chorreras de flores de mayor longitud que hasta ahora, que hacen las delicias de algunos himenópteros. Es probable que esta planta mejorase si la ubicara en un punto más sombrío, pero lo cierto es que este tipo de emplazamientos ya son muy escasos en la terraza y difícilmente podrían incluir a una especie de la envergadura de la Buddleja.

En el lado de sombra las que florecen son una Portulaca umbraticola que compré justo el jueves que empezó a llover, de flores que aparecen de color naranja o magenta aleatoriamente, y una de las Clematis sin identificar y que, dicho sea de paso, han perdido todo su poder de floración y empiezan a resultar una especie decepcionante, que crece bien cada año, trepa mejor que ninguna otra, pero termina fallando a la hora de dar flores.

Llegados a este punto del año y con la ayuda de una buena dosis de tormentas, se puede ir mirando con más optimismo de cara al otoño, del cual todavía es imposible saber nada, y ahí tenemos los ejemplos de años anteriores: uno de 2012 razonablemente lluvioso y uno de 2013 anormalmente seco, ambos tras lluvias como las que acabamos de tener. Por lo pronto, sí se pueden ir empezando a germinar semillas de todo aquello que no vaya a ir en el contenedor, en el cual se necesita algo más de sincronización, y preparar los pulverizadores para volver al riego a pequeña escala. Y, por supuesto, a vigilar de cerca a los caracoles, que con esta humedad campan a sus anchas.

viernes, 14 de agosto de 2015

La mitad de agosto

Colpa sexmaculata ♀
Ya ha expirado prácticamente la mitad de este agosto de 2015 y se podría decir que mientras la terraza ha experimentado pocos cambios, el tiempo ha dado un par de episodios curiosos. El sábado día 8 llegaron las nubes y descargaron una lluvia breve pero intensa que dejó cerca de 20 mm. en menos de media hora, lo que convierte a esta jornada en el día más lluvioso en Cullera de todo 2015. En los meses de febrero, abril, mayo y junio pasados no se acumuló tanta lluvia como esa tarde de sábado: sirva sólo como comparativa para hacerse una idea de la magnitud de este chaparrón veraniego en este periodo que llevamos arrastrando desde 2013 en el que las lluvias no han dejado de escasear respecto a años anteriores. Como ocurre en estas ocasiones, guardé tanta agua que toda esta semana he podido ir regando con ella dado que actualmente estaba utilizando algo menos de 20 litros cada dos días debido al ya escaso número de plantas presentes.

Este verano está siendo de récord en cuanto a calor, pero las lluvias han empezado a asomar con frecuencia e intensidad, fenómenos que pueden estar perfectamente relacionados ya que el agua evaporada del recalentado Mediterráneo sirve de aporte de energía a las tormentas que van llegando a nuestra región en principio ya debilitadas. Llevamos dos semanas seguidas en las que llueve el fin de semana, y todo apunta a que habrá una tercera, pues se espera que a partir de esta madrugada se active la alerta amarilla de nuevo por tormentas y lluvias puntualmente fuertes. Aunque no se puede saber con tanta antelación, esta misma tendencia podría darnos también un otoño muy lluvioso si se dan las circunstancias adecuadas.

Zephyranthes carinata
Por otro lado, ayer tuvimos el que todavía es el primer episodio de viento cálido y seco de poniente de este verano, pero no del año: el día que todavía ostenta el récord de temperaturas de este siglo, aquel 14 de mayo que vio los termómetros sobrepasar los 40ºC, el viento de poniente arrastró hacia nosotros el aire cálido que había entrado desde el sureste a mediodía. En esta ocasión no ha sido tan intenso pero junto con los tórridos 35ºC que se alcanzaron sí se dio una gran caída de la humedad ambiental similar a la de mayo, dejándola sólo al 12%. Poco después de anochecer los vientos cambiaron y el intenso calor se fue disipando. Ha hecho tanto calor en lo que va de verano que de este episodio de poniente se podría decir que "no fue para tanto".

Durante la semana he ido aprovechando para revisar algunas bulbosas y vivaces. Todo apunta a que pocas de las últimas han sobrevivido, mientras que las primeras parece que tienen mejor aspecto. No obstante, estoy bastante atrasado en lo que respecta a sacar bulbos de la tierra para revisarlos y reclasificarlos antes de mirar cuáles y cuántos se sumarán a la próxima temporada dentro de pocas semanas, pues septiembre está a la vuelta de la esquina.

Ferocactus herrerae
Mientras tanto, las únicas plantas con flores atraen a algunos insectos que se han instalado estos días en la terraza, como la avispa Colpa sexmaculata, una especie corpulenta relacionada con las enormes Scolia y que hasta ahora nunca había visto. La planta sobre la que se encuentra, la Buddleja davidii, florece de manera laxa y poco llamativa. Aunque lo ha hecho antes que el año pasado, el resultado parece ser el mismo y no sé qué medidas buscar para intentar que produzca esas chorreras cónicas de flores que suelen verse en las fotos. Es una buena planta para mariposas, lo que significa que también lo es para otros insectos amantes de las flores.

Los otros ejemplares en flor son la Pentas lanceolata, que a pesar de estar muy cerca ya de quedarse sin flores por primera vez desde hace más de un mes sigue atrayendo abejas, y el Ferocactus herrerae, que sigue con su excepcionalmente prolongada floración escalonada con la que no ha dejado de abrir flores desde finales de junio, y al parecer todavía le quedan más. Por último, las que hace poco se unieron a la fiesta y tienen visos de continuar son las Zephyranthes carinata, que impulsadas por las tormentas recientes empezaron a florecer el mes pasado y posiblemente lo sigan haciendo durante dos meses más. Lo hacen a gran ritmo, pues las flores no duran más de dos días, pero no dejan de emitirlas siempre y cuando haya lluvias cerca y temperaturas cálidas.

Cómo seguirá cambiando el tiempo durante estas próximas semanas es una incógnita. Por lo pronto se puede decir que estamos ya hartos de tanto calor y lo que más deseamos es que las temperaturas se suavicen cuanto antes, aunque sea a principios de septiembre. Esto además permitiría que empezase a sembrar algunas plantas, especialmente perennes y bienales, las que requieren un poco más de tiempo si se quiere que estén listas para florecer a la próxima primavera. Aún están lejos los primeros días del otoño, pero ya va quedando menos y el tiempo pasa volando.