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viernes, 31 de marzo de 2017

Pequeñas criaturas

Opsilia coerulescens
La llegada de la primavera es sinónimo de aumento del número de los pequeños seres que llegan desde el cielo y se dedican a investigar las flores en busca de una fuente de alimento. Además de las abejas, que siguen mostrando una preocupante ausencia y falta de variedad este año, unos pocos insectos más se pasean por la terraza y algunos de ellos lo hacen en tal cantidad que parecen residir allí durante estas semanas. Y no sólo insectos: también las arañas, por supuesto, aunque éstas sí son residentes genuinos y de muchas ya se esperaba una presencia notable debido a que durante el verano pasado estuvieron protegiendo sus nidos y algunos ejemplares ya eligieron sus pequeños territorios en otoño e invierno, como en el caso de las arañas cangrejo. Además, como siempre, bajo tierra permanecen las trabajadoras lombrices. De los caracoles, afortunadamente, cada vez quedan menos y el que se atreve a buscar comida entre las macetas acaba topándose con el fatal molusquicida. Una mejora casi definitiva que ayudará enormemente a las siembras otoñales sin tener que emplear métodos casi herméticos para proteger las macetas.

Cacoecimorpha pronubana
Abejas aparte, los himenópteros tampoco están siendo particularmente frecuentes. A las omnipresentes Polistes habría que añadir una visita fugaz de una Vespula -que también fueron vistas en alguna ocasión durante el invierno- y la presencia más estable de unas diminutas avispas del género Crossocerus. Éstas son más pequeñas e inquietas que las abejas Lasioglossum presentes estos días. Tienen cuerpos alargados, cabeza y ojos desproporcionadamente grandes y unas alas con tonos purpúreos. Han aumentado su presencia poco a poco y tienen la particularidad de ser fieles a un punto concreto, donde se las observa con frecuencia durante días y gracias a lo cual, a base de montar guardia, conseguí hacer alguna foto decente: pocas veces aguantan más de un segundo quietas en el mismo sitio, aunque no me vean a mí y a mi cámara. Es una especie cazadora de larvas de otros insectos, algo típico de su familia (Crabronidae) y en este caso en concreto son las larvas de pequeños dípteros las que sirven de despensa para su propia descendencia.

Crossocerus sp.
De mariposas ha habido un poco de todo, pero las especies diurnas parecen tremendamente desconfiadas cuando entran en la ciudad. En una misma mañana llegué a observar macaón, vanesa del cardo y esfinge colibel y ninguna de ellas estuvo más que unos segundos en la terraza; ni que decir tiene que basta dar un paso haciendo mención de acercarme a ellas y huyen despavoridas. Esto es algo que no comprendo dado el caso de que en el campo muchas veces permanecen tan quietas que consigo acercarme a ellas a menos de un palmo; además, de la esfinge muchas veces he obtenido fotos y vídeos mientras vuelan entre las flores y la vanesa de los cardos, el año pasado, me dejó hacer lo mismo aprovechando lo entretenida que estaba con las flores de la Buddleja davidii. Es probable que para sentirse más atraídas y seguras necesiten una gran superficie llena de flores de su agrado que, dicha sea la verdad, no existe en la terraza. Al final, la única mariposa que ha posado para esta entrada es la humilde Cacoecimorpha pronubana, una polilla cuya prole ataca a diversas especies de plantas, destacando entre ellas los claveles, aunque no he visto más que unos pocos adultos y ninguna oruga.

Discomyza incurva
Los escarabajos, abundantes en el campo, se prodigan muy poco por la terraza. No falta ningún año el cetonino Tropinota squalida, que acude a darse baños de polen de diversas plantas, especialmente asteráceas. Este año se añade a la lista de especies observadas el Opsilia coerulescens, un pequeño escarabajo longicorne que vive asociado a los Echium. Casualidad o no, es el primer año que en la terraza florece una especie del género -Echium candicans. concretamente- y la primera que observo a este pequeño escarabajo de color verde metalizado y largas antenas que volaba tan pronto como detectaba mi presencia, aunque no fue difícil que se quedase quieto evitando movimientos bruscos. Sólo fue visto esa única tarde.

Finalmente, y como viene siendo habitual, las moscas son las que copan el mayor número de especies y ejemplares presentes habitualmente en la terraza. Ha habido de todo un poco: las muy abundantes Calliphoridae (Calliphora, Lucilia) y las variadas Syrphidae (Eupeodes, Eristalis, Eristalinus, Episyrphus) son las familias más frecuentes, pero también ejemplares de otras familias como Trigonospila o la pequeña Discomyza incurva, una mosca de color negro y aspecto jorobado que se pasea tranquilamente por las plantas sin volar ni siquiera al tener cerca presencia humana. Al parecer esta especie pone sus huevos en los caracoles muertos, lo cual es lógico y vendrá bien teniendo en cuenta que antes de aplicar venenos simplemente ahogaba en agua a los ejemplares más grandes y quería conservar sus conchas como eventual lugar de cría para algunas especies de abejas megaquílidas que las utilizan para tal fin. No hay que olvidar nunca que, pese a su mala fama, las moscas son de los insectos más útiles en un amplio abanico de posibilidades, desde descomponedoras hasta polinizadoras.

domingo, 19 de marzo de 2017

Pocas abejas

Lasioglossum sp.
El invierno prácticamente ha terminado y tras él, el número de especies de abejas que irán visitando las flores de la terraza es de prever que aumentará a lo largo de las próximas semanas. Existen unas pocas especies que para estas fechas ya son abundantes y de hecho, muchas de ellas llevan zumbando entre las flores desde la segunda mitad de febrero. El caso es que, de manera anecdótica, este año la variedad de especies, e incluso de ejemplares de éstas, está siendo mucho menor respecto al año pasado en la misma época. En aquel entonces había dedicado un par de entradas ya a la variedad de especies que visitaban las flores presentes. Claro, que habría que tener en cuenta que apenas fue el año pasado cuando comencé a interesarme por identificar a todas y cada una de las especies que venían, conociendo sólo a unas pocas de años anteriores y entendiendo que 2016 quizá no fuese un buen año de referencia, ya que el invierno excepcionalmente suave que tuvimos pudo acelerar el ciclo vital de muchas de las especies que aparecieron antes del 20 de marzo.

Actualmente sólo he contado cuatro especies en la terraza. A las habituales abejas melíferas habría que sumar una visita fugaz de un abejorro el pasado día 12, que se detuvo un instante en las rúculas y se marchó. Me detuve para observar de lejos qué hacía y si me daría tiempo a coger la cámara, pero el animal se limitó a probar dos o tres flores y se fue volando sobre los edificios. Es frecuenter que pase esto y en los últimos años apenas cuento unas tres ocasiones en las que los abejorros se tomaron su tiempo en la terraza, especialmente hace tres años cuando pusieron atención a buscar néctar en los Anthirrhinum majus y las Digitalis purpurea. Esta primavera podría ser que ambas especies florezcan, con lo cual habrá que estar al tanto.

Lasioglossum sp.
Las Anthophora plumipes este año no faltan, pero lo cierto es que cuesta encontrar el momento en que la visitante sea una hembra. A pesar de la observación muy temprana el pasado 12 de enero, las hembras de esta especie este año están escaseando incluso cuando ya hay distintas plantas en flor demostradamente atractivas para ellas: las Linaria, las borrajas y Cerinthe, las salvias S. officinalis y S. viridis o la reciente Echium candicans, entre otras. Hasta ahora parece ser que la especie no suele verse más allá de finales de abril, pero desconozco totalmente si esta aparente ausencia se verá traducida también en una presencia más prolongada. Por otro lado, las pequeñas Lasioglossum aparecen a menudo buscando alimento en las margaritas desde principios de febrero. El año pasado, aunque seguramente no me fijaría bien, no llamaron mi atención hasta abril o mayo.

El año pasado por estas fechas había visto a varias de las mencionadas y al menos otras cuatro más. Por un lado tenemos a las Rhodanthidium, que empezaron a venir a mediados de marzo, si bien en años anteriores aparecieron a mediados de abril; las Osmia hembra aparecieron a finales de febrero en 2016, pero en 2015, que fueron más abundantes, llegaron la segunda quincena de abril; los machos de este mismo género, aunque no sé si pertenecen a la misma especie que las hembras anteriormente observadas, fueron vistos en sendas ocasiones separadas a finales de marzo y finales de abril. Las Halictus, de presencia bastante amplia pero irregular, también empezaron a dejarse ver en marzo. Apareció también antes de primavera una especie de Andrena sin identificar que sólo vi un par de días. Por otro lado, ahora mismo echo en falta algunas plantas llamativas que hubieran venido bien para las abejas visitantes: las Cosmos bipinnatus, que los caracoles y las tormentas echaron al traste, o las Ismelia carinata, que ya no tienen facilidad para aparecer solas y habrá que volver a resembrar. Aparte, habrá que ver cómo termina el mes, pues esta primera semana de primavera parece que comienza con descenso de las temperaturas provocada por otra bolsa de aire frío que podría provocar de nuevo una situación de lluvias importante para el fin de semana próximo. Por suerte, todavía queda un buen montón de especies de plantas que florecerán a partir de ahora y de seguro darán una buena acogida a las abejas que decidan visitar la terraza las próximas semanas.

domingo, 26 de febrero de 2017

Abejas de patas peludas

Macho de Anthophora plumipes descansando
La Anthophora plumipes es, aparte de las siempre presentes Apis mellifera, la abeja que más temprano comienza a visitar la terraza tan pronto como ésta se llena de flores. Si bien este año hubo una visita inusual de una hembra en la primera mitad de enero, lo habitual es que sean los nerviosos machos los primeros en emerger. No sólo en esta especie, sino en todas las abejas solitarias, puesto que su principal tarea consiste en patrullar una y otra vez los lugares florecientes para tratar de sacar ventaja frente a otros machos rivales en pos de encontrar a hembras con las que reproducirse. Ellos vivirán algo más de tiempo, pero no deja de ser una vida breve que va ligada al ciclo del clima y las plantas en flor.

Hace sólo dos años, o tres temporadas si se cuenta por estaciones, que me percaté de la presencia de esta especie. El primer año era incapaz de conseguir una imagen nítida puesto que, al parecer, sólo venían los machos, que rara vez se detienen, siendo incluso muy escuetos a la hora de beber néctar. Su vuelo poderoso y directo les lleva a recorrer, de manera repetitiva, una ruta alrededor de todos los puntos de flores de la terraza. Si bien es una especie de coloración variable, los machos de esta región se diferencian por su tonalidad grisácea. Lo que confirma su sexo son los parches desnudos de su cara de color blanco-amarillento y la pelusa rala de sus patas traseras. Las hembras tienen la cara negra y las patas traseras con una densa cubierta de pelos dorados en los que pegan el polen que recogen. Además, su librea general incluye tonalidades pardas y oscuras que faltan en los machos.

Esta especie cría en paredes de tierra consistente, donde excavan túneles que servirán de nido. El año pasado conseguí ver nidos de esta especie en Alzira, debajo de una gran roca que se sustentaba sobre un terraplén arcilloso, en el cual habían excavados multitud de agujeros. La especie no forma colmenas, pero varias hembras suelen criar cerca si el medio es el adecuado: esto ocurre con varias especies de abejas solitarias. Desconozco de dónde vendrán las que acuden a la terraza, que vuelven más frecuentes sus visitas en cuanto descubren que existen flores de su agrado. En un radio de medio kilómetro a la redonda, una minucia para recorrer volando si se es una de estas abejas, hay suficientes zonas de campo y monte para criar.

En la terraza se han aficionado a las plantas con nectarios tubulares y a ser posible que permitan un acceso y retirada sencillos para su lengua. Visitan a varias de las linarias y a la ocasional Misopates, pero no a los antirrinos, que requieren de una visita más prolongada abriendo la corola y entrando en ella. Las salvias, borrajas y Cerinthe también forman parte de su recorrido. Este año las dos últimas no han florecido en febrero, aunque están cerca de hacerlo en las próximas semanas. A la Lavandula dentata han dejado de prestarle atención, pero en cambio he descubierto que se detienen a recolectar el polen de los estambres de los Iris germanica.

El macho de la foto tuvo un comportamiento un tanto excepcional. Suelen detenerse a descansar de vez en cuando, pero se marchan en cuanto entramos en su campo visual. Este en concreto estuvo tanto rato posado que me dio tiempo de sobra a acercarme y enfocar lo mejor posible. Las hembras, por su parte, llegan a ser más fáciles de fotografiar o grabar una vez se las encuentra enfrascadas en alguna planta que les proporcione alimento. Este año han aparecido prácticamente a la vez que en el anterior, pero han tenido que encontrarse con una menor variedad de especies de su agrado, limitándose a las Linaria maroccana que, eso sí, han florecido en distintos puntos.

sábado, 11 de febrero de 2017

En la mitad del invierno


Como se apuntaba en la entrada anterior, el invierno ha empezado a tener sus primeros episodios de buen tiempo y cada vez que el día reune todos los ingredientes necesarios -sol, calor adecuado y poco viento- la terraza se llena de colores y movimiento, de manera todavía humilde eso sí, puesto que aún son pocas las especies en flor. No obstante, muchos insectos polinizadores van realizando visitas periódicas a fin de aprovechar todo lo que puedan. Con ello, ha sido posible realizar este breve vídeo que contiene escenas grabadas entre finales de enero y estos primeros días de febrero.

Comenzamos echando un vistazo a las flores de los Muscari macrocarpum, que desde dos ubicaciones distintas comenzaron a abrirse ya desde mediados de enero. Tras ellos, observamos las espigas de una Linaria maroccana que ha ido floreciendo desde principios de enero y cambiando de aspecto progresivamente. De aquí pasamos a observar la especial atracción que ejercen las lavandas sobre las abejas, siendo en esta ocasión la Lavandula dentata, el espliego rizado, la que mantiene ocupada a una abeja durante un rato. Esta especie, aunque el ejemplar en cuestión lleva en la terraza un par de meses, tiene tendencia a no dejar de florecer en ninguna época del año, con lo que resulta un buen añadido si se pretende atraer y beneficiar a los polinizadores.

Tras estas imágenes observamos a la primera y temprana flor del Iris germanica, y después a una vieja conocida, la araña cangrejo, en esta ocasión cazando sobre la Osteospermum. Es probable que se trate del mismo ejemplar observado alrededor de este rincón de la terraza desde finales de otoño, el cual comenzó primero a utilizar la Felicia amelloides como zona de caza y, tras quedarse ésta temporalmente sin flores, ha pasado a las de su vecina, cuyo color ayuda más si cabe a su mimetismo. Otras compuestas de origen africano florecen también en el entorno, como la Kleinia grantii de flores intensamente anaranjadas y las habituales caléndulas. Los Muscari armeniacum, asentados en la terraza desde hace ya seis años, también comienzan a florecer tímidamente durante estos días.

De manera bastante rápida ha florecido la Armeria maritima, una especie que ya había tenido en dos ocasiones anteriores y en ambas las perdí tras el verano. Esta vez adquirí un ejemplar grande y sano en otoño y es la primera vez que la floración comienza directamente en la terraza. Tras ella observamos a la primera Dimorphotheca en flor, una habitual de los inviernos y de las primeras anuales en florecer, y la también sudafricana Plectranthus neochilus, de grandes flores ubicadas en estructuras engrosadas en el extremo de los tallos.

La siguiente en aparecer es la Bellis perennis, una margarita de escaso porte la cual sólo había tenido en una ocasión aunque de la variedad de flores en forma de pompón, siendo las actuales de aspecto silvestre, que personalmente encuentro más atractivas. Tras ella observamos una serie de especies anuales típicas de la terraza: Calendula officinalis, Linaria reticulata y Linum usitatissimum. Posteriormente observamos otro ejemplar cambiante de Linaria maroccana, el cual al principio me hizo dudar puesto que parecía mostrar caracteres intermedios entre esta especie y reticulata. Finalmente, echamos un fugaz vistazo a un macho de Anthophora plumipes bebiendo néctar, necesario para servir de combustible durante sus poderosos vuelos.

viernes, 10 de febrero de 2017

Días en crecimiento

Muscari macrocarpum
Este invierno está resultando particularmente movido. A mediados de enero tuvimos un temporal de viento y lluvias muy intenso que poco después tuvo su réplica en el lado opuesto de la península, suficientemente fuerte como para llevarnos a nosotros unos días de vientos de oeste-noroeste que llegaron a ser muy notables en algunas jornadas. Desde luego, ser un árbol en una ubicación expuesta ha tenido que ser bastante difícil durante estos últimos dos meses, teniendo que soportar de manera reiterada ráfagas de viento que han acabado con muchos de ellos. Afortunadamente, en esta última ocasión el viento que sopla desde el interior no ha tenido repercusiones para las plantas de la terraza, ya que la ubicación de ésta queda protegida gracias a los edificios vecinos que lindan por ese lado. Ha llovido también en este inicio de febrero, pero de manera casi anecdótica, con poco más de un milímetro en sendas ocasiones en las que la lluvia hizo acto de presencia.

Plectranthus neochilus
Lo que sí podría destacarse como positivo es el progresivo aumento de temperatura en las horas centrales del día, llegando en más de una ocasión a los 20ºC. No es, obviamente, lo más normal para finales de enero y principios de febrero, pero nos hemos ido acostumbrando estos últimos años. Parece que la tónica habitual de febrero, que solía comprender una primera mitad más fresca -y frecuentemente la que marcaba las temperaturas más bajas del año- y un final ya más cercano a lo que será el mes de marzo, ha quedado como cosa del pasado. En los últimos años, todo el mes funciona como una transición hacia la primavera, algo así como una ampliación de las primeras semanas de marzo. Por ello, las plantas que hasta diciembre parecían todavía pequeñas reciben ya al mes de febrero crecidas y con sus flores abiertas.

Abeja en una Linaria maroccana
Con las perennes y bulbosas es, obviamente, mucho más fácil de advertir que la floración es inminente. Semanas antes de que se produzca ya empezamos a observar cómo los extremos de los tallos o el centro de sus rosetas de hojas empiezan a adquirir una forma distinta, presagiando que las inflorescencias se están desarrollando. Así, los racimos de Muscari macrocarpum comenzaron a emerger de la tierra a finales de diciembre, con lo que a mediados de enero ya había flores en marcha. Esta estupenda bulbosa es, desde el pasado año, la primera de todas en florecer. En esta ocasión ha mejorado al multiplicarse, puesto que ha producido muchas más espigas de flores. Al juntarse tantas resulta mucho más evidente su fragancia a plátano, que huele de manera idéntica a la variedad comercializada antaño, la 'Gros Michel', cuyo aroma todavía se utiliza en repostería y golosinas. Cabe destacar que el Muscari macrocarpum es más rápido que los armeniacum, los cuales también han empezado a florecer ahora, poco después de su pariente, pero sus hojas aparecieron en septiembre. Los macrocarpum, en cambio, no crecen hasta bien entrado el otoño.

Iris germanica
Mucho más rápidos han sido en esta ocasión los Iris germanica. En apenas dos semanas, justo tras las lluvias, han ido apareciendo unos pocos tallos con flores que ya se encuentran abiertas y que no durarán mucho más allá de mediados de este mes a menos que otros tallos les sucedan. Se ha mostrado como una planta bastante irregular ya que, de entrada, vio pasar las primeras dos primaveras que estuvo en casa sin florecer; en 2015 floreció a finales de marzo, en 2016 a principios de mayo y en esta ocasión, a principios de febrero. Algunos ejemplares han desaparecido, pero los que quedan han crecido de manera significativa y probablemente se hayan visto beneficiados por la abundante pluviosidad de estos últimos cinco meses. Dado que no han mostrado nunca un esquema de floración predecible, no habría que descartar que este año sean capaces de seguir floreciendo un tiempo más o hacerlo en primavera tras una eventual pausa. Algunas abejas gustan de su polen y si el año pasado era la Xylocopa la que se encargó de visitarlos, en esta ocasión más temprana son las Apis mellifera las que se pasean por sus estambres alineados.

Muscari macrocarpum
Las plantas de origen sudafricano son sin duda las más numerosas en floración durante el primer trimestre del año. A la Felicia amelloides, que  ha hecho una pausa, y la Osteospermum, hay que añadir ya a las primeras Dorotheanthus bellidiformis, las cuales han empezado a florecer en macetas donde llegaron de manera involuntaria, puesto que la maceta que sembré intencionadamente va un poco más atrasada aunque también allí empiezan a formarse flores. Lo mismo está ocurriendo en varias especies originarias de dicha región, las cuales seguramente irán abriéndose de aquí a marzo. La que ha dado por comenzada su floración desde ya mismo es la Plectranthus neochilus, una lamiácea suculenta que tengo desde diciembre de 2015, pero que ha tardado todo este tiempo en decidirse a florecer. La planta permaneció prácticamente invariable hasta el otoño de 2016, cuando aumentó de tamaño a medida que iba recibiendo agua de lluvia. Es curioso, puesto que lo que había leído de ella era que no necesitaba demasiada agua y efectivamente, trataba de regarla lo justo para no estropearla. Con las lluvias y la bajada de temperaturas ha mejorado considerablemente, sacando más y más hojas de un tono más verde, al punto de que los tallos cuelgan por un lado de la maceta. Su floración aparece en unas estructuras engrosadas muy similares a las de la Lavandula stoechas, aunque sus flores son más grandes que las de ésta. Recuerdan a una versión sobredimensionada de las de sus parientes los coleos y al parecer producen un néctar atractivo, puesto que he visto a varias abejas metiendo la cabeza en ellas y permaneciendo un buen rato en cada flor.

Dorotheanthus bellidiformis
Los insectos, por supuesto, empiezan su movimiento tan pronto como aparecen los primeros coletazos de buen tiempo. Entre enero y febrero, pero especialmente durante los días cálidos y soleados de esta semana. he ido observando visitas ocasionales de algunas moscas y de la esfinge colibel, que realiza visitas tan breves que en ocasiones ni siquiera se detiene a beber algo de néctar. Durante estas últimas dos semanas ha ido en aumento la presencia de insectos más propios de la primavera, como los sírfidos, las abejas melíferas y las primeras observaciones anuales de las pequeñas Lasioglossum, abejas pequeñas de preferencias generalistas cuya presencia en la terraza se prolonga durante meses, aunque desde octubre que no las había vuelto a ver. Y, por supuesto, regresan ya las Anthophora plumipes, especie que ya había adelantado su presencia a principios de enero con una hembra muy temprana que se pasó unos instantes por la terraza. En esta ocasión estoy observando machos, lo más lógico, pues en las abejas solitarias siempre son éstos los primeros en emerger y encargarse de patrullar el terreno listos para detectar a las hembras con las que aparearse. Como ya ocurriese el año pasado, sólo las Linaria tienen flores lo suficientemente complejas y de su agrado para que estos incansables voladores dejen de aletear por un instante mientras se alimentan.

La meteorología todavía tendrá tiempo para mostrarse variable durante semanaes. Por ejemplo, hoy mismo las temperaturas han vuelto a descender y el viento de poniente ha cesado, dando paso a ráfagas que vienen del lado opuesto. Para los próximos días se espera que sople algo más fuerte de gregal y venga acompañado de algunas lluvias. Buena ocasión para compensar la pérdida de humedad que ha ido provocando el poniente de la última semana. No hay mal que por bien no venga.

jueves, 12 de enero de 2017

La Anthophora plumipes más temprana

Anthophora plumipes en Lavandula dentata
Es invierno, con el año recién estrenado, y en esta ocasión por el momento estamos dentro de unos valores normales para las temperaturas, a diferencia del invierno anterior. Las mañanas son bastante frescas, hemos tenido días de vientos del oeste y noroeste poco destacables y nos espera una llegada de frío polar acompañada de estos mismos vientos que durante la semana que viene rebajará todavía más las mínimas -se apunta a valores cercanos a los cero grados para el miércoles. Por ello, encontrarse hoy un insecto propio de los meses en que las temperaturas ya comienzan a subir se hace un tanto extraño, a pesar de tratarse de la Anthophora plumipes, una abeja solitaria bien conocida y recibida de muy buena gana en la terraza.

Con los datos en la mano, esta abeja parece haberse adelantado un mes. El año pasado las primeras observaciones se realizaron sobre la segunda mitad de febrero, pero al hablar exclusivamente de la terraza desconozco si es frecuente que estas abejas emerjan antes de sus pupas y encuentren comida estos días, en los que sí existen plantas silvestres en flor adecuadas para ellas como los romeros, las aliagas o las coronillas, entre otras. Como curiosidad, apenas distan dos meses y medio desde que observé a la última de sus congéneres veraniego-otoñales, la Amegilla garrula. También curioso es que el ejemplar de hoy era una hembra, siendo más frecuente en abejas solitarias que primero emerjan los machos y estén ya listos para cortejar a las hembras que aparecerán después, listas para construir y surtir sus nidos y perpetuar la especie.

Anthophora plumipes
Ha resultado interesante saber que la Lavandula dentata, especie que volví a adquirir este otoño tras perder a un ejemplar a finales de verano -ahora sé que no fue por unos malos cuidados- es también una buena fuente de alimento para estas abejas. A la Lavandula stoechas -también un ejemplar nuevo- falta ver si le harán caso, porque al parecer muchos de los ejemplares que se venden como ornamentales pertenecen a selecciones cuyas flores han perdido la capacidad de resultar llamativas para las abejas. Curiosamente, y aunque en esta ocasión la Anthophora no ha resultado tan asustadiza como otras veces, su visita a la terraza se ha limitado a la Lavandula y no se ha parado con las Linaria, plantas que el año pasado resultaron ser las que mayor interés despertaron en esta abeja. No es descartable, eso sí, que durante mi ausencia ya se hayan encargado de investigar bien todas las flores presentes, que por ahora no son muchas.

Esto no es más que un brevísimo adelanto de lo que está por llegar. Muchas plantas de interés para los polinizadores están formando flores o, al menos, están suficientemente grandes como para florecer pronto; otras, sin embargo, todavía tienen tiempo de sobra para florecer durante la primavera. De hecho, la tasa general de crecimiento en semanas como las del mes de febrero o marzo es visiblemente superior a la que abarca desde el medio otoño hasta el medio invierno. La espera, pues, va acortándose.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Moscas en días cortos

Stomorhina lunata 
La llegada de noviembre supuso el cambio definitivo entre temporadas que se refleja, más que en el calendario astronómico, en el biológico. Las temperaturas empezaron a descender y con ellas, el número de flores e insectos. Hasta octubre todavía podían verse en la terraza las libélulas más tardías y otras especies de abejas que no fueran la abeja común, -todavía observada en un par de ocasiones este mes- como las Lasioglossum y las Anthophora. Son las moscas, como siempre, las que siguen apareciendo de manera puntual y con una variedad tal que todavía da para encontrarse con especies no registradas hasta ahora en la terraza. De hecho, durante noviembre todavía se observaron diversos sírfidos, que fueron la familia de insectos imperante desde que comenzó el otoño.

Pollenia sp.
Con las sucesivas tormentas que han ido cerrando el otoño, la variedad entomológica ha ido descendiendo drásticamente, quedando limitada, como otros años, a moscas pertenecientes a familias de costumbres necrófagas. Lo curioso es que varias de ellas eran especies que no conocía o conocía poco, y que han ido apareciendo en un pequeño punto de la terraza con dos plantas en flor, las sudafricanas Felicia amelloides y Crassula muscosa; es la segunda la que atrae en particular a mayor cantidad de moscas, que se ven tentadas por sus diminutas flores. En la Felicia, por su parte, muchas moscas acabaron en las fauces de una araña cangrejo que actualmente, al disminuir el número de flores, ya no soy capaz de localizar. No debe andar lejos, seguramente.

Stomorhina lunata 
Dos de las especies de moscas identificadas pertenecen a la misma familia, Calliphoridae, a la que pertenecen las habituales Calliphora y Lucilia, insectos frecuentes en la terraza todo el año. Estas dos especies dependen de la carroña para depositar sus huevos, pero las especies observadas estas últimas semanas tienen unos hábitos algo distintos. La primera de ellas, Pollenia sp., deja los huevos en la entrada de los túneles de las lombrices a fin de que sus larvas la parasiten. Destaca por el vello dorado de su tórax y el patrón a cuadros, como un damero, de su abdomen. La segunda, Stomorhina lunata, de la cual tenía fotografiada una hembra en diciembre de 2014, es una especie con un claro dimorfismo sexual en la que los machos presentan ojos de color rojo vivo y un abdomen bandeado negro y naranja que puede recordar a algunos sírfidos; las hembras, por su parte, tienen las bandas de color gris azulado y los ojos de un tono más apagado, grisáceo. Esta especie es originaria de África y sus larvas se alimentan de huevos de langostas y saltamontes. Los adultos de ambas especies mostradas parecen encontrarse a gusto con el aporte proteínico que les ofrece el polen.

martes, 22 de noviembre de 2016

Sírfidos en otoño

Xantogramma pedissequum
Además de las variadas y eficientes abejas, la terraza recibe otros tipos de polinizadores que si bien no son tan numerosos ni frecuentes, en alguna ocasión suelen cobrar protagonismo apareciendo durante periodos en los que no hay más especies. Muy por delante de las avispas, mariposas y otros insectos están las moscas, ya que especies de distintas familias hacen acto de presencia durante los doce meses de año y la mayoría de ellas encuentran sustento succionando el dulce néctar de las flores. Una familia en concreto mantiene una relación especial con las flores, y esos son los sírfidos. Los adultos se alimentan exclusivamente de néctar y polen mientras que sus larvas pueden ser desde detritívoras hasta cazadoras activas de algunas plagas vegetales, como los áfidos. Con un ciclo vital también breve pero distinto al de las abejas, que se dedican exclusivamente a procrear y recolectar provisiones para sus nidos en las pocas semanas de vida que tienen por delante, muchos sírfidos aparecen en la terraza entre el final del otoño y el inicio de la primavera, cuando los himenópteros están casi del todo ausentes. De hecho, las únicas abejas que se pueden ver estos días de manera puntual son las Apis mellifera y las Lasioglossum.

Helophilus trivittatus
En estos últimos tres años he contado al menos 20 especies de abejas en la terraza, incluyendo algunas que ni siquiera he podido identificar pero confío en hacerlo en cuanto tenga oportunidad de fotografiarlas, siempre y cuando vuelvan . Los sírfidos, hasta hoy, llegan a poco más de la mitad de esa cantidad. La mayor afluencia fue en abril de 2015, cuando les dediqué una entrada al observar hasta 8 especies distintas en un mismo día, de las cuales algunas no he vuelto a ver más. Este otoño está siendo particularmente prolífico, aunque más en variedad que en cantidad. Sí hubo, sin embargo, varias semanas en las que las Eristalinus taeniops fueron particularmente abundantes, momentos recogidos en el vídeo de la entrada anterior.

Eupeodes sp.
Entre septiembre y noviembre han sido 7 las especies que se han ido presentando en la terraza. Una de ellas es la habitual pero algo más escasa Eristalinus aeneus, de grandes ojos de colores y exoesqueleto de color broncíneo. Suele aparecer en la terraza en épocas frescas, algo menos durante la primavera, en la que otros sírfidos similares todavía resultan corrientes. También sigue apareciendo de vez en cuando la Eupeodes que, si bien no podría asegurarlo, me da la impresión de ser algo mayor y de un amarillo más intenso que las habituales Eupeodes corollae que se presentan durante gran parte de la primavera. Suelen estar revoloteando por la zona de la terraza donde coloqué a la mayoría de plantas perennes, junto a la barandilla que da a la calle.

Episyrphus balteatus
A pesar de lo vista que la tengo por la terraza, durante este mes de noviembre la presencia de una Episyrphus balteatus me hizo dudar. Al parecer, los machos -como el ejemplar en cuestión- son algo más robustos que las hembras y me dio la impresión de que se trataba de una especie más grande. La revisión posterior de las fotos sirvió para la determinación final. Esta especie es la más típica de los sírfidos durante el invierno, siendo muchas veces el único insecto, junto a otras moscas, que visita algunas de las pocas flores que hay para entonces. Tras revisar fotos de otras ocasiones, caí en la cuenta que hasta ahora no había observado nunca a un ejemplar macho. Por lo general llaman la atención por lo estáticas que son capaces de quedarse mientras vuelan y por su escaso tamaño, apenas un poco mayor que Syritta pipiens, la especie más pequeña entre las habituales y que también he observado estas últimas semanas, estando presente de forma ininterrumpida desde el final del invierno pasado.

Eristalinus aeneus
Siempre llama la atención observar especies nuevas de familias conocidas. A principios de mes, durante unos breves instantes, la mosca Helophilus trivittatus pasó unos instantes deleitándose con una caléndula en flor, la primera de este otoño. Es la primera y la única vez que la he observado hasta ahora. Se trata de un sírfido de tamaño algo mayor al habitual, quizá tanto como el más grande de los que visitan la terraza, Eristalis tenax. aunque más estilizado. También en una ocasión durante este mes se ha presentado la Xantogramma pedissequum, una bonita especie de vivo contraste amarillo y negro que sólo había visto en una ocasión, precisamente en aquel abril de 2015.

Nunca descarto observar más especies puesto que en el campo que nos rodea he observado al menos un par de especies más que no reconozco y nunca he observado entre las flores de casa. El pasado agosto, aunque fue en Sueca y no en Cullera, observé por primera vez a la Volucella zonaria, un enorme sírfido de tamaño superior al de un abejorro. Sería estupendo que alguna vez se pasara por las flores de la terraza. Quién sabe si en un futuro, y con la introducción de plantas que florezcan de manera ininterrumpida durante todos los meses cálidos, la afluencia y variedad de insectos consigue aumentar todavía más su ya interesante diversidad.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Insectos en septiembre

Amegilla garrula
Con las grandes diferencias que ha tenido el mes de septiembre, no solo en cuanto a tiempo atmosférico sino al número de plantas que quedan en flor en la terraza, la aparición de diversas especies de insectos ha sido un tanto caprichosa. No obstante, las escasas observaciones han tenido muchos momentos interesantes, dándose a conocer algunas especies no vistas hasta ahora o produciéndose el regreso de algunas que no se habían visto en meses. Sea como fuere, las principales visitantes de las plantas, las abejas, se encuentran ya en un punto bajo de su ciclo y la mayoría de especies habituales hasta hace poco han ido ya desapareciendo o dejando de prestar atención a las flores que quedan.

Villa sp.
Nada más comenzar el mes pude registrar, aunque demasiado brevemente, una nueva especie de mosca observada en la terraza perteneciente a una familia que se caracteriza por alimentarse en las flores. Se trata de una Villa, género muy amplio con especies muy similares entre sí, perteneciente al clado de las Bombyliidae, las llamadas moscas abejorro. Hasta ahora sólo había visto en Cullera -y la única vez en mi vida- un ejemplar del género Bombylio, una especie peluda con una trompa convertida en un tubo recto succionador de néctar. En la Villa, el aspecto es más cercano al de una mosca al uso, aunque con grandes alas oscuras que reposan extendidas hacia los lados. Lo que me llamó la atención enseguida fue observarla en vuelo, llegando a pensar que se trataba de alguna especie de abeja tampoco vista hasta ahora. Su vuelo cernido y cambios de dirección rápidos la hacen parecerse bastante a algunas especies de abeja de vuelo poderoso y directo. Debido a esta manera de moverse, apenas conseguí hacerle algunas fotos cuando se posó antes de marcharse definitivamente, sin más observaciones en días posteriores.

Evania appendigaster
El regreso más llamativo ha sido el de la Amegilla tentativamente asignada como la especie A. garrula, que vi una única vez al comienzo de julio. No sólo ha aparecido en diversas ocasiones en la terraza, sino que he tenido la oportunidad de observar ejemplares muy parecidos en el campo que no han hecho más que ampliar las dudas. Los ejemplares que vienen a la terraza siempre son iguales: hembras con escopas peludas en sus patas traseras, abdomen color pajizo con bandas ralas de pelo oscuro y ojos verdes, con dos marcas verticales en la cara. Sin embargo, en el campo he observado ejemplares que cumplen todas las características con la salvedad de que el abdomen poseía bandas negras y claras bien definidas; además, con ellos aparecía de vez en cuando algún ejemplar totalmente cubierto de pelo castaño rojizo. Parece tratarse de machos y hembras, pero desconozco si aquéllos tienen relación con la especie que se presenta en la terraza. Sea como fuere, las escasísimas flores que quedan, sean las escabiosas o, más a menudo, la Buddleja, han sido suficientes para realizar observaciones y fotografías de esta especie que tanto recuerda en comportamiento a su pariente primaveral Anthophora plumipes. En el campo observé que las albahacas atraían a estas abejas, haciendo caso omiso de las lavandas o romeros. En la terraza florecerá en breve una albahaca que ha crecido discretamente toda la temporada, pero quedará algo justa de tiempo, pues seguramente las abejas solitarias no duren mucho más.

Eupeodes sp.
Sí ha habido, sin embargo, presencia continuada de otras especies de abejas solitarias durante todo el mes, que presumiblemente también llegarán a permanecer en octubre. Las Lasioglossum han sido observadas hasta esta semana, aunque han disminuido su presencia notablemente. Se mantienen algo más estables las Hylaeus, que curiosamente son mucho más frecuentes en la única menta del balcón de casa que en la misma planta -acompañada por otras dos especies más del mismo género- que hay en la terraza, ambas con pocas flores ya. De las Megachile hace tiempo que no sé nada, ausentes quizá desde muy a principios de mes, aunque todavía he observado recortes de hojas en algunas plantas que parecen haber aparecido recientemente. En otro punto, en Sollana, todavía observo con frecuencia a otras especies del género que a estas alturas están construyendo nidos o buscando agujeros donde hacerlo.

Amegilla garrula
Las moscas tampoco abundan demasiado durante este mes, incluso las de costumbres necrófagas. Los sírfidos, por su parte, han tenido su mayor representación en la Syritta pipiens, aunque hace dos semanas se dejó ver por unos instantes una especie de Eupeodes de tamaño grande que no había visto hasta ahora. "Grande" si se la compara con la frecuente Eupeodes corollae: la observada era del tamaño aproximado de una mosca común y se detenía a recoger néctar en los pequeños estambres de la Gaura y una Commelina. En otro orden de cosas, las avispas tampoco han tenido mucha presencia en la terraza más allá de las típicas Polistes. Eso sí, pude finalmente fotografiar -e identificar- a la pequeña Evania appendigaster, una avispa de color negro y largas patas traseras parecidas a las de un saltamontes que llevo viendo de manera puntual desde hace años. Se trata de una especie que parasita las ootecas de las cucarachas, resultando pues beneficiosa de manera indirecta para nosotros, principal objetivo de dichos insectos. Además de dípteros e himenópteros, a la esfinge colibel la he observado realizando de vez en cuando visitas vespertinas a las flores de la Buddleja. A partir de ahora, no obstante, vendrán los meses de menor actividad en los que las primeras flores nuevas apenas recibirán visitas de polinizadores más allá de las siempre atentas abejas de la miel y algunas mariposas que siguen activas en invierno.

miércoles, 31 de agosto de 2016

Abejas de agosto

Hylaeus pictus
Con un espacio lleno de flores interesantes para las abejas, la presencia de diversas especies de estos insectos parece que se puede mantener con relativa frecuencia durante todo el verano, etapa en la que en años anteriores era precisamente la falta de flores la que hacía de las observaciones de abejas algo totalmente anecdótico. Sí es cierto que, por ejemplo, observo abejas de la miel hasta en las flores que tienen a la venta en la calle algunas tiendas y a la terraza apenas han llegado a verse durante este mes, pero el verdadero protagonismo recae sobre las especies solitarias, generalmente de pequeño tamaño, que siguen enfrascadas en su búsqueda de alimento para llevar adelante a la próxima generación, que deberá aguardar en su nido hasta la temporada próxima.

Hylaeus sp.
Si bien las mismas especies de flores que quedan desde finales de junio y tenían su estatus de importancia para las abejas siguen llamando su atención, no hay duda de que el aporte de algunas lamiáceas perennes ha dado un pequeño bonus a estas incansables trabajadoras. A principios de mes traje una Lavandula x allardii que vino ya con la floración comenzada y que a los pocos días se convirtió en la preferida de las Megachile, que ya parece que comiencen a hacer menos caso a las Helenium -aunque siguen en flor- y que hasta ahora sólo tenían cierto interés en las Scabiosa y las Cardiospermum, que también han entrado ya en decadencia. Aunque las Megachile siguen observándose a diario, en el momento que la lavanda se quedó sin flores su presencia ha disminuido. La otra lavanda que adquirí, Lavandula dentata, lleva intentando florecer desde hace unas semanas y su aspecto no parece ser el más óptimo, pues empezó a perder tallos enteros a los pocos días de traerla. Con todo, espero que se regenere este otoño y florezca: por lo que suelo ver en ejemplares plantados en el monte, la especie se mantiene en flor durante gran parte de los meses suaves del año.

Lasioglossum sp.
Como en el mes pasado, en agosto las especies mayoritarias han sido, prácticamente en exclusiva, las de pequeño tamaño. Aquellas dos Lasioglossum distintas, las de abdomen gris y negro y las de segmentos ribeteados de rojizo, se han ido presentando con frecuencia en busca siempre de flores de pequeño tamaño. Con todo, la más frecuente es la de las bandas grises. Tampoco descartaría, no obstante, una identidad similar a la de las Megachile: quizá las de abdomen sin bandas sean los machos de la misma especie, pues casi siempre estos ejemplares tienen antenas y abdomen alargados, rasgos propios de los machos, y no recuerdo haber visto a ninguna con las patas llenas de polen. Esto merece sin duda algo más de observación, eso sí, si durante lo que queda de verano siguen frecuentando la terraza. De momento siguen teniendo flores a su disposición, y además de las especies que más suelen gustarles.

Megachile sp.
El mes todavía ha permitido conocer algunas especies nuevas. Tras la lluvia del día 10 empecé a observar las pequeñas abejitas que visitaban la Buddleja davidii, que con su pequeña talla y vuelo nervioso no llegaba a observar con detalle y, por asimilación, di por hecho que serían Lasioglossum. Nada más lejos, cuando tuve oportunidad de verlas quietas y fotografiarlas, observé que se trataba de Hylaeus. Al principio no me paré a comparar imágenes y supuse que pertenecían al mismo tipo de las que vienen en primavera en gran cantidad, pero en una observación detallada se aprecian caracteres diferenciales. La especie que viene en primavera se presenta en dos formas, una de ellas con el abdomen rojizo y varias partes de su cuerpo con un vistoso color amarillo. No hay ninguna parecida entre las observadas estos días, y los ejemplares oscuros, similares a aquéllos de primavera, presentan algunas diferencias. Por ejemplo, no poseen el rebode amarillo en la parte anterior del tórax y, en cambio, toda la mitad inferior de sus patas es de dicho color, mientras que en las de primavera las patas son enteramente negras con una banda amarillo pálido en el centro. Además, por lógica, es probable que se trate de una especie distinta con una época de vuelo diferente a las observadas en primavera. Sea como fuere, no han dejado de aumentar en número durante estos días.

Lasioglossum sp.
Pero no es la única de su género observada este mes, si bien para encontrar novedades tendremos que cambiar la terraza por un balcón. Cuando adquirí la Mentha x rotundifolia lo hice por partida doble, dejando una para casa para futuros fines culinarios. Mi calle en Sueca, que es esencialmente urbana con la única presencia de un jardín exclusivamente de árboles, ha resultado ser otro punto de esos en los que las abejas aparecen como por arte de magia en cuanto dejamos una planta interesante a su alcance. Tan pronto como la dejé allí llegaron las mismas Lasioglossum que en Cullera, y poco después las mismas Hylaeus mencionadas en el párrafo anterior, de las cuales llegan a reunirse hasta 20 sobre la misma planta. Sin embargo, se presentó una especie visiblemente distinta, Hylaeus pictus, que no he visto nunca en Cullera. Aunque no deja de ser pequeña, es claramente más grande que las demás Hylaeus y las Lasioglossum, además de presentar un llamativo colorido negro y amarillo. La he observado también en Sollana, donde a su vez he visto especies de Halictus y Megachile no observadas en la terraza. No son las únicas abejas solitarias que he ido viendo en el campo durante este mes y que nunca he podido ver en la terraza. La más destacable es una especie de Amegilla, probablemente Amegilla quadrifasciata, una abeja robusta y peluda similar a las Anthophora que durante el mes de agosto he observado de manera escasa pero frecuente en el límite entre el monte y los arrozales de Cullera, así como en las motas de los caminos cercanos al río Júcar en Sueca. Quizá es tarde o directamente improbable, pero tomo nota para intentar tener al año que viene mayor cantidad y variedad de plantas capaces de aguantar todo el verano en flor a fin de conseguir más variedad de abejas, que, dentro de lo que cabe, sé que están cerca y por tanto existe la probabilidad.

lunes, 29 de agosto de 2016

Artrópodos veraniegos

Codophila varia
Con las altas temperaturas, los pequeños seres con exoesqueleto se encuentran en estado de gracia. Arácnidos e insectos se mueven a todas horas y en la terraza tienen, a pesar de encontrarse ya en decadencia, su jungla particular. Sus intenciones pueden ser beneficiosas, perjudiciales o neutras, según la especie: las perjudiciales, al menos, parece que han remitido bastante. Los ataques de cochinilla algodonosa y cochinilla acanalada parecen haber remitido después de haber matado a varias dedaleras, y de los pulgones hace tiempo que no sé nada. Parece, eso sí, que quedan arañas rojas en alguna que otra planta. Y es que, a pesar de que algunas veces observo mariquitas y crisopas, los depredadores de plagas siguen siendo otros grandes ausentes en la terraza.

Thomissus onustus
No podría considerarse como realmente perjudicial al primero de los protagonistas de la entrada, una chinche de escudo Codophila varia. Aunque estas especies se alimentan de los jugos de las plantas, lo cierto es que en la terraza sólo suelen estar de paso y rara vez dañan a las especies allí presentes. Este ejemplar en concreto, muy calmado, salió de entre unas flores secas de una de las Scabiosa atropurpurea que me disponía a cortar para extraer y guardar semillas. No he vuelto a verlo en días posteriores, aunque sí me he encontrado a su pariente y habitual de la terraza, Graphosoma lineatum, el cual poca comida va a encontrar ya estos días. He observado alguna especie más de chinche, aunque de pequeño tamaño, que no he podido fotografiar o, mejor dicho, no lo he intentado debido a la escasa talla y el nerviosismo de la criatura en sí.

Hermetia illucens
Las moscas tienen siempre bastante presencia en la terraza, aunque actualmente no tanta como en primavera. No obstante, aún he observado en repetidas ocasiones a algunos sírfidos como Syritta pipiens, Eristalis tenax y Eristalinus aeneus, este último tras una ausencia prolongada, pues suele resultar más frecuente su pariente Eristalinus taeniops. Mención aparte son las moscas que acuden al compost, aunque allí me topé con un esperado regreso: el de la mosca soldado negra (Hermetia illucens), una especie grande introducida desde América con gran valor a la hora de procesar las fibras vegetales más duras, algo que otros insectos no pueden hacer, ni mucho menos las lombrices. Sus grandes larvas deben haber estado alimentándose de los restos vegetales y estos días han empezado a emerger. Todavía recién salidas de su pupa, se pueden coger con la mano sin que escapen, pero a los pocos minutos ya serán capaces de volar.

Codophila varia
Aguardando entre las flores se encuentran todavía las feroces arañas cangrejo, que aprovecharán hasta el último momento en que queden flores donde puedan esconderse. Esta vez han acertado, todo hay que decirlo, al escoger las cabezuelas de las escabiosas, que si bien sólo durarán unos días hasta que empiecen a formar semillas, son un buen escondite que además cuenta con comida a domicilio, pues son flores cuyo polen resulta atractivo para las todavía frecuentes especies de abejas de pequeño tamaño que visitan la terraza estos días. Desconozco qué ocurre con ellas cuando las flores desaparecen del todo, pero cabe destacar, por ejemplo, que el ejemplar que aparece en la foto con las flores rosadas parece que ha ido cambiándose de una cabezuela a otra y ahora tiene el abdomen mucho más abultado: no sería raro que fuese una hembra grávida a punto de dejar todo listo para producir una generación de arañas para el año que viene.

Thomissus onustus
Otras criaturas han visitado la terraza, sin poder llegar a fotografiarlas. Varias mariposas, entre ellas las conocidas esfinge colibel, la cual he visto varias veces durante la temporada y aún así no he sido capaz de grabarla a fin de incluirla en algún vídeo, o la mariposa del geranio. También varias polillas de pequeño tamaño, aunque un ejemplar de mayor talla con un aspecto que no me recordaba a ninguna que conociese salió volando de entre unos tallos, se escondió en el rincón trasero de la terraza y no fui capaz de relocalizar. También, cómo no, las avispas papeleras se presentan a diario, así como la pequeña avispa alfarera Odynerus, que al parecer se pasea entre las plantas no en busca de flores, sino de presas para surtir el nido donde depositará sus huevos.