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martes, 14 de marzo de 2017

Flores y meteorología cambiante

Nigella orientalis
Esta primera quincena de marzo parece recuperar la racha de récords que empezaron con el pasado enero, el más lluvioso en décadas, pero en esta ocasión sumaremos datos de temperaturas. Con 27,2ºC en Cullera, 28,8 en Sueca y más de 30 en varias localidades valencianas, este pasado viernes día 10 se convertía en el día de invierno más caluroso en la Comunidad Valenciana desde que se tienen registros. Y no fue algo aislado, ya que el calor empezó a apretar el día anterior y las temperaturas fueron muy similares. Dos días de principios de marzo que bien podrían haber sido de finales de mayo. El pasado mes de febrero fue bastante templado, algo que tampoco debería ser lo habitual. Y es que el preocupante cambio climático es cada vez más patente: hasta las golondrinas y aviones sobrevuelan ya estos días la terraza. Para terminar de añadir interés a la situación, el domingo llegó por el noroeste una bolsa de aire frío que provocó una lluvia moderada que dejó 72 mm. en menos de 24 horas cayendo ininterrumpidamente, lo cual es una ayuda estupenda para las plantas en esta época. El viento fue menos intenso de lo que se esperaba -menos mal- y la bajada de temperaturas ayer lunes fue notable, reducida a la mitad respecto a días anteriores. Ahora tenemos ya el mes de marzo más lluvioso desde 2012 y hoy martes el sol volvía a lucir.

Rhodanthe manglesii
Eso sí, con la maquinaria de la floración puesta ya en marcha, las especies de plantas en flor que hay en la terraza ahora mismo son variadísimas. Hay de todo: especies nuevas, especies conocidas y algunas que quedaron pendientes ya que si bien había tenido floreciendo antes, por un motivo u otro éstas tuvieron un desarrollo irregular. De este último tipo de casos habría que destacar al Lupinus angustifolius. Hace años que cultivo la especie, que es relativamente fácil de encontrar ya que se vende como abono verde: la planta nitrifica el suelo durante su vida y posteriormente puede segarse y utilizarse como mantillo. A mí me interesaba ver sus flores azules, pero con el tiempo fui descubriendo que es netamente acidófila. No obstante, el primer resultado positivo lo obtuve plantándolos en un sustrato ácido (turba rubia) pero regando con agua calcárea. En aquel entonces las plantas resultaron ser cleistógamas y produjeron semillas sin abrir sus flores. En posteriores intentos, lo mismo. Este año los sembré en un sustrato a base de arena, arcilla y pinocha regado con agua de lluvia o descalcificada y filtrada por ósmosis. Los primeros ejemplares empezaron a repetir la historia y de hecho están formando frutos desde hace semanas; de semillas sembradas posteriormente he obtenido al fin al primer ejemplar capaz de abrir flores. Éstas aparecen en estructuras irregulares que no siempre llegan a formar las altas espigas típicas del género. Son de un llamtaivo color azulado oscuro con el centro de la flor violáceo. Ahora toca comprobar si el resto de ejemplares florecen igual y si será posible conseguirlo más a menudo a partir de ahora.

Lupinus angustifolius
Otro caso parecido es el de las ranunculáceas Nigella orientalis. Hace años que cultivo a sus parientes, las Nigella damascena, que tienen la peculiaridad de aparecer por cualquier parte ya que las semillas tienen bastante éxito germinando sin asistencia. Aunque lleguen a germinar en septiembre, siempre florecerán en la segunda mitad de la primavera. Las orientalis parecen no tardar tanto y ya hay un ejemplar en flor, así como otros formándolas. Esta especie me vino en una mezcla de semillas y éstas son muy fáciles de diferenciar, ya que en lugar de los granos negros y rugosos de su pariente damascena éstas tienen semillas aladas en forma de disco de color pardo, con el centro -la semilla propiamente dicha- hinchado, y germinan con facilidad. La planta cuenta con hojas igualmente divididas, finas, y las flores a grandes rasgos se diferencian de sus parientes por los prominentes folículos que se erigen en el centro y por el color amarillo y rojo de sus pétalos. El año pasado sembré algunas por probar, algo tarde, y florecieron a finales de primavera, durando apenas un par de días. Eso sí, produjeron semillas. Las cápsulas, en lugar de la estructura globosa de su pariente damascena, se limita a unas vainas que prácticamente vienen a ser los folículos engrosados y secos, con un aspecto similar a las de Consolida o Delphinium.

Nemophila menziesii blanca
Respecto a especies nuevas, toca hablar de la australiana Rhodanthe manglesii. Similar a Rhodanthe chlorocephala, que cultivo desde hace algunos años, se diferencia por tener hojas redondeadas que abrazan los tallos, perfoliadas. Las brácteas que simulan ser flores parecen ser también mayores en proporción al disco floral central que en su pariente. Debido a problemas con exceso de humedad, caracoles y demás, sólo he obtenido un ejemplar de pequeño tamaño de los tres que hubo en principio, desconociendo si el tamaño menor es una característica de la especie. Por otra parte, entre las especies conocidas, aparecen en de nuevo las Nemophila menziesii blancas. Aunque ya se han abierto algunas azules típicas, lo cierto es que ni siquiera llegué a sembrar las semillas recogidas específicamente del ejemplar de flor blanca del año pasado, con lo cual la mutación parece hacerse cada vez más dominante entre los ejemplares replicados año tras año. No me molestaría en absoluto que la mutación se mantenga siempre y cuando las plantas azules sigan apareciendo en, digamos, un 50% de los casos al menos.

lunes, 5 de septiembre de 2016

El verano golpea al final

Portulaca umbraticola
Que el verano no termina hasta finales de septiembre es algo que cada año tengo presente, especialmente para no tener que arrepentirme por empezar demasiado pronto con los preparativos para la temporada siguiente. Siempre cabe la posibilidad de que haya días calurosos en septiembre, hasta en octubre o incluso noviembre, pero cuanto más tarde se producen más anecdóticos resultan, pues suelen ser jornadas aisladas en las que el sol calienta toda la península y el viento del oeste se encarga de hacer un trueque en nuestra contra: humedad ambiental por calor. De manera inusual, en todo 2016 no habíamos tenido todavía ningún episodio de poniente importante más allá de aquellos días de enero de temperaturas primaverales. Sin embargo, ayer se repitió una situación muy parecida a la de aquel 14 de mayo de 2015, en el que llegó una masa de aire cálido del sureste que estuvo azotándonos todo el día y que, para terminar de rizar el rizo, viró a poniente volviendo a pasarnos por encima todo el calor acumulado en el interior.

Ha habido unas cuantas diferencias respecto aquella ocasión, aunque mínimas. Por la mañana los 30ºC se superaron pronto: aunque cueste de creer, no habíamos rebasado ese valor en todo el mes de agosto, que ha resultado ser bastante benevolente. El tope de ayer se había quedado en 34,1ºC por la tarde, pero con el giro del viento a poniente, el arrastre de calor ha conseguido sobrepasarlos ya con el sol escondido: 36,6ºC a las 21:20, la temperatura más alta en Cullera en 2016. En Sueca hemos llegado a los 39, y todavía me sorprende que no se hayan rebasado, aunque fuese por poco, los 40.

Hoy de nuevo nos queda por delante una jornada calurosa, quizá más que cualquier día del pasado agosto, y parece que parte del resto de semana será así. Las plantas, por suerte, ni se han inmutado gracias al riego adecuado que reciben cada dos días. Aunque no deje de ser una curiosidad y quizá en unas semanas nos hayamos olvidado, es hasta frustrante pensar que el verano ha esperado escondido para dar su mayor golpe a pocas semanas de su fin. A largo plazo, es todavía más decepcionante comparar lo irregular que se ha vuelto septiembre, con años recientes en que todavía se recogían más de 200  mm. de lluvia en todo el mes y refrescaba por la noche, hasta volverse ocasionalmente en una exagerada prolongación del verano meteorológico. Es más, incluso el año pasado, con todo un mes de julio tan agobiante como el día de ayer, a finales de agosto el tiempo dio una tregua y para estas fechas tuvimos las precipitaciones más importantes del año. Precipitaciones que ahora estamos esperando con impaciencia.

sábado, 16 de enero de 2016

Enero alocado

Dimorphotheca sinuata
A nadie se le escapa que este inicio de año no está siendo nada normal. El año 2015 fue terminando con unas temperaturas demasiado suaves que acabaron convirtiendo el inicio de 2016 en uno de los meses de enero más cálidos de la historia, alcanzando en nuestra zona hasta 24ºC el cuatro de enero. Por supuesto, todo esto viene a raíz de las ya habituales llegadas de viento de poniente persistentes que pueden estar hasta dos semanas soplando sin apenas descanso, arrastrando la humedad ambiental y aumentando las temperaturas. Aún nos encontramos sumidos en esta dinámica, que al otro extremo de la península llegó en forma de frente atlántico cargado de lluvias. El pasado lunes el viento llegó a dejar una racha máxima de 74 km/h y además a las nubes les dio tiempo a descargar unos ajustados 0,5 mm. Ayer viernes volverían a oscurecerse los cielos, dejando algo menos de 1 mm. esta vez y quedando los cielos despejados y radiantes pocas horas después. Finalmente, hoy el viento ha virado a norte-noroeste haciendo que las temperaturas caigan de golpe a valores más normales para la época, con 7ºC de mínima y una máxima que casi equivale a la mínima de ayer. El viento, eso sí, a pesar de tener menor fuerza es más crudo a la hora de retirar la humedad ambiental.

Anemone coronaria 'De Caen'
El alterado ambiente no ha supuesto demasiados cambios para las plantas, que o bien están ya adaptadas a estos inviernos tan suaves o directamente se ajustan a lo que el tiempo les depare. No obstante, sí se han producido algunos adelantos que suponen un récord de precocidad en lo que respecta a floración en algunas especies perennes. Así, nada más comenzar el mes ya se abría la flor morada de una de las anémonas 'De Caen', que suelen comenzar a mediados de febrero, y poco después, esta semana, asomaba ya la primera espiga de flores azuladas de un Muscari armeniacum perteneciente a una maceta que llevo sin tocar desde 2013. Ambos grupos de ejemplares aparecían en una entrada del año pasado el 23 de febrero, más de un mes de diferencia. Las anémonas este año han tenido menor éxito brotando: no toqué la maceta para nada, simplemente dejé de regar cuando la mayoría de hojas empezaban a ponerse mustias a fin de que llegase el verano con la tierra completamente seca. Salieron solas en septiembre con las lluvias, pero el centro de la maceta ha quedado vacío, poblado por especies oportunistas que forman parte de la flora habitual de la terraza, como las margaritas de Livingstone.

Tropaeolum majus
Otras especies que se encuentran en flor no lo hacen por anomalías meteorológicas, sino porque simplemente alcanzan el estado necesario al cabo de un tiempo fijo el cual no se ve interferido por la llegada del invierno. Así, desde el mes pasado ya se han ido abriendo flores de Tropaeolum majus, aunque las plantas han quedado muy pequeñas y me gustaría sembrar otra tanda; el último día de 2015 se abrió también el primer capítulo de una de las Dimorphotheca sinuata, las cuales actualmente son ya tres en floración. Mientras, la gran masa de plantas anuales del contenedor sigue avanzando a buen ritmo a pesar de la tardía siembra. A este paso es bastante probable que la floración quede bastante igualada con la del año pasado. No obstante, a base de reponer plantas y aprovechar ejemplares que se encontraban aún en semillero debido a su tardía germinación, todavía he repicado plántulas durante este mes.

Muscari armeniacum asomando
Los bulbos también comienzan a animarse. Asoman multitud de hojas de narcisos y crocus, que se unen ya a los distintos iris, muscaris y ajos. Todavía faltan por aparecer especies como los tulipanes -con varias especies a prueba este año- y apenas comienzan a asomar ahora algunas plantas como los jacintos y jacintos de bosque, así como otras especies de nueva incorporación que parece que serán de las primeras en florecer. Algunos ejemplares de cactus y crasas muestran también signos de una próxima floración, si no se encuentran floreciendo ya como es el caso del Mammillaria hahniana o la oportunista Kalanchoe x houghtonii, con diversos ejemplares que han crecido en grietas y rincones sin maceta alguna, enraizando entre las baldosas, maderas viejas o bolsas que contenían sustrato.

Tropaeolum majus
A pesar del buen tiempo, poca vida hay en la terraza más allá de las plantas y las moscas de la compostera, devoradas ávidamente por el colirrojo tizón. Menos propensa a visitar la terraza cuando estoy allí es la lavandera blanca, aunque la he visto ya acercarse un par de veces, con lo que deduzco que será una visitante habitual durante mi ausencia. También durante esta semana un mosquitero común se acercó al rincón de semisombra, y por supuesto nunca faltan los gorriones. Sobrevolando la terraza, por estas fechas, los aviones roqueros y los cernícalos son habituales; además, esta semana también he podido observar a un ave más grande frecuente en Cullera durante el invierno, el águila calzada. En esta época no faltan los moscardones y muy de vez en cuando alguna abeja -que sólo sacan provecho de las caléndulas, ignorando a las Pentas-; también suele ser frecuente que las moscas de las flores comiencen ya a dejarse ver, aunque en esta ocasión la que no ha dejado de presentarse desde hace meses es la voluminosa mosca zángano (Eristalis tenax), que incluso llegó a criar en el agua acumulada en la parte baja de la compostera.

El invierno, aunque bienvenido, no debería tener prisa por terminar. Quedan alrededor de dos meses para que la terraza comience su máximo florífero anual y, entre medias, todavía queda algo de trabajo por hacer para terminar de rellenar todos los rincones y que las plantas consigan prologar sus encantos más allá del verano. Con medio mes de enero ya superado, pronto empezaremos a notar cómo el sol tarda más en esconderse y las plantas se estiran más y más para seguirlo.

jueves, 17 de diciembre de 2015

Al calor de diciembre

Angelonia angustifolia
Desde la última entrada, escrita hace una semana, el tiempo que las plantas disfrutan en la terraza ha pasado por algunos cambios como siempre fuera de lo habitual. Si bien se rompió la racha sin precipitaciones con un par de días muy cubiertos en los que cayó una fina lluvia que apenas debió llegar a superar el litro por metro cuadrado -suficiente para regar todas als plantas-, lo que ha venido después ha sido un aumento repentino de temperaturas con días de esta semana que han superado los 22ºC de máxima y con una mínima de récord: 18,2ºC en la madrugada de ayer en Cullera. Hoy las cosas parece que han vuelto a aminorar si bien me ha roto el ritmo que estaba llevando últimamente, visitando la terraza sólo cada tres días debido a que el riego ya no era tan necesario. Ha hecho falta echar un buen chorro de agua a muchas plantas cuyas hojas se encontraban ya colgando, algunas de las cuales no las había regado desde el domingo.

Tropaeolum majus
El calor y evaporación no ha llegado a afectar demasiado a las jóvenes plántulas, regadas más que de sobra, que en realidad lo que necesitan es recibir más sol, algo que les empezará a venir cuando el invierno lleve al menos un mes de recorrido y el día alargue. Aunque tampoco sea como para arrepentirse, quizá este año podría haber aprovechado mejor octubre, que no fue tan cálido y contó con lluvia todas las semanas, para adelantar algunas cosas. No obstante, la experiencia de otros años me demuestra que las herbáceas tanto anuales como perennes tiernas pueden estar creciendo y floreciendo perfectamente hasta junio, con lo que un retraso de un mes no sería para tanto. Eso si es que se produce, pues hay plantas que aún pareciendo que van demasiado atrasadas, es llegar el mes de marzo y ya están floreciendo. Algunas tienen menos paciencia: dos Tropaeolum majus de los sembrados este otoño, uno naranja y otro amarillo, tienen flores ya. También es cierto que han sido las plantas de semilla que menos problemas han tenido y que por tanto llevan un tiempo de ventaja. De todos modos, no me termina de convencer cómo han crecido -pequeñas y amarillentas- y es probable que vuelva a sembrar más en breve para que continúen apareciendo en primavera.

Gazania
La renovación de plantas perennes este otoño ha sido escasa. Entre ellas, una de las pocas que encontré fue la Angelonia angustifolia, una pariente de los antirrinos de aspecto bastante similar con hojas dentadas y cuyas flores difieren de éstos en que tienen el centro al descubierto (sin el "labio" propio de los antirrinos y linarias) y sobresalen del tallo sujetas por largos pecíolos. La planta es bastante grande y traía muchas flores cerradas, aunque veo que no se da mucha prisa en abrirlas, Espero no obstante que lo mejor que puede ofrecer esté todavía por llegar y se cargue de espigas de flores en los próximos meses. A su lado, una de las Gazania continúa floreciendo de manera excepcional, puesto que nunca solían hacerlo entre el otoño y el invierno. Otras plantas que seguramente florezcan pronto sean algunos bulbos, aunque como mínimo haya que esperar un mes. Salvo unas cuantas especies, el resto está mostrando un crecimiento pausado que ya me ha hecho escarbar la tierra en más de una ocasión para comprobar si el bulbo en cuestión se encuentra brotando.

A menos de una semana del inicio del invierno, cualquiera diría que lo que va a llegar es la primavera. Ya resulta habitual que ocurra esto todos los años, pues son varios en los que recuerdo que  la llegada del invierno y el cambio de año no resultaban particularmente fríos. Lo importante, eso sí, es que sólo quedan unos días para que las horas de luz diurna vuelvan a aumentar.

lunes, 21 de septiembre de 2015

A medio paso del otoño

Oxalis triangularis
Pasado mañana terminará el verano desde el punto de vista astronómico, produciéndose el equinoccio de otoño. A pesar de que septiembre comenzó como si quisiera adelantar esta llegada, lo cierto es que el único recuerdo que nos queda de aquellos días es que las temperaturas mínimas se han quedado bajas, pero tan sólo duran hasta al amanecer. Tan pronto como el sol asciende, el calor vuelve a dar valores si bien no iguales a los del mes pasado, sí lo suficientes como para desistir de ir sacando la ropa de entretiempo. Si a eso le sumamos algunos días en que ha hecho acto de presencia el seco viento de poniente, tenemos un final de verano que se ha encargado bien de recordarnos la estación en la que todavía estamos: varios días todavía a 30ºC en Cullera, y algún grado más en Sueca.

El poniente no ha traído nada bueno. Con él, todas las plantas que habían mejorado y se habían venido arriba con la lluvia han vuelto a perder fuelle, incluso tuve una ridícula baja por despiste, una planta recién comprada que dejé al sol sin apenas riego confiando en que la humedad de su pequeña maceta le serviría. Ha durado cinco días en casa. Por suerte, las pequeñas semilleras espontáneas que han aparecido con la lluvia -entre ellas diviso Calendula, Borago, Anethum, Mauranthemum y Collinsia, entre otras- siguen resistiendo entre riegos. De sembrar al sol todavía no me fío, pero sí he puesto unas pocas semillas germinadas en macetas con tierra húmeda, agua en una cubeta para que absorban por capilaridad y pegadas a la pared que menos exposición al sol directo tiene.

Gazania rigens
A las pocas flores que hay en la terraza se van sumando algunas más tímidamente. Se han puesto a florecer de repente las dos Gazania, que han permanecido prácticamente todo el año sin flores, incluso en primavera, salvo alguna ocasión muy puntual. Hasta ahora ésa era su época predilecta para florecer, pero esta vez no lo hicieron, sin perder eso sí su buen volumen de follaje. A diferencia de otras margaritas africanas -aunque técnicamente éstas no son "margaritas" sino que están más cerca de los dientes de león y las achicorias- las Gazania florecían en primavera y hasta verano, en lugar de aprovechar los meses húmedos y suaves como sus ya desaparecidas compañeras Osteospermum y Felicia, y en parte también la Argyranthemum. Estaría bien que hubieran adaptado su ciclo y regalasen una floración abundante de otoño a primavera.

Sympetrum fonscolombii
El final del verano es también una buena época para los Oxalis. Salvo los pes-caprae, que aún no han aparecido, todas las demás especies tienen ya hojas, incluyendo a los anuales espontáneos Oxalis corniculata, de los cuales he visto aparecer uno a los pies de otra planta proveniente del mismo vivero de donde salieron los que tuve esta primavera. A los ya florecientes bowiei se suma ahora el triangularis, el cual ha tenido un año bastante flojo y no ha estado en su máximo esplendor en primavera como era habitual: al menos, sus hojas moradas y flores pálidas empiezan a dejarse ver estos días. Por otra parte, también empiezan a rebrotar unos tetraphylla, pero no son los de este año, que quizá ya estén muertos, sino los restos que milagrosamente sobrevivieron de la plantación de 2014. Debería dejar de insistir en mantener vivo alguno de los 40 tubérculos que compro cada año y ver qué sucede con estos supervivientes, aprovechando que parecen estar por fin establecidos. Parece que la clave sea regar lo mínimo.

Tulbaghia violacea
No parece que ninguna bulbosa vaya a animarse a florecer en otoño por el momento, descontando claro está a las Zephyranthes carinata, que seguro volverán a sacar flores a poco que haya cielos nublados. La que sí se apunta a repetir floración es la Tulbaghia violacea, planta con un ciclo un tanto irregular por lo que se ve. Floreció el año pasado en octubre al poco de llegar a casa; floreció otra vez este año en mayo, con menor intensidad, y vuelve a florecer ahora. No entiendo el porqué de esta floración a intervalos, puesto que las condiciones durante dichas tres ocasiones no han sido demasiado parecidas. Sea como fuere, es una alegría ver sus flores de color lila pálido coronando los finos y altos pedúnculos.

Gazania rigens
Las clavellinas no parecen tener intención de terminar de florecer. Si bien los Dianthus plumarius cada día están más grandes y auguran seguir dando flores durante un tiempo -descarto totalmente trasplantarlos visto lo visto- el que sorprende más es el Dianthus chinensis rosa y blanco que todavía sigue dando guerra. Es el único que ha sobrevivido al verano, es más, lo ha sobrellevado muy bien floreciendo, con lo cual no tengo ni idea hasta cuándo puede estar así. Otra especie totalmente distinta que también ha superado el verano y va en escalada -nunca mejor dicho- es la trepadora Cardiospermum halicacabum: no pasaba de 20 cm. de altura y ahora supera el metro, trastocándome un poco los planes que tenía para mejorar el espacio para las trepadoras e ir sembrando las especies que no pude en primavera-verano.

Dianthus chinensis
Se sigue echando en falta una mayor cantidad de insectos en la terraza, pero todavía confío en que las floraciones tempranas que espero conseguir en otoño cambien un poco la situación, aunque para entonces ya irán quedando menos insectos que hagan de comensales. No obstante uno de estos días disfruté de un fugaz espectáculo: una esfnge colibrí llegó para buscar frenéticamente un poco de néctar en todas las flores que pudo de las Buddleja davidii y Pentas lanceolata, especies muy indicadas para mariposas. Es también tiempo para las libélulas: los pequeños caballitos del diablo Ischnura graellsii llevan desde el mes pasado dejándose ver, y ahora empiezan a venir a descansar los Sympetrum fonscolombii, otra especie propia de finales de verano. Ayer incluso una Anax parthenope ocupaba el espacio aéreo de la terraza durante escasos segundos. Se trata de una libélula grande de color azul y pardo más propia de los marjales, aunque la cercanía de los humedales no hace raro que alguna entre a la ciudad.

El verano acaba, septiembre casi también, y con todo ya sobre la mesa sólo queda que el calor deje de apretar para empezar a ir diseñando la nueva temporada. La impaciencia ya ha hecho alguna de las suyas -intentos de siembra de semillas de varias perennes que he tenido que tirar a la basura, podridas y sin germinar- pero compensa el hecho de poder tomarse un respiro y visitar la terraza sólo lo justo para regar. Ya habrá tiempo, y espero que pronto, para que cada visita sea una aportación más para una futura temporada llena de ilusiones.

viernes, 14 de agosto de 2015

La mitad de agosto

Colpa sexmaculata ♀
Ya ha expirado prácticamente la mitad de este agosto de 2015 y se podría decir que mientras la terraza ha experimentado pocos cambios, el tiempo ha dado un par de episodios curiosos. El sábado día 8 llegaron las nubes y descargaron una lluvia breve pero intensa que dejó cerca de 20 mm. en menos de media hora, lo que convierte a esta jornada en el día más lluvioso en Cullera de todo 2015. En los meses de febrero, abril, mayo y junio pasados no se acumuló tanta lluvia como esa tarde de sábado: sirva sólo como comparativa para hacerse una idea de la magnitud de este chaparrón veraniego en este periodo que llevamos arrastrando desde 2013 en el que las lluvias no han dejado de escasear respecto a años anteriores. Como ocurre en estas ocasiones, guardé tanta agua que toda esta semana he podido ir regando con ella dado que actualmente estaba utilizando algo menos de 20 litros cada dos días debido al ya escaso número de plantas presentes.

Este verano está siendo de récord en cuanto a calor, pero las lluvias han empezado a asomar con frecuencia e intensidad, fenómenos que pueden estar perfectamente relacionados ya que el agua evaporada del recalentado Mediterráneo sirve de aporte de energía a las tormentas que van llegando a nuestra región en principio ya debilitadas. Llevamos dos semanas seguidas en las que llueve el fin de semana, y todo apunta a que habrá una tercera, pues se espera que a partir de esta madrugada se active la alerta amarilla de nuevo por tormentas y lluvias puntualmente fuertes. Aunque no se puede saber con tanta antelación, esta misma tendencia podría darnos también un otoño muy lluvioso si se dan las circunstancias adecuadas.

Zephyranthes carinata
Por otro lado, ayer tuvimos el que todavía es el primer episodio de viento cálido y seco de poniente de este verano, pero no del año: el día que todavía ostenta el récord de temperaturas de este siglo, aquel 14 de mayo que vio los termómetros sobrepasar los 40ºC, el viento de poniente arrastró hacia nosotros el aire cálido que había entrado desde el sureste a mediodía. En esta ocasión no ha sido tan intenso pero junto con los tórridos 35ºC que se alcanzaron sí se dio una gran caída de la humedad ambiental similar a la de mayo, dejándola sólo al 12%. Poco después de anochecer los vientos cambiaron y el intenso calor se fue disipando. Ha hecho tanto calor en lo que va de verano que de este episodio de poniente se podría decir que "no fue para tanto".

Durante la semana he ido aprovechando para revisar algunas bulbosas y vivaces. Todo apunta a que pocas de las últimas han sobrevivido, mientras que las primeras parece que tienen mejor aspecto. No obstante, estoy bastante atrasado en lo que respecta a sacar bulbos de la tierra para revisarlos y reclasificarlos antes de mirar cuáles y cuántos se sumarán a la próxima temporada dentro de pocas semanas, pues septiembre está a la vuelta de la esquina.

Ferocactus herrerae
Mientras tanto, las únicas plantas con flores atraen a algunos insectos que se han instalado estos días en la terraza, como la avispa Colpa sexmaculata, una especie corpulenta relacionada con las enormes Scolia y que hasta ahora nunca había visto. La planta sobre la que se encuentra, la Buddleja davidii, florece de manera laxa y poco llamativa. Aunque lo ha hecho antes que el año pasado, el resultado parece ser el mismo y no sé qué medidas buscar para intentar que produzca esas chorreras cónicas de flores que suelen verse en las fotos. Es una buena planta para mariposas, lo que significa que también lo es para otros insectos amantes de las flores.

Los otros ejemplares en flor son la Pentas lanceolata, que a pesar de estar muy cerca ya de quedarse sin flores por primera vez desde hace más de un mes sigue atrayendo abejas, y el Ferocactus herrerae, que sigue con su excepcionalmente prolongada floración escalonada con la que no ha dejado de abrir flores desde finales de junio, y al parecer todavía le quedan más. Por último, las que hace poco se unieron a la fiesta y tienen visos de continuar son las Zephyranthes carinata, que impulsadas por las tormentas recientes empezaron a florecer el mes pasado y posiblemente lo sigan haciendo durante dos meses más. Lo hacen a gran ritmo, pues las flores no duran más de dos días, pero no dejan de emitirlas siempre y cuando haya lluvias cerca y temperaturas cálidas.

Cómo seguirá cambiando el tiempo durante estas próximas semanas es una incógnita. Por lo pronto se puede decir que estamos ya hartos de tanto calor y lo que más deseamos es que las temperaturas se suavicen cuanto antes, aunque sea a principios de septiembre. Esto además permitiría que empezase a sembrar algunas plantas, especialmente perennes y bienales, las que requieren un poco más de tiempo si se quiere que estén listas para florecer a la próxima primavera. Aún están lejos los primeros días del otoño, pero ya va quedando menos y el tiempo pasa volando.

jueves, 6 de agosto de 2015

A medio camino

Zephyranthes carinata
Estamos situados más o menos en la mitad del verano y me da la impresión que la opinión colectiva en nuestra región debe ser que ojalá pase pronto. Con datos en la mano, el mes de julio de 2015 ha sido el más caluroso de la historia desde que se tienen registros. Pero no solo el mes entero, sino que la situación de calor agobiante lleva con nosotros desde la última semana de junio, con lo cual pensar que todavía queda una mitad de verano por delante no anima demasiado. La anomalía térmica para nuestra región se ha situado en una media de alrededor de 2ºC más de lo normal para estos días y han habido varias noches en las que no se ha bajado de 26ºC.

A este larguísmo trance de temperaturas que no parece marcharse todavía hay que sumar otro episodio meteorológico que por suerte quedó en una mera curiosidad. Desde hace unos años las tormentas veraniegas de granizo de tamaño considerable se vuelven frecuentes en la zona oriental de la península. Nosotros nos salvamos por los pelos, ya que parece que no tengan tendencia a caer en zonas cercanas a la costa. El pasado viernes 31 de julio, a últimas horas de la tarde, a todos nos pilló por sorpresa el estruendo que hacía al caer en Sueca un granizo del tamaño de aceitunas. Apenas duró unos pocos minutos pero me temía lo peor si aquello se estaba produciendo también en Cullera, pues con ese tamaño las piedras de hielo podrían romper varias plantas e incluso dañar algunas estructuras de la casa que van necesitando ya algún remendo.

Zephyranthes carinata
Afortunadamente, durante la visita el día después de la tormenta no encontré daño alguno. Según he podido saber tiempo después, en Cullera el granizo apenas cayó unos segundos para inmediatamente dejar paso a la lluvia, sólo 6.9 mm. que a lo visto cayeron en pocos minutos y que. con las pocas plantas que me quedan, me sirvieron para no regar desde el miércoles hasta el lunes -hay que sumar 0,5 mm. del jueves y 3,3 del sábado; posteriormente desde el lunes hasta hoy jueves las plantas han aguantado perfectamente con un sólo riego a base del agua acumulada de la lluvia. Los tres primeros días después de la tormenta las temperaturas se suavizaron hasta valores algo más agradables, pero progresivamente hemos vuelto al calor húmedo y agobiante anterior a este evento meteorológico.


Las únicas plantas que aparecen en la entrada de hoy guardan relación con todo lo explicado anteriormente. Se trata de las Zephyranthes carinata, especie de bulbosa americana que tiene una gran tolerancia con el sustrato húmedo. Cualquier otro bulbo de clima templado se pudriría si fuese sometido a los mismos cuidados que éstas. Como se ve en las fotos, en su maceta han habido plantas tiernas que hace tiempo que se secaron -se trata de las Brachyscome iberidifolia de esta entrada- y los bulbos han estado bajo tierra recibiendo agua durante su letargo. Esta especie florece cuando coinciden calor y lluvias, si bien normalmente sacan unas primeras flores hacia mediados de verano aún cuando no haya llovido. El hecho de regar con frecuencia en verano no les hace creer que esté lloviendo, pues sólo responden ante los cambios atmosféricos, incluso cuando se producen tormentas sin precipitaciones. Era pues de esperar que con lo ocurrido la semana pasada se animasen a florecer de golpe, y supongo que, como el año pasado, su periodo de esplendor se producirá con las primeras lluvias de otoño, cuando se juntan las tormentas frecuentes con las temperaturas cálidas.

Zephyranthes carinata
Entre el resto de habitantes de la terraza, como ocurre todos los veranos, hay pocas flores que ver y algunas bajas lamentables debido a la tremenda humedad ambiental que no permite que las plantas tengan un respiro entre riegos. Una de las especies que han sucumbido ha sido la bonita azucena blanca que tan grande y florífera estuvo durante el mes de mayo. Sé que la culpa ha sido mía, puesto que seguí regándola tiempo después de ir secándose su tallo, pero espero poder traer otra a casa de la misma tienda donde compré la primera hace dos años.En cuanto a flores, lo único que queda ahora mismo son unas pocas clavellinas (Dianthus chinensis y Dianthus plumarius) y muy pocas flores ya de la Pentas lanceolata que. aún con todo, sigue llamando la atención de varias abejas.

Nos encontramos una vez más en el peor momento del año para la terraza, en el que poca novedad queda ya por ver hasta la llegada del otoño, en el que sigo comprobando que hago mal algunas cosas pero, sobre todo, en el que más ganas hay por hacer las cosas mejor a la temporada siguiente. Temporada que, aunque ya hay un montón de ideas sobre la mesa, todavía es muy pronto para ponerse en marcha. Agosto es el mes que más paciencia requiere para afrontarlo desde el punto de vista jardinero, sin duda.

martes, 14 de julio de 2015

Sumidos en el calor

Dianthus plumarius
El verano de 2015 ha comenzado fuerte, demasiado fuerte. Aún vamos a entrar ahora en lo que popularmente se conoce como la canícula, ese periodo conformado por la segunda quincena de julio y la primera de agosto que suele albergar los días más cálidos del año, y ya estamos más que hartos de calor. Tras aquella excepcional -y puntual- subida que tuvimos a mediados de mayo, el tiempo volvió a sus valores normales y todavía disfrutamos de algunas lluvias, pero apenas unos días después del solsticio de verano nos invadió una nueva ola de calor norteafricano que ha ido encadenando más y más entradas de aire cálido. Llevamos desde el día 24 sin bajar de los 20ºC y el día 7 volvía a activarse la alerta roja por temperaturas máximas, igual que el 14 de mayo, llegando a los 40,5ºC en mi ciudad local, Sueca. Por suerte ninguno de estos días de intenso calor ha estado acompañado de poniente, que sería ya el acabóse: en el interior peninsular están padeciendo más calor todavía que nosotros. Gracias a esto, las diferencias térmicas entre Sueca y Cullera son notables, ya que en la ciudad donde tengo las plantas la brisa marina todavía se hace notar, consiguiendo que la máxima alcanzada en el peor día se quedase en unos aceptables 32,5ºC. Esa es prácticamente la tempetura máxima diaria habitual que estamos teniendo en Sueca desde que comenzó el verano.

Ferocactus herrerae
A pesar de estos tremendos datos, las habitantes de la terraza no están teniendo problemas y las plantas viven bien con un chorrito de agua cada dos días. Hay que señalar, en referencia a la mencionada ausencia de vientos de poniente fuertes, que la humedad ambiental se mantiene alta y los vientos soplan con suavidad, con lo que la desecación no pasa de la que pueda producir la radiación solar. La mayoría de bulbos se han quedado secos y no necesitan riego, y alguna que otra tuberosa también, con lo que el gasto de agua no está siendo en absoluto elevado, cosa que se agradece ya que es menos pesado rellenar y subir 20 litros que 40.

Lobelia cardinalis
Aunque hay pocas flores ahora mismo, todavía hay tiempo para sorprenderse con las plantas que regresan o florecen por primera vez a pesar de las condiciones. Sigue en flor tras dos semanas la anteriormente mostrada Iris domestica y también la más grande de las Zinnia 'Persian Carpet', aunque desgraciadamente es la única superviviente de su especie; desde principios de mes la azucena Lilium henryi, la cual aparecerá en breve en una entrada, no ha dejado de tener flores. Los Dianthus chinensis de manera sorpresiva vuelven a la carga en lo más caluroso del verano, regalando grandes flores de color blanco y rosa. La variedad doble heddewigii, en cambio, no ha dejado de florecer desde principios del mes pasado. A ellos se suma una especie nueva, perenne, que es tan rápida desarrollando las flores que por más que revisara las plantas no fui capaz de darme cuenta de que iba a comenzar su floración. Se trata de Dianthus plumarius, clavellina de flores pequeñas de aspecto muy similar a otras especies del género, con rosetas de hojas estrechas y glaucas un tanto duras al tacto. Parece resistir muy bien estas condiciones y prueba de ello es que haya esperado a florecer en estas fechas, siendo sembrada en otoño como el resto de herbáceas. Las flores tienen un delicado perfume, aunque no lo consigo apreciar si no es acercándome mucho.

Anacridium aegyptium
Entre los regresos, tenemos el caso cercano en el tiempo del Ferocactus herrerae, que hace unas pocas semanas abrió su primera flor del año y en esta ocasión parece que ha adelantado su formación y dosificado su apertura. El año pasado las flores se abrieron en días sucesivos durante una semana del mes de julio, pero este año parece que el plazo se alargará un mes o más. En la foto se aprecia cómo aguardan otras dos flores más debajo de la que se ha abierto al comenzar esta semana, pero por su estado de desarrollo puede deducirse que habrá que esperar como mínimo una semana para que se abra la siguiente.

La otra planta que ha vuelto con fuerza es la Lobelia cardinalis, la espectacular especie norteamericana de flores escarlata. Cumpliendo un ciclo similar a las ya desaparecidas Lobelia siphilitica, la planta pierde las hojas más grandes hacia el final del verano y queda durante gran parte del año como una roseta muy pequeña. A mediados de primavera aumenta su tamaño y en lo más caluroso del verano emerge la vara floral, que se ha adelantado unos días respecto a la temporada anterior y está más densamente poblada de flores. Al ser una planta de ribera resulta menos probable pasarse con el riego, aunque por lo general en su ubicación a semisombra esta cuestión nunca ha dado problemas. A su pariente siphilitica los hongos le jugaron una mala pasada la primera temporada y en la segunda acabaron definitivamente con ella.

Dianthus chinensis
A pesar de que los calores veraniegos suelen favorecer a los insectos, la ausencia de flores en la terraza suele hacer que el verano sea una época de poca presencia invertebrada. Incluso el compost está tan caliente y seco que parece que las moscas rehuyan a depositar sus huevos en él. Sólo veo estos días avispas papeleras Polistes, moscas y chinches Graphosoma lineatum, que llevan instalados en los eneldos (ya secos) desde finales de abril y desconozco el porqué. También he recibido en este tiempo la visita de dos saltamontes o langostas de la especie Anacridium aegyptium, el primero de ellos con una sóla pata saltadora, que volvía a la terraza a pesar de que lo lanzase al aire en distintas ocasiones. El segundo, el de la foto, se pasó un par de semanas escondido en el mismo punto, pero no lo he visto más en estos últimos días.

Es un alivio que a pesar de las agobiantes condiciones ambientales las plantas se las apañen tan bien con el mismo riego que han tenido hasta ahora. En cambio, esta situación hace más incómoda la presencia en la terraza y mis visitas están siendo bastante fugaces, con sólo media hora en la que compruebo todo, hago algunas de las fotos que aparecen en el blog y riego. De todos modos, habrá que echarle valor y comenzar con algunas tareas de mantenimiento, como la comprobación de bulbos que ya llevan semanas o meses en letargo, y la más pesada limpieza de la casa que tengo pendiente de hacer. Sería raro que el calor remitiese de manera notable, pero la situación actual es tan dura que podría darse el caso que la canícula fuese algo más suave que este primer cuarto de verano.

domingo, 17 de mayo de 2015

Récord histórico de calor

Kleinia grantii
El inusualmente caluroso inicio de mayo culminaba el pasado jueves día 14 con un dato meteorológico que, sin exagerar un ápice, ha batido varios récords desde que se tienen registros. Además, lo que más me sorprendió fue la efectividad de las previsiones, que anunciaban que efectivamente llegaríamos a ver los termómetros sobrepasar los 40ºC en plena mitad de la primavera y que tal cual había llegado el calor se marcharía, incluso esa misma noche. Y no fallaron demasiado.

Desde mediados de esta semana, teniendo en cuenta esta alerta, ya planifiqué cómo iban a tener que repartirse los riegos para que las plantas no sufriesen. Regué el miércoles por la tarde, repetí con moderación el propio jueves -más que nada porque este día siempre suelo estar en la terraza por las mañanas- y tras observar la situación, regresé el viernes por la tarde, respirando con alivio al ver que las plantas, incluso las anuales sembradas hace dos meses, no habían notado nada del brutal golpe de calor de la tarde anterior. En efecto, estuve siguiendo los datos en Sueca y a cada pocos minutos era una sorpresa: a partir de mediodía entró una masa de aire cálido arrastrada por el viento del sudeste que ya nos situó en los 40ºC -yo abandoné la terraza a 32ºC medidos allí con termómetro de mercurio- que dio su golpe de efecto cuando el viento giró de poniente. En Sueca alcanzamos los 42,7ºC en el punto álgido y una todavía más sorprendente humedad relativa de sólo un 10%. A su vez, en Cullera se alcanzaban los 40,5ºC con un 16% de humedad en el aire. Para Cullera, esta temperatura supone la más alta jamás registrada en la localidad; en nuestro entorno cercano, en la vecina Carcaixent se marcaron 44,4ºC, la temperatura más alta medida en un mes de mayo para Europa.

Oxalis depressa
La otra parte, más positiva, es que las previsiones de que las temperaturas volverían a su cauce normal esa misma noche, por increible que pareciese, también fueron ciertas. Normalmente, si esto ocurre en verano, un día en que se sobrepasen los 35ºC deja una madrugada que no baja de los 25-27. El viernes amaneció a 19ºC, aunque sí es cierto que el día volvió a acercarse a los 30 e incluso superarlos en Sueca. El domingo al amanecer, junto a la orilla de L'Albufera en Sollana, ya llegué a ver en el termómetro del coche unos frescos 11,5ºC. Afortunadamente, el calor se fue tal cual vino como estaba previsto y el viento imperante durante los días siguientes soplaba a rachas cambiantes entre el norte y el este.

La vida en la terraza, como se comentaba, ha seguido su curso normal, Han continuado abriéndose flores durante esta semana, la mayoría de especies perennes, sin verse afectadas por las altas temperaturas. Entre las anuales, van floreciendo las últimas Nigella damascena espontáneas que han aparecido en diversos puntos de la terraza, la mayoría de tonos azules. La de la foto de esta entrada acompaña a las Cosmos bipinnatus en la maceta que preparé en otoño, aunque este ejemplar no lo he visto germinar hasta hace poco. No obstante, es una planta que, aunque germine durante el otoño, lleva un ritmo moderado y no florece hasta llegada la primera mitad de la primavera.

Trollius 'Golden Quuen'
Una de las perennes que ha empezado a florecer es una planta cuya presencia en la terraza responde a un segundo intento, ya que el año pasado la tuve, sobrevivió a duras penas y la perdí a finales de verano. Se trata de Trollius 'Golden Queen', una ranunculácea de bellas flores naranja con estambres sobresalientes. Lo solemos encontrar como Trollius chinensis, aunque realmente se trata de un híbrido de éste.con T. ledebourii. A grandes rasgos, es una especie con cierto parecido a las anémonas y ranúnculos aunque bajo tierra tiene raíces gruesas como los delfinios y aguileñas. Lo cultivo en semisombra y el año pasado aprendí que es de esas plantas que necesitan un suelo fresco y húmedo pero nunca mojado. Después de varias floraciones deformes, en agosto lo que quedaba de planta se había compostado en la maceta. La de este año, aunque más pequeña, parece que va por mejor camino y esta primera flor ha superado con éxito el trance del calor. La premisa es simple: apenas le doy un chorrito de agua siempre y cuando el sustrato no esté húmedo al tacto. Con ello, en ocasiones puedo olvidarme de regarlo durante cuatro o seis días sin problemas.

Nigella damascena
Pasamos ahora a una perenne más resistente al calor y falta de agua, pues se trata de una crasa. Kleinia grantii es una compuesta africana, pariente muy próxima de los senecios, aunque por su aspecto cuando está sin flores pensaríamos que tiene relación con suculentas como Crassulaceae o Aizoaceae. Tiene hojas de color verde-grisáceo espatuladas y carnosas, con un cáudice bajo ellas, una zona engrosada que acumula reservas como un rizoma pero que reposa sobre la superficie y no bajo ella. Esta planta me llamó la atención desde que la descubrí en Internet y cuál fue mi sorpresa al saber que una compañera lo cultivavba y podía enviarme esquejes para el intercambio de semillas y plantas que hacemos varios jardineros cada otoño. Durante meses lo he cultivado con esmero -todo el que pueda requerir una planta que apenas necesita agua- y finalmente he conseguido que emita un capítulo. Se trata de una cabezuela idéntica a la de los senecios, en este caso sin lígulas, pero con flósculos de tubos largos de un intenso color rojo.

Chaenostoma cordatum
Encontramos también un nuevo miembro del género de los Oxalis. Hablamos de Oxalis depressa, una especie sudafricana de pequeño tamaño, con hojas trifoliadas menores que las flores. Éstas se abren en espiral y quedan con los pétalos superpuestos entre sí: son de color rosado con el interior amarillo ribeteado de blanco. Sólo planté dos tubérculos, los cuales tardaron semanas en brotar y uno de ellos "se equivocó" y empezó a asomar por el agujero de drenaje de la maceta. Al intentar sacarlo se partió el brote, pero en poco tiempo volvió a crecer, esta vez ya en la orientación correcta y a punto de florecer como su compañero.

Finalmente, y a modo de curiosidad, me ha llamado la atención ver cómo la Chaenostoma cordatum, la reptante sudafricana que adquirí el mes pasado y cuyas flores son de color lila, ha abierto de manera espontánea una flor de color casi blanco. Parece ser que no es la primera vez que lo hace, aunque no es capaz de florecer regularmente en los dos colores a la vez, lo cual resultaría de lo más peculiar.

miércoles, 1 de abril de 2015

La ponentà

Bletilla striata
La transición de marzo a abril ha venido cargada de calor. El poniente que empezó a arreciar el domingo nos dejó un caluroso lunes de primavera con temperaturas máximas de 30ºC y una mínima que nos llevó hasta el día siguiente sin bajar de 20, una prematura "noche tropical". Ayer todavía volvieron a superarse los 25ºC, pero afortunadamente el viento cambió y las temperaturas han vuelto a normalizarse poco a poco, quedándonos hoy cerca de los 20ºC. El tiempo inevitablemente se irá volviendo más cálido, cierto, pero de momento no hay ninguna prisa.

Esta situación prácticamente ha acabado del todo con la estela dejada por las lluvias de la última quincena; eso sí, sus beneficios saltan a la vista, pues muchas plantas brotan con energía, incluso algunos bulbos de plantación invernal que empezaba a dar por perdidos. En apenas dos jornadas he agotado el agua de lluvia acumulada y ya he vuelto a la rutina de cargar garrafas de agua, aunque los riegos intento hacerlos calculando bien las necesidades de cada planta, nada de inundar macetas a lo loco. Por mucho calor que haya hecho, en la mayoría de macetas grandes aún se encuentra la humedad escarbando un poco con el dedo.

Cosmos sulphureus
Las peores consecuencias, aunque no nefastas, han derivado del decaer de las plantas cuando la falta de agua se vuelve acuciante. Algunas caen hacia los lados y se les quedan las hojas mirando hacia abajo, pero si encuentran algún obstáculo ya no pueden recuperar su posición. Esto les ha ido ocurriendo a las Nemophila, que empezaron floreciendo apoyadas en el borde frontal del contenedor y han llegado a quedarse tocando suelo. Las plantas no van a poder a volver ni siquiera a su estadio anterior, por lo cual lo que les queda de vida se lo pasarán así, colgando. Es una pena por la Nemophila maculata, que ha quedado algo perdida después de ir cayéndole encima las demás plantas. Las especies grandes, como puedan ser la Collinsia heterophylla o la Layia platyglossa, tienen mejor apoyo y se recuperan enseguida con los riegos, que han sido abundantes durante dos días seguidos (ayer y hoy) para que las plantas se recuperen.

Anethum graveolens
Tampoco parecen haber sufrido mucho las Schizanthus x wisetonensis. La del contenedor, más grande que la de la maceta, se ha equiparado a ésta en cuestión de días, apareciendo cargada de flores abiertas en dos ramificaciones. Me da la sensación que esta planta no debe ser muy amiga del agua dado que parece ponerse algo amarilla cuando recibe mucha -en otoño, durante sus primeros días, tuve que dejar de regar un tiempo a la de la maceta. No obstante, prefiero no hacer el experimento ahora que sólo tengo dos plantas. Aunque nada que ver con los antirrinos, que algunos ejemplares dados por abandonados en macetas sin plantar, con sustrato arenoso y arcilloso, recuperaron la forma sólo con el agua de lluvia. He mantenido varios por no perderlos del todo y por lo que les gustan a algunos insectos. Las margaritas Mauranthemum también suelen resistir bien, aunque para verano posiblemente hayan desaparecido y no germinen hasta otoño, como en esta temporada. Los ejemplares más grandes del contenedor están batiendo todos los récords y miden ya unos 40 cm. Las Cosmos, en cambio, no han estado muy allá: la sulphureus amarilla de la foto apenas levanta 20 cm. Las bipinnatus, aunque muy vacías, sí están sacando flores grandes. Estas plantas son de esas que crecen según el espacio, pues con tierra de sobra alcanzan tamaños respetables.

Agrostemma githago 'Milas'
Las plantas grandes del contenedor también se han ido moviendo por el calor y el centro ahora parece tener un agujero, quedando a la vista la ruina provocada por el crecimiento exagerado de algunas especies y el ritmo más pausado de otras. Apenas se ven plantas que estuviesen esperando su momento, con lo que cabe esperar que la mayoría se secaran con la falta de luz. Más atrás no ha habido problema y las gigantes indiscutibles del contenedor llegan casi hasta el frente, como las Phacelia tanacetifolia y los eneldos, uno de los cuales es tan grande que incluso parece desentonar con el resto del conjunto. Aunque no lo he medido, calculo que debe estar sobre los 140 cm. de altura, descontando que el tallo se fue doblando y apoyando sobre tierra hasta encontrar su posición final. Es más grande que el que tuve hace dos años, ya lo creo: los tallos son más gruesos, está mucho más ramificado y algunas umbelas de flores deben abarcar un diámetro de alrededor de 20 cm. En total hay tres allí, los otros dos no tan grandes, aunque tiempo tienen de crecer.

Collinsia heterophylla y otras
También están floreciendo otras plantas de gran altura como la Agrostemma githago 'Milas'. La planta, como quedó claro el año pasado, crece recta y sin apenas volumen lateral, como una delgada caña, pero esta vez con las idas y venidas provocadas por el agua y el viento han acabado dobladas y apoyadas con las plantas de enfrente. Eso sí, hay varias de ellas y la floración acaba de comenzar, con lo cual el espectáculo que ofrecen sus grandes flores rosadas está recién servido. Además lo han hecho en una esquina donde confluyen con otras especies y la combinación las hace brillar más si cabe. En el lado opuesto del contenedor, el derecho, la gran Salvia coccinea se ha puesto a florecer de golpe y su rojo vivo destaca sobre los rosados de las Malcolmia, Rhodanthe y Dianthus 'Rainbow Loveliness' al que pronto se unirá el de la Clarkia bottae. Me ha quedado un poco monocromática esa esquina, es cierto.

Iris germanica
Entre las plantas perennes con órganos subterráneos, sean bulbos o rizomas, las floraciones también comienzan a ir cambiando turnos. Prácticamente no quedan ya narcisos -los 'Canaliculatus' han durado bastante poco- hasta nueva orden, pues asoman algunas flores más que no sé si llegarán a buen puerto; los Iris germanica siguen deslumbrando con su despliegue, y más o menos he conseguido poner las flores en la posición adecuada usando tutores, aunque los pedúnculos ya han quedado curvados. Están floreciendo también algunos de sus parientes los Iris reticulata, los nuevos, pero las flores están casi tocando tierra y quedan atrapadas entre sus propias hojas. Lo mismo le ha pasado, desgraciadamente, a un Tulipa 'Little Beauty' de los del año pasado, tras conseguir el mérito de florecer después del típico proceso de división que generan sus bulbos. Confío en encontrar al menos alguna de las flores en buen estado y poder hacerle alguna foto decente, o si no, esperar al menos a que florezcan los nuevos. En el rincón trasero, mientras tanto, todo sigue su curso con los Muscari armeniacum y Allium triquetrum dominando, los Ipheion terminando poco a poco y alguna especie nueva que otra comenzando a florecer.

Schizanthus x wisetonensis
Algo decepcionante ha resultado esta vez la Bletilla striata, la única orquídea de la terraza. El incremento de rosetas de hojas ha añadido dos más a las del año pasado -6 en lugar de 4, por las 2 de su primera temporada- pero no ha ido pareja en cuanto a flores. Ha vuelto a sacar sólo una espiga, con tres flores que duran abiertas un día, con lo cual posiblemente al viernes ya no quede ninguna y la larguísima espera (creo que empecé a ver la espiga brotando hace casi dos meses) ha quedado liquidada en menos de una semana. Al menos las he podido ver en vivo, ya que en alguna ocasión sí han habido plantas que me he perdido o que casi no he tenido oportunidad de ver sus flores recién abiertas y sin estropear, eso si es que consiguen florecer correctamente, que algún caso ha habido ya esta temporada y que, obviamente, no he podido mostrar.

Parece pues que ya podemos ir empezando a hablar de la segunda fase, la primera genuinamente primaveral, con todos los bulbos y vivaces que crecen a buen ritmo y la multitud de herbáceas floríferas que irán abriéndose durante la próxima semana. Aunque las brisas marinas han vuelto a colocar las temperaturas al nivel adecuado para la época, ya se sabe que la radiación solar puede jugar malas pasadas. Se espera algo de inestabilidad atmosférica hacia el fin de semana o principios de la semana que viene, pero todo apunta a que será raro ver caer alguna gota, que apenas una semana después de tanta lluvia no estaría mal que la lluvia se dejara caer un rato de nuevo.