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martes, 14 de marzo de 2017

Flores y meteorología cambiante

Nigella orientalis
Esta primera quincena de marzo parece recuperar la racha de récords que empezaron con el pasado enero, el más lluvioso en décadas, pero en esta ocasión sumaremos datos de temperaturas. Con 27,2ºC en Cullera, 28,8 en Sueca y más de 30 en varias localidades valencianas, este pasado viernes día 10 se convertía en el día de invierno más caluroso en la Comunidad Valenciana desde que se tienen registros. Y no fue algo aislado, ya que el calor empezó a apretar el día anterior y las temperaturas fueron muy similares. Dos días de principios de marzo que bien podrían haber sido de finales de mayo. El pasado mes de febrero fue bastante templado, algo que tampoco debería ser lo habitual. Y es que el preocupante cambio climático es cada vez más patente: hasta las golondrinas y aviones sobrevuelan ya estos días la terraza. Para terminar de añadir interés a la situación, el domingo llegó por el noroeste una bolsa de aire frío que provocó una lluvia moderada que dejó 72 mm. en menos de 24 horas cayendo ininterrumpidamente, lo cual es una ayuda estupenda para las plantas en esta época. El viento fue menos intenso de lo que se esperaba -menos mal- y la bajada de temperaturas ayer lunes fue notable, reducida a la mitad respecto a días anteriores. Ahora tenemos ya el mes de marzo más lluvioso desde 2012 y hoy martes el sol volvía a lucir.

Rhodanthe manglesii
Eso sí, con la maquinaria de la floración puesta ya en marcha, las especies de plantas en flor que hay en la terraza ahora mismo son variadísimas. Hay de todo: especies nuevas, especies conocidas y algunas que quedaron pendientes ya que si bien había tenido floreciendo antes, por un motivo u otro éstas tuvieron un desarrollo irregular. De este último tipo de casos habría que destacar al Lupinus angustifolius. Hace años que cultivo la especie, que es relativamente fácil de encontrar ya que se vende como abono verde: la planta nitrifica el suelo durante su vida y posteriormente puede segarse y utilizarse como mantillo. A mí me interesaba ver sus flores azules, pero con el tiempo fui descubriendo que es netamente acidófila. No obstante, el primer resultado positivo lo obtuve plantándolos en un sustrato ácido (turba rubia) pero regando con agua calcárea. En aquel entonces las plantas resultaron ser cleistógamas y produjeron semillas sin abrir sus flores. En posteriores intentos, lo mismo. Este año los sembré en un sustrato a base de arena, arcilla y pinocha regado con agua de lluvia o descalcificada y filtrada por ósmosis. Los primeros ejemplares empezaron a repetir la historia y de hecho están formando frutos desde hace semanas; de semillas sembradas posteriormente he obtenido al fin al primer ejemplar capaz de abrir flores. Éstas aparecen en estructuras irregulares que no siempre llegan a formar las altas espigas típicas del género. Son de un llamtaivo color azulado oscuro con el centro de la flor violáceo. Ahora toca comprobar si el resto de ejemplares florecen igual y si será posible conseguirlo más a menudo a partir de ahora.

Lupinus angustifolius
Otro caso parecido es el de las ranunculáceas Nigella orientalis. Hace años que cultivo a sus parientes, las Nigella damascena, que tienen la peculiaridad de aparecer por cualquier parte ya que las semillas tienen bastante éxito germinando sin asistencia. Aunque lleguen a germinar en septiembre, siempre florecerán en la segunda mitad de la primavera. Las orientalis parecen no tardar tanto y ya hay un ejemplar en flor, así como otros formándolas. Esta especie me vino en una mezcla de semillas y éstas son muy fáciles de diferenciar, ya que en lugar de los granos negros y rugosos de su pariente damascena éstas tienen semillas aladas en forma de disco de color pardo, con el centro -la semilla propiamente dicha- hinchado, y germinan con facilidad. La planta cuenta con hojas igualmente divididas, finas, y las flores a grandes rasgos se diferencian de sus parientes por los prominentes folículos que se erigen en el centro y por el color amarillo y rojo de sus pétalos. El año pasado sembré algunas por probar, algo tarde, y florecieron a finales de primavera, durando apenas un par de días. Eso sí, produjeron semillas. Las cápsulas, en lugar de la estructura globosa de su pariente damascena, se limita a unas vainas que prácticamente vienen a ser los folículos engrosados y secos, con un aspecto similar a las de Consolida o Delphinium.

Nemophila menziesii blanca
Respecto a especies nuevas, toca hablar de la australiana Rhodanthe manglesii. Similar a Rhodanthe chlorocephala, que cultivo desde hace algunos años, se diferencia por tener hojas redondeadas que abrazan los tallos, perfoliadas. Las brácteas que simulan ser flores parecen ser también mayores en proporción al disco floral central que en su pariente. Debido a problemas con exceso de humedad, caracoles y demás, sólo he obtenido un ejemplar de pequeño tamaño de los tres que hubo en principio, desconociendo si el tamaño menor es una característica de la especie. Por otra parte, entre las especies conocidas, aparecen en de nuevo las Nemophila menziesii blancas. Aunque ya se han abierto algunas azules típicas, lo cierto es que ni siquiera llegué a sembrar las semillas recogidas específicamente del ejemplar de flor blanca del año pasado, con lo cual la mutación parece hacerse cada vez más dominante entre los ejemplares replicados año tras año. No me molestaría en absoluto que la mutación se mantenga siempre y cuando las plantas azules sigan apareciendo en, digamos, un 50% de los casos al menos.

jueves, 26 de enero de 2017

Un cuarto temporal consecutivo y un enero de récord

Consencuencias en la costa de Cullera tras el temporal

Enero suele ser un mes que a menudo refleja la situación pluviométrica de su tiempo. En años de falta de lluvias apenas suele llover y en otros, es uno de tantos meses en los que la lluvia puede aparecer en cualquier momento aunque sin grandes acumulaciones. Es más, todo lo dicho podría aplicarse, en general, a la estación invernal en su totalidad. Las lluvias más abundantes suelen quedar relegadas a los meses que van de septiembre a noviembre y el resto de meses pueden ser muy variables, con la salvedad de julio, mes en el que es bastante difícil encontrar un día que destaque por su pluviosidad. No obstante, puede haber excepciones y sólo hay que mirar atrás un mes, con un reciente diciembre que trajo las precipitaciones más destacables del pasado otoño y de las más espectaculares de los últimos años. Costaba imaginar que las cosas no fueran a terminar ahí.

La escalada de datos que sorprenden en lo referente a la virulencia de los temporales que se han ido sucediendo no llega a su fin. Tuvimos uno a finales de noviembre, otro a principios de diciembre tras sólo una semana -no tan intenso aunque dio el día más lluvioso del año hasta el momento- y el más duro de todos, el de mediados de diciembre, que alcanzó todos los récords de 2016. Éste tuvo un impacto generalizado con fuertes rachas de viento y lluvias abundantes que afectaron a gran parte de Valencia y Alicante. Por ello, era difícil esperar que enero, el tranquilo mes de días fríos y lluvias ocasionales, fuese testimonio de un cuarto temporal a la altura de los más poderosos de algunos otoños, pero ya en invierno. La primera mitad del mes fue bastante tranquila, con vientos del oeste que bajaron un poco la humedad y mantuvieron las temperaturas frescas, y que irónicamente estaban empezando a secar la tierra de algunas macetas que no había regado demasiado desde aquellas lluvias de diciembre. De pronto, movimientos atmosféricos nos traen primero una masa de aire frío que hace bajar todavía más las temperaturas -sin llegar a producirse heladas, como en principio se apuntaba- y el dato anecdótico de ver nevar durante unos instantes en Cullera el martes 17, con apenas 1 mm. acumulado. El miércoles 18 fue el día más frío, con menos de 3ºC de mínima y con cielos cubiertos aunque sin dejar caer gota alguna. Típico de algunos inviernos aunque poco frecuente, pues hacía que no veía algo así desde febrero de 2012. Hasta aquí el principio de estos cambios.



La segunda parte es un poco más dura. El jueves llegan las lluvias (que no estaba al tanto de que fueran a ser tan extremas) y el viento gira a gregal soplando más fuerte que durante el temporal del mes pasado, agitando el mar hasta provocar un temporal sin precedentes, con olas de casi 7 metros medidas en el Golfo de Valencia. Primera consecuencia: este día estuve apenas unos minutos en la terraza, por la mañana, y todo parecía ir bien. Por la tarde el viento fue aumentando, con una racha máxima que llegó a 82 km/h. Al día siguiente realicé una revisión en busca de posibles daños y uno de los invernaderos que estaba utilizando para sacar adelante las plantas semilleras en maceta había desaparecido. Ni rastro, ni plantas rotas a su alrededor por un eventual arrastre por la terraza, nada. Como si hubiese despegado en vertical. Seguramente una racha lo levantaría y la otra entraría en la cúpula empujándolo como una vela, que lo debió hacer volar sobre la barandilla y caer a la calle, con lo que alguien debió recogerlo o tirarlo a la basura, de lo cual no tengo noticia alguna. Hacía cuatro semanas que lo había comprado y, por suerte, es el único daño verdaderamente significativo a lamentar de este temporal en la terraza. Lo cual no deja de ser tremendamente frustrante.

Por su parte, la precipitación del jueves arrebató su marca al día más lluvioso de 2016: 117,1 mm. se recogieron ese día 19, y no paró de llover hasta media mañana del viernes, para posteriormente seguir lloviendo de manera menos intensa hasta el domingo. En las 24 horas de mayor intensidad de esos días 19 y 20 llovió más que en los meses de enero a agosto de 2016, unos 185 mm. en total. En un sólo día. Por si fuera poco, el colofón final de dicho episodio lo cerró una intensa granizada que dejó las calles de Cullera blancas por un momento. Fue justo en ese instante cuando me acerqué a la terraza porque temía lo peor. Afortunadamente, el granizo no provocó daños ni siquiera en las plantas con botones florales en desarrollo y no pasó de la anécdota de ver varios centímetros de hielo acumulados en algunas macetas. Eso sí, debido al "vuelo" del mencionado invernadero, las plántulas más pequeñas que había dentro de éste sí acabaron trituradas por el granizo y he perdido algunas especies.


Otra anécdota ocurrida, que reconozco que no hice demasiado por averiguar a posteriori, se produjo la noche del viernes. Preocupado como estaba por el tiempo, tenía la web de MeteoCullera abierta prácticamente todo el día. Cerca de la medianoche, y pasando ya al sábado, el pluviómetro empezó a sumar agua acumulada hasta el punto que daba como resultado casi 100 mm. acumulados ¡en veinte minutos! Con todo lo caído y esa velocidad llegué a temer incluso por la integridad de la casa. La página se bloqueó poco después y al día siguiente la cantidad acumulada había desaparecido, lo cual intuyo que debió ser algún tipo de fallo de la estación que necesitó de asistencia manual para restablecerse. De haber llovido eso, posiblemente me hubiera enterado por otros medios ya que ese ritmo da para inundar calles y garajes. Finalmente comprobé en persona que no había ocurrido nada, quedando más tranquilo. Y viendo que estos fallos ocurren, me pregunto incluso si aquellos 220 mm acumulados la noche del 29 de septiembre de 2012 fueron reales y no otro fallo. De aquel día tengo fotos en Cullera que sólo muestran que las nubes ya se habían marchado, pero seguramente recordaría las consecuencias en la terraza. Además, en Sueca ese mismo día se registraron apenas 11 mm. No es imposible tal diferencia, pero sí algo extraña. Del mismo modo, la cantidad real acumulada en Cullera durante este temporal no se podrá calcular de manera precisa debido a esa falla.

Sea como fuere, este temporal de enero ha superado con creces al de diciembre, al menos en nuestra zona, y por poco iguala a la suma de todo lo acumulado el mes pasado. Ha estado a punto de poner en un aprieto a muchas plantas de la terraza y casi seguro que la primavera tendrá un poco menos de variedad de lo que tenía previsto, siempre y cuando las siembras que me dé tiempo a hacer, con intención de recuperar algunas plantas, salgan adelante tan sólo desarrollándose algo más tarde respecto al año anterior. De haber tenido un mes de enero similar al de 2016, quizá estaría viendo ya las primeras floraciones en masa a principios del inminente mes de febrero. Pero la realidad ha sido otra: el mes de enero más lluvioso en Valencia desde que existen registros. Un récord que podremos rememorar y contar durante años. Además, en los seis días que quedan para que acabe el mes todavía se esperan algunas lluvias más, con lo que no está todo cerrado. Eso sí, todo apunta a que serán más suaves, y esperamos que así sea.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Triple de agua y un otoño memorable

Assut de la Marquesa, Cullera, durante la crecida del río
Menudo final de otoño. Después de las tormentas de finales de noviembre con una réplica en diciembre sólo una semana después, las previsiones empezaron a ir apuntando tras otras dos semanas que se acercaba un nuevo frente que podía ser incluso más intenso que los anteriores. Las estimaciones poco a poco iban acercándose y cumpliéndose y, efectivamente, la tercera de estas tres tormentas casi sin descanso en estas últimas cuatro semanas consigue rebasar los límites alcanzados por las anteriores. El domingo 18 se acumulaba más agua que en el anterior máximo (los 82,4 mm. del lunes 28 de noviembre) con un total de 87,1 mm. recogidos. Con lo recogido hasta ese mismo día, diciembre ya superaba en acumulación al mes anterior y se convierte en el más lluvioso de 2016, sobrepasando a algunos de los meses que en los últimos años registraron lluvias más abundantes: septiembre de 2015 (185,4 mm.), noviembre de 2012 (223,8) y octubre de 2008 (285,8).


A esta serie de datos habría que añadir que, si bien los meses con más lluvia siempre son los de otoño, diciembre suele ser el menos propenso y el de menor acumulado, esto último salvo excepciones en años en que septiembre ha sido excepcionalmente seco. Seguramente sea la primera vez en mucho tiempo, si es que ha ocurrido antes -probablemente en 1989-, en que es el último mes del otoño el que se lleva la palma en cuanto a precipitaciones. El del año pasado, en cambio, fue excepcionalmente seco. Sí recuerdo fenómenos particularmente llamativos en estas fechas, especialmente el granizo del 11 de diciembre de 1995 en Sueca, que destacó no por su tamaño pero sí por su persistencia y los daños causados. En cuanto al global de otros otoños, este diciembre de 2016 tiene el honor de ir acercándose a los tres meses más lluviosos de los últimos años, todos ellos en septiembre: el de 2012, con 300 mm., el de 2009 con 350 y el de 2008, con unos todavía más impresionantes 420 mm.; dos de ellos contaron además con otros meses en el mismo otoño (octubre de 2008 y noviembre de 2012, concretamente) que superaron los 200 mm. Con el invierno que empieza hoy damos por cerrada la estación otoñal y podemos por tanto hacer la suma total: 604,1 mm., el 85% de toda la lluvia del año, lo cual no sorprende después de otros datos a la baja como el de junio, el primer mes en mucho tiempo que sufrió una ausencia total de precipitaciones.

Residuos de la crecida en la playa
Este episodio ha venido acompañado, además, de fuerte viento de gregal, un tanto peligroso para la terraza dado que es de los pocos que afecta de lleno a ésta debido a la ubicación de la casa. En principio no ha habido daños salvo algunos objetos rotos y trozos de plantas arrancados, pero hasta las más jovenes de este año que ya se encuentran creciendo al descubierto han resistido bastante bien. En la propia Cullera sí hemos visto árboles y ramas arrancados por el fuerte viento. Éste dejó de soplar con fuerza la tarde del lunes, momento en el que también las lluvias fueron remitiendo y tan sólo restaba esperar la crecida del río, tan espectacular como otros episodios de fuertes lluvias, el último de ellos en 2009. En la lista de reproducción de vídeos agregada se observan los efectos del temporal el martes día 20, ya despejado, en el río Xúquer (Júcar) a su paso por Sueca, Fortaleny y Cullera, así como el estado de la desembocadura del río y playas cercanas en Cullera.

Todos los datos referidos a precipitaciones en Cullera han sido obtenidos de la página web MeteoCullera http://meteocullera.webcindario.com/

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Doble de agua

Araña cangrejo cazando en una Felicia amelloides 
Si el verano esperó a sus últimos días para dar el máximo de su particularidad más patente, el calor, que llegó casi a 40ºC cuando ya faltaban pocos días para el otoño, esta estación en la que nos encontramos parece que esté haciendo lo propio con las lluvias, su habitual seña de identidad. Si bien a finales de septiembre llegaron las casi siempre infalibles primeras tormentas, y octubre y noviembre tuvieron una presencia intermitente de precipitaciones, ha sido esta última semana entre noviembre y diciembre la que se lleva la palma. Basta decir que no llevamos ni una semana de diciembre y ya ha llovido más en lo que va de mes que en septiembre u octubre pasados -cada uno por separado, eso sí. Más de 270 mm. entre el último domingo de noviembre y hoy.

Era difícil imaginar que, tras unos años con lluvias bastante discretas, fuéramos a encontrarnos de repente con cosas como la curiosa coincidencia de tener dos lunes consecutivos con más de 80 mm. acumulados por día. Con esto, 2016 ya supera a 2015 en cuanto a precipitaciones recogidas. Lo que ha ocurrido es que se han dado las condiciones ideales para que una gran masa de nubes que llegaba desde el Atlántico fuese recorriendo el sur de nuestra península hasta acabar de nuevo situada sobre nosotros, en la costa mediterránea. Últimamente esto suele ser bastante raro y las nubes que vienen por poniente llegan desgastadas, si es que llegan, produciendo tormentas en el oeste e interior peninsular sin que nos afecten. Esta vez parece que la situación permite rememorar aquellos otoños de no hace tanto tiempo en el que las nubes cubrían los cielos durante días y se recogía una buena cantidad de agua. Es lo que he hecho yo, guardar toda la que he podido, aunque mucha se acabará perdiendo dado que me he llegado a quedar prácticamente sin recipientes donde almacenarla y sigue habiendo cubetas llenas hasta el borde en la terraza. Servirá estupendamente para mi propósito de no regar con agua calcárea a partir de ahora a fin de evitar problemas.

La tormenta anterior acabó remitiendo el jueves pasado, primer día de diciembre. Sin dejar de estar nublado, las lluvias empezaron a cesar la tarde del día anterior y finalmente terminaban cuatro días de lluvias que iban cayendo de manera repartida pero constante. Ya había llovido poco antes y no había regado las plantas durante la semana anterior, con lo cual, teniendo en cuenta lo que ha venido después, es posible que algunas macetas no vuelvan a necesitar agua hasta al menos dentro de un mes, especialmente los cactus y las suculentas, siempre y cuando dejase de llover ahora. Incluso habría que estar al tanto y revisar todas las plantas puesto que algunas podrían tener demasiada agua ahora mismo. De hecho, y esto más por un despiste mío, cuando trasplanté a una maceta grande los claveles Dianthus plumarius puse debajo un recipiente para retener el agua que no he retirado hasta hoy. El resultado: el agua acumulada en las reiteradas ocasiones en que ha llovido a acabado por pudrir los tallos de los claveles y sólo ha quedado uno. Las plantas podrían haber sobrevivido perfectamente otra temporada más ya que se encontraban en un estado excelente. Afortunadamente todavía hay varios ejemplares autosembrados por la terraza y podré regenerar poco a poco la mata. Ni que decir tiene que no he dejado ya ni una maceta con su plato debajo.

Con tanta agua y las discretas temperaturas, la actividad entre las plantas ha quedado bastante reducida. En la tormenta anterior ya ni siquiera tuve problemas con los caracoles, que voy eliminando pacientemente uno a uno, pero en esta ocasión han resurgido ejemplares muy pequeños que se han colado entre los barrotes de algunas rejas protectoras de plantas jóvenes y han llegado a destruir por completo plantas que llevaban dos meses de recorrido en la terraza y que además me cuestan bastante de germinar. Por otro lado, los únicos insectos que han ido apareciendo son moscas, todavía con interesantes ejemplares que no he identificado, y a merced de ellas prosperan las jóvenes arañas cangrejo que se están beneficiando ya de poseer su propio territorio de caza, como la Felicia amelloides, que este año ha comenzado a florecer muy pronto.

No habrá que dejar de que mirar a los cielos estos días, puesto que la extraña situación que estamos viviendo, con diversas perturbaciones atmosféricas sobre Europa, podría todavía dejar otro episodio de tormentas en lo que queda de año.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Unas lluvias importantes

Hojas de bulbosas y anuales espontáneas mojadas por la lluvia
La caprichosa meteorología, unida lógicamente al cambiante clima de estos últimos años, nunca deja de dar lugar a curiosas paradojas. Este 2016 estaba siendo, y seguramente así se vaya a quedar puesto que ya nos acercamos a su fin, uno de los más secos de los últimos años. Claro, que ello no significa que las pocas lluvias que puedan haberse acumulado lo hayan hecho repartidas entre unas pocas jornadas, provocando cosas como que este pasado 28 de noviembre haya acabado siendo el día con más lluvia recogida de los últimos cuatro años. También hemos tenido una primavera modeadamente lluviosa por el simple hecho de que llovió, aunque poco, en varias ocasiones, contrastando con las primaveras anteriores en las que la lluvia se presentaba apenas de manera anecdótica.

Precipitaciones sobre Cullera
Este pasado domingo 27 comenzaba a llover en Sueca por la mañana, con cierta intensidad y con precipitación en forma de granizo durante unos minutos, motivo que me preocupó bastante teniendo en cuenta que si ocurría lo mismo en Cullera, la integridad de algunas plántulas de apenas unas semanas de vida que tengo en la terraza corría peligro. Nada más lejos, y tras caer unos 30 mm. en una hora y producirse una espectacular manga marina frente a la costa suecana, en Cullera apenas habían caído unas gotas sin importancia. No empezó a llover a un ritmo consistente hasta cerca del final del día, tras una notable tormenta con actividad eléctrica, acabando con 3,6 mm. que continuaron creciendo con el inicio de la nueva jornada. Veinticuatro horas después, el día terminaba con 82,8 mm. recogidos. Hacía bastante tiempo que la lluvia no dejaba tanta agua en un sólo dia en Cullera. La última ocasión, el 28 de febrero de 2013, cayeron 79,2 mm., parte de ellos también en forma de granizo mientras me encontraba realizando tareas entre las plantas. Posteriormente a esta jornada de lunes, el martes 29, se recogen otros 36,8 mm. en Cullera. Hoy, ya en diciembre y primer día en que no ha llovido, parece que nos quedamos con 9,4 mm. más, que suman 181,4 para todo noviembre.

Bahía de Cullera al final de la tormenta
Se podría decir que la frecuencia de estos episodios de lluvias copiosas concluyeron aquel 2013, con su colofón a finales de agosto de aquel año, con más agua acumulada que ninguno de los meses posteriores hasta hoy a excepción de septiembre de 2015, y por poco. De hecho, para buscar el último día que se superó la cantidad caída este lunes habría que irse al 29 de septiembre de 2012, con unos espectaculares 220 mm. precipitados difíciles de superar. En aquella ocasión se produjo el último temporal de levante virulento de estos últimos años, con fuertes vientos que arrancaron ramas y árboles y dejaron encallados a dos portacontenedores en las costas de Valencia; en sólo cuatro días se recogieron algo más de 300 mm. en Cullera. No se ha vuelto a repetir nada así desde entonces. De hecho, el siguiente otoño fue el más seco en muchos años. Una de cal y otra de arena.

Esta pasada semana comenzó ya con lluvias y no había tenido que regar las plantas en varios días. En la anterior visita a la terraza desestimé recoger el agua de dicha lluvia en garrafas para dejar las bandejas y cubetas libres ante la prevista llegada de más lluvias, pero no lo hice y por tanto he perdido unos cuantos litros que podrían haber venido bien para ahorrar viajes a la planta de osmosis donde recojo actualmente el agua de riego a fin de evitar acumulaciones de cal y subidas de pH en el sustrato. La siguiente visita, en pleno día de lluvia, sólo constó de una revisión rápida -sin percances que lamentar-, vaciado de algunos recipientes plásticos con macetas y hasta el sembrado de unas pocas semillas aprovechando la tierra húmeda. Dentro de lo que cabe está siendo un buen otoño y espero que ello repercuta en la próxima primavera.

jueves, 27 de octubre de 2016

Exprimiendo los cielos

Plecthanthus 'Mona Lavender'
A pesar de encontrarnos en un año en el que el déficit de lluvias está siendo notable, el actual mes de octubre que ya llega a su fin consigue pasar con aprobado ya que ha sido muy similar al del año pasado, con lluvias intermitentes quizá algo más repartidas que en 2015. A día de hoy llevamos 61,2 mm. acumulados, que han caído repartidos en 12 de estos últimos 27 días. La última, este pasado martes, vino acompañada de polvo en suspensión y por tanto las gotas dejaron residuos arenosos que, no obstante, no han llegado a ensuciar en exceso a las plantas. El domingo y hoy mismo otro fenómeno atmosférico, una intensa niebla, ha ayudado a seguir manteniendo la humedad ambiental a un nivel elevado. Con todo ello, apenas he tenido que regar durante todo el mes y si lo he hecho tan sólo he necesitado tomar agua de lluvia acumulada en las diversas cubetas, cubos y cacharros y filtrarla al verterla en la regadera. No hay que dejar de destacar que las temperaturas, si bien muy diferentes a las del mes pasado, no están siendo todo lo bajas que uno esperaría para un mes de octubre. Las máximas rara vez están superando los 22ºC -hoy mismo lo han hecho- pero las mínimas siguen en promedio a unos 18ºC.

Thunbergia alata
Lo mejor de esta situación atmosférica es el hecho de no tener que dedicar demasiado tiempo a las plantas que quedan en macetas, incluyendo a muchas que son divisiones, trasplantes o siembras recientes. Los trasplantes, por ejemplo, los he tenido que hacer muchas veces de manera poco ordenada dado que es algo complicado meter en una misma maceta algunas plantas que tienen tres veces más extensión de raíces que de parte aérea. Por suerte, todas las veces que lo he hecho ha llovido y ello ha contribuido a asentar y distribuir apropiadamente la tierra de la nueva maceta entre el sistema radicular de las nuevas inquilinas, que incluso han continuado floreciendo sin decaer. No fue el caso de las primeras plantas que saqué del contenedor para prepararlo de cara a la nueva siembra, ya que una tras otra han ido cayendo y sólo ha quedado una, un Dianthus deltoides 'Microchip' que ha sacado una flor solitaria, la primera, en estos últimos días. Se trata de plantas que sembré en el contenedor pensando que florecerían a la vez que las anuales y que sin embargo se quedaron pequeñas y casi sin crecer hasta que el resto de sus vecinas se fueron secando.

Dianthus deltoides 'Microchip'
He traído también alguna planta nueva a la terraza, entre ellas el híbrido sudafricano Plectranthus 'Mona Lavender'. Esta pariente de los coleos me llamó la atención desde que empecé a ver fotos en Internet y supe que era una planta relativamente común de encontrar en comercios. Depende siempre de la variedad que ofrezcan las tiendas locales, claro, y donde vivo no es precisamente una zona con gustos amplios por la jardinería, con lo que algunas plantas populares no se encuentran con tanta facilidad. Sea como fuere, al fin encontré un ejemplar grande y cargadísimo de flores a un precio estupendo (menos de dos euros y medio) que destaca en un rincón sin sol directo, característica que todos aquellos que lo cutlivan suelen resaltar, con lo que lo he ubicado en la misma pared que a su congénere el coleo (Plectranthus scutellarioides). Las hojas del 'Mona Lavender' son de un atractivo color verde oscuro con el envés púrpura, y las flores, de tamaño grande, son violáceas y aparecen por decenas en largas espigas ascendentes.

Gazania
Octubre también le está sentando bien a las trepadoras. Varias Ipomoea han alcanzado un tamaño cercano a los dos metros y están produciendo flores a diario, y con ellas la Thunbergia alata, que produce casi cada día nuevas flores pareadas como si fuesen dos grandes ojos amarillos, Las Gazania comenzaron a florecer tras el remojado continuo de la tierra por la lluvia, y otra sudafricana, la Felicia amelloides, se ha adelantado varios meses en la producción de sus primeras flores, que solían aparecer en enero-febrero. La lluvia, aunque caiga de forma pausada y no llegue a cantidades muy notables, siempre acaba produciendo en las plantas un efecto mucho más positivo que cualquiera de los riegos proporcionados a mano. Así, mientras siga lloviendo, el estado de muchas de las residentes en la terraza no hará más que mejorar.

jueves, 13 de octubre de 2016

Octubre, lluvias y colores

Clinopodium nepeta
Tenemos prácticamente la mitad de octubre superada y el mes ha empezado a mostrar algunos aspectos positivos. Si bien durante la primera semana no vimos ni lluvia ni temperaturas en descenso -mínimas sin bajar de los 18ºC, máximas habitualmente alrededor de 27- las primeras previsiones de lluvias se cumplieron mejor de lo esperado y han dejado en sólo tres ocasiones 40 mm. acumulados. El conjunto del domingo y lunes pasados, con expectativas de precipitaciones no demasiado altas, dejaron el primer día 6,9 mm. y el lunes unos inesperados 26,1 mm. Posteriormente, a partir del miércoles entraba una gran masa de nubes desde el Atlántico que se esperaba que no llegase demasiado cargada a nuestra región. En efecto, ese día apenas cayeron unas gotas sin importancia, pero hoy jueves hemos tenido una jornada de lluvias dispersas que ha vuelto a dar 6,9 mm. en Cullera.

Oxalis triangularis
Gracias a este nuevo aporte de agua, la actividad en la terraza ha podido destinarse en su totalidad a los preparativos de la próxima temporada sin tener que emplear tiempo regando las plantas. Una buena cantidad de semilleros han sido preparados ya y las plántulas comienzan a asomar. Pero hay más, puesto que las lluvias también han colaborado a su manera en estos preparativos y muchas especies que tenía intención de sembrar ya han aparecido por su cuenta, especialmente en el contenedor. Reconozco ya plántulas de amapola de California, Salvia viridis, Phacelia tanacetifolia o eneldos, entre otras, aunque la mayoría han crecido pegadas al frontal y habrá que repicarlas hacia el fondo o distribuir en otras macetas. Por su parte, no he estado hábil plantando los bulbos nuevos de este año para aprovechar estas tres oportunidades de que la tierra se empapase a fondo. Espero que al menos de aquí al mes que viene haya otras oportunidades para que esto ocurra.

Commelina tuberosa
La terraza luce moderadamente llena de flores de varios colores. Las trepadoras han mejorado mucho desde que comenzaron las lluvias y todo aquello que por un momento estuve a punto de arrancar por su mal rendimiento ha empezado a reverdecer, crecer y florecer. Varias Ipomoea -a las que dedicaré una entrada en breve-, la Thunbergia alata, una Cardiospermum halicacabum todavía verde y dos Lablab purpureus ganan altura progresivamente sobre la malla. Se suman a ellas las flores de perennes como la Buddleja, que lleva cinco meses seguidos floreciendo, o la Pentas lanceolata, que nunca ha dejado de hacerlo desde que la adquirí hace un año e incluso he sembrado algunas semillas que ha producido que ya están germinando.

Oxalis bowiei
Es habitual que durante estos días la Commelina benghalensis florezca a diario hasta que llega el frío. De hecho, es su época más prolífica. Lo que resulta nuevo es que la Commelina tuberosa se haya apuntado también a florecer ahora. Las plantas que tengo ahora mismo son el tercer y mejor intento hasta la fecha: la primera vez, las plantas crecieron y florecieron en verano pero precisamente murieron cuando las lluvias empaparon la maceta donde habían estado todo el verano recibiendo riegos aún sin hojas. En el segundo año ni siquiera llegaron a crecer bien y para mediados de verano no quedaba ni un tubérculo. En esta última ocasión mezclé la especie con Liatris spicata y parece que además el problema de tener la maceta empapada todo el verano se solucionó, pues estaba bastante seca entre visitas y las plantas pudieron prosperar. Simple suerte con el sustrato, quizá. A diferencia de la primera vez, en esta ocasión las plantas no han perdido su parte aérea y simplemente han comenzado a sacar flores de nuevo, que duran muy poco -horas- y menos en días nublados como los que hemos tenido.

Crassula muscosa
El otoño es tiempo también para ver florecer al especimen de flores más pequeñas de la terraza, la suculenta sudafricana Crassula muscosa, de pequeñas florecillas que crecen entre las axilas de sus apretadas hojas. Y, cómo no, también los Oxalis muestran su mejor cara. Los Oxalis triangularis están mejor que nunca después de un sencillo cambio de sustrato, con grandes hojas que sobresalen escondiendo los bordes de la maceta, y unos Oxalis bowiei que comenzaban muy poco a poco pero ya se encuentran cubiertos de su habitual cúmulo de grandes flores de color rosado intenso.

Finalmente, uno de los aportes interesantes del mes ha sido la lamiácea Clinopodium nepeta (anteriormente ubicada en el género Calamintha) que encabeza la entrada. La planta llegó de manera curiosa, y es que me ofrecieron llevarme plantas sobrantes de una replantación de árboles y arbustos y justamente esta especie, presente en la zona, había crecido en uno de los alveolos, con lo cual llegó a casa con un sistema radicular en buen estado y ha continuado floreciendo y creciendo una vez puesta en su nuevo hogar. Ya ha sido recibida por la fauna de la zona, puesto que las Amegilla garrula, que a estas alturas siguen visitando la terraza, la han encontrado enseguida y ya acuden a ella directamente. Curiosamente, también una albahaca que quedó en una maceta ha empezado a florecer pero no he notado que dichas abejas la hayan encontrado. No tardarán en hacerlo si todavía les queda tiempo para venir, puesto que es una planta que suele gustar a estos insectos. Eso sí, ya parece que las temperaturas van a bajar al menos un peldaño a partir de ahora y con ello vendrán algunos cambios propios de la estación.

viernes, 30 de septiembre de 2016

Otoño y el regalo de la lluvia

Erica gracilis
Septiembre es uno de los meses más esperados del año si se toma en cuenta el ritmo de la vida de las plantas aquí, en nuestra región y clima. Pone punto y final a un verano siempre caluroso y, sobre todo, trae la llegada de las lluvias más importantes del año. Importancia que se magnifica cuando nos encontramos en un año deficitario en cuanto a precipitaciones; rara vez, en una etapa así, los aledaños del otoño se quedan sin recibir agua hasta que no avanza la estación. En 2013, el peor inicio de otoño entre los más recientes, sólo se recogieron 2,3 mm. a principios de mes y no volvió a llover hasta octubre, con otra cantidad ridícula para la fecha (12,2 mm.) salvándose un poco la situación con lo que llovió en noviembre y diciembre, que no fue mucho de todos modos. Eso sí, veníamos de recoger 160 mm. en agosto en apenas unos días. Afortunadamente, el principio de este otoño ya sale ganando si se compara con el de aquel año.

Symphyotrichym novi-belgii
Este mes no empezaba del todo bien, con un aumento de temperaturas seguido de unas tormentas bastante llamativas que el día 13 pasaron de largo con bastante prisa y sólo dejaron 1 mm. acumulado mientras en el entorno de la ciudad de Valencia superaban los 50. Ha habido que esperar -poco, todo sea dicho- a que las nubes volviesen a entrar al Mediterráneo y finalmente decidieran descargar sobre nosotros. Y aunque ha llovido en todo el mes lo que solía llover en un par de días de un septiembre típicamente lluvioso, lo cierto es que no nos podemos quejar: 70,9 mm. en 4 días de lluvia de los que habría que destacar el pasado lunes, con casi 25 mm. en una hora, y el jueves, con 17 en la menos de la mitad de ese tiempo. No menos llamativo fue el viernes 23, cuando se produjo una espectacular tormenta eléctrica. Las temperaturas han ido teniendo altibajos, con unas máximas que rondan los 25ºC y mucho calor debido a la alta humedad y unas mínimas que han aumentado desde los frescos valores de mediados de mes, quedándose otra vez cerca de los 20ºC.

Jasminum grandiflorum
En la terraza todo está listo para ir desplegando los preparativos para la próxima temporada. Tras dejar un tiempo el contenedor sin tocar hasta que fuese necesario, el domingo pasado saqué las plantas que todavía quedaban y las pasé a una vieja maceta que hice con una garrafa de 10 litros y que casi nunca contenía plantas salvo algunas adventicias autosembradas. Justo a tiempo, las lluvias copiosas llegaron después y han valido tanto para remojar a conciencia la tierra removida en donde coloqué las plantas como para empapar la tierra también removida y vuelta a nivelar del contenedor, en donde ya se ven decenas de plántulas germinadas que, según la especie de que se trate, se quedarán ya allí a completar su vida. Entre las plantas desplazadas se encuentra Erigeron karvinskianus, una pequeña asterácea de largos tallos con diminutas margaritas blancas que sembré el año pasado en el contenedor, pero que frenó su desarrollo al ser privada de luz por otras plantas y no retomó su ritmo hasta verano; para más inri, cuando ya iba a florecer fue picoteada por los gorriones y finalmente retrasó su crecimiento y floración hasta agosto, muy cerca de la época en la que el contenedor pasa por su reinicio. Parece, no obstante, que ha aceptado bien su nuevo emplazamiento, al igual que el resto de plantas trasladadas.

Ipomoea purpurea 'Carnevale di Venezia'
Aunque los bulbos apenas asoman y sólo los Muscari armeniacum e Ipheion uniflorum tienen hojas, he cometido el fallo de no dejar en su sitio las especies que a lo largo del verano revisé y volví a plantar con algo de sustrato nuevo aprovechando su reposo. Me gustaría también haber plantado previamente a alguna de estas jornadas de lluvia, pero confío en que octubre vuelva a traer algún episodio de precipitaciones y haya otra ocasión para hacerlo. Tengo intención de plantar a la mayor brevedad posible y dejar ese asunto solventado, centrándome en los semilleros, que finalmente comencé durante la semana pasada primero haciendo hincapié en las perennes, pero parece ser ya buen momento para hacer lo mismo con las anuales.

Symphyotrichum novi-belgii
También algo tarde han vuelto, como todos los años, varios Oxalis. Los bowiei han tenido un crecimiento tardío y discreto, dejando la parte central de la maceta donde se encuentran, vacía; en cambio, las especies a las que les renové el sustrato, Oxalis triangularis y latifolia, han rebrotado mejor que en años recientes, llenando por completo sus respectivas macetas. Eso sí, el segundo no hace mención de florecer y lleva así desde febrero de 2014. Confío en que este nuevo aporte de nutrientes pueda solventar dicha situación. De la misma manera, el veterano Symphyotrichum novi-belgii ha vuelto este año con más fuerza que en ninguna temporada previa -a excepción de la primera- tan sólo por haber removido el sustrato y rellenado con algún aporte de tierra usada. Previamente a la próxima temporada de crecimiento, en invierno, volveré a renovarle el sustrato esta vez con material recién comprado, a fin de intentar que cada año pueda crecer más y mejor. Lejos sigue quedando aquella mata cargadísima de flores que engalanó la terraza en otoño de 2012.

Erigeron karvinskianus
Muchas de las plantas en flor durante estos días son, como casi todos los años, plantas nuevas adquiridas durante estos meses. Así, uno de los nuevos inquilinos de la terraza es un Jasminum grandiflorum, planta muy típica en los jardines de nuestra región que se caracteriza por su estupendo aroma y floración prácticamente ininterrumpida. También ha llegado un brezo sudafricano, Erica gracilis, cargadísimo de flores rosadas que espero permanezcan durante semanas y que lleguen a ser atractivas para algún insecto. Por su parte, el escueto crecimiento de las trepadoras sembradas en verano todavía deja de vez en cuando ver alguna flor, con la Thunbergia alata en un estado aceptable de floración diaria y algunas Ipomoea floreciendo de manera esporádica, como la Ipomoea purpurea 'Carnevale di Venezia'.

martes, 20 de septiembre de 2016

Un paso hacia el otoño



Durante la última semana las condiciones ambientales y meteorológicas han conseguido devolver a su cauce el progresivo viaje hacia el otoño. Septiembre comenzó batiendo todos los récords de calor; mes de septiembre más cálido en décadas, días y noches más cálidos de todo este verano de 2016... Las temperaturas dieron su pico máximo de manera repentina el domingo día 4, con un calor intenso que se prolongó un par de días más y fue dejando su rastro patente hasta la llegada del primer frente de tormentas el pasado martes día 13.

Las lluvias no fueron gran cosa -1 l./m² para Cullera- pero la mayor intensidad se produjo en el interior peninsular, con lo que esta vez el viento de poniente que sopló durante días fue reduciendo las temperaturas a medida que se llevaba también parte de la humedad. Con ello, desde hace una semana las temperaturas por fin han ido estabilizándose en valores que rondan los 25ºC de máxima y 18 de mínima, todavía similares a los de la segunda mitad de la primavera. En zonas abiertas y más alejadas de la costa, eso sí, las mínimas ya caen por debajo de los 15ºC con asiduidad.

En la terraza, la actividad se ha reducido al mínimo. Riego con apenas 15-20 litros a cada visita y ya me puedo permitir dejar sin atender a las plantas durante tres días. Por otra parte, el grueso de la actividad ya empieza a concentrarse en los semilleros para la próxima temporada, que tendrán bastantes semanas de trabajo, pero espero que valga la pena y la recompensa se traduzca en muchísimas más flores al año que viene. Sobre el tiempo, parece que 2016 sigue en su línea de ser el año más seco y con las precipitaciones más localizadas de la última década. Sobre el horizonte, parece que comienza a vislumbrarse para la semana que viene una concentración de nubes sobre el Mediterráneo que debería darnos ya las primeras lluvias otoñales de importancia.

En el vídeo observamos el amanecer del jueves día 15 grabado en time-lapse desde las inmediaciones de la orilla sur de la laguna de L'Estany Gran de Cullera, donde se aprecia la cantidad de nubes viajando hacia el este que tuvieron lugar aquellos días.

sábado, 13 de agosto de 2016

Agua de agosto

Rumina decollata
Como viene siendo habitual en estos últimos años, en el mes de agosto, a pesar de su carácter plenamente estival, las lluvias pueden hacer acto de presencia con cierta relevancia. El pasado día 10 tuvimos el que es, de momento, el día individual en que más ha llovido de todo 2016: 21,3 mm. acumulados en apenas unas horas. Resulta paradójico, pero cuando comprobemos el balance pluviométrico mensual de este año, veremos que en agosto ha llovido más que en marzo; sin embargo, la lluvia más repartida y las temperaturas más suaves del tercer mes del año hacen que las precipitaciones tengan más relevancia. En agosto, y más en una fecha tan temprana, su efecto se irá diluyendo a medida que los días pasen y el calor prosiga.

Calor que, todo hay que decirlo, durante la mañana del pasado miércoles se ausentó por unos momentos. La gruesa capa de nubes vino durante las horas de más sol y calor del día, con lo que la luz diurna era poco más patente que la de un amanecer; las temperaturas llegaron a descender hasta los 18,7ºC de mínima alcanzados a las 13:26, en pleno mediodía. No sólo fueron más bajas a esas horas que en las madrugadas previa y posterior, sino que se trata, por el momento, de la temperatura más baja de este verano.

Este aporte de agua ha venido bastante bien a la terraza y me ha permitido guardar bastante agua de lluvia para posteriores usos. Los pequeños animales allí presentes también han sacado provecho a su manera, como la típica llegada de abejas poco después de que haya salido el sol que encuentran rápidamente polen en algunas flores. Además he podido descubrir que todavía quedan por allí caracolas Rumina decollata, una especie que despierta más simpatías que el caracol de jardín, pues son omnívoras y capaces de depredar sobre dichos caracoles, con lo cual se trata de una de esas criaturas beneficiosas que siempre da gusto ver.

martes, 19 de julio de 2016

Y llovió

Nicotiana alata
Cuarenta y cinco días. Eso es exactamente lo que ha tardado en llover, concretamente entre el 28 de mayo y el pasado 13 de julio. Acabó mayo y junio fue una sucesión de nubes que nunca llegaron a materializarse en lluvia a pesar de que en un par de ocasiones se vio caer alguna gota. Con julio estrenado, las esperanzas de que lloviese pasaban por alguna de las escasas pero no raras tormentas de verano. Quizá esta ha sido una de ellas, pero lo más destacable no ha sido que haya llovido, sino la sucesiva bajada de temperaturas que ha habido después. La lluvia dejó sólo 5,3 mm. en un día que la máxima sólo llegó a los 25,6ºC; también el viento, de gregal, tuvo protagonismo, pues la racha más fuerte alcanzó los 51,2 km/h., tumbando una vez más, sin consecuencias esta vez, la maceta de la Buddleja davidii.

La corta distancia entre Cullera y Sueca (unos seis kilómetros en línea recta) es suficiente para que se produzcan ligeros contrastes de temperatura: en Sueca siempre hace más calor y más frío que en Cullera, por lo general de uno a cinco grados de diferencia. Destaca en esta ocasión que, tras la lluvia y viento del día 13, han venido días con mínimas que consiguen bajar de los 20ºC en plena canícula. Curiosamente, incluso durante esta semana que acaba de comenzar en la que el interior de la península está siendo azotado por altas temperaturas, nosotros no lo estamos notando. No obstante, cabe esperar que en todo lo que queda de verano, o más concretamente, de canícula -casi un mes entero- el calor vuelva a presentarse. De momento, en la terraza las flores continúan su paulatino descenso dado que la mayoría de plantas van terminando su ciclo. No es el caso del tabaco de olor de la foto, un ejemplar que ha empezado a florecer ahora y que no sé si proviene de semillas o de restos de raíces de algún ejemplar que estuvo ya en esa misma maceta el año pasado.

sábado, 14 de mayo de 2016

Como agua de mayo

Digitalis purpurea
No se puede decir que esta primavera esté siendo estrictamente lluviosa, pero las precipitaciones vienen y se van a menudo, consiguiendo acumular cantidades de agua que son, a nivel anecdótico, significativas: el pasado mes de abril fue el más lluvioso de los últimos seis años sin llegar a los 30 mm. Mayo parece haber enlazado con esa dinámica de tormentas ocasionales y durante los últimos 10 días, la lluvia ha estado presente en 8 de ellos. Las fotos de la entrada corresponden todas al lunes día 9, en el que el panorama de un día lluvioso de primavera era particularmente notable, con flores multicolores adornadas con las gotas de lluvia que en ocasiones doblaban los tallos por el peso acumulado. En el terreno de lo práctico, cómo no, la lluvia ahorra agua y esfuerzo en días como estos, lo cual también es de agradecer. Además, las temperaturas no están siendo especialemente altas (por debajo de los 20-25ºC) y los vientos son frescos, mayoritariamente de gregal, con una evaporación que no está siendo demasiado acusada.

Trachymene coerulea 
Ha llegado, con este mes, la hora de que muchas de las plantas anuales más tardías comiencen a mostrar toda la belleza de su floración. Quizá alguien acostumbrado a otro clima encuentre extraño esto de considerar "tardía" a una planta que florece en pleno mes de mayo, con una primavera prácticamente comenzando su apogeo. En realidad, nuestro calendario climático dista bastante de lo que se puede encontrar en zonas de influencia atlántica o en el interior de la península: aquí no hay anuales que se esperen al verano para dar lo mejor de sí, pues para entonces no queda ni una. Sembradas en otoño y sin haber pasado frío, si acaso teniendo falta de sol algunos meses, las primeras anuales empiezan, como ya lleva años mostrándose en el blog, durante el mes de febrero, en ese periodo de repentino crecimiento de horas de luz que acontece durante esos días. Por tanto, las plantas que florecen en mayo llevan más de medio año creciendo sin faltarles el buen tiempo.

Iris germanica
Tanto es el contraste que muchas de las plantas que florecen ahora en el contenedor se encuentran ya rodeadas de tallos y hojas secas de otras especies que estaban en su mayor esplendor antes siquiera del equinoccio primaveral. Entre ellas están las grandes flores de la Clarkia amoena, cuyas plantas se han ido tumbando debido a la combinación de sus altos y finos tallos, el peso de las flores y el no contar con apoyo lateral. Y el viento, por supuesto, que es el mayor culpable. Las Viscaria oculata no tienen que lidiar con las continuas brisas, pero es porque han quedado tan abajo que los propios tallos de otras especies les hacen de paraván. Con sus primas mayores las Agrostemma githago no había manera de evitar que el viento las cambiase de sitio continuamente, con lo que ahora sus tallos, la mayoría de ellos ya formando semillas, están enredados por todo el contenedor.

Vicia villosa
La que no tiene problema con el viento, pues se agarra con zarcillos a medida que se abre paso, es la Vicia villosa. Esta especie es nueva este año y surgió de una semilla que en principio no tenía claro qué era. Viene en algunas mezclas y tiene el aspecto de una esfera negra brillante, a medio camino entre las de Vaccaria y las de Lathyrus en lo que a tamaño respecta. Cuando empieza a hincharse para germinar se vuelve, de hecho, muy similar a Lathyrus. Conforme veía crecer a la planta llegué a la conclusión de que sería Vicia, pero faltaba ver las flores para confirmar especie. La planta, cuando encuentra el ritmo, empieza a crecer lanzando tallos por todas partes, agarrándose a las plantas vecinas -la planté en el contenedor, pero en próximos intentos lo haré en una malla. Ya empezaba a impacientarme por lo que tardaba en florecer viendo su exagerado crecimiento, pero finalmente parece que todo el despliegue de tallos se engalanará con sus espigas de flores de dos tonos violeta, que cuentan con una pelusilla en la base de la corola que da nombre a la especie.

Clarkia amoena
Otra especie nueva para este año es una anual procedente de Australia, Trachymene coerulea. Ha tenido un crecimiento bastante pausado, creciendo a buen ritmo durante sus primeras semanas de vida pero quedándose algo estancada hasta que finalmente se ha puesto a abrir sus pequeñas umbelas de flores. Como germinaron tan bien, hubo plantas de sobra que repartí en el contenedor y en una maceta, siendo en este sitio donde primero se han abierto. A pesar de su aspecto, que invita a pensar que se trata de una umbelífera, en realidad es una araliácea, es decir, pariente de las hiedras, las aralias o el ginseng, las cuales tienen cierta relación con las apiáceas y también producen flores en umbela. Las de Trachymene son de un agradable tono lila-azulado con largos estambres sobresalientes. La planta en sí, al menos en el caso de las que tengo, no es demasiado voluminosa, consistiendo en un tallo central y unas pocas ramificaciones con hojas divididas que al principio recuerdan a las de alguna ranunculáceas.

Viscaria oculata 'Blue Angel'
También es tiempo para otras plantas no anuales. Los Iris germanica han empezado tarde este año a florecer, pero no se han quedado cortos a la hora de producir sus grandes flores. Por otra parte, y tras varios años de ausencia, las flores de la Digitalis purpurea vuelven a tener presencia en la terraza, resultado de la autosiembra de semillas procedentes de aquellos primeros ejemplares llegados en 2011 y cuyas semillas, increíblemente, aún empezaron a germinar en la tierra de una maceta vacía el pasado otoño, con lo que existe una generación algo más tardía que es probable que florezca a partir de 2017.

Con la inevitable subida de temperaturas a la vuelta de la esquina, es agradable que todavía haya tiempo para días de nubes y lluvia que permitan incluso ahorrar algún riego entre visitas. Debería ser lo normal, pues mayo solía ser el mes con más precipitaciones de la primavera, pero los últimos años nos muestran un patrón bien distinto, en el que ya ni siquiera la primavera se beneficia de un invierno lluvioso. Con el que hemos tenido este año, sin lluvias significativas hasta que comenzó la primavera, y con el verano presumiblemente seco que nos espera, vamos a tener más ganas que nunca de que el otoño vuelva y traiga tanta o más agua que el año pasado.

sábado, 9 de abril de 2016

Unas esperadísimas lluvias


Abril comienza con sensaciones positivas. Desde que lloviese un poco en los últimos días de invierno, las precipitaciones han regresado durante cuatro días -casi seguidos salvo uno intermedio en que no llovió- dejando 26,3 mm en Cullera, casi todo acumulado el martes día 5. Eso es más que todo el mes pasado, y aunque no lloviese ya más en todo el mes, todavía sería el mes de abril más lluvioso desde 2011. Tan malas han sido las últimas primaveras que esta acumulación de lluvias produce una alegría sin igual, y más teniendo en cuenta que esto se produce después de un invierno históricamente seco, como si las lluvias estuviesen recuperando el tiempo perdido. Ojalá fuese así y tuviésemos, por primera vez en mucho tiempo, una primavera lluviosa y, puestos a soñar, un verano que continuase con esta racha.

En el vídeo se muestra, una vez más, el bullicio que produce la vuelta del sol tras las generosas lluvias. Podemos ver, en este orden, unas Gilia tricolor, anuales que están teniendo durante esta su mejor temporada en la terraza, con diversas plantas repartidas en el contenedor y en macetas: hasta las nerviosas abejas Anthophora plumipes las han empezado a encontrar interesantes, después de haber llamado la atención a otras especies de abeja. Damos un rápido vistazo a las Cosmos bipinnatus para pasar a conocer las primeras flores de este año de Dianthus plumarius, siendo el ejemplar de flores blancas y rojas el primero que ha florecido esta vez.

Damos un salto para pasar a descubrir una Salvia officinalis llena de flores que atraen a todas las abejas de lengua larga, como la Rhodanthidium sticticum y la ya mencionada Anthophora plumipes, especialista indiscutible en este tipo de flores. De ahí pasamos a los floridos cactus Mammillaria spinosissima y hahniana, de llamativas flores rosadas, y acto seguida dirigimos la vista hacia la planta que florece por encima de ellos: un Nicotiana alata de grandes flores blancas.

Nos introducimos en el contenedor donde observamos una densa masa de flores de la llamativa Schizanthus x wisetonensis, seguidas de una vista general de las flores que tiene por vecinas donde destaca el avanzado estado de las Linaria reticulata, que llevan floreciendo desde principios de febrero. Un poco más a la derecha, las blancas flores de la Omphalodes linifolia se siguen multiplicando.

Volvemos a asomarnos a las macetas de anuales y observamos que allí también despuntan las Nemophila menziesii, que comparten sitio con una nueva vecina: Gilia capitata. Esta especie de flores agrupadas en estructuras esféricas es, como su pariente tricolor, un imán para abejas, como bien demuestra el ejemplar de abeja roja que aparece investigándola. Observamos brevemente a las Nemophila blancas comentadas en la entrada anterior y pasamos al rincón trasero, donde los Allium neapolitanum son de las pocas bulbosas que todavía permanecen en flor. También cerca de allí aparecen las flores pálidas del Oxalis triangularis de hojas moradas.

Finalmente, volvemos al contenedor donde se destacan esta vez las flores de Convolvulus tricolor, las Consolida ajacis siendo visitadas por una laboriosa abeja y la multitud de capítulos amarillos y blancos de la Layia platyglossa.

lunes, 26 de octubre de 2015

Octubre correcto

Clematis 'Jackmanii'
Este año el mes de octubre está siendo algo más benévolo que en ocasiones anteriores. Las temperaturas se han ido estabilizando en su bajada, sin desvaríos al alza -sólo se ha pasado de 30ºC en una ocasión y fue a principios de mes- y las lluvias aparecen prácticamente cada semana. Desde la última entrada, las precipitaciones han ido yendo y viniendo y el valor acumulado se ha multiplicado hasta los 65 mm., casi la mitad de ellos entre los pasados lunes y miércoles. Ayer domingo y hoy lunes las nubes habían vuelto de nuevo, aunque en esta ocasión las precipitaciones más fuertes no pasaron de Sueca y la entrada por la carretera hacia Cullera, ya que allí la llovizna no llegó ni a dar datos pluviométricos. Las temperaturas han llegado a descender hasta los 13ºC durante estos días y las máximas superiores a 20ºC ya comienzan a ser menos frecuentes.

Ahora mismo la actividad de la terraza se centra en la preparación de semilleros. Bueno, de la terraza y de casa, ya que la mayoría salen de aquí para ir allí. Este año estoy utilizando vasitos desechables de café con vermiculita y simplemente extraigo la planta entera cuando hay que pasarla a tierra. Las semillas más pequeñas o poco efectivas con humedad elevada las siembro directamente, mientras que las demás las hago germinar antes en papel de cocina húmedo. Ahora mismo da la impresión de que he comenzado algo tarde, puesto que el año pasado por estas fechas el contenedor se encontraba ya lleno de plantas, si bien durante noviembre seguí incluyendo algunas para cubrir huecos, pero también retirando las que no parecían aptas por su gran tamaño para entonces. Sea como fuere, la mayoría de siembras realizadas durante el próximo mes todavía dan para tener plantas en tamaño de floración para febrero-mayo, dado que la mayoría de ellas llegan bastante igualadas hasta enero y es para entonces cuando comienzan a desarrollarse al máximo.

Symphyotrichum novi-belgii
Las flores de la terraza en la actualidad pertenecen a ese nutrido grupo de plantas que o bien sigue floreciendo desde hace meses o empieza a hacerlo ahora y durará hasta el año que viene, siendo en pocos casos especies eminentemente otoñales. Como ejemplo de estas últimas destaca el áster Symphyotrichum novi-belgii, el mismo ejemplar que lleva con este ya cuatro otoños floreciendo y que sigue cada vez peor y más pequeño. Debería al menos intentar este invierno sacarlo de la maceta donde está, limpiar un poco sus raíces y replantarlo con sustrato renovado a fin de buscar que alguna vez llegue a al menos a ser la mitad de espectacular que en su primer año. Tengo otro ejemplar de la misma especie que adquirí en septiembre ya como planta enmacetada y en flor que casi di por muerto a la semana de tenerlo debido a que se quemó totalmente con una entrada de poniente cálido. A las pocas semanas vi que debajo de cada tallo seco había rebrotado, con lo que todavía lo conservo, esperando que a partir de la primavera recupere su porte.

Fuera de época totalmente se ponen a crecer las clematis, las cuales suelen quedar latentes en otoño-invierno y rebrotar alrededor de febrero, para florecer en primavera. Esta vez nada de eso, e incluso el ejemplar más veterano, una Clematis 'Jackmanii' que tengo desde 2013 -año en que floreció a finales de primavera de manera muy prolífica- se ha puesto ahora a florecer y no tiene signo alguno de que vaya a secarse. Las otras dos, aunque sin flores, siguen igual de verdes. Tengo tres plantas prácticamente iguales, todas procedentes de una colección que traía LIDL que tiene el defecto de colocar plantas al azar etiquetadas con nombres diferentes. En teoría estas dos tenían que ser Clematis montana y alpina (o algún híbrido similar) y ni de lejos. En 2015, aprendida la lección de que hay que mirar antes la forma de las hojas, la colección no se puso a la venta.

Noviembre está muy cerca y queda todavía mucho trabajo en la terraza. Ayudado enormemente por las lluvias y las temperaturas, que me están permitiendo o bien hacer visitas sin tener que regar en absoluto o bien hacerlo simplemente tomando agua acumulada en algún recipiente, el ritmo desparejo de crecimiento de las plántulas para la futura primavera hará que haya que detenerse a cada visita a colocar cuidadosamente en tierra a especies diferentes. Y quedan, claro, los bulbos, con todavía varias cosas por plantar y otras tantas ya plantadas que de momento aguardan pacientemente bajo tierra.