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lunes, 16 de mayo de 2016

Explosión de colores

Viscaria oculata 'Blue Angel'
Mayo es el escenario de este 2016 para recibir a la que posiblemente sea la mayor concentración de especies en flor del año. Lo continúan haciendo muchas plantas que empezaron en febrero y la mayoría de las que sobrepasaron la mitad de abril encontrándose en plena floración. Llegados a este mes, todavía más especies se suman a la fiesta. Muchas de las plantas que han necesitado algo más de tiempo para desarrollarse llegan finalmente a su cénit y comienzan a florecer, inaugurando una nueva etapa. La mayoría de ellas son anuales, aunque también las hay perennes. En todo caso, se trata de especies que obtuve de semilla en su día, en ocasiones sembradas sin ayuda a partir de los ejemplares que ocuparon su lugar anteriormente.

Ammi visnaga
No obstante, esta acumulación de flores no es uniforme. El tiempo en el que las plantas se encuentran verdes, compactas y llenas de flores ya pasó, pues habría que remontarse a finales de marzo o principios de abril para ello. A estas alturas del año, muchas anuales han crecido ya todo lo que podían y sólo les quedan algunas flores residuales y tallos altos y debilitados, por lo que las especies que han esperado un poco más comparten espacio con ellas pero no frescura. Esto es particularmente acusado en el contenedor, donde la amplia combinación de especies se traduce en la disparidad de floraciones. En las macetas que dispuse este año para anuales, en cambio, la sucesión de floraciones está siendo más escalonada y da la sensación de que hay colorido de manera continuada desde hace al menos dos meses. Sólo la inminente desecación de los ejemplares de Mauranthemum paludosum, que ya han comenzado a decaer, hará que se vea un punto marchito en este lado de la terraza.

Coreopsis lanceolata
De hecho, y como ya mencioné con anterioridad, pretendo sacarle más rendimiento a este sistema de pequeñas anuales en macetas. En el contenedor siempre he intentado hacer una mezcla de especies ordenadas por tamaño que nunca acaba tan óptima como se espera. El año pasado, especies bastante grandes que coloqué al frente pensando que tendrían una talla reducida, como Collinsia heterophylla o Schizanthus x wisetonensis demostraron, sin quererlo, que en realidad como más bonito queda todo es con un relleno de plantas grandes desde el primer plano. Por tanto, la idea de momento es que a la próxima temporada, el contenedor quedará organizado de manera distinta albergando a plantas algo más grandes y frondosas en su parte anterior que sirvan también de soporte a las más altas y estilizadas de la parte posterior, teniendo en cuenta claro está los ritmos de crecimiento. Por su parte, las anuales más pequeñas irán todas en macetas. Para esto, sencillamente, reduciré el número de macetas que alberguen especies vivaces (especialmente bulbosas y tuberosas) que año tras año han ido perdiendo vigor y suelen representar un desperdicio de sitio al no contar con hojas y flores más que unas pocas semanas al año.

Digitalis purpurea
Algunas de las protagonistas de esta situación en el contenedor florecen ahora. A una ya la conocemos de entradas anteriores: la Viscaria oculata 'Blue Angel'. Esta cariofilácea de grandes flores de color azulado ha florecido algo tarde y ha tenido la mala suerte de coincidir, tanto en el contenedor como en una maceta, con plantas más grandes que la sobrepasan. Está claro que al año que viene, conociendo su porte -un ordenado conjunto de tallos y hojas estrechos y verticales- podré elegirle mejores compañeros en maceta. La otra es la umbelífera Ammi visnaga, una elegante especie con grandes umbelas de florecillas blancas que ha tardado bastante en desarrollarse y el viento la ha ido tumbando hasta llevarla hacia el frontal, teniendo su base justamente en el punto contrario. Casos como este son los que pretendo solventar, ya que no puedo evitar el viento marítimo que, por la disposición de la terraza, rebota en las paredes haciendo que las plantas más altas del contenedor, especialmente las de su lado derecho, acaben tumbadas.

Trachymene coerulea
También con flores en umbelas, aunque en otra familia distinta, se presenta la australiana Trachymene coerulea. Tras unos días, el primer ejemplar en florecer ha conseguido que su repleta umbela tenga una forma casi esférica. Este ejemplar se encuentra en una maceta y a pesar de ser una planta muy delgada y alta, parece que en esta ubicación le ha ido mejor que a los del contenedor, los cuales no obstante han quedado aislados al secarse las plantas que los rodean. Las llamativas flores de un claro color azulado -parecido, precisamente, al de Viscaria oculata- han sucedido a las relativamente similares Gilia capitata, que ya empiezan a secarse. Lo habitual sería que no hubiese juntado dos especies tan parecidas (a falta de saber si sus floraciones coincidirían), pero es probable que en su día lo hicese sobre la marcha al no encontrar más sitio para las plántulas de semillero.

Glebionis segetum
Las margaritas de color amarillo cobran protagonismo. En el mismo sector de macetas han comenzado a florecer sin parar las grandes Coreopsis lanceolata, de capítulos de buen diámetro para una planta de talla bastante compacta. A ellos se empiezan a sumar ya los primeros crisantemos Glebionis segetum. Con esta especie nunca me habían salido bien las cosas hasta ahora, pues el año pasado la única planta superviviente sufrió más de la cuenta por la desecación y acabó arrancada por los pájaros. Esta vez, sendos ejemplares en el contenedor y en una maceta han corrido mejor suerte y llegan a su cometido. Similar, aunque bien diferenciada de su pariente que también cultivo, Glebionis coronaria, G. segetum tiene hojas glaucas, de lobulado más ancho y cabezuelas que cuentan con discos florales más grandes y lígulas más cortas, de color enteramente amarillo. Como en el caso de la Trachymene, a pesar de tratarse de una planta de buen tamaño para sobresalir, los ejemplares de la maceta parecen tener mejor complexión que el del contenedor. Además, quizá conviene apartarlo en macetas por lo tardía de su floración respecto a otras flores primaverales. Su pariente, por ejemplo, abrió las primeras flores hace dos meses, si bien la población original de donde obtuve las semillas florece sin parar desde otoño al verano siguiente.

Cebollino
Finalmente, otra especie perenne aunque obtenida de semilla, los cebollinos, están a punto de comenzar la que posiblemente sea su mejor floración en años. Esta especie la sembré por primera vez en junio de 2012. Los ejemplares de aquel entonces florecieron en mayo de 2013 y dieron semillas que no recogí. Con el tiempo, los ejemplares murieron del todo y el hecho de no modificar nada en la maceta al darle un nuevo uso permitió que las semillas germinaran. Hasta mayo de 2015 no florecieron, pero esta vez los ejemplares no sólo no se perdieron sino que han mejorado, aunque no han colonizado por completo la maceta, que tiene casi 2/3 partes de superficie vacías.

También la Digitalis purpurea, como se observó en una entrada anterior, regresa este 2016 con su llamativa floración a la terraza. Este ejemplar en concreto procede de la autosiembra de las propias semillas caídas en 2013. No es la única, pues este pasado otoño, curiosamente, al remover la tierra de una maceta que en aquel entonces estuvo próxima a las dedaleras -ya en desuso al morir la perenne que la ocupaba-  empezaron a emerger plántulas vigorosamente con las lluvias a medida que retiré tierra de aquella maceta para reutilizar, saliendo adelante varios ejemplares que junté en otra maceta. Por increíble que parezca, teniendo en cuenta la ausencia floraciones en estas últimas temporadas, esos ejemplares deben haber salido también de semillas caídas aquel 2013 que han aguardado pacientemente enterradas varios centímetros hasta recibir luz y agua. A juzgar por su tamaño, es probable que florezcan en la primavera de 2017.

sábado, 14 de mayo de 2016

Como agua de mayo

Digitalis purpurea
No se puede decir que esta primavera esté siendo estrictamente lluviosa, pero las precipitaciones vienen y se van a menudo, consiguiendo acumular cantidades de agua que son, a nivel anecdótico, significativas: el pasado mes de abril fue el más lluvioso de los últimos seis años sin llegar a los 30 mm. Mayo parece haber enlazado con esa dinámica de tormentas ocasionales y durante los últimos 10 días, la lluvia ha estado presente en 8 de ellos. Las fotos de la entrada corresponden todas al lunes día 9, en el que el panorama de un día lluvioso de primavera era particularmente notable, con flores multicolores adornadas con las gotas de lluvia que en ocasiones doblaban los tallos por el peso acumulado. En el terreno de lo práctico, cómo no, la lluvia ahorra agua y esfuerzo en días como estos, lo cual también es de agradecer. Además, las temperaturas no están siendo especialemente altas (por debajo de los 20-25ºC) y los vientos son frescos, mayoritariamente de gregal, con una evaporación que no está siendo demasiado acusada.

Trachymene coerulea 
Ha llegado, con este mes, la hora de que muchas de las plantas anuales más tardías comiencen a mostrar toda la belleza de su floración. Quizá alguien acostumbrado a otro clima encuentre extraño esto de considerar "tardía" a una planta que florece en pleno mes de mayo, con una primavera prácticamente comenzando su apogeo. En realidad, nuestro calendario climático dista bastante de lo que se puede encontrar en zonas de influencia atlántica o en el interior de la península: aquí no hay anuales que se esperen al verano para dar lo mejor de sí, pues para entonces no queda ni una. Sembradas en otoño y sin haber pasado frío, si acaso teniendo falta de sol algunos meses, las primeras anuales empiezan, como ya lleva años mostrándose en el blog, durante el mes de febrero, en ese periodo de repentino crecimiento de horas de luz que acontece durante esos días. Por tanto, las plantas que florecen en mayo llevan más de medio año creciendo sin faltarles el buen tiempo.

Iris germanica
Tanto es el contraste que muchas de las plantas que florecen ahora en el contenedor se encuentran ya rodeadas de tallos y hojas secas de otras especies que estaban en su mayor esplendor antes siquiera del equinoccio primaveral. Entre ellas están las grandes flores de la Clarkia amoena, cuyas plantas se han ido tumbando debido a la combinación de sus altos y finos tallos, el peso de las flores y el no contar con apoyo lateral. Y el viento, por supuesto, que es el mayor culpable. Las Viscaria oculata no tienen que lidiar con las continuas brisas, pero es porque han quedado tan abajo que los propios tallos de otras especies les hacen de paraván. Con sus primas mayores las Agrostemma githago no había manera de evitar que el viento las cambiase de sitio continuamente, con lo que ahora sus tallos, la mayoría de ellos ya formando semillas, están enredados por todo el contenedor.

Vicia villosa
La que no tiene problema con el viento, pues se agarra con zarcillos a medida que se abre paso, es la Vicia villosa. Esta especie es nueva este año y surgió de una semilla que en principio no tenía claro qué era. Viene en algunas mezclas y tiene el aspecto de una esfera negra brillante, a medio camino entre las de Vaccaria y las de Lathyrus en lo que a tamaño respecta. Cuando empieza a hincharse para germinar se vuelve, de hecho, muy similar a Lathyrus. Conforme veía crecer a la planta llegué a la conclusión de que sería Vicia, pero faltaba ver las flores para confirmar especie. La planta, cuando encuentra el ritmo, empieza a crecer lanzando tallos por todas partes, agarrándose a las plantas vecinas -la planté en el contenedor, pero en próximos intentos lo haré en una malla. Ya empezaba a impacientarme por lo que tardaba en florecer viendo su exagerado crecimiento, pero finalmente parece que todo el despliegue de tallos se engalanará con sus espigas de flores de dos tonos violeta, que cuentan con una pelusilla en la base de la corola que da nombre a la especie.

Clarkia amoena
Otra especie nueva para este año es una anual procedente de Australia, Trachymene coerulea. Ha tenido un crecimiento bastante pausado, creciendo a buen ritmo durante sus primeras semanas de vida pero quedándose algo estancada hasta que finalmente se ha puesto a abrir sus pequeñas umbelas de flores. Como germinaron tan bien, hubo plantas de sobra que repartí en el contenedor y en una maceta, siendo en este sitio donde primero se han abierto. A pesar de su aspecto, que invita a pensar que se trata de una umbelífera, en realidad es una araliácea, es decir, pariente de las hiedras, las aralias o el ginseng, las cuales tienen cierta relación con las apiáceas y también producen flores en umbela. Las de Trachymene son de un agradable tono lila-azulado con largos estambres sobresalientes. La planta en sí, al menos en el caso de las que tengo, no es demasiado voluminosa, consistiendo en un tallo central y unas pocas ramificaciones con hojas divididas que al principio recuerdan a las de alguna ranunculáceas.

Viscaria oculata 'Blue Angel'
También es tiempo para otras plantas no anuales. Los Iris germanica han empezado tarde este año a florecer, pero no se han quedado cortos a la hora de producir sus grandes flores. Por otra parte, y tras varios años de ausencia, las flores de la Digitalis purpurea vuelven a tener presencia en la terraza, resultado de la autosiembra de semillas procedentes de aquellos primeros ejemplares llegados en 2011 y cuyas semillas, increíblemente, aún empezaron a germinar en la tierra de una maceta vacía el pasado otoño, con lo que existe una generación algo más tardía que es probable que florezca a partir de 2017.

Con la inevitable subida de temperaturas a la vuelta de la esquina, es agradable que todavía haya tiempo para días de nubes y lluvia que permitan incluso ahorrar algún riego entre visitas. Debería ser lo normal, pues mayo solía ser el mes con más precipitaciones de la primavera, pero los últimos años nos muestran un patrón bien distinto, en el que ya ni siquiera la primavera se beneficia de un invierno lluvioso. Con el que hemos tenido este año, sin lluvias significativas hasta que comenzó la primavera, y con el verano presumiblemente seco que nos espera, vamos a tener más ganas que nunca de que el otoño vuelva y traiga tanta o más agua que el año pasado.

domingo, 9 de junio de 2013

Junio florido

Nomeolvides china
El calor ha llegado en serio y las plantas empiezan a pedir más agua a la vez que se encuentran en su mayor estado de gracia. Durante la última semana ya no ha habido ni un día de lluvia a pesar de que existía alguna posibilidad remota, aunque hemos tenido alguna ocasión de cielos cubiertos que han atenuado un poco la intensidad del sol, con la ayuda del viento fresco que sopla de vez en cuando. Pero, se mire por donde se mire, el verano ya va llegando, algo más tarde, pero sin freno.

Anuales, perennes y vivaces se encuentran todas con grandes matas de hojas y bastantes de ellas en floración. De las perennes en maceta, sólo la Prunella sigue sin mostrar rasgos de florecer aunque he notado que en pocos días, en lugar de acusar el calor, parece que esté sacando más hojas. La penúltima en florecer ha sido la clavelina Dianthus deltoides, de la cual ya muestro una flor en la entrada aunque supongo que no ha hecho más que empezar. Tiene un porte rastrero, con hojas muy bajas y flores que apenas sobrepasan a éstas, pensaba que sería más alta. De momento apenas la he visto con dos flores a la vez, aunque supongo que conforme avance el verano se converirá en una mata de flores que cubran el follaje, como veo en fotos por la red.

Dianthus deltoides
El contenedor-jardinera, como comentaba en la entrada anterior, rebosa de vida y colores. Predominan las "nebulosas" blancas de las muy abuntantes Gypsophila elegans -vaya éxito lo de esta planta, más si se compara con las demás- con los diversos puntos de azul a varias alturas, producidos mayoritariamente por los acianos, que están funcionando relativamente bien, y las bajas matas de los ageratos, más violeta que azules. A medio camino, encontramos bellas de día (Convolvulus tricolor) de la cual también tengo una planta separada en maceta que ha funcionado de maravilla, y comienzan a abrirse algunas nomeolvides chinas (Cynoglossum amabile), una flor de la que no esperaba demasiado y ha resultado ser un bello punto de color azul que, como es típico en la familia de las boragináceas, éste es de una pureza notoria, a diferencia del típico tono azul violáceo que observamos en otras flores azules (en el áster africano o en las lobelias, por ejemplo) cuando se examina de cerca o según las luces. Hablamos de un azul auténtico.

Gilia tricolor
En la parte baja aparecen otros colores. Destaca la suave combinación violeta, blanca y púrpura con estambres celestes de la Gilia tricolor, una pequeña planta californiana de grácil aspecto. Tengo semillas de esta especie de dos fuentes: en la mezcla de flores de uno de los botes que traje en marzo y un paquetito que me regalaron al comprar otras semillas en una tienda francesa de eBay. Creo que debe ser de esta última de donde procede la planta que está floreciéndome. Sembré más, como se veía en esta entrada, que tuvieron un destino irregular. Brotaron a resguardo en el patio y se quemaron tan pronto como las expuse en la terraza. Aparté la maceta, sin tocar nada, a una caja de plástico guardada en la terraza bajo los bancos. Llovió, se inundó la caja y a lo visto quedaban semillas intactas porque con el aporte de humedad germinaron plantas de nuevo, con lo cual la maceta sigue con el propósito que se le dio. Estas plantas no han florecido aún.

Espiga de dedalera
Han florecido también los linos que había en el contenedor, que han resultado ser lino rojo (Linum grandiflorum) y de momento parece que no prosperó ninguno de los comunes (L. usitatissimum). Desgraciadamente, en esta última visita que hice a la terraza, las dos únicas flores de lino rojo abiertas tenían un aspecto demacrado, con parches claros y pétalos rotos, seguramente por el ataque de algún insecto. Espero que el resto de flores que quedan se abran bien y pueda sacarles una buena foto, pues son flores de gran belleza. He contado sólo dos plantas distintas, aunque con varios tallos.

Los antirrinos y las espuelas de caballero dobles siguen floreciendo, estas últimas con más fuerza aunque los antirrinos tampoco parecen decididos a terminar de hacerlo a pesar de estar sus espigas florales cada vez más peladas. Sus parientes las dedaleras, a pesar de que los primeros calores provocaron la inclinación de sus altísimas varas, continúan floreciendo a toda máquina y pronto empezarán a dar las pequeñas y pardas semillas, tan abundantes que suelo separarlas rajando las cápsulas y depositándolas en botes, que al sacudir parece que se llenen de arena.

Bella de día en maceta
La dicentra parece decidida a echarse a descansar y la Astilbe parece que tampoco pasará un buen verano, aunque desconozco si esta especie se aletarga con el calor. Sí lo han hecho casi todas las anémonas, aunque todavía floreció hace poco una morada. Las aguileñas siguen verdes, si bien la alpina ha dejado de florecer y sus cápsulas de semillas están secas y tan repletas que al tocar la planta sonaba como unas maracas. Tuve que empezar a recolectarlas en un bote porque si no el viento o la lluvia puede que me las esparzan por todos lados: saqué un buen montón que intentaré sembrar para comprobar si este método reproductivo es eficaz para la especie. Las híbridas sí siguen en flor y de momento no hay tantas cápsulas listas para cosechar. Está siendo una buena temporada para ellas.

Espuela de caballero doble
La neguilla (Agrostemma githago) parece que lleva una semana floreciendo, pero he sido incapaz de encontrarla en flor. No sé qué pasa, pero por las tardes cuando he ido las flores están cerradas y algunas ya arrugadas. Fui entonces un día por la mañana y me encontré lo mismo. Esperando hasta el mediodía por si conseguían abrirse las de aspecto más fresco, obtuve el mismo resultado: nada. Apenas una flor a medio abrir. No sé si es por falta de agua, exceso de calor o algo similar, pero espero pillar alguna abierta pronto, la planta merece la pena y todavía sigue creciendo: es una de las más altas del contenedor.

Como decía hace poco, los guisantes de olor (Lathyrus odoratus) que parecían condenados a terminar su ciclo sin resultado alguno, reanudaron su actividad sin previo aviso y se han puesto a florecer, esta vez con una mayoría (totalidad, de momento) de flores de color rojo intenso, ninguna rosada. Sembré otros en el balcón, pero están algo estropeados y no creo que prosperen. Los nuevos crecen como el año pasado: algún que otro grupo de flores en puntos concretos, pero no esas matas cubiertas a rebosar de flores que suelen verse en las fotos. Era mi intención este año probar a adelantarlos y por ello los sembré en otoño esperando tener plantas grandes y cargadas para marzo-abril y así evitar los meses de más calor, pero no entiendo qué ha pasado, pues ellos mismos se han igualado en fechas a los de 2012, cuyas semillas fueron sembradas en primavera.

Guisantes de olor
Como suele pasar en todas las épocas en las que las plantas ya están dando su resultado y no hay mucho más que tocar y sí mucho que observar, estoy empezando a pensar en los meses venideros y me he puesto ya a recopilar semillas de nuevas e interesantes especies para tener una próxima temporada más colorida si cabe que esta, de la que tengo que decir que estoy mucho más contento que 2012. Tengo varias especies nuevas en mi poder y el ojo puesto en otras tantas, con el objetivo de comenzar a sembrar tan pronto como lleguen las lluvias otoñales. Este año el sitio está hecho y no hay excusa para cruzarse de brazos: con los diversos contenedores, macetas de sobra y semillas de toda clase, el ambiente otoñal, con sus temperaturas suaves y sus lluvias frecuentes, será el entorno ideal para ver crecer la generación de plantas que adornarán la terraza en 2014.

Hay más plantas en marcha, pero os hablaré de ellas en próximas entradas dedicadas. Las compuestas siguen siendo protagonistas con varias especies nuevas en flor, así como los gladiolos enanos, que por fin han abierto sus flores devolviendo color al contenedor de los bulbos. También las azucenas asiáticas, de espectaculares tonalidades, están aportando su toque de belleza a la terraza.

viernes, 3 de mayo de 2013

El meridiano de la primavera

Ixia blanca
Se podría decir que estamos cerca de la mitad de los tres meses que dura oficialmente la primavera, y como no podía ser de otra manera, las flores en la terraza son cada vez más abundantes.

Hemos visto ya de todo un poco: margaritas de Livingstone, Lychnis viscaria, anémonas y ranúnculos, Aquilegia alpina, Oxalis tetraphylla, claveles del poeta... y todas ellas, entre otras, siguen en floración en mayor o menor medida. Pero abril ha sido un mes suave que ha permitido a las plantas desarrollarse sin mayores problemas, ayudadas por dos situaciones de lluvia y nubes que les han aportado temperaturas adecuadas, humedad ambiental y un pequeño respiro ante plagas como los pulgones, que inevitablemente han acabado llegando.

Empezaremos por la Ixia, una de las últimas bulbosas de otoño que ha abierto sus flores. Ha tenido un poco de mala suerte, pues se encontró con muchos días nublados y lluviosos y eso hace que la planta no abra del todo las flores, como hacen también sus parientes los crocus, amén de estropearse antes con tanta agua. La curiosidad, que salta mucho a la vista, es que el paquete que compré (de Alcampo) rezaba "Ixia Rose Emperor" y al parecer no han acertado con esa denominación en ninguna de las diez plantas. De hecho, la mayoría de flores eran blancas con el centro púrpura-azulado, como la de la foto, y otras dos varas muestran flores amarillas con el centro también oscuro y que, curiosamente, se vuelven rosadas cuando ya se han cerrado. A la blanca la pillé abierta de suerte el martes, un rato que salió el sol, y desde hoy parece que ya no queda ninguna más por abrir; las amarillas no consigo verlas bien abiertas aunque sea con el sol de mediodía que ya volvemos a tener. Supongo que haré una foto "testimonial" tal cual están ahora para dejar constancia de ellas por aquí.

Incarvillea delavayi
Las Ixia son parientes cercanos de los gladiolos, de crecimiento también similar a éstos, originarias de Sudáfrica. De las plantas que suelen venderse en mezcla de colores no hay mucha información disponible, aunque lo más probable es que sean híbridos de varias especies. Como los gladiolos, poseen una roseta de hojas dispuestas en abanico, largas y afiladas, aunque en mi caso eran bastante menores que las de los gladiolos, resultando en una planta de tamaño compacto, bastante ideal para mi gusto. Las varas florales han alcanzado unos 25-30 cm. de alto, y los cormos, curiosamente, son incluso más pequeños que los de los crocus, aunque supongo que podrán crecer más, aparte de dividirse como hacen todas las plantas similares de esta familia. En principio sólo a una se le han secado las hojas, las demás siguen verdes.

Dedalera rosa claro
Pasamos a otra planta procedente de un órgano de reserva, esta vez un tubérculo similar al de las dalias aunque con un aspecto que se limita a un cilindro de color marrón, como una zanahoria o un puro: la Incarvillea delavayi. Esta planta pertenece a la familia de las bignoniáceas, familia con plantas muy variables en la que encontramos otras ornamentales populares: existen trepadoras, como las Campsis y las Bignonia, arbustivas como Podranea o incluso árboles como Catalpa y Jacaranda. La Incarvillea, curiosamente, no es nada de eso: se trata de una planta con una roseta de hojas pinnadas a ras de suelo, sin tallo, con un pedúnculo central del que cuelgan ramilletes de grandes flores rosadas, tubulares como la mayoría de especies de la familia, pero con lóbulos muy prominentes. Se asemeja más a las plantas de bulbo y cormo que a lo que estamos acostumbrados a ver en esta familia. La planta más grande que tengo, la de la foto, tuvo un problema prematuro con sus flores al doblarse por el viento y la lluvia, aunque sigue floreciendo. En total han salido dos de tres tubérculos, lo cual dentro de lo que cabe no está mal.

Cosmos bipinnatus
Entre las plantas de raíz más tierna, encontramos a pleno rendimiento a las dedaleras, de las que ya comenté su excelente progresión en esta segunda temporada de vida, en la que definitivamente la floración parece haberse vuelto tan intensa como el crecimiento, con espigas florales más o menos igual de altas que el año pasado pero al parecer más cargadas de flores. Se han abierto casi la mitad de flores en tres de estos pedúnculos y cada una de ellas tiene un tono de rosa y una forma y tamaño distintos. Hay una que destaca por lo intenso de su color, otra por el suave tono pálido y otra que, de un colorido intermedio entre las dos, presenta flores algo más pequeñas que aparecen en mayor número. Parece que el abonado les ha sentado bien, y estas lluvias no digamos.

Dedalera cargada de flores
Siguen floreciendo sin parar las cosmos descendientes de las plantas de 2012, con flores grandes que con bastante suerte parece que han resistido los episodios de vientos fuertes de este mes. Muchas flores ya han dado semillas y seguramente algunas se hayan caído o volado a otras macetas, aunque procuro desgranar las flores secas y depositar las semillas en la misma maceta. Dado que tengo una buena reserva de semillas del año pasado y de momento estas plantas van poco a poco, prefiero dejarlas en el mismo sitio para que germinen cuando se den las condiciones propicias. Además, en el contenedor tengo más cosmos procedentes tanto de estas semillas como de otras nuevas, con lo que la presencia en flor de esta planta se puede alargar bastante este año.

De manera similar, los ageratos, que este año ya no sembré intencionadamente porque me lo veía venir, empiezan a florecer por todos lados. Sitios donde, evidentemente, no fueron sembrados por mí. En el contenedor no sólo aparecieron sin que nadie les invitase, sino que ya son algunas de las plantas más grandes que allí crecen. En la maceta de los ranúnculos hay también uno a punto de abrir sus flores. La culpa de esto la tiene, aparte del montón de plantas que crecieron el año pasado como anuales, el ejemplar más grande que todavía conservo pese a su aspecto depauperado, cuyas semillas deben haber volado por toda la terraza en lo que va de año. El ejemplar está tan envejecido que su tallo se ha vuelto leñoso y he podado varias ramas que estaban totalmente secas, dejando alguna que todavía tiene flores en el extremo. Parece ser, no obstante, que sigue creciendo desde tierra un nuevo tallo, desde el que posiblemente pueda renovar la planta. Junto a éste todavía conservo otro agerato más, algo menor en tamaño pero de edad similar, también floreciendo.

Dedalera rosa intenso
Otra de las plantas que el año pasado traté de controlar, la milenrama, la cual mantengo por separado y además resembré en 2012 -cuya totalidad de plantas acabé eliminando por invasivas- parece que vuelve a asomar por donde no le llaman. En las macetas del aster y en las de los ageratos han aparecido sus hojas, donde en principio no molestan, pero es que en el contenedor, donde realicé una criba a fondo para eliminar cualquier rastro suyo, ya han aparecido dos hojitas. Por la manera en la que salen, directamente de dentro del sustrato, no creo que se trate de una planta brotada de alguna semilla, sino de un trozo de raíz perdida. Habrá que arrancarla, por triste que suene, dado que lo que hoy son dos hojitas al final del otoño puede ser una mata que cubra una cuarta parte del contenedor, quitando sitio a todas las demás plantas.

Mayo promete seguir igual de interesante, pues mientras muchas plantas jóvenes siguen creciendo y yo continúo preparando semilleros (así seguiré hasta que el verano esté demasiado cerca), algunas plantas han alcanzado ya la madurez necesaria o el estado de crecimiento adecuado para florecer. Asoman por ahí futuras flores de antirrino, cineraria marina, espuela de caballero o cebollino entre otras. Desde luego va a ser un mes muy entretenido: al fin y al cabo, de eso trata la segunda parte de la primavera, del ascenso de la mayor explosión floral del año.

jueves, 18 de abril de 2013

Dedaleras con energía

Aspecto actual (18 de abril) de las dedaleras
En marzo de 2011 adquirí en una tienda inglesa de eBay un paquetito de semillas de dedalera (Digitalis purpurea) porque quedé prendido de su belleza y quería tener alguna en mi casa. La cantidad de semillas era tremenda -son tan pequeñas que en un gramo puede haber varios miles- y sembré unas pocas en el balcón de casa, pues en aquel entonces ni siquiera había trasladado las plantas a la terraza. Salieron varias que crecieron en macetas pequeñas hasta que las trasplanté en agosto o septiembre de ese año en una maceta de unos 80 cm. de largo. El trasplante fue algo delicado porque las raíces, aún siendo plantas de un tamaño ya aceptable, eran finas como pelos. Aún así, fue un éxito y no hubo ninguna baja y, con lo que vamos a ver, desde luego las plantas prosiguieron su vida perfectamente.

Flores en mayo de 2012
Las plantas alcanzaron el tamaño óptimo y la primavera pasada, en mayo, comenzaron a florecer. Las espigas no fueron especialmente densas pero las plantas cumplieron su cometido, mostrando sus bellas flores tubulares que se secaron y dieron miles de semillas. Miles... que fueron a parar al suelo cuando, en un descuido mientras seguía recolectando las cápsulas secas en un botecito, le di un golpe sin querer a éste. Aunque perdí un buen montón, no hubo nada que lamentar puesto que con lo que quedó en los recovecos del fondo del bote y lo que quedaba dentro de las cápsulas había todavía como para plantar 50 macetas como la mía. Además, aún me quedan de las semillas "originales", que no sé hasta cuándo serán viables.

Ahora empieza lo bueno. Daba por sentado que las plantas eran bienales, así que, a pesar de su ya larga vida (nacidas al inicio de una temporada y floreciendo en la siguiente), acabarían secas a partir de junio. La sorpresa vino al comprobar que, después de secarse la última flor, asomaban brotes nuevos en el centro de las plantas. Una de ellas, que no había florecido, presentaba un aspecto fresco e inmaculado. Quizá, después de todo, se trataba de plantas perennes...

Aspecto el 22 de agosto de 2012
Fui haciendo alguna foto global tiempo después que, mirad por dónde, me han valido para dar forma a esta entrada. En agosto las plantas tenían su mitad vieja arrugada, seca y decaída y su mitad nueva emergiendo. Para el otoño, corté totalmente los restos de las varas florales y seguí cuidando como siempre a las plantas, que se beneficiaron como es lógico con las lluvias que suelen acompañar esa estación.

A partir de enero-febrero apliqué algo de abono granulado (12+12+17+2) y continué con los riegos periódicos para ir diluyendo éste. Ha ido llegando la época del calor y, como suele pasar, no me he ido fijando en cómo han crecido las plantas, pero en las fotos se puede apreciar perfectamente. Sólo recuerdo que cuando eché el abono, iba depositándolo desde arriba y los gránulos llegaban a la tierra por los huecos entre hojas; actualmente no puedo ver la tierra por ningún hueco y debo levantar hojas para introducir la regadera. Aparte de esto, solamente procuro empapar bien la poca tierra que contiene la maceta (al parecer, suficiente para albergar a estas plantas) para evitar que se vengan abajo entre riegos, cosa que ocurre si no calculamos bien el calor y viento seco que pueda hacer.

Aspecto el 7 de octubre de 2012
Dado que son plantas de climas algo más frescos y viven en orlas y márgenes de bosques, las mantengo a semisombra en el rincón trasero de la terraza, aunque reciben algo más de sol que las plantas que tengo a mayor resguardo. Creía que el calor resultaría ser un hándicap mayor, pero ni siquiera en la parte más calurosa del verano las plantas se presentaron especialmente estropeadas o decaídas. Además, su floración tampoco parece adelantarse demasiado, pues mayo es una fecha bastante tardía para según qué plantas más delicadas, si bien el año pasado para finales de junio no quedaba ni una flor. Entiendo que en el país de origen de las semillas (Reino Unido) las plantas deben florecer sobre julio o agosto. De hecho, prácticamente todas las vivaces y anuales que aquí florecen en marzo-junio allí lo hacen durante el verano, equiparable en temperaturas a nuestra primavera.

No sé si ha sido totalmente responsabilidad del abono o simplemente las plantas venían con fuerza, pero el crecimiento ha sido notable y esta temporada, con dos años de calendario cumplidos desde que fueron sembradas, ya asoman de nuevo las varas florales. De momento son cinco, aunque podrán ser más dado el número de plantas (sinceramente, no sé exactamente cuántas hay, seguramente entre 7 y 10) y la expectación está asegurada, pues podrían ser más altas y densas que las del año pasado. Sea como fuere, seguro que el resultado es espectacular.