Mostrando entradas con la etiqueta Perennes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Perennes. Mostrar todas las entradas

viernes, 17 de marzo de 2017

Echium candicans, el orgullo de Madeira

Espiga de flores de Echium candicans
La paciencia es una virtud que viene bien al jardinero, pero he de reconocer que en los últimos años encuentro más satisfactorio el cultivo de especies o bien anuales o bien perennes capaces de florecer tan rápido como éstas -indiferentemente si hablamos de semillas para sembrar o bulbos, rizomas o esquejes para plantar directamente. Preparar el sitio, el orden y la planificación puede ser algo complejo, pero los resultados se dejan ver tan pronto que a partir de épocas como la actual, en plena transición a la primavera, uno ya ha olvidado los montones de semilleros, los movimientos de macetas de sombra a sol, la protección de las plántulas y todos los quehaceres que permiten que cada año, entre febrero y junio, las plantas luzcan con las mejores de sus galas. Y con ello, se consigue también la experiencia para hacerlo cada vez mejor. Sin embargo, la especie que protagoniza esta entrada es todo lo contrario a esto, ya que su historia se ha prolongado tres años hasta llegar al colofón final, esto es, la producción de flores, con lo cual prácticamente ha estado en segundo plano recibiendo los cuidados necesarios y poniendo en duda si había acertado con ella.


Espigas de flores
Echium candicans (sinónimo de Echium fastuosum), conocida comúnmente como orgullo de Madeira, es una de esas especies de Echium propias de la Macaronesia que destacan por su desarrollo enorme, a diferencia de las hierbas de roseta basal que tenemos en la costa mediterránea. Con espacio de sobra puede convertirse en una planta que ocupa casi dos metros de alto y otros tantos de ancho, pero en una maceta de 30 cm. de profundidad, como en mi caso, la planta es prácticamente una miniatura de ello; no obstante, sigue siendo una planta grande y muy llamativa. Llegó a la terraza en forma de semillas y en principio barajé varias opciones para ello, ya que había visto en otros blogs cómo mucha gente cultivaba estos grandes Echium en maceta. Podría haberme decantado por el espectacular Echium wildpretii, que crece en una única y alta columna de flores rojas, o el similar Echium pininana, todavía más alto y con flores moradas. Me quedé con el candicans por su crecimiento ramificado que produce múltiples espigas de flores azuladas a modo de candelabros. La idea, sin embargo, tardó unos años en confirmarse como una buena elección.

Sembré las semillas en junio de 2014, ya que en principio al ser una perenne que necesita ganar tamaño no importaba ajustarse al calendario que suelo utilizar para casi todo, esto es, la siembra otoñal. No fue mal y las plantas germinaron, crecieron y para el otoño próximo ya las estaba colocando en su maceta definitiva, donde al parecer sólo quedó una planta. Teniendo en cuenta que es una planta tolerante a la sequedad y no contaba con más sustrato universal en ese momento, simplemente utilicé tierra arcillosa de la que solía emplear cuando sembraba las anuales de la familia Martyniaceae. Lo cierto es que la planta no va mal en este sustrato, pero tiene el inconveniente de que cuando se seca demasiado (en épocas de calor o viento de poniente), la planta queda con las hojas colgando. Sin embargo esto nunca ha significado un problema ya que basta con regar para que la recuperación sea inmediata; sorprendentemente, no acusa el exceso de riego y pasa perfectamente los días de lluvias prolongadas con el plato lleno de agua. Otro problema es que la maceta pesa demasiado, pero es tarde para cambiarlo. De hecho, viendo que pasaban los años y la planta no florecía, estuve cerca de intentar sacar el cepellón de tierra, quitar todo lo posible sin dañar las raíces y rellenar con un sustrato más ligero, todo ello a riesgo de que la planta no tolerase el trasplante. Finalmente, la aparición de montones de botones florales al empezar el invierno hizo que desistiese.

Vista general de la planta en flor
Con la planta ya bien desarrollada -prácticamente sin cambios desde finales de 2015- en cada uno de los extremos de los tallos empezaron a adivinarse las futuras espigas. Aguantaron sin problemas el granizo caído a mediados de enero y al fin, a principios de marzo, empezaron a abrirse rápidamente. El tono azulado de las flores tarda un poco en aparecer, ya que al principio son de color violeta como ocurre con nuestros Echium herbáceos. Como era de esperar, todas las abejas presentes en esta época se han acercado a tomar alimento de ellas. En estos momentos faltan ya bastantes flores, pero no consigo discernir si las estructuras que aparecen entre ellas son las cápsulas de semillas en formación o nuevos botones florales que irán llenando los huecos que quedan. Desconozco también si la planta durará mucho tiempo, ya que suelo encontrar la información de que es una perenne de vida corta. Supongo que siendo la primera vez que florece será capaz de repetir al menos a la temporada que viene.

La floración del orgullo de Maderia es pues un premio digno a la espera y constancia puesta en ella durante estos tres años, y un añadido excepcional al conjunto de flores espectaculares y llamativas para los insectos que pueblan la terraza. Podría haber tenido compañía, ya que durante 2016 tuve también unos Echium vulgare que, desgraciadamente, se pudrieron con las primeras lluvias de otoño y, visto lo visto, si no lo hubieran hecho entonces los hubiera perdido después con los continuos temporales. Sin embargo, no desisto en mi empeño de traer más especies de este género, aunque sea a base de recolectar semillas de los abundantes Echium creticum ssp. coyncianum que pueblan esta región.

sábado, 23 de julio de 2016

Helenium autumnale, calidez veraniega

Helenium autumnale, predominantemente roja
Que una planta elija pleno verano para ponerse a florecer y que además resista bien esas condiciones es algo muy a tener en cuenta. Si además es bonita y hasta útil, entonces su valor se multiplica. Hablamos de Helenium autumnale, una asterácea de llamativas cabezuelas abultadas que en plena mitad de este mes de julio ha estallado en floración.

Esta especie es originaria del sur de los Estados Unidos y bastante conocida en jardinería, existiendo diversos cultivares. Mis ejemplares llevan sólo tres meses en la terraza, pero por lo observado hasta ahora se trata de unas vivaces con una capacidad de desarrollo y vigor notables, pues han crecido a un ritmo vertiginoso y han alcanzado la floración plena en este breve periodo de tiempo.

Amarillo y rojo
Hacía tiempo que le había echado el ojo a esta especie, aunque en las tiendas de semillas. Por un motivo u otro, quizá la impaciencia de tener que esperar un tiempo indefinido para verlas en flor tras sembrarlas, nunca di el paso de adquirirlas. En abril, la cadena de supermercados ALDI, que el año pasado cerró sus tiendas en Sueca y Cullera y sólo me deja cerca las de Alzira y Algemesí, trajo una colección de plantas perennes con diversas especies interesantes, entre las que también se encontraba la Lychnis alpina que ya apareció en el blog meses atrás. La verdad es que faltó poco para no conseguir ninguna de estas plantas, pues no hubiera esperado que trajesen plantas interesantes en plena primavera después de que dejasen de traer la colección de vivaces, muy similar a esta, que traían todos los otoños; ni siquiera estaba al tanto de las ofertas y me enteré porque me avisaron otros compañeros aficionados a las plantas. En resumen, que justo cuando dejo de tener a mano estas tiendas traen cosas interesantes y poco faltó para no llegar a tiempo, pues en la primera tienda ya no quedaba ni una planta.

De dos tonos
Las Helenium, que en aquel momento desconocía si había uno o varios ejemplares, venían como las demás plantas en su maceta de 8 cm. de diámetro, lo que da una idea de su pequeño tamaño, aunque en su caso concreto las raíces estaban ya apretadísimas en tan pequeño recipiente. Tan pronto como las pasé a una maceta mayor el crecimiento se fue haciendo patente, llegando pronto a tener un tamaño acorde con el del tiesto. Para cuando se han abierto las flores, las plantas miden algo más de medio metro de alto. No las he movido del sitio desde que llegaron a casa, la pared al lado de la puerta de la terraza en la que el sol da durante buena parte de la mañana, aunque es el primer sitio de esta parte delantera en quedar a la sombra cuando el edificio de atrás hace de parasol.

Grupo de plantas
Como siempre hago al traer una planta nueva, lo primero que miré fueron sus cuidados por si había alguna característica a tener en cuenta. Por su procedencia y aspecto hubiera dado por hecho que las Helenium son de esas compuestas resistentes al calor y los suelos secos, como las Rudbeckia, Ratibida, Echinacea o Gaillardia. No es del todo así: el calor y el sol no es problema para ellas, pero el agua no debe escatimarse. Prefiere un suelo con humedad y durante los días más cálidos que ha habido mientras desarrollaba las flores no era raro ver las hojas caídas, que se recuperaban pronto nada más recibir su correspondiente riego.

En cuanto a su valor, tan pronto como se han juntado varias de sus cabezuelas, con discos florales casi esféricos y lígulas rectas que forman un disco alrededor de ellas, las abejas Megachile han aumentado sus visitas a la terraza notablemente. Desde finales de junio y tras la desaparición de las compuestas de flores amarillas, su presencia había pasado de ser regular a testimonial, multiplicándose exponencialmente con la floración de las Helenium. De esto hablaré en otra entrada; mientras tanto, queda el disfrutar de esta efectiva y llamativa compuesta que se ha ganado un puesto de honor en la terraza en su todavía breve estancia.

miércoles, 15 de julio de 2015

Pentas lanceolata, un oasis de flores

Pentas lanceolata
Parece mentira lo difícil que puede llegar a ser encontrar plantas perennes que se adapten a las condiciones de la terraza. Quitando especies con una particular resistencia, como los cactus, crasas y algunas rizomatosas, la mayoría de perennes y vivaces herbáceas acaban de mala manera casi siempre debido a los problemas que genera el acúmulo de calor y humedad en las macetas de plástico. La especie que protagoniza esta entrada, aunque muy cerca todavía de su llegada a la terraza, parte con la premisa de ser una herbácea con buena predisposición a prosperar en el ambiente cálido del verano mediterráneo.

Distintos grupos de flores
Pentas lanceolata es una rubiácea que se encuentra de manera natural en diversas regiones del noreste de África y la península arábiga. En español se la conoce simplemente como penta o pentas, y en inglés tiene el pomposo nombre de egyptian starcluster ("racimo de estrellas egipcio") en referencia a sus agrupaciones de flores en forma de estrella de cinco puntas. Se trata de una planta muy común en los viveros y no resulta difícil encontrarla en distintos tonos de rojo, rosado o blanco. Yo la encontré en una tienda cercana a casa donde ya las venía viendo a la venta desde hace dos años cerca del verano, aunque no le presté mucha atención hasta que me informé de sus peculiaridades.

Una auténtica bola de flores
El ejemplar que traje a casa tiene un buen tamaño -alrededor de 30 cm. de altura- y me costó un euro y medio. Era el único que quedaba en la tienda y tenía las flores de un color rosa intenso. No me hubiera importado tampoco que fuese de flores rojas, aunque con uno de flores blancas seguramente no me hubiese animado. Tan pronto como lo llevé a casa lo puse a pleno sol con un chorro de agua sobre el sustrato, algo compactado. Traía bastantes flores todavía a punto de abrirse, así que me esperé a la siguiente visita con la idea de encontrarme la planta en pleno apogeo. Tras dos días lo que me encontré fue la maceta tirada en el suelo por culpa del viento y la tierra sequísima, pero con la planta en buen estado aparente. Sin quererlo, pude poner a prueba su resistencia al calor y falta de humedad puntual sobre la que había leído previamente: la planta se recuperó en apenas veinte minutos tras recibir un "riego de emergencia", pasándola a semisombra y dejándole puesto debajo de la maceta un platito. A la tercera visita la planta ya estaba tan bonita como se aprecia en las fotos, con decenas de flores apiñadas.

Anthidium florentinum libando
La planta resiste perfectamente el calor a pleno sol de estos días. Tiene hojas grandes, ovado-lanceoladas, que crecen apuntando hacia abajo, y son buen indicador de si nos estamos quedando cortos con el riego. Hasta ahora no he visto a la planta pasar sed de nuevo y ya me decidí, tras una semana, a pasarla a una maceta más grande y volver a colocarla a pleno sol, aún con un recipiente debajo para que no pierda demasiada agua en estos días en los que un endurecimiento de las condiciones meteorológicas -como posibles vientos cálidos y secos- podría resultar grave. Seguramente en otoño e invierno su mantenimiento sea a la inversa, esto es, dejar que drene totalmente y no regar hasta que no sea estrictamente necesario. Es una planta de climas cálidos pero confío en que consiga sobrevivir al suave invierno de Cullera.

Permaneciendo cerca de la planta
El segundo motivo por el que me interesaba la planta es que sus llamativas aglomeraciones de flores tienen fama de ser un reclamo estupendo para las mariposas. Quien dice mariposas, dice cualquier insecto que se dedique a libar el néctar de las flores. A pesar de no tener olor alguno, cosa que no necesariamente influye en la atracción de polinizadores, parecen ser irresistibles para abejas y moscas. Mariposas ya de por sí se ven pocas en la terraza, y en verano mucho menos, pero ha sido exponerla de nuevo al sol y de repente han vuelto especies como la Anthidium florentinum de las fotos, que se negaba a abandonar la planta durante la tarde en que hice las fotos; también las abejas de la miel, que desde que las anuales se marchitaron prácticamente habían desaparecido, han visto su curiosidad movida por sus flores estrelladas. Lo mismo ha ocurrido con otras especies más pequeñas de abejas y avispas.

Manteniendo el perímetro
El tiempo dirá si la decusión de probar con la Pentas lanceolata ha sido un acierto o no. De momento cumple con lo esperado, pero si finalmente resulta ser una especie duradera, florífera y tan atractiva para los insectos como las agrupaciones de anuales de principios de primavera, entonces habrá valido totalmente la pena. No fue la única adquisición aquel día, pues también me llevé, con exactamente las mismas intenciones, una pequeña planta florecida de Lavandula angustifolia, la cual a pesar de ser una especie reconocida por su resistencia a la sequía no parece estar funcionando tan bien como su vecina, seguramente por encontrarse todavía demasiado tierna tras la salida del vivero donde la debieron producir. Así pues, aprovechando el amplio espectro de luz solar que ofrece el verano, quizá haya que enviarla al rincón trasero para que se adapte bien a su nuevo entorno y consiga formar en un futuro un dúo de matas floríferas junto a la Pentas.

domingo, 29 de junio de 2014

Dos nuevas margaritas amarillas

Dimorphotheca sinuata
Ya van quedando menos especies nuevas que ver florecer en lo que resta de temporada, la cual podríamos considerar finalizada al término del verano si tenemos en cuenta que es con la llegada del otoño cuando la mayoría de plantas se siembran -en el caso de las anuales y demás herbáceas- o se entierran -en el caso de bulbos o rizomas- y la mayoría de plantas anuales ya han muerto, mientras que las perennes y vivaces se van recuperando del verano para reponer energías o aprovechar el buen tiempo para volver a florecer. En el caso de las plantas de hoy tenemos una de cada, ambas compuestas, las cuales llegaron a casa mediada la temporada, una en forma de raíces y la otra de semillas, y ha dado la casualidad que han florecido al mismo tiempo.

La Heliopsis helianthoides var. scabra es una pariente muy cercana de la zinnia, aunque quizá nos recuerde más a un girasol, los cuales, al fin y al cabo, pertenecen a la misma tribu taxonómica: de hecho, uno de los nombres vernáculos en su Norteamérica de origen es "falso girasol". En cambio, encontramos en sus hojas opuestas mayor parecido con las populares zinnias. Los capítulos son de tipo semidoble, aunque no tan recargados como en las zinnias de tipo flor de dalia. Sin embargo, existen multitud de cultivares y esto es muy variable. La altura, como casi siempre me ocurre, ha resultado ser menor a lo esperado, pues pueden superar el metro y a mí se me han quedado en unos 20-25 cm.

Esta especie la obtuve de aquella colección de plantas vivaces de LIDL. Recuerdo que hace varios años, en 2011, la vi entre dicha colección y no me llamó demasiado la atención. Pensaba que la memoria me había traicionado porque varios años después la especie no venía junto al resto de plantas en esa oferta; el motivo lo desconozco, pero el caso es que este año la encontré de nuevo y mi afición por esta familia de plantas me incitó a probar. Siempre se agradece una planta de este tipo que sea perenne, aunque desconozco si será de las que mantienen hojas todo el año o perderá la parte aérea en invierno. Sus cuidados no me han dado demasiados problemas, si bien durante un tiempo parecían tener dificultades con el crecimiento, pero mejoraron apartándolas temporalmente a una zona con menos sol. Actualmente, aunque han comenzado a florecer, su aspecto empieza a lucir de nuevo estropeado. Espero que se deba simplemente al verano y posteriormente puedan mejorar; el hecho de que hayan llegado a la floración se puede considerar un logro.

Heliopsis helianthoides var. scabra
La segunda especie es originaria del veldt sudafricano: la Dimorphotheca sinuata. Esta la obtuve de semilla, procedente de una mezcla de flores también del mismo supermercado mencionado anteriormente. Las semillas se distinguen con facilidad por su aspecto de aquenio cónico de color claro (similar en cierto modo a los de Callistephus chinensis) rodeado por un ala redonda que parece ser un envoltorio. Nada que revelar en especial sobre su siembra, simplemente germiné en casa una semilla en un envase hermético con papel de cocina humedecido y la pasé a tierra cuando asomó la raíz, y en estos dos meses ha llegado al tamaño de floración sin más dificultad.

Se trata de una planta bastante parecida a Osteospermum, cuyas plantas todavía se conocen como Dimorphotheca aunque la realidad es que este género se reserva para las especies anuales y aquél para las perennes. La planta crece postrada, y tanto ir y venir con el viento y la humedad han hecho que al final parezca una especie rastrera o colgante, pues las flores van a ir abriéndose suspendidas en un lateral de la maceta. Las hojas muestran el porqué de su nombre, con los bordes ondulados, sinuosos; las flores recuerdan bastante a las de Osteospermum aunque quizá por su colorido encontremos reminiscencias con Gazania. Ciertamente, con esta última no tendrían nada que ver pues su parentesco está más cercano a las caléndulas, mientras que las gazanias son parientes de las achicorias y dientes de león. A mí me ha salido un ejemplar de flores amarillas, pero también pueden ser anaranjadas, color crema o blancas. Todas tienen en común una banda irisada de color oscuro que rodea el disco central.

El color amarillo es bastante frecuente en las compuestas, aunque he ido descuidándolo puesto que casi todas las especies que me llaman la atención son azuladas, rojas o anaranjadas; es cierto que ahora mismo tengo también una Dahlia Mignon amarilla, pero el color fue cosa del azar; también una nueva Bidens ferulifolia, que ha surgido sin sembrarla -después de las dificultades que dieron las sembradas intencionadamente- y que vuelve a aparecer enanizada como la anterior que tuve. No entiendo cómo es que no consiguen alcanzar la talla del ejemplar original, que llenaba del todo una maceta de unos 15 cm. de anchura.

En un futuro espero que sean más las especies de margaritas amarillas en la terraza, pues dispongo de momento de semillas de dos especies más con este color. También me gustaría expandir estas Dimorphotheca, ya que parecen buenas plantas para una composición de plantas floríferas con algo más de mata, si bien quizá pruebe a poner alguna en el contenedor. Por lo que veo en la maceta donde la tengo, la planta no es demasiado grande y si hubiera crecido en vertical sobre su posición formaría una pequeña mata no más densa que la de una Tagetes, por ejemplo. Será uno de tantos "experimentos" de cara a la potencialmente emocionante próxima temporada.

sábado, 28 de junio de 2014

Salvia coccinea, una pincelada de escarlata

Salvia coccinea
En una entrada reciente señalaba que las lamiáceas estaban teniendo este año su "boom" particular. Durante el año pasado las protagonistas principales fueron las compuestas, que este año son todavía más incluso, pero al margen siempre tuve en cuenta aumentar la presencia de miembros de familias con tanta variedad y belleza como las mencionadas Lamiaceae, así como Ranunculaceae, Fabaceae y Brassicaceae, entre otras. Este año, con la protagonista de la entrada, son 7 las especies de labiadas que han florecido ya. Son pocas comparadas con las asteráceas, pero más del doble que el año pasado, que sólo fueron tres. Todavía me quedan dos especies que no han florecido -trés más bien, porque este año la hierbabuena no ha crecido correctamente- y quizá todavía lleguen a hacerlo este año.

A la Salvia coccinea la elegí por un motivo bien evidente: su explosivo color rojo. El motivo secundario habría que explicarlo más detalladamente. Hay otra salvia de color rojo, más popular todavía si cabe: la Salvia splendens. Sin embargo, me parece la menos atractiva de todas las salvias por su porte: un "repollo" de hojas anchas abajo y una espiga corta con flores apelotonadas que además tienen un aspecto que recuerda poco no ya a una salvia, sino a cualquier planta de la misma familia. La Salvia coccinea tiene un porte más agradable para mi gusto, similar al resto de salvias ornamentales, y las semillas las encontré sin dificultad e igual de sencillas han sido para germinar, cosa que hicieron allá por febrero.

Vista de la planta
Esta especie, llamada salvia colibrí o scarlet sage (salvia escarlata) en Estados Unidos es originaria de México, si bien lleva tiempo extendida en un área que abarca del sur de los E.E.U.U hasta Brasil. Es perenne como casi todas las salvias y por su distribución, se entiende que es una planta propia de climas tropicales y subtropicales. Nada que preocupe, en principio, respecto a su éxito en Cullera, donde los inviernos son muy suaves y a veces incluso demasiado poco fríos, como este último que hemos tenido. Confío en que la planta pasará bien el próximo invierno, como su vecina la Cobaea scandens; al igual que ésta, dado que quiero sembrar más salvias para poner en el contenedor, sería bueno comprobar si las plantas ya crecidas en otoño pasan bien el invierno. De hecho, técnicamente este ejemplar que tengo lo sembré aún en invierno y aquí está. Las semillas germinan con facilidad en un envase hermético con papel de cocina húmedo, calor y algo de luz.

Quizá mi planta no sea el mejor ejemplo para mostrar el tamaño que alcanzan. La especie puede estar en unos 60-75 cm. de alto y a veces superar el metro, pero mi planta necesitará trasplante dentro de unos meses, porque apenas ha llegado a 20 cm. en esa pequeña maceta. El tono amarillento de las hojas también parece indicar que le están faltando algunos nutrientes. También sufrieron un ataque de los gorriones, que picotearon el ápice de los tallos aunque no se ensañaron demasiado esta vez.

Sin duda lo más especial de la planta son sus flores. Crecen grácilmente en espigas y tienen una forma tubular, con la parte inferior, el labio, dividida en dos mitades en forma de alas de mariposa; la parte superior, galeada, es breve y está sobrepasada por los dos largos estambres que tienen el mismo tono escalata de la corola.

Tenemos pues otra de esas plantas sencillas de cuidar que cuando comprobamos lo fácil que fue sacarla adelante desde semilla, hay cierto arrepentimiento de no haber puesto más y tomamos nota para que a la próxima temporada sean más. Mi idea es esa, y sobre todo poder acompañarla de plantas de otros colores donde su explosivo tono rojo todavía resulte más rompedor.

martes, 10 de junio de 2014

Repetir para mejorar

Iberis amara 'Empress White'
Una particularidad del lugar donde cultivo las plantas es que no las tengo nada más salir de casa, como suele ser común para mucha gente, que tiene su vivienda con jardín, terraza o balcón y sólo tiene que asomarse para ver qué tal van las plantas. Yo las tengo a unos 8 km. y las visito cada dos días siempre que sea posible. Antes solía dejar pasar más tiempo y los resultados eran los que eran.

Todo esto lo digo porque muchas veces cuando voy a atenderlas es el único momento que tengo para fotografiarlas, y las plantas obviamente cambian de un día para otro, y no digamos cada dos. Desde flores que sólo duran un día, como las Commelina o las Tigridia, hasta flores que sufren algún problema y me quedo sin esa fotografía ideal hasta que vuelvan a florecer; a veces, simplemente, el viento hace imposible cualquier foto: al próximo día, la flor ya no está en las mismas condiciones. Me ha pasado todas las veces con las Amberboa moschata, que tienen una duración demasiado efímera. No he conseguido sacar una foto que haga realmente justicia a la belleza de la planta en su momento álgido.

Eryngium planum
Por eso, en esta entrada de breve contenido, repetiré con imágenes mejoradas de plantas que han estado floreciendo estas últimas semanas y que fotografié y publiqué en el blog tan pronto como dispuse de las fotos, hace relativamente poco. Algunas son simplemente fotos desde otro ángulo, como la del Eryngium planum, que poco ha cambiado desde hace una semana aunque hoy he descubierto que la segunda planta también está sacando un tallo con flores.

Hay diferencias de unas plantas a otras. Por ejemplo, mientras que la Viola cornuta lo único que ha hecho ha sido estirar su pedúnculo y quedar la flor más expuesta y grácil, la Veronica longifolia 'Blauriesin' destaca por haber conseguido que una de sus espigas tenga más de la mitad de su longitud cubierta de flores en buen estado. Hasta ahora, sólo la parte inferior de las espigas permanecía unos días inmaculada, afeándose conforme las flores de la mitad superior comienzan a abrirse.

Viola cornuta
Debido a que este fenómeno acaecido en la Veronica suele ocurrir a menudo, con la Iberis amara 'Empress White' tomé precauciones e hice la foto tan pronto como hubo varias flores abiertas, pensando que para cuando estuviera casi toda la umbela completa, las de abajo estarían totalmente deterioradas. Para mi sorpresa no ha sido del todo así, y la planta cada vez tiene un conjunto de flores más voluminoso en el que apenas se marchitan unas pocas de la parte inferior, con lo cual el aspecto es bastante distinto y más bonito al de hace diez días. Ahora parece que ya sólo quedan dos "líneas" de flores por abrirse, las de la parte más central. Con ello, esta especie anual logra marcar la diferencia con mi otra Iberis de flores blancas, la sempervirens, a la que supera en cantidad de flores por umbela. A las Iberis umbellata, por desgracia, no las he conseguido hacer crecer esta temporada.

Veronica longifolia 'Blauriesin'
Hoy mismo también he descubierto que ha comenzado a florecer una segunda Tigridia pavonia, con flores rojas, aunque he encontrado su primera flor ya marchita y la segunda parece que no iba a abrirse hoy, puede que quizá mañana, cuando no estaré. Espero que dentro de dos días haya otra y pueda disfrutarla. Posiblemente tampoco sea la única flor nueva que habrá ese día, pues hay más especies comenzando a florecer que para dentro de dos días estarán en su momento óptimo. Una de ellas es la Echinacea purpurea, que este año ha florecido antes. Casi lo mismo pasará, aunque parece que a esta le queden más dias, con su muy similar pariente la Rudbeckia hirta, siendo ya de las últimas especies nuevas que quedan por florecer esta temporada en el contenedor de las anuales.

Vista superior de Iberis amara
Siempre habrá flores que me dejen con las ganas de fotografiarlas. Por ejemplo, antes se han lanzado a perder las Ismelia carinata de color rojo-amarillo que he conseguido encontrar una flor que valiera la pena fotografiar; más desesperante fue el caso del Ferocactus herrerae, que justo vino a florecer por primera vez en su larga estancia en la terraza la semana con más tormentas de todo 2013, a finales de agosto. Este año podría repetir perfectamente, pues su aspecto sigue mejorando y ya se observan los "ojuelos" desde donde saldrán las flores. Aunque, todo sea dicho, creo que tengo más ganas de que se repita una tormenta así que de ver florecer al cactus que, de un modo u otro, siempre puedo resguardar si se diera el caso.

lunes, 12 de mayo de 2014

Isotoma axillaris, la estrella australiana

Isotoma axillaris
De vez en cuando es agradable descubrir pequeñas plantas que, sin mucho esfuerzo, pueden sacarse adelante y alegrar nuestras composiciones florales de manera espectacular. Es el caso de la peculiar planta que protagoniza esta entrada, sencillísima desde semilla y fácil de cuidar.

Isotoma axillaris es una pariente de las lobelias, y como tal forma parte de la subfamilia Lobelioideae dentro de las campanuláceas. Como se especifica en el título, procede de Australia oriental. Aún es ocasionalmente conocida por sus sinónimos Laurentia o Solenopsis, mientras que su nombre vernáculo es "blue star creeper", esto es, "estrella azul rastrera". Esto hace referencia al evidente aspecto estrellado de sus flores, aunque lo de "azul" es un poco subjetivo.

Forma clásica estrellada
Se trata de una pequeña planta rastrera y perenne, no leñosa, que tiene su hábitat original en roquedos y suelos secos. Es moderadamente resistente a la sequía y en invierno gasté poca agua con ella, porque los riegos continuados empiezan a ponerla amarilla. Sin embargo y debido a que la cultivo en una maceta no demasiado grande y un sustrato muy drenante, cuando empezó a apretar el calor ya tuve que comenzar a tratarla como a cualquier otra herbácea.

Obtuve la planta en forma de semillas en un intercambio. También se reproduce con facilidad por esquejes, pero la siembre es tan sencilla y exitosa que este método es plenamente satisfactorio. Las semillas son muy pequeñas, como las de sus parientes las lobelias, y crecieron bastante despacio durante sus primeros pasos, aunque teniendo en cuenta que las sembré a principios de noviembre quizá no fue más que una consecuencia de las temperaturas e insolación menos intensas de esos días.

Azulada y recurvada
Finalmente, y aunque sus rosetas de hojas todavía son bastante pequeñas, entre finales de abril y principios de este mes comenzaron a sucederse las floraciones. Las flores tienen un llamativo aspecto estrellado, con una colora fusionada en un largo tubo y rematada por cinco lóbulos estrechos y puntiagudos que, si bien tienen una tonalidad azulada, realmente son de un tono casi lila y en ocasiones pueden salir rosadas, como se ve en las fotos, o prácticamente blancas. Además, aunque su aspecto típico tiene una simetría radial más patente, hay flores que aparecen con los pétalos recurvados en distintas posiciones. Esto no se debe a que todavía estén desplegándose pues muchas de ellas tienen ya un par de semanas y permanecen en este estado.

En el centro hay una mancha amarilla y una estructura en forma de pico curvo que contiene los estambres y que ya había visto antes en la terraza: es idéntica a la de las flores de la Lobelia siphilitica. Las de la Isotoma son más grandes, pues tienen un diámetro aproximado de unos 3 cm. Todavía no sé cómo serán los frutos y si resultará fácil pillarlos a tiempo antes de que esparzan sus semillas, las cuales quiero guardar para seguir sembrando esta planta que parece ideal para cualquier maceta baja o como acompañante que cubra huecos: creo que gracias a su tolerancia a la baja humedad, podría combinarla incluso con bulbosas.
Rosada y  más recurvada

El aspecto general de la planta también es de los que más me llaman la atención. Las hojas se disponen en rosetas rastreras, las cuales se pueden propagar por estolones aunque mis plantas no lo han hecho todavía por ser quizá muy jóvenes aún; las hojas son lanceoladas y con los bordes ampliamente dentados. Cada roseta ocupa poco sitio y sólo se hace expansiva a base de la propagación vegetativa, pues las hojas son muy pequeñas. Las flores se disponen sobre largos pedúnculos y parece que cada vez hay más y más que permanecen abiertas durante algunas semanas -todavía no he visto secarse ninguna en estos 10 días.

En resumen, una de esas plantas tan sencillas y a la vez tan bonitas que mis deseos de propagarla y expandirla por todos los rincones donde sea posible son bien firmes.

domingo, 11 de mayo de 2014

Alcea rosea, el estandarte de las malvas

Alcea rosea
Es bastante complicado mantener plantas grandes en macetas al sol si éstas no son de una capacidad generosa. Por motivos de ahorro en peso -para aliviar la estructura- y, por qué no, en sustrato, las macetas más grandes que debo tener en la terraza son de unos 15-20 litros a lo sumo. Las plantas grandes pueden crecer bien y no presentan problemas cuando son pequeñas, pero en cuanto enraízan al máximo empiezan a sufrir a poco que la tierra pierda humedad. Sin embargo, eso no impide que de vez en cuando plante girasoles o las plantas de las que hablo en esta entrada.

La malvarrosa (Alcea rosea) es una malvácea de gran tamaño y origen dudoso dado que, si bien se conoce que fue importada desde China hace varios siglos, no está del todo claro que la planta sea originaria de este país; otros indicios apuntan a la zona turco-caucásica o al subcontinente indio. Debido a que nunca se han podido situar las supuestas poblaciones silvestres en Asia, podría tratarse incluso de un híbrido de origen cultivado. El nombre de "malva real" también se usa en castellano, pero puede causar confusión debido a que también se le da a un pariente suyo, la Lavatera trimestris. Y para aportar más curiosidades todavía, decir que en el cono sur de Sudamérica, si preguntamos por una malvarrosa estaríamos hablando de un geranio del género Pelargonium.

De color rosa claro
Sea como fuere, se trata de una planta similar en muchos aspectos a las malvas más comunes, con grandes hojas redondeadas poco lobuladas en la base y algo más hendidas en la parte superior, donde aparecen palmeadas. La estructura de la planta es distinta a la de las malvas más típicas de nuestros campos como Malva sylvestris o Lavatera cretica, con una gran roseta de hojas en la base y un tallo central que se va espigando, recorrido de hojas más pequeñas y coronado por una columna de flores grandes con el clásico aspecto de las malvas. Dicha columna puede crecer hasta alcanzar unos nada desdeñables tres metros.

La planta, técnicamente, es una bienal o perenne de vida corta, aunque en mi caso he encontrado que su crecimiento es muy rápido. Sembré las semillas en septiembre, una pregerminada -no fue demasiado rápida en germinar por el método del envase hermético con papel de cocina húmedo- y dos directas al suelo, que apenas tardaron unos días más en brotar, igualándose las tres en poco tiempo. Al principio casi no había que regarlas, pues parece que mientras le sobre la tierra no tiene problemas en optimizar sus necesidades hídricas. Fue cuando empezaron a alcanzar un tamaño notable cuando vinieron los problemas, trabas que ya conocía al cultivar girasoles: si falta el agua más de la cuenta, las plantas se mustian y el riego se vuelve urgente, antes de que las hojas comiencen a debilitarse y caer.

Rosado intenso
Dado que el invierno fue poco frío y muy seco, no pude tomarme un respiro en lo que a riegos respecta ni un sólo momento. Hay que echarles unos dos litros de agua cada vez que voy, pues también tuve la idea de elegir un sustrato muy suelto que apenas retiene la humedad. Llegaron a tener problemas también con una plaga, unas orugas gruesas que se las comían y formaban "tiendas de campaña" cortando solapas en las hojas y uniéndolas con seda: por suerte, bastó con retirar a los insectos a mano y desaparecieron por siempre. Ya a finales de febrero empezaron a desarrollarse las espigas en las tres plantas, que continuaron a su ritmo hasta principios de abril, cuando se abrieron las primeras flores.

En esos momentos el riego resultaba crucial, pues esta vez si faltaba el agua casi seguro que habría caída prematura de flores. Han ido sobrellevando el calor bastante bien aunque la roseta basal ha desaparecido del todo, imagino que como método de ahorro de pérdida de líquidos. Han florecido las tres plantas y cada una de ellas tiene flores de una tonalidad distinta, todas ellas dentro del rango de los rosados. Su aspecto global, por tanto, dista bastante de esas plantas gloriosas llenas de verde y con columnas de muchas flores a la vez. No obstante, han llegado a superar el metro de altura y no ha habido un sólo día en que no hayan lucido sus flores desde hace ya un mes.

Rosa en dos tonos
Sus grandes flores tienen amplios pétalos que se solapan formando una estructura circular. Se antojan delicadas, como si fuesen de papel, y tienen un aspecto que podría decirse a medio camino entre las malvas y los hibiscos, su parientes. Los pistilos no son tan notorios como los de éstos, pero empolvan con su polen los pétalos inferiores y todo lo que queda debajo de las espigas. A los insectos por supuesto esto les encanta, e incluso he visto en alguna ocasión a la abeja más grande de nuestra zona, la Xylocopa, libando en ellas.

A falta de saber qué pasará cuando terminen de florecer y venga el verano, aunque ya se ve crecimiento nuevo en la base, quizá no sería mala idea mover a la planta a una ubicación menos expuesta al sofocante sol y al viento. Es complicado, porque es una maceta muy grande que hay que mantener en el suelo y pocos huecos quedan ya en tan privilegiada situación, la de semisombra o con límite horario de exposición solar. Algo se podrá hacer en el hueco que queda entre la puerta y el contenedor de las herbáceas, supongo, donde quizá retire a algunas plantas que podrán tolerar más sol cuando estén crecidas.

Esta es de esas plantas que invitan a soñar con tener algún día un terreno donde poder plantar con más espacio y directamente en el suelo, un jardín de verdad donde crecerían en todo su esplendor, pues sus tira y afloja con la necesidad de agua serían menos acusados si no tuviesen límites para expandir sus raíces. Además, seguro que no les faltaban compañeras.

sábado, 3 de mayo de 2014

Centaurea dealbata, el aciano persa

Centaurea dealbata
El año pasado me propuse explorar algunos géneros de plantas que suelen funcionar bien y tienen una amplia variedad de especies de aspectos y colores distintos aunque cuidados idénticos. Como se suele decir, "donde caben dos, caben tres": siempre hay sitio para una planta bonita más. Entre estos géneros se encontraba, cómo no, el de las compuestas Centaurea.

En 2013 había previstas tres especies, pero sólo una fue excepcionalmente bien, Centaurea cyanus y sus múltiples variantes de color -que, pese a que no me disgustan del todo, prefiero dejar de lado en pos de preservar el bello color azul original. Una especie parecida aunque de un azul más vibrante, Centaurea depressa, también floreció en una maceta. La pena es que es una especie anual y el ejemplar que tuve no me dio ni una sola semilla, perdiendo a la especie, con lo que me hubiese gustado conservarla y combinarla con otras flores. La planta salió de unas pocas semillas que conseguí de casualidad en un campo de cereal en Teruel de las cuales sólo una germinó, y no sé si alguna vez podré conseguir más.

La tercera en discordia era la Centaurea dealbata, el aciano persa, con la cual creía que lo tenía todo hecho y el éxito estaba asegurado. Las venden en LIDL en primavera en esa colección de plantas perennes que van en paquetes con turba, a raíz desnuda y sin tallo. La planté el mismo dia que hice lo propio con otras especies de la colección y nunca salió nada. Como hubo días de lluvia y calor alternos, que dejaban el mal sustrato que empleé o totalmente empapado o seco como un corcho, atribuí el fracaso a la mala elección de la tierra y volví a comprar una planta más. Tampoco salió. Volvieron a traer plantas frescas de la colección y lo intenté una tercera vez más con el mismo resultado: ni un ápice de verde.

Vista superior
¿Qué ocurre con esta planta? No puedo saber si es que todas las que trajeron a la tienda estaban en malas condiciones o simplemente la especie es muy sensible al procedimiento de empaquetarla y llevarla arriba y abajo durante días entre camiones, almacenes y tiendas. El caso es que tampoco he sabido de nadie más que haya comprado alguna vez la planta en el mismo supermercado y la haya visto emerger, crecer y florecer. Así, se me ocurrió buscar semillas en eBay y las encontré casi al mismo precio (poco más de un euro) y, salvo el hecho de que el proceso desde semilla es algo más largo, salí ganando porque el éxito fue total con las dos únicas semillas que utilicé.

En realidad, prácticamente cualquier Centaurea es muy sencilla desde semilla, sea perenne o anual, y este método es bastante seguro. Ese mismo septiembre de 2013 sembré las dealbata, las montana -que necesitaron de dos intentos pero han sido las primeras del año en florecer- y dos especies que me han ido peor: Centaurea americana, cuyos dos ejemplares acabaron destrozados hace poco por la araña roja, y Centaurea macrocephala, de la que sigo conservando las dos plantas que sembré pero su aspecto no es muy halagüeño, pues se encontraban en la misma maceta que las anteriores y sufrieron también los ataques de la plaga. Por supuesto, también sembré Centaurea cyanus y la Amberboa moschata que mostré hace poco. Seis especies en total.

El cultivo de la Centaurea dealbata no ha podido ser más sencillo. Una vez establecidas las plántulas, su crecimiento es pausado, pero siempre ha ido sobre seguro. No han sufrido ataques de ninguna plaga y no son excesivamente sensibles a la sequedad y supongo que al calor, pues cuando germinaron prácticamente seguíamos con temperaturas de verano y no aparecieron deformidades ni nada por el estilo. Como se deduce por el nombre, la especie procede de Asia occidental, de la zona comprendida entre Turquía e Irán.

La planta suele crecer en forma de mata mediana, aunque mis ejemplares no se han hecho muy grandes, estando formados por una roseta basal y algunas hojas superiores más antes de espigarse en los altos pedúnculos que sostienen los capítulos. Éstos son rosados con el centro blanco y tienen unas vistosas brácteas involucrales de color dorado que forman una estructura similar a una piña. Son algo más grandes que los de Amberboa moschata y el involucro es más grueso que el de C. montana, especie que quizá tenga mayor diámetro debido a sus delgadas y largas lígulas.

Este tipo de perennes floríferas siempre vienen bien para dar una nota de color en primavera y otras épocas del año en las que consiguen mantenerse bien. ¿Llegarán más Centaurea a la terraza? De momento habrá que reintentarlo con la C. americana y, quién sabe, aunque hay unas pocas especies más que me gustan, algo más complicadas de encontrar, no descarto que el género gane representantes en la terraza a la temporada próxima o siguientes. Pero, sin duda, quiero mantener y ampliar el número de las que ya tengo y que tan bien han funcionado.

sábado, 19 de abril de 2014

Rehmannia elata, exotismo del Lejano Oriente

Rehmannia elata
Muchas veces hay que echar un ojo a los catálogos de semillas en busca de especies curiosas que además de vivir más allá de una temporada, se obtienen fácilmente comenzando desde el principio. Los viveros suelen tener plantas de este tipo englobadas bajo el erróneo nombre -en la mayoría de casos- de "vivaces", cuando lo más adecuado sería llamarlas "herbáceas", término más global ya que no todas tienen una etapa de descanso. Sin embargo, en las tiendas de por aquí es raro que la variedad de plantas sea interesante, por lo que descubrir especies perennes que se dan tan bien desde semilla siempre es un punto a favor, y más económico.

La dedalera china (Rehmannia elata) a la que dedico esta entrada es uno de esos casos. Fácil de obtener desde semilla, muy bonita y además perenne. Se trata efectivamente de una planta procedente de China que en un principio podría considerarse relacionada con las dedaleras europeas (Digitalis) y sus parientes, pero que después de la reclasificación de la familia Scrophulariaceae y la inclusión de gran parte de sus miembros en Plantaginaceae (como los antirrinos y las propias dedaleras), más la creación de nuevas familias, deja a la Rehmannia elata en la familia Orobanchaceae, donde curiosamente es de las pocas especies totalmente "autónomas", ya que la mayoría de miembros de la familia son parásitas o hemiparásitas.

En perspectiva
Visualmente, se entiende que la dedalera china reciba este nombre por su razonable parecido con las Digitalis purpurea: tiene una roseta de hojas anchas y oblanceoladas a ras de suelo y las flores, rosadas, acampanadas y con el interior moteado, cuelgan de espigas que crecen verticales desde el centro de la planta. Pero son bastantes las diferencias: las hojas tienen una consistencia algo más dura, son muy peludas y tienen los bordes ondulados y nervaduras marcadas, recordando quizá un poco más a algunos Verbascum. Las inflorescencias son mucho más laxas, no hay más que verlo en la foto: tres flores separadísimas entre sí, aunque a la planta todavía le faltan por abrir unas cuantas arriba. La D. purpurea las tiene mucho más juntas y en mayor cantidad, así como en pedúnculos más largos: aunque en casa no se han hecho tan grandes, la Digitalis puede llegar a dos metros y la Rehmannia aproximadamente a uno y medio.

Las flores son, sin ninguna duda, espectaculares. La primera impresión que dan es que recuerdan a antirrinos, con sus dos lóbulos hacia arriba y tres hacia abajo, pero con el aspecto acampanado de las dedaleras. Son más grandes que las de éstas y tienen unas cerdas prominentes en el interior, bellamente moteado en una combinación de rosa, blanco y amarillo. De momento llevan sólo media semana, así que no sé todavía cuánto duran.

Vista del pedúnculo
Sobre la historia de la planta en la terraza, de momento es breve pero ha sido tan sencilla que casi no me he tenido que preocupar de ella. Primero las sembré a finales de septiembre, pero debido quizá a que usé un sustrato algo reseco, costaba bastante humedecer la superficie -las semillas son bastante pequeñas- y a duras penas germinaron dos plantas que crecían lentas, alargadas y raquíticas debido al constante movimiento de la maceta para evitar que se secara. Así pues, en noviembre removí la tierra, me aseguré de que quedase bien mojada y repetí la siembra. Esta vez fue mejor, más despacio -si las plantas de septiembre hubieran ido bien, quizá hubiera estado viendo flores en febrero- y, aprovechando la suavidad del invierno, las puse a pleno sol cubiertas con plástico. En enero todavía eran pequeñas plantas con dos pares de hojas verdaderas, pero a finales de marzo se habían hecho grandes y ya se notaba el espigamiento del que saldrían las flores. No la he movido de sitio desde entonces.

Contando con esto, sabemos pues que tiene dos ventajas frente a las Digitalis: crece mucho más rápido, pues los ejemplares de aquélla que tengo sembrados desde verano todavía muestran pocos signos de una futura floración (sólo un ejemplar emitiendo un pedúnculo) y parece ser que toleran la exposición solar sin problema, aunque con la Digitalis quizá me he dejado llevar demasiado por la prudencia y seguramente no pasaría nada por cultivarlas a pleno sol. Parece que la humedad es clave, pues la Rehmannia parece ligeramente menos sensible a la falta de agua que la otra.

Tenemos pues otra de esas especies sencillas que alegran un rincón soleado sin hacer mucho esfuerzo. Las semillas se encuentran sin dificultad en eBay y no suelen ser ni caras ni de las que vienen muy poca cantidad. Un añadido sin duda interesante y bello para cualquier terraza o jardín.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Tramo final de 2013

Erodium x variabile
Encaramos ya diciembre y con él vendrá el inicio de un nuevo invierno y el final de otro año. El tiempo de estos días ha permitido tomarse un respiro con las plantas, que requieren menos visitas y menos cuidados durante éstas, salvo aportar algo de humedad en macetas donde crecen plantas semilleras o en macetas pobladas de plantas grandes que consumen mucha agua.

Decía hace algo más de un mes que octubre fue un mes loco, pero desde luego noviembre lo ha sido mucho más: para entendernos, pareció como si pasáramos de golpe del tiempo de mediados de mayo al de finales de enero. De un calor que todavía obligaba a llevar manga corta en las horas centrales del día pasamos a una segunda mitad de mes en la que las temperaturas cayeron de media entre 7 y 10 grados centígrados. Ha llovido en días bastante separados entre sí y ha habido otras tantas jornadas de cielos tapados, pero a pesar de que la cantidad acumulada durante el mes no ha llegado ni a 50 mm., a las plantas ha habido que regarlas muy poco.

Caléndula doble
Durante estos días el número de flores visibles se ha ido reduciendo considerablemente, a pesar de que muchas plantas de clima templado parecen seguir impasibles como si estuvieran en primavera. Las caléndulas cada vez sacan flores más grandes, de un intenso color naranja que se va atenuando a medida que envejecen. Las de flores simples se cierran por las noches, mientras que las dobles, como las de la foto, se quedan inmóviles. Junto a ellas continúan floreciendo un montón de nomeolvides chinas y la misma espuela de caballero de hace casi un mes, que no sé si será por el tiempo fresco, pero las flores que tiene casi no se han estropeado y ya está a punto de abrir unas cuantas más en las dos ramificaciones que tiene a los lados del tallo central.

Consolida ajacis
Al montón de semilleros que sigo vigilando y cuidando he añadido algunas plantas nuevas traídas de vivero, con un aspecto bastante radiante para la época en la que estamos -incluso floreciendo muchas de ellas- y que espero mantengan o incluso mejoren. Una de ellas es la que aparece en las fotos, el Erodium x variabile, un híbrido que se encuentra en estado natural y que cuenta con varias formas en cultivo. La mía no venía indicada pero casi seguro que se trate de la 'Bishop's Form'. Me gustó esta planta cuando la conocí por su aspecto tan similar a los Erodium y Geranium que crecen silvestres en mi zona, aunque con un porte muy denso y compacto. Es una planta pequeña, rastrera, que parece dispuesta a expandirse siempre que se le dé superficie. Las hojas son pequeñas y crecen muy juntas, dando una sensación de plenitud. Trae muchas flores a la vez y varios capullos sin abrir, no imagino cómo puede lucir cuando alcance cierto tamaño, con temperaturas más agradables.

Las demás plantas que vinieron junto a ésta fueron la rosácea Geum coccineum, de grandes flores naranja; la crucífera Iberis sempervirens 'Tahoe', una tapizante con umbelas llenas de flores blancas pariente de los carraspiques anuales que cultivo; la cariofilácea Arenaria montana, de porte similar a la anterior y con flores blancas de cinco pétalos; y la Ajuga reptans 'Atropurpurea', una lamiácea de porte muy bajo con hojas de color bronceado y espigas de flores moradas, a la cual ya he pasado a una maceta mayor dado que venía con las raíces saliéndose por los agujeros de drenaje. Me llevé una sorpresa al encontrar a todas estas especies pues salvo la Arenaria y la Iberis ni siquiera sabía que la tienda las vendía. Son plantas que he visto en muchos blogs de jardinería y me llamaban mucho la atención.

Erodium x variabile
Las bulbosas van despertando muy poco a poco y todavía no son demasiadas las especies que asoman: Muscari armeniacum, gladiolos enanos, algunos iris holandeses, Ixia y los primeros despuntes de los jacintos son de lo poco que se ve emerger de la tierra. También asoma alguna Fritillaria uva-vulpis y los ranúnculos y anémonas cada vez cubren más sus macetas. También están fuera todos los Oxalis, aunque algunos han acabado destrozados por los gorriones. Otras especies ni siquiera han empezado a romper la tierra y llevan ya dos meses enterrados; no es raro tampoco ya que muchos bulbos emergen de golpe a finales de invierno, poco antes o casi al mismo tiempo que florecen. Además, deben comenzar primero sacando raíces y agarrándose al suelo, cosa que con este frío deben estar haciendo poco a poco.

De momento ha vuelto a salir el sol y esta semana parece que predominarán los cielos despejados sin que suban demasiado las temperaturas, aunque a lo visto a comienzos de la semana siguiente podría volver a llover. Es como si todo el otoño se hubiera condensado a correprisas en sus últimos días en los que, además, el ambiente es más propio del invierno y en zonas abiertas de campo cercanas a mi casa ya se han producido varias heladas. Veremos también cómo sale dicha estación esta vez, pues el hecho de que noviembre haya sido tan frío no tiene por qué ser preámbulo de un invierno igualmente fresco, todo puede cambiar como ya ha sucedido con anterioridad.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Septiembre seco

Lobelia siphilitica
Septiembre suele ser un mes de contrastes. El verano termina tal día como hoy, pero el calor no se marcha hasta más adelante, atenuándose lentamente en ocasiones hasta casi primeros de noviembre y en años excepcionales, casi hasta la primera semana de diciembre -por increíble que parezca, algunos años hemos comenzado dicho mes superando los 20ºC a diario. La lluvia suele ser el factor característico de este mes: y es que, desde hace años, en septiembre las lluvias aparecen de golpe y casi siempre concentradas en sólo uno o pocos días. Salvo excepciones como el año pasado o el actual -a falta de que termine el mes- en los que agosto ha tenido lluvias abundantes, a finales de septiembre suele darse un día en el que llueve más en esas 24 horas que en todo el verano precedente. El caso reciente más espectacular fue el del año 2008: la tarde del día 23 de ese mes de septiembre cayeron aquí en mi ciudad, Sueca, casi 290 mm. en unas horas, lo que causó algunos problemas inundando parte de la ciudad debido a que los motores de bombeo del alcantarillado dejaron de funcionar. Todavía quedó agua suficiente para que al día siguiente cayesen otros 50 mm. En contrapunto al actual, fue el mes de septiembre y el mes absoluto con mayor cantidad de precipitaciones de los últimos años.

Estamos ya a día 21, no han caído ni 2 mm. en todo el mes y las previsiones no parecen mucho más optimistas. Si bien ahora mismo en TheWeatherChannel apuntan precipitaciones para Valencia al domingo 29, esto puede variar y mañana mismo esas posibilidades haberse esfumado: días atrás se esperaba la misma previsión para unos días antes. Lo único que vemos a menudo son nubes que tapan el sol durante algunas horas y ayudan a atenuar el calor, pero no dejan caer ni una gota. Aunque todavía da tiempo a alguna sorpresa, este septiembre podría ser el más seco de los últimos años.

Gazania amarilla y naranja
Ante tal panorama, he detenido momentáneamente la preparación de semilleros al aire libre ya que estoy esperando a que la lluvia empape la tierra del contenedor y la mantenga húmeda los días necesarios para que las especies de semillas pequeñas, que son las que quedan por sembrar, tengan tiempo a echar raíces sin encontrarse con el sustrato seco. Las plántulas que saqué adelante en semilleros individuales y trasplanté siguen progresando bastante bien, y las de semillas grandes que he ido repartiendo por varias macetas toleran incluso el sol directo, que aunque es más suave que en la parte central del verano, sigue apretando con fuerza. Uno de estos casos es el de los Lupinus 'Russell', cuyo último ejemplar superviviente ha terminado por secarse a la par que la nueva generación crece en otro rincón de la terraza. A pleno sol he sembrado unos parientes suyos de clima mediterráneo, Lupinus angustifolius, con la esperanza de que toleren mejor nuestro clima.

Salvia farinacea
Aparte de las plantas nuevas obtenidas por semillas, estos días ya han ido llegando a casa varios bulbos que reponen algunas de las especies que se perdieron por el camino -aunque por el momento no han podido ser todas ya que alguna colección no ha llegado a las tiendas este año- y alguna que otra novedad. También he conseguido reponer aquellas perennes de ALDI que no superaron el verano -Campanula glomerata, Lychnis viscaria, Prunella grandiflora y, por si acaso, Leontopodium alpinum- a las que he agregado unas cuantas más como Heuchera, Bergenia y Astilbe. Tan pronto como lleguen el resto de bulbos que estoy esperando, rearmaré el contenedor y los enterraré a la espera de que vayan haciendo su camino.

El resto de plantas de la terraza han estado, sin más, reponiéndose del verano y volviendo a ganar esplendor durante este mes. Se han visto cosas como el reverdecimiento de la Lavandula stoechas, que llevaba meses detenida y seca, justo después de las lluvias de agosto; lo mismo ha pasado de manera espectacular con los Eryngium planum (que están enormes) y las Asclepias tuberosa, que se afanan en rebrotar de bajo tierra. Al igual que éstas, las tres especies de Oxalis -bowiei, triangularis y tetraphylla- se han puesto de acuerdo para rebrotar a la vez y uno de ellos, el triangularis, incluso ha retomado la floración. A la Echinacea purpurea le he podado las partes secas para evitar posibles infecciones y el verde del centro comienza a verse de nuevo.

Tagetes patula
Una nueva especie florece por primera vez en la terraza: la Lobelia siphilitica, una especie norteamericana perenne, amante de la humedad y de crecimiento vertical muy similar a las campánulas y antirrináceas. La planta llegó a casa en enero, en forma de minúsculas semillas que sembré ese mismo mes al sol y bajo plástico. Durante mucho tiempo, las plantas fueron diminutas, lo cual me hizo pensar que quizá habría que esperar al menos hasta el año que viene para verlas florecer. A partir de verano, sin embargo, aquellas pequeñas plantas que seguían pareciendo haber germinado hacía pocos días pegaron un estirón tremendo y se convirtieron en dos rosetas de hojas verdes y muy apretadas. A finales de verano empezaron a aparecer unas estructuras en el centro que apuntaban a ser espigas florales, y así ha sido. Ambas plantas están comenzando a florecer y tienen un aspecto imponente, con flores que parecen una mezcla de lobelia y antirrino, aunque algo desordenadas, pues no parecen estar tan bien colocadas como en otras especies que florecen con este tipo de formación.

Cosmos sulphureus
Las gazanias y la Salvia farinacea continúan a lo suyo, mientras las Cosmos bipinnatus que brotaron a mediados de verano comienzan a ganar altura y sacar alguna flor junto a la gran mata de Tagetes patula, que sigue estando en su esplendor. Su pariente, la Cosmos sulphureus, terminó de secarse hace pocos días, mientras que las Mauranthemum paludosum continúan creciendo a buen ritmo. Dos plantas vivaces siguen sin mostrar crecimiento: la dicentra, que quizá necesite un ambiente más húmedo y fresco, y la Astilbe 'Glut', la cual después de varios rebrotes dejó de crecer. La saqué el otro día de la tierra y el rizoma sigue consistente, aunque sin raíces. Sin embargo, rompiéndole algunos de los bultos que tenía, en uno de ellos todavía apareció el interior de color blanco, así que volví a enterrarla con la esperanza de verla rebrotar.

Cosmos bipinnatus
Otras dos plantas que volverán a florecer en otoño, su época, son las Tricyrtis formosana y el Symphyotrichum novi-belgi. Las Tricyrtis han tenido en éste su mejor año, sin estropearse tanto como otras veces y llegando a casi 60 cm. de altura los tallos más altos. El áster, por su parte, ha tenido una durísima temporada incapacitado para crecer por culpa de los hongos (que todavía le afectan). Sin embargo, y contra todo pronóstico, un pequeño tallo de apenas 20 cm. empezó a emerger a finales del mes pasado y ya muestra los capítulos en formación. Habrá menos flores que el año pasado, desde luego, pero las habrá.

Así comienza el otoño, esperando unas lluvias que tan importantes serán de cara al arranque de esta nueva etapa en la que el calor se irá marchando y las plantas del año que viene comenzarán tímidamente su andanza a la sombra de las especies que todavía lucirán con sus flores durante esta época.