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jueves, 9 de junio de 2016

Campanula medium, sin prisa alguna

Campanula medium
Hay plantas que, por un motivo u otro, comienzan bien su andadura pero la acaban dejando a medias y nunca sabemos cómo termina su historia, pues acaba abruptamente. Me refiero a especies que si bien germinan sin dificultades y crecen durante un tiempo, llega un punto en el que dejan de progresar y ni ganan tamaño ni muestran indicios de querer florecer. Suelen ser plantas perennes o bienales, especialmente estas últimas, que se quedan en terreno de nadie y acaban muriendo tras un largo tiempo sin resultados. Me ha ocurrido ya varias veces, con distintas especies, y la protagonista de la entrada formaba parte de ellas hasta hoy.

Hace varios años que comencé a probar con la Campanula medium. Tenía semillas de una marca comercial que germinaban muy bien, pero las plantas no pasaban de la primera primavera. Son bienales, esto es, que necesitan por lo general un año de crecimiento y notar la bajada de temperaturas para florecer a la primavera siguiente. En algunas especies este periodo se puede acortar a una temporada si crecen lo suficiente durante el otoño, pero no es lo habitual. De hecho, con las Digitalis purpurea más recientes tuve que esperar tres primaveras para ver flores, en esta de 2016, aunque germinaran a finales de verano de 2013.

El último intento con las campánulas, bastante desastroso, lo hice precisamente aquel otoño y las plantas se veían muy bien a principios de 2014 hasta que llegó el calor y las empezó a secar hasta sucumbir del todo. Para el otoño siguiente, sembré unas semillas distintas de la misma especie y las dejé crecer a semisombra con otras plantas, algunas de las cuales llegaron a taparlas temporalmente. Sólo un ejemplar logró sobrevivir y su futuro se prometía esperanzador. Durante el invierno pasado, ya con todo el espacio para ella sola, llegó a hacerse enorme. Llegada la primavera, la frustración volvía a hacerse patente cuando la planta empezó a secarse rápidamente. Pero, sorprendentemente, al mismo tiempo que perdía las hojas comenzaba a formar una espiga de flores. Tras unas semanas, el resultado es el que se ve en la foto: una planta de enormes flores violeta que apuntan hacia todos los lados.

Me gustaría tener más, muchas más, pero es complicado acertar con ellas; aún así, su ciclo ha sido demasiado largo (ha visto pasar dos inviernos y dos primaveras para florecer) y no sé cuándo debería sembrarlas para acortar este periodo. ¿Ahora, quizá? Por lo pronto, este otoño volveré a sembrar y dejarlas a su aire en el mismo rincón, a la espera de aumentar su presencia en la terraza, Aunque, visto lo visto, quizá no vea sus flores hasta 2018.

domingo, 11 de mayo de 2014

Alcea rosea, el estandarte de las malvas

Alcea rosea
Es bastante complicado mantener plantas grandes en macetas al sol si éstas no son de una capacidad generosa. Por motivos de ahorro en peso -para aliviar la estructura- y, por qué no, en sustrato, las macetas más grandes que debo tener en la terraza son de unos 15-20 litros a lo sumo. Las plantas grandes pueden crecer bien y no presentan problemas cuando son pequeñas, pero en cuanto enraízan al máximo empiezan a sufrir a poco que la tierra pierda humedad. Sin embargo, eso no impide que de vez en cuando plante girasoles o las plantas de las que hablo en esta entrada.

La malvarrosa (Alcea rosea) es una malvácea de gran tamaño y origen dudoso dado que, si bien se conoce que fue importada desde China hace varios siglos, no está del todo claro que la planta sea originaria de este país; otros indicios apuntan a la zona turco-caucásica o al subcontinente indio. Debido a que nunca se han podido situar las supuestas poblaciones silvestres en Asia, podría tratarse incluso de un híbrido de origen cultivado. El nombre de "malva real" también se usa en castellano, pero puede causar confusión debido a que también se le da a un pariente suyo, la Lavatera trimestris. Y para aportar más curiosidades todavía, decir que en el cono sur de Sudamérica, si preguntamos por una malvarrosa estaríamos hablando de un geranio del género Pelargonium.

De color rosa claro
Sea como fuere, se trata de una planta similar en muchos aspectos a las malvas más comunes, con grandes hojas redondeadas poco lobuladas en la base y algo más hendidas en la parte superior, donde aparecen palmeadas. La estructura de la planta es distinta a la de las malvas más típicas de nuestros campos como Malva sylvestris o Lavatera cretica, con una gran roseta de hojas en la base y un tallo central que se va espigando, recorrido de hojas más pequeñas y coronado por una columna de flores grandes con el clásico aspecto de las malvas. Dicha columna puede crecer hasta alcanzar unos nada desdeñables tres metros.

La planta, técnicamente, es una bienal o perenne de vida corta, aunque en mi caso he encontrado que su crecimiento es muy rápido. Sembré las semillas en septiembre, una pregerminada -no fue demasiado rápida en germinar por el método del envase hermético con papel de cocina húmedo- y dos directas al suelo, que apenas tardaron unos días más en brotar, igualándose las tres en poco tiempo. Al principio casi no había que regarlas, pues parece que mientras le sobre la tierra no tiene problemas en optimizar sus necesidades hídricas. Fue cuando empezaron a alcanzar un tamaño notable cuando vinieron los problemas, trabas que ya conocía al cultivar girasoles: si falta el agua más de la cuenta, las plantas se mustian y el riego se vuelve urgente, antes de que las hojas comiencen a debilitarse y caer.

Rosado intenso
Dado que el invierno fue poco frío y muy seco, no pude tomarme un respiro en lo que a riegos respecta ni un sólo momento. Hay que echarles unos dos litros de agua cada vez que voy, pues también tuve la idea de elegir un sustrato muy suelto que apenas retiene la humedad. Llegaron a tener problemas también con una plaga, unas orugas gruesas que se las comían y formaban "tiendas de campaña" cortando solapas en las hojas y uniéndolas con seda: por suerte, bastó con retirar a los insectos a mano y desaparecieron por siempre. Ya a finales de febrero empezaron a desarrollarse las espigas en las tres plantas, que continuaron a su ritmo hasta principios de abril, cuando se abrieron las primeras flores.

En esos momentos el riego resultaba crucial, pues esta vez si faltaba el agua casi seguro que habría caída prematura de flores. Han ido sobrellevando el calor bastante bien aunque la roseta basal ha desaparecido del todo, imagino que como método de ahorro de pérdida de líquidos. Han florecido las tres plantas y cada una de ellas tiene flores de una tonalidad distinta, todas ellas dentro del rango de los rosados. Su aspecto global, por tanto, dista bastante de esas plantas gloriosas llenas de verde y con columnas de muchas flores a la vez. No obstante, han llegado a superar el metro de altura y no ha habido un sólo día en que no hayan lucido sus flores desde hace ya un mes.

Rosa en dos tonos
Sus grandes flores tienen amplios pétalos que se solapan formando una estructura circular. Se antojan delicadas, como si fuesen de papel, y tienen un aspecto que podría decirse a medio camino entre las malvas y los hibiscos, su parientes. Los pistilos no son tan notorios como los de éstos, pero empolvan con su polen los pétalos inferiores y todo lo que queda debajo de las espigas. A los insectos por supuesto esto les encanta, e incluso he visto en alguna ocasión a la abeja más grande de nuestra zona, la Xylocopa, libando en ellas.

A falta de saber qué pasará cuando terminen de florecer y venga el verano, aunque ya se ve crecimiento nuevo en la base, quizá no sería mala idea mover a la planta a una ubicación menos expuesta al sofocante sol y al viento. Es complicado, porque es una maceta muy grande que hay que mantener en el suelo y pocos huecos quedan ya en tan privilegiada situación, la de semisombra o con límite horario de exposición solar. Algo se podrá hacer en el hueco que queda entre la puerta y el contenedor de las herbáceas, supongo, donde quizá retire a algunas plantas que podrán tolerar más sol cuando estén crecidas.

Esta es de esas plantas que invitan a soñar con tener algún día un terreno donde poder plantar con más espacio y directamente en el suelo, un jardín de verdad donde crecerían en todo su esplendor, pues sus tira y afloja con la necesidad de agua serían menos acusados si no tuviesen límites para expandir sus raíces. Además, seguro que no les faltaban compañeras.

martes, 21 de mayo de 2013

Antirrinos a todo color

Antirrino alto rojo púrpura y amarillo
Parecía que ninguna planta de este año rivalizaría en colorido con las vívidas margaritas de Livingstone, pero nuestras semilleras siempre tienen con qué sorprendernos. Los antirrinos o bocas de dragón (Antirrhinum majus), entre otros nombres, todos los cuales han llegado a la terraza en forma de semillas con dos orígenes distintos, han explotado al fin con todo su esplendor en estos días.

Primero, unos conceptos básiscos. "Anthirrinum" significa "como una nariz", por el aspecto de las flores, quizá un poco rebuscado, aunque sí es cierto que tienen cierto aspecto de nariz humana unida al tallo por la punta de ésta. El nombre "boca de dragón" ya parece más acertado, pues las flores, de simetría bilateral, parecen estar formadas por dos "mandíbulas" que se abren y en cuyo interior encontramos el polen. Las abejas lo saben, situándose en el centro y empujando con la cabeza para introducirse en el receptáculo interno. El nombre inglés, "Snapdragon", también me suena atractivo.

Antirrino alto amarillo
Y ahora, algo de historia. Tengo dos tipos de antirrino: unos son bajos y muy ramificados, y las flores se agrupan en el extremo de los tallos bastante apretadas entre sí, aunque a lo visto el ápice no deja de crecer y las flores van apareciendo a un ritmo irregular; los segundos son de porte espigado, con un sólo tallo a modo de "abeto en miniatura" (hasta ahora no he visto ninguno ramificado, puede que desde la base) de cuyo centro brota una única espiga llena de flores aparentemente más anchas. Los primeros los vengo cultivando desde 2011 y los últimos, todavía sigo este año con ellos.

Los ejemplares de porte bajo proceden de una única planta que tenía mi tía en la terraza en 2011, que acabó completamente seca en verano y, movido por la curiosidad, la examiné en busca de posibles semillas y encontré algunas cápsulas secas que las contenían. Llené un pequeño sobrecito hecho con un post-it y la verdad es que podría haber extraido todas las semillas que quisiera, pues la planta estaba ya muerta y su destino estaba echado, acabando en la basura. Creo recordar que era de flores amarillas, pero lo curioso es que ninguno de sus descendientes ha dado este color.

Antirrino de mata baja blanco
En septiembre de ese año sembré semillas en una maceta hecha en casa con un recipiente de plástico. Aparecieron dos matas, una a cada extremo, de cuya presencia no me percaté hasta ver las primeras flores en la primavera de 2012. El primer ejemplar floreció con apenas 10 cm. de altura, con lo que las flores, rosadas y de tamaño normal, parecían desproporcionadas. Este ejemplar se pasó toda la primavera floreciendo de manera irregular y acabó totalmente seco tras el verano, con lo cual fue arrancado de raíz. Su vecino y hermano floreció un poco más tarde y presentaba flores blancas que aparecían igual de tímidamente que el anterior. Se secó parcialmente, y desde el tallo que quedaba verde se ha regenerado de manera notoria y esta primavera ha multiplicado visiblemente su floración, dato que se aprecia en la foto. Por tanto, es el ejemplar más viejo de la terraza en la actualidad.

Antirrino alto rosa claro
En la misma primavera del año pasado sembré las mismas semillas en mayor cantidad en el contenedor-jardinera. Para mi asombro, las plantas estaban crecidas en pocos meses y tardaron poco en equipararse a sus hermanas más viejas, para posteriormente superarlas en número, altura y profusión de la floración. Aquí también salieron flores rosadas y blancas, y la floración se extendió de manera ininterrumpida en el tiempo, continuando aún a día de hoy. Al remover el contenedor no tuve más remedio que deshacerme de unas cuantas plantas que estaban enmarañadas entre las raíces del áster y las milenramas, pero hice lo posible por conservar al ejemplar más grande, que en ese momento -este pasado enero- se encontraba en floración como si de verano se tratase. Nunca es buena idea tocarle las raíces a una planta que está en pleno apogeo, pero no se resintió demasiado y continuó a lo suyo, y así sigue. Por tanto, este sería el segundo ejemplar más viejo y el que tiene el récord absoluto en cuanto a duración de la floración, que como digo no se ha detenido quizá desde el verano del año pasado.

Antirrino alto púrpura
Durante la primavera, aunque quizá ya algo tarde, me llevé a casa un sobre de semillas de antirrinos de LIDL denominados como "Mix Alto", es decir, mezcla de colores del tipo de antirrinos con espigas altas, más similar en forma a una dedalera o a las Linaria que a sus congéneres de mata baja. Me había llamado la atención este tipo de antirrino que no paraba de ver en fotos de Internet e incluso había visto plantado en una calle que suelo atravesar a menudo. El fracaso fue estrepitoso, no sé si por el calor, pues no conseguí ver siquiera alguna plántula de las sembradas en esa temporada. Daba también por comenzada la época en la que ya no podía sembrar nada, metidos ya en el verano como estábamos, y me olvidé un poco de ellos.

Tanto fue así que ni siquiera anoté el siguiente intento que hice, del cual puedo aproximarme a la fecha de siembra a juzgar por otra planta que crece en la misma maceta, un par de espuelas de caballero (Consolida ajacis) cuyas semillas no tuve hasta primeros de octubre. Por tanto, debió ser en este mes cuando sembré también el montón de antirrinos que aparecen en esta entrada y que tan bonitos lucen. Usé una maceta ancha pero baja, que primero envolví en un plástico: al parecer éste se levantaba frecuentemente con el viento y empecé a darlo por perdido, pero la maceta mostraba una cantidad enorme de plántulas y continué regando. Uno de los mayores méritos, pues, es que esta maceta de tan poco fondo ha estado a la intemperie, enfrentándose a los elementos -y a los temibles gorriones- desde que empezaron a aparecer las plantas, e increíblemente ha funcionado mejor que otras que han estado vigiladas a conciencia.

La maceta llena
Pero claro, otoño e invierno con plantas diminutas es una cosa, el problema empieza en primavera. Actualmente la maceta necesita un buen aporte de agua con frecuencia, ya que las hojas se vienen abajo a la mínima, y un desecamiento prolongado puede hacer que algunos tallos se doblen irreversiblemente y que muchas flores caigan. Durante estos días haré lo posible por ponerle debajo un recipiente que retenga el agua de manera eficaz para procurarles la humedad necesaria durante la floración. Aparte de las espuelas de caballero, solo un par de lobelias 'Crystal Palace' crecen en la maceta, que se ha convertido prácticamente en monopolio de los antirrinos.

La mezcla de semillas de LIDL ha dado pues un resultado espectacular del que estoy muy contento. Suelo tener la mala suerte de que cuando se trata de plantas de colores variados, sólo predominen 1-3 tonos distintos. Lo he visto en los pensamientos, las anémonas, casi todos los bulbos... pero los antirrinos, como las margaritas de Livingstone, han roto esa mala pata. Si bien los colores básicos serían cuatro -rojo, rosa, amarillo y blanco- la diferencia y fusión de tonos es tal que parece que el patrón se repita en no más de dos plantas distintas. Particularmente me llaman la atención los de fuertes tonos rojo oscuro o purpúreo: me gustan las flores rojas y vaya, buscando otras cosas quizá he descuidado el aportar más rojo a la terraza.

Antirrinos altos blancos
No sólo en esta maceta prosperan los antirrinos de tipo alto. En las siembras que he ido realizando en el contenedor-jardinera no faltaron tampoco varios golpes de sus semillas, y acompañando a esa repentina facilidad que han tenido ahora para germinar (ya digo, antes de otoño de 2012, ni uno), son varias las plantas que asoman entre el montón de tallos de especies variadas que pueblan este punto. Ya he visto uno floreciendo, más bajo que sus compañeros, en un tono que parece estar más cercano del asalmonado o amelocotonado: ¡otro color nuevo! Si lo veo en buenas condiciones, pondré su foto en una entrada próxima. Estas serían entonces las plantas más jovenes, germinadas en 2013.

Me sorprende lo distintos que son ambos tipos teniendo en cuenta que se trata de la misma especie, si bien ésta tiene una extensión amplia (desde el Mediterráneo oeste hasta el Cáucaso) y cuenta con diversas subespecies con aspectos distintos, con lo cual no sería raro que a base de unos pocos cruces hayan surgido las distintas variedades en cultivo. Existe al parecer otra variedad que se vende como pumilum y que no es más que un tipo de planta más baja, de porte enano -aunque quizá con flores igual de grandes- y postrado. Parece ser que es un tipo adecuado para cestas colgantes. Lo he tenido a mano este año, pero no me lo llevé porque parece ser más de lo mismo y prefieron antes las plantas más altas, que llenan más en la misma superficie.

Antirrinos altos rojos
En cuanto a la floración, los de tipo bajo van sacando flores en el extremo de los tallos formando grupos más o menos densos. Tengo fotos actuales del ejemplar más grande, pero dado que la floración se ha ido volviendo menos abundante y hay partes secas y partes florecidas, prefiero que veáis al ejemplar en cuestión en la foto de esta entrada, donde lucía en todo su esplendor. Parece que, como si de una crucífera se tratara, el tallo sigue creciendo desde el centro y van apareciendo flores. Tienen sus más y sus menos, pues este mismo ejemplar estaba más lleno en invierno que ahora: tuvo un parón en primavera, justo cuando las temperaturas aumentan y hay más horas de sol, y ahora parece que vuelva a la carga. En cambio, el de flores blancas para en seco durante el invierno y vuelve en primavera. Es increíble que vengan ambos de semillas de una misma planta.

Los altos, aunque llevan poco floreciendo, lo hacen de manera ligeramente distinta. En el extremo del tallo vemos aparecer directamente los botones florales y acabarán abriéndose a modo de espiga piramidal casi todas a la vez. Desconozco si seguirán alargándose en el extremo o simplemente cuando terminen se quedarán los tallos vacíos, como en las dedaleras, pues en la última visita ya vi que iban quedando menos flores. Esa es una incógnita que habrá que resolver a lo largo de estas semanas. Y también otra, más importante si cabe: ¿serán perennes como sus parientes?

Antirrino alto rosa vivo
En cuanto se sequen un poco, estos días quiero coger con calma al antirrino de mata baja rosado y buscar cápsulas de semillas bien conservadas y secas, a fin de obtener una posible futura generación. Desconozco la efectividad de este método, si la planta no admitirá tanta remezcla propia, pero hay que probar. Estoy empezando a dudar de esto -reconozco que estoy flojo en genética, más tratandose de plantas que se autopolinizan- ya que llevo semanas queriendo germinar semillas de Mimosa pudica e Ipomoea purpurea que provienen de ejemplares descendientes de al menos dos generaciones de plantas autopolinizadas y sólo he conseguido que brote una Ipomoea, aunque tratándose de especies tropicales podría ser simplemente que quieran más calor. Igualmente, procuraré guardar también todas las semillas de los antirrinos altos a la espera de que el resultado sea otra lotería de colores. Aún así, me quedan bastantes semillas todavía del sobre original y en cualquier caso podría comprar nuevas siempre y cuando el supermercado las siga trayendo.

Si todo va bien y no hay olas de calor, días de poniente extremos o cualquier otro incidente, supongo que al menos en el caso de los antirrinos bajos o los altos que vayan rezagados seguirán floreciendo en semanas venideras. Sería espectacular ver estas plantas florecer junto a otras especies de espiga floral de tamaño medio, como las dedaleras, campanillas de Canterbury, lobelias más altas o algunas salvias, pero el espacio manda y de momento hay que ajustarse a lo que hay. Puede, eso sí, que coincidan con las espuelas de caballero y formen una combinación curiosa. Lo veremos.

martes, 23 de abril de 2013

Clavel del poeta: ramos en miniatura

Clavel del poeta de flores dobles
Si me preguntan qué me parecen los claveles de toda la vida, seguramente diré que, como otras plantas "clásicas", no les acabo de encontrar atractivo. Sin embargo, y a base de conocer la multitud de especies de este género que, tampoco nos engañemos, no son excesivamente distintos entre sí, encuentro que algunos de ellos pueden tener su encanto.

En Cullera mismo crece un clavel silvestre, el Dianthus saetabensis, de flores simples pero gráciles y bonitas, con cinco pétalos rosados y un cáliz largo y tubular, suspendidas sobre tallos finísimos. Florecerán dentro de muy poco y este año volveré a intentar fotografiar al ejemplar perfecto, con el mayor detalle posible, para mi colección de imágenes de plantas autóctonas. Pero, mientras tanto, en la terraza, una de las dos especies de claveles que tengo actualmente ya está mostrando sus mejores galas.

Se trata del clavel del poeta (Dianthus barbatus), o "Sweet William" como lo llaman los angloparlantes, en variedad de pétalos dobles. Es una planta bienal, que efectivamente ha tardado un año en dar flores desde que los sembrase en primavera de 2012. No descartaría, sin embargo, que les ocurriese como a las dedaleras y vivieran un tiempo más... pero para averiguarlo tendrá que ser cuando terminen de florecer y según sobrelleven la época más cálida del año. Por lo pronto, no estaría de más curarme en salud sembrando de nuevo este año.

Más pétalos y más colorido
Se trata de una planta de escaso porte con tallos rectos recorridos por hojas lanceoladas, algo más anchas que en otros claveles, opuestas entre sí. Parece ser bastante resistente, pues en otoño-invierno apenas las regué. De hecho, gran parte de su vida, germinación incluida, transcurrió en el contenedor donde fueron sembradas semillas variadas también en primavera de 2012. Al limpiarlo, extraje los ejemplares más grandes de clavel del poeta con el fin de trasplantarlos, pues no quería perderlos. Es posible que algún ejemplar más pequeño o malogrado fuese descartado en su día, pero parece ser que la mata que conservé tiene 3-4 ejemplares. O, al menos, de momento han florecido tres tallos y parece quedar alguno más.

A esa resistencia a la falta de riego hay que sumar dos factores más. Han estado siempre a pleno sol y ya conocen el verano de Cullera, algo que no les sucede a muchas plantas que les acompañan, bien porque son nuevas o bien porque han germinado entre el pasado otoño y hoy. El segundo hándicap con el que han tenido que lidiar es con los gorriones, pues ha sido una de las plantas más vilipendiadas por estos pajarillos. Desde su paso a maceta, no recuerdo si antes también, los gorriones han ido mutilando las hojas que había a su alcance hasta cortarlas por la mitad (además, parece que estas sí se las comen). Se pasaron así todo el invierno y podrían haber dado al traste con las plantas si hubieran picado en el punto de crecimiento apical. Cuando las plantas ya no eran más que un montón de medias hojas y veía que la primavera estaba por llegar, las puse bajo una jaula vieja para que pegaran el estirón sin molestias.

Flores y hojas
Gracias a eso, en pocas semanas las plantas ganaban altura, recuperaban hojas y comenzaban a enseñar lo que serían los botones florales. Y ha sido ahora, en abril, cuando se han llenado de flores rosadas.

Las flores contrastan con los tallos, que parecen pequeñas cañas, apareciendo en apretados glomérulos compactos como pequeños ramilletes. Quizá es lo que me atrae de ellos, esas "bolas" de flores tan juntas. Tampoco soy demasiado aficionado a las flores dobles, pero en estos no quedan mal aunque, sin duda, los preferiría de flores simples. Además, las flores no presentan una mutación muy exagerada dado que en algunas aún veo sus estambres -especialmente en los rosa claro-, con lo cual tampoco resultan ser de esas flores que parecen pañuelos arrugados, aglomeraciones exageradas de pétalos.

Ahora no queda más que disfrutar mientras dure de la recompensa que tanto tiempo y dedicación ha requerido. Visto que efectivamente tardan una temporada en florecer pero no se hacen muy grandes, quizá pruebe de sembrar en breve a la próxima generación en el contenedor, no muy alejados de las margaritas de Livingstone, para formar una pequeña mata que alegre la terraza al año que viene.

sábado, 12 de enero de 2013

Preparando la temporada

Sobres de semillas variadas
Durante esta semana he dejado la terraza a punto para el inicio de la primavera, para el cual todavía quedan casi dos meses y medio, aunque en nuestra zona no hace falta esperar tanto para notar los efectos del buen tiempo.

Lo único que me quedaba por hacer era despejar el contenedor "hecho en casa" que este año quería dedicar íntegramente a semillas. Se trata de una estantería metálica de 150x75x35 cm. a la que dejé dos baldas, una arriba y una abajo, y la tumbé cubriendo con malla metálica todos los lados menos uno. Recubrí el interior con una sábana vieja y sobre ésta, una lámina de plástico negro del que se suele utilizar para cubrir las huertas, resistente al sol (cuyos efectos suelen quebrar cualquier otro plástico expuesto en pocos años).

En este contenedor el año pasado puse de todo un poco, y creo que me precipité. Metí tanto plantas vivaces como bulbos y anuales. No pude cubrir con plástico el conjunto dado que algunas plantas no soportaban el calor (los lupinos de raíz, por ejemplo), así que comenzó el mes de marzo con raíces, rizomas, bulbos y tubérculos enterrados y semillas esparcidas a la espera de que germinasen a su suerte. Las plantas se desarrollaron bastante bien a pesar de todo, con pocas bajas, y las anuales de semilla que lograron brotar tuvieron vidas bastante fructíferas.

De este contenedor he ido sacando tubérculos de Liatris spicata, Anemone coronaria 'St. Brigid' y 'De Caen' y Ranunculus asiaticus; cormos de gladiolos enanos, Freesia x hybrida y Sparaxis tricolor, así como la mata de Symphyotrichum novi-belgii. Asimismo, saqué todavía algunas plantas obtenidas de semillas el año pasado que actualmente tienen buena talla, incluso están floreciendo sin parar a pesar de que estemos en invierno. Se trata de un agerato (Ageratum houstonianum) que ha resultado ser perenne (el resto de plantas obtenidas del mismo sobre murieron tras dar semillas) y unas bocas de dragón (Antirrhinum majus) de semillas obtenidas de una planta que tuvo mi tía. También rescaté en otoño algunas plantas de clavel del poeta (Dianthus barbatus), que al tratarse de bienales no han florecido todavía, pero han crecido de manera óptima. Todos ellos han sido plantados en nuevos contenedores.

Además, para terminar de clarear, tuve que arrancar una gran mata de milenrama (Achillea millefolium) que se expandía a todo trapo. No la he tirado todavía, puede que conserve algún estolón para replantarlo y mantener al especimen; cuento también con otra mata obtenida de las mismas semillas hace más de un año que, sin embargo, nunca se ha desarrollado igual de bien. A la vez, removí la tierra enterrando muchas plántulas que se habían auto-sembrado: zinnias, más ageratos y probablemente algún pensamiento y Lobelia erinus. He resembrado estas especies con tal de reorganizar su distribución y con la intención de que se autosiembren a partir de este año, dejándolos el tiempo que haga falta allí.

He sembrado un poco de todo, pero mayormente especies de talla media y crecimiento sencillo. La idea es que las perennes crezcan el tiempo que necesiten y las anuales crezcan año tras año a partir de las semillas caídas de las plantas una vez completen su ciclo. Como digo, muchas de las sembradas el año pasado estaban volviendo a crecer de su propia semilla, y de no haber tenido que remodelar el contenedor, dichas plantas estarían crecidas y florecientes esta primavera.

Me hubiera gustado plantar antes, por lo menos en octubre, pero entre unas cosas y otras no ha podido ser. De todas formas, la mayoría de plantas que he sembrado ya las conozco y son muy rápidas creciendo. El año pasado planté muchas en marzo-abril y aún así dieron buen resultado, así que este año me gano dos meses de ventaja. Hace bastante calor desde media mañana hasta la tarde (en torno a los 14-19ºC) y además he cubierto el contenedor con plástico transparente, a fin de retener la humedad y el calor. Éste se quedará allí hasta que las plantas más grandes lleguen a tocarlo.

Aparte del contenedor he preparado algunas macetas con otras especies que prefiero tener separadas. A éstas también las cubro, sea con una lámina de plástico o con cualquier envase alimentario de este material que pueda hacer de tapa o "mini-invernadero", evitando también el secamiento y posibles visitas de los gorriones, muy aficionados a picotear los brotes jóvenes.

Ahora sólo queda esperar. Generalmente, el buen tiempo empieza a notarse ya desde los primeros días de marzo: si para entonces han brotado casi todas las plantas, su crecimiento a base de calor y luz naturales está asegurado y las floraciones se irán sucediendo desde finales de primavera hasta prácticamente el invierno que viene.