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domingo, 24 de abril de 2016

Flores de abril (II)

Salvia officinalis
Abril sigue su curso, y durante estos diez días centrales del mes el ambiente ha presentado distintos cambios que, si bien no han marcado demasiado el progreso de la primavera, han mantenido a raya el ascenso de las temperaturas. Éstas se habían empezado a disparar la semana pasada -con una máxima de 25ºC el día 16, algo perfectamente normal-, pero a lo largo de la siguiente, que hoy concluye, diversos episodios de nubes que finalmente no han dejado precipitaciones destacables y vientos frescos procedentes de Europa han dado una pequeña tregua. Sólo en la madrugada de ayer sábado las nubes consiguieron descargar una pequeña cantidad de agua, 0,3 mm., que rompe con la quincena sin precipitaciones que llevábamos desde el buen inicio de mes y que, como ya viene siendo habitual en los últimos años, parece que sólo esta franja de costa de la provincia de Valencia se quede sin su aporte de lluvias mientras descargan en el resto de la penísula.

Cosmos bipinnatus
Continúan sucediéndose las floraciones multicolores en la terraza, especialmente de parte de las especies anuales, aunque las perennes más efectivas tampoco tienen nada que envidiarles. Es el caso de la Salvia officinalis que adquirí a finales del mes pasado en un comercio local, con buen aspecto y floración incipiente, decidido de una vez a reintroducir esta especie en la terraza después del fracaso estrepitoso de hace dos veranos, en cuya ocasión adquirí un ejemplar de buen tamaño que murió sin más en apenas un mes. En esta ocasión he tenido mejor suerte y el ejemplar actual es un no parar de florecer, motivo por el cual las abejas de lengua larga no han parado de visitarla, como se ha ido mostrando en los más recientes vídeos. Las lamiáceas de clima templado suelen ser, en general, un éxito asegurado atrayendo a este tipo de insectos.

Nemophila maculata
Durante estos días ha tenido lugar el regreso de muchas especies conocidas. Algunas ya llevaban semanas floreciendo, como las Cosmos bipinnatus, de las que una vez más y por dejadez me da la sensación de haber plantado muy pocas; florece la segunda de las espuelas de caballero del contenedor, con un color similar aunque con los pétalos centrales quizá más oscuros que los de su vecina, que además debió surgir de las mismas semillas. Detrás de ella se encuentra el gran crisantemo Glebionis coronaria var. discolor, también obtenido de semillas propias de las plantas que cultivé el año pasado. Éste sigue extendiendo sus ramificaciones llenas de capítulos amarillos y blancos que, contra todo pronóstico, tienen un porte contenido y ordenado: a estas alturas, con el viento de estos días, las plantas de mayor altura se han removido de tal manera que toda esta zona está hecha un desastre cuando todavía quedan varias especies que tardarán un poco más en florecer.

Glebionis coronaria var. discolor
La siembra algo tardía de Phacelia grandiflora comienza a dar sus frutos estos días. Descuidé un poco el dedicarle un semillero a esta especie que tan bien había ido la anterior temporada y lo hice bastante tarde, a finales del pasado año y trasplantando posteriormente a una maceta menor que la de la primavera de 2015. Las plantas, que son tres, se han adaptado perfectamente y si bien no son ni una tercera parte de altas que la del año pasado, este aspecto compacto es de lo más atractivo y seguro irá mejorando todavía más en cuanto estén llenas de flores. Visto lo visto, en futuras ocasiones vale la pena usar una maceta de talla contenida ya que la planta ocupa menos pero sigue teniendo la misma cantidad de flores del mismo tamaño. Algo así ocurriría también con la Phacelia viscida, que este año he cultivado en una maceta pequeña sin desmerecer en absoluto: probablemente con mayor disponibilidad de tierra se hubiera hecho más grande, desgarbada incluso, pero no proporcionalmente más florífera.

Nicotiana mutabilis
Un regreso un poco más especial es el de la Nemophila maculata. Por descuido, he ido perdiendo a esta especie de mi propio banco de semillas. Las semillas originales, obtenidas de un compañero en un intercambio en 2013, están ya demasiado viejas y han perdido viabilidad. Las Nemophila menziesii, tanto las azules como las 'Penny Black' tuvieron más suerte a la hora de ser almacenadas. Con las maculata hice varios fallos: recoger tarde las semillas de la única planta de 2014, perdiendo varias por el camino; salir menos de las esperadas en la apretada combinación que obtuve en 2015, donde fui incapaz de separar a las plantas de esta especie y no salió ninguna del batiburrillo de semillas mezcladas que recogí. Finalmente, sembré unas pocas de aquellas que recogí en 2014 y las repartí entre el contenedor y una maceta. Las del contenedor, sin motivo aparente, murieron antes de que éste estuviese cubierto de hojas; de las de la maceta, tres, tuvieron un resultado que todavía me explico menos: las dos primeras en florecer resultaron ser una 'Penny Black' al uso y otra blanca y moteada como la variedad atomaria. Al final, la tercera salió como toca y por fin la Nemophila maculata vuelve a florecer en la terraza. La planta tiene buen aspecto, y a este paso será una de las Nemophila que más aguante floreciendo de todas estas primaveras. Por supuesto, no le quitaré el ojo de encima para guardar bien esta vez sus semillas.

Consolida ajacis
Cerca de allí, apenas una balda más arriba, hay que lamentar una baja que se ha llevado por delante a todos los ejemplares de una especie. Suena dramático, pero es así: el fin de semana pasado llegué a la terraza y las margaritas Thymophylla tenuiloba simplemente no estaban. Ni rastro de ellas. ¿Quién son los culpables? Afirmaría con total seguridad que los gorriones. En otras ocasiones se han llevado plantas enteras de la misma manera meticulosa, no dejando ni rastro. En esta ocasión incluso han seleccionado las tres de esa especie y no han tocado a las demás plantas de la misma maceta. La mayoría de veces, sin embargo, se dedican a cortar tallos y dejarlos caer en el sitio. No deja de ser curioso lo que han aguantado estas plantas, diminutas, totalmente expuestas sin problemas, y que los gorriones las hayan extraido selectivamente cuando estaban llenas de flores. Este año, todo hay que decirlo, los pájaros se pasan el día en la terraza y hasta se arriesgan a entrar bajo la malla del rincón cuando estoy allí, chocándose varias veces cuando me ven hasta que consiguen salir. Se nota este año la ausencia de cernícalos que solían volar hasta hace poco sobre la terraza, que seguro que a base de sustos harían que los gorriones no se distrajesen demasiado rompiéndome cosas. Habrá que esperar todo un año para volver a ver las pequeñas margaritas doradas de Thymophylla, pues.

Camassia leichtlinii
Precisamente bajo esa malla crecen las siguientes dos protagonistas de la entrada. La primera, la australiana Isotoma axillaris, que si bien cuenta con representación repartida por toda la terraza, el ejemplar que empezó a crecer prácticamente a finales de verano pasado a los pies de una Clematis es el primero en despuntar. Esta planta en concreto se ha hecho bastante grande y ya empezó a abrir flores a principios de mes, siendo también la ocasión más temprana en que lo hace en estas tres temporadas que la llevo cultivando. Esta vez sólo he obtenido los ejemplares autosembrados, pero de ellos podré obtener semillas para plantarlas intencionadamente junto a otras especies que florezcan a la vez aprovechando el conocimiento adquirido durante esta temporada, una de las más ricas en especies. El primer intento de combinación salió mal en su día: el otoño de 2014 puse unas pocas en el contenedor, pero ni les gustaban los riegos continuados ni pudieron sobreponerse al rápido crecimiento de sus vecinas, desapareciendo del todo antes de llegar al tamaño de floración.

Anemone blanda
De manera un tanto inesperada, durante la mitad de este mes han empezado a abrirse unas pocas flores de Anemone blanda. En las cuatro ocasiones que las he cultivado he acabado teniendo que comprar tubérculos nuevos: sólo en la primavera de 2014 tuvieron relativo éxito. En aquella ocasión florecieron ya a finales de invierno y lo hicieron varias a la vez. A la siguiente temporada, replantando los tubérculos y añadiendo una veintena más, ni siquiera brotaron. Este año parecía repetirse lo mismo cuando, de repente, han empezado a aparecer algunas hojas sueltas y capullos. Esto me anima a seguir probando con ellas, pero soy incapaz de encontrar el término medio a sus necesidades. Con sus parientes las Anemone coronaria es mucho más sencillo. Otros intentos con ranunculáceas similares han sido un fracaso prácticamente absoluto y ya ni siquiera lo intento. Mejor seguir con las anuales o con las que han demostrado tener poca dificultad.

Isotoma axillaris
También este punto central del mes ha visto florecer a una más de las bulbosas plantadas desde otoño. Se trata de la Camassia leichtlinii, que ya tuvo éxito el año pasado, aunque dos de los tres bulbos se malograron durante su conservación y todavía llegué a comprar unos nuevos. Sólo ha florecido una, que como ya ocurriera el año pasado, se da mucha prisa en despachar a las flores, no llegando a presentar nunca una vara con varias flores a la vez. Del resto de bulbos espero poco más, pues a estas alturas no han florecido los últimos narcisos que quedaban por hacerlo, los iris holandeses han empezado ya a secarse sin dar ni una flor y dos especies tardías, Hyacinthoides hispanica y Ornithogalum umbellatum, tienen pinta de que este año no repetirán aunque al menos tienen hojas que dejan claro que estar, están.

Phacelia grandiflora
Finalmente, abril también ha sido el punto de inicio de la floración de otro tabaco ornamental: Nicotiana mutabilis. Esta especie debe su nombre a la transformación que sufren sus flores, que se abren del todo siendo blancas, pero se tiñen de rosado a los pocos días. No tienen perfume y las flores son pequeñas, distribuidas de manera muy laxa, aunque el efecto que hacen todas juntas no resta belleza a la especie que, eso sí, parece necesitar obligatoriamente ser de un tamaño notable para que el conjunto de florecillas destaque. Al igual que el otro tabaco que cultivo, Nicotiana alata, no ha necesitado de una maceta muy grande. Su crecimiento lento durante el otoño se desató a partir de enero, cubriendo toda su superficie prácticamente en cuestión de días. En apariencia no llaman la atención de los insectos, o al menos de los que se ven durante el día, suponiendo que son plantas que en su zona de origen se valen de las mariposas nocturnas para su polinización.

lunes, 4 de abril de 2016

Inaugurando un nuevo abril

Omphalodes linifolia
Abril ya está aquí, y un año más la terraza lo recibe llena de flores. Las temperaturas son suaves -inferiores incluso a las de finales de marzo- aunque no tanto como el año pasado. Sería deseable, no obstante, que se mantuvieran como están un tiempo y no ocurra como en la temporada anterior, en la que la escalada de temperaturas sin vuelta atrás se produjo casi de sopetón a mediados del mes. También las precipitaciones han vuelto hoy, después de unas semanas de sol. De momento no son cuantiosas, pero se agradece que continúe lloviendo más allá de finales de invierno, y más con los años que hemos tenido en los que las primaveras fueron relativamente secas, con apenas unas pocas lluvias al inicio y al final de la estación.

Agrostemma githago
En los soleados días transicionales de marzo a abril, las protagonistas indiscutibles son las anuales. Viejas conocidas con experiencia de unos años, especies que este año he plantado en mayor cantidad debido a su éxito en su primera temporada y, por supuesto, las siempre esperadísimas especies que florecen por primera vez en la terraza. Son días en los que nos reciben flores de prácticamente todos los colores del arcoíris -menos el verde, que obviamente ya está presente en el follaje. A estas alturas no hay todavía especies que hayan comenzado su declive, si bien empiezan a vislumbrarse las primeras candidatas para ello: las Nemesia strumosa están ya formando sus cápsulas de semillas en forma de zurrón, y del mismo modo, las flores más tempranas de Linaria reticulata y Linaria maroccana se han convertido a su vez en cápsulas con simiente. No obstante, especies como estas dos pueden pasarse semanas produciendo semillas en las flores más bajas mientras todavía quedan flores nuevas abriéndose en el extremo de sus espigas. Lo adecuado, para evitar perder muchas semillas, es encontrar el momento en el que ya hay varias cápsulas abriéndose y quedan pocas flores arriba, sacrificándolas a fin de preservar la mayor cantidad de semillas posible. Para ello, además, es conveniente no guardar estas espigas en recipientes cerrados ya que las partes aún verdes pueden llenarse de moho y arruinarlo todo.

Bupleurum rotundifolium
El contenedor se llena estos días de especies que son apuestas seguras. Comienza el turno de plantas medianas a grandes, que si bien no crecen más despacio, sí suelen tomarse algo más de tiempo para florecer. Lo que más destaca desde lejos en el contenedor son las vistosas flores naranja de amapola de California, que este año están resultando ser un imán de abejas, y las grandes flores rosadas de las neguillas 'Milas', las cuales nunca se quedan en su sitio. Las planté en una posición más atrasada, pero no hay manera: en cuanto las flores aparecen y la brisa las mueve, se doblan hacia todos los lados. No son capaces de mantenerse derechas, alineadas con su propia base, sino que se curvan hasta que hacen tope con una planta cercana. Supongo que en la naturaleza -aunque este cultivar tiene flores mucho mayores que la variedad silvestre- crecen entre plantas mayores que ellas que las mantienen totalmente enderezadas. Para la próxima ocasión quizá sería buena idea mezclarla con plantas muy densas, como la mencionada amapola de California, que asegurase que todo el tallo está sujeto y sólo el extremo superior, con las flores, quede libre.

Clarkia unguiculata
Las otras amapolas californianas, Eschscholzia caespitosa, han acabado por no tener a la suerte de su lado. Hace mes y medio que apareció la primera y única flor y ninguna de las dos o tres plantas que se encontraban desarrollando flores volvieron a manifestarse. El problema es que la planta se queda en una talla muy reducida y sus compañeras más grandes le quitan luz: al año que viene, por tanto, descarto totalmente volverla a mezclar con plantas mayores y la mantendré en maceta, sólo acompañada por especies muy pequeñas o de follaje fino. Casi la misma suerte ha corrido la planta que aparece en la primera foto de la entrada: Omphalodes linifolia. Se trata de una boraginácea que tiene su origen en la región mediterránea, siendo autóctona en algunas regiones ibéricas. Sus montones de florecillas blancas llamaron mi atención y nada más encontré semillas a un precio razonable, las adquirí. Aquello fue bastante antes del otoño pasado, época en la que obtuve dos ejemplares que crecieron sin problema e incluso se salvaron de los ataques de los caracoles. Todo un mérito que se ha visto eclipsado por el crecimiento masivo de sus vecinas, que en cuestión de semanas han conseguido que uno de los dos ejemplares muera por falta de luz. El otro ha conseguido inclinarse hacia adelante y empieza a enseñar sus delicadas flores, que son morfológicamente muy similares a las de la nomeolvides china, aunque de un blanco inmaculado. Curiosamente, y a diferencia de otras boragináceas, las flores aparecen en cimas espaciadas y alternas en lugar de las típicas escorpioides.

Consolida ajacis
Dos margaritas de capítulos blancos y amarillos se unen también a las plantas de gran tamaño del contenedor. Ambas fueron cultivadas el año pasado, si bien sólo una de ellas en el contenedor. Se trataría de la Layia platyglossa, especie americana muy cercana a las Gaillardia que también tiene problemas para mantener su posición: la planta no llega a crecer totalmente recta, sino que emite un tallo central que durante su crecimiento se postra y apoya en el suelo. Así, creció en una posición tan mala, aplastando a otras plantas, que no me quedó más remedio que guiarla hacia el borde trasero del contenedor para apoyarla en la pared. No parece haberle importado mucho y lo demuestra floreciendo sin parar. En el otro extremo se encuentra el crisantemo Glebionis coronaria var. discolor. Tenía mis reservas a la hora de plantarlo en el contenedor: las plantas de donde recogí las semillas iniciales, en una huerta cercana a casa, miden unos 175 cm. de alto. Estaba dispuesto a sacarlo de allí si se pasaba de tamaño, como ya hiciera con unas Mauranthemum en otoño cuyo ritmo de crecimiento me hacía perder espacio para otras plantas. No obstante, es de suponer que el crisantemo limita su tamaño según lo profundo que llegue la raíz central: así, el año pasado en una pequeña maceta tuve plantas de apenas 30 cm. de alto, y el del contenedor no ha llegado al metro. Además, la roseta no es demasiado grande y el tallo crece recto sin quitar espacio lateral, ramificándose sólo durante la floración.

Glebionis coronaria var. discolor
Las que sí han cumplido con las expectativas respecto a su altura han sido las espuelas de caballero. Partiendo de un lote de semillas de 2013 he obtenido montones de plantas que han dado a su vez cientos de semillas, que he ido usando de nuevo en las siguientes temporadas. El año pasado aparecieron varias plantas sin haberlas sembrado, de semillas caídas, y una de ellas alcanzó el récord de tamaño hasta la fecha, superando el metro de altura. Parece que, lejos de perder vigor, los ejemplares grandes se hayan impuesto a partir de pasadas varias generaciones. Así, los dos ejemplares de este año, uno lleno de flores y el otro a punto de abrirlas, superan holgadamente el medio metro de altura y asoman sin problemas entre las demás plantas de talla similar que las rodean. Ambos ejemplares proceden, precisamente, de las semillas de aquel gigante que apareció el año pasado. Esta temporada, en cambio, no han aparecido más ejemplares involuntarios, como sí ocurre con su pariente la arañuela, que prácticamente lleva tres años apareciendo espontáneamente desde que hiciese la primera siembra y tan sólo tengo que seleccionar y cambiar de lugar a los ejemplares que quiero agrupar con otras plantas.

Convolvulus tricolor
El estandarte del contenedor sigue siendo la Clarkia unguiculata de flores rojas que se erige desde el centro, actualmente con varias ramificaciones. Después de la breve experiencia del año pasado, es increíble lo prolífica que puede llegar a ser floreciendo, desarrollando ramificaciones que se llenan de flores rápidamente y que, además, tienen una duración en la planta bastante prolongada, algo que difiere bastante del comportamiento de otras especies de su género que cultivo. Eso sí, parece ser que la planta no tiene interés alguno para los insectos, que se pasan el día buscando alimento por las plantas de alrededor y en ningún momento se detienen a investigarla. Veremos si son capaces de dar semillas aún así: el año pasado guardé los tallos secos con las vainas de semillas pero todas ellas aparecieron en otoño agujereadas, presumiblemente por las larvas de algún tipo gorgojo diminuto que se encargaron de convertir todas las semillas en su fuente de alimento. Desconozco si se introdujeron cuando aún estaban en la planta o cuando las guardé dentro de casa para que se secaran.

Layia platyglossa con abeja
Un nivel más abajo encontramos plantas de talla menor, como los siempre alegres alhelíes de Mahón. Aunque los planté algo más tarde que el resto de pequeñas anuales y casi no lo cuentan por un despiste abonando con quelato de hierro, que les quemó algunas hojas, se han desarrollado un año más sin problemas y aparecen en varios puntos del frontal. Las primeras flores se abrieron hace un mes y medio y parece que todavía tendrán tirón para bastante más, dado que ni siquiera han comenzado a desarrollar las silicuas que contienen las semillas. No les ha ido tan bien a los alhelíes cuarentenos del contenedor, que quise probar si serían una buena adición para el grupo de flores de tamaño pequeño, pero el resultado no ha cumplido las expectativas. Se han quedado muy bajas y sólo un ejemplar ha dado flores simples, más apropiadas para combinar con el resto de especies de aspecto silvestre. Es más, este ejemplar es el que menos altura ha alcanzado. Habrá pues que limitarse a contemplarlos en macetas, donde tienen vidas largas y florecen durante periodos prolongados.

Malcolmia maritima
También en el nivel más bajo del contenedor ha encontrado su lugar este año la única Convolvulus tricolor que ha salido adelante. Esta vez los planté muy tarde y prácticamente ya no quedaba sitio para ellos, que acabaron en el lado de menos insolación durante el invierno. Apenas ha conseguido sobrepasar el reborde del contenedor, a diferencia de ejemplares de años anteriores que crecieron como plantas ascendentes de hasta 30 cm. de alto, muy ramificadas. Esto no ha sido óbice para que haya producido flores de gran tamaño, nuevamente del tono azulado-blanco-amarillo típico de la especie. En todos estos años sólo en una ocasión llegó a aparecer un ejemplar en cuyas flores el azul purpúreo es sutituido por un tono rosado. Al año que viene habrá que prestarle algo más de atención, pues una planta tan sencilla de sacar adelante y tan vistosa, especialmente combinada con las margaritas que crecen a la misma altura y se entremezclan con ellas, merece tener mayor representación.

Agrostemma githago
Los insectos siguen prácticamente igual que en la segunda quincena de marzo. La variedad de abejas ha descendido, pero no así su abundancia. Siguen, como siempre, mandando las Apis mellifera, que visitan casi cualquier flor que se les ponga a tiro; machos y hembras de Anthophora plumipes recorren incansablemente todas las flores tubulares donde encaje su lengua libadora, sean linarias o salvias; asimismo, también continúan aumentando las visitas de las anaranjadas Rhodanthidium sticticum, tan buenas aliadas para la polinización. Es presumible que estos días, de seguir las lluvias -esperemos que así sea- los insectos tengan que esperar un poco para obtener el preciado alimento que las flores les ofrecen. Tiempo habrá, de eso no hay duda.

lunes, 18 de mayo de 2015

Espuelas de caballero estratosféricas

Consolida ajacis
En ocasiones a las plantas parece ocurrirle como a las personas: sus descendientes acaban superándoles en altura, ganando varios centímetros de más en sólo una generación. En realidad en las plantas no sería justo llamar a esto "descendencia" buscando la similtud con los hijos de una pareja humana, dado que la mayoría de veces estaremos hablando de plantas herbáceas autógamas, es decir, que ellas mismas se fecundan y dan semillas. De ahí que sorprenda tanto el cambio de una generación a otra.

Desde la siembra de 2013, a las espuelas de caballero Consolida ajacis les ha ido bastante bien en la terraza. En aquella misma estación, la primera comenzó a florecer en noviembre y lo hizo de manera ininterrumpida hasta abril. Era un ejemplar compacto (apenas 20 cm.) y muy ramificado. Posteriormente fueron apareciendo varias plantas más, algunas enanizadas y otras mayores, con un tamaño máximo de unos 40-50 cm. para los ejemplares que florecieron entre abril y junio.

El ejemplar más alto
Este otoño sembré voluntariamente algunas semillas de esta especie y aparentemente no obtuve resultados. En cambio, de las plantas mencionadas anteriormente, además de recoger un montón de semillas, muchas de ellas acabaron perdidas en el sustrato y fueron reapareciendo en otoño. Algunas simplemente las dejé donde estaban, con los bulbos de floración primaveral, mientras que unas pocas fueron repicadas al contenedor y finalmente, todavía no entiendo cómo, acabaron lanzándose a perder. Creo que la culpa de haber perdido tantas plantas que iban más o menos bien se debió a la mala decisión de sembrar rúculas en el contenedor, las cuales en poco más de un mes de vida empezaron a tapar los alrededores con sus amplias hojas.

Movido por la curiosidad, seguí cuidando a esas espuelas in situ y ver hasta dónde eran capaces de llegar. Todos los ejemplares han alcanzado o superado el tamaño de las más grandes del año pasado, incluso estando en macetas de apenas 15 cm. de profundidad, mucha menos que en el contenedor. El ejemplar más grande, el de las fotos, ha alcanzado la excepcional cifra de 130 cm. desde la base a sus flores más altas, tanto como la azucena blanca que crece en una maceta vecina. Las plantas prosperan con poca agua, y eso es bueno, dado que las macetas en las que se encuentran están llenas de bulbos descansando a los que les va haciendo falta quedarse totalmente secos. A estas espuelas, que además se encuentran todas ellas acompañadas de acianos, las iré regando menos conforme vayan perdiendo flores, evitando mojar a los bulbos y aprovechando su resistencia, dado que no van a necesitar apenas agua para formar semillas: éstas serán utilizadas a partir de otoño para producir otra generación de estas preciosas y espigadas anuales.

miércoles, 22 de abril de 2015

Desde una pequeña semilla

Glebionis coronaria var. discolor
Abril ha ido experimentando una leve subida de temperaturas con vientos que no resecan demasiado la tierra, el sol apretando unas pocas horas y los instantes de sombra y nocturnos todavía bastante suaves. Las plantas que fui sembrando durante el otoño empezaron a florecer pronto en su mayoría, pero este tiempo benévolo ha permitido que duren lo suficiente para coincidir entre ellas. Eso sí, ya he empezado a notar que no conviene dejar semillas recién sembradas al sol puesto que se resecan antes de recibir su segundo riego. Sólo sobreviven y siguen creciendo las que puse a principios de mes: las lluvias tampoco están ayudando mucho, puesto que ya no han vuelto a aparecer desde hace una semana, a pesar de las nubes que han ido llegando con probabilidad de precipitación. Abril está siendo muy seco aunque la suavidad ambiental haga que esto pase desapercibido.

Leptosiphon androsaceus
La mayoría de especies que siembro desde semilla son anuales o perennes tiernas, de poca longevidad, que germinan igual de fácil que las anuales y florecen tan pronto como ellas. Algunas son vivaces y llevan años en la terraza, como la Ratibida columnifera que actualmente se encuentra perdiendo la roseta de hojas y volviendo a desarrollar el crecimiento vertical con el que florece. Otras comenzaron como semilla y las he ido propagando por cortes de raíz, como la Oenothera speciosa que florece estos días; algunas, simplemente, han ido autosembrándose y parece que siempre hayan estado ahí, aunque se trate de ejemplares nuevos: este es el caso de las Gaillardia aristata.

Nicotiana alata 
Sin duda alguna, el punto de referencia donde más éxito han tenido las anuales ha sido el contenedor. Algunas especies comienzan ya a decaer durante esta semana mientras otras, que empezaron más tarde a florecer, siguen adelante con su progresión. Por ejemplo, hay un buen montón ya de amapolas de California formando las cápsulas de semillas a la par que siguen produciendo flores que se abren al sol y tiñen de naranja las patas de las abejas cuando recolectan su polen. Las Leptosiphon androsaceus pierden sus primeras flores pero, como si de la hidra se tratase, por cada una que pierden aparecen dos más. Las Convolvulus tricolor de color azulado se han multiplicado junto a las Mauranthemum y forman una combinación espectacular, mientras comienza a florecer un ejemplar de flores rosadas.

Convolvulus tricolor
Fuera del contenedor existen varias macetas con combinaciones de anuales. Sólo unas pocas de ellas se hicieron voluntariamente, en otoño, y en algunas las plantas han crecido muy despacio y no han llenado del todo su maceta. La idea es que estas combinaciones fuesen tan exuberantes como las del contenedor ocupándolas con plantas que no se encuentran allí, pero se lo han tomado con más calma. En una de ellas combiné caléndulas, Cerinthe major, borrajas y otras especies que han tardado increíblemente en florecer, como la nomeolvides china, cuyos ejemplares de 2013 se adelantaron demasiado y estuvieron floreciendo el mismo otoño de su siembra y ahora no he visto flores hasta medio año después de su siembra. También hay algunos claveles en la misma maceta que siguen creciendo todavía, una amapola de California medio escondida, un par de fenogrecos produciendo vainas y malvas Lavatera trimestris muy pequeñas aunque a lo visto, cerca de florecer. El sustrato que utilicé es el mismo del contenedor, pero no entiendo por qué algunas plantas han crecido tan poco.

Amapola de California
En otra maceta, mi intención era hacer una combinación tupida de Cosmos bipinnatus y sulphureus más unos Linum grandiflorum y Glebionis coronaria var. discolor. Las dos primeras germinaron, pero sólo las C. bipinnatus han crecido de manera normal, mientras que las C. sulphureus han quedado todas muy pequeñas y las plantas tuvieron una vida muy corta aunque, bien mirado, ha sido el año que más flores y ejemplares de esta especie he tenido en la terraza. En cuanto a la Glebionis coronaria, se trata de una planta que obtuve a partir de semillas de un grupo de plantas que existe en una huerta en la localidad donde vivo, donde las plantas crecen muy grandes y cargadas de flores desde marzo. En el caso de mis ejemplares, dos, su germinación fue prácticamente "a ciegas" dado que no conseguía que las semillas germinasen por métodos forzados. Enterré cuatro semillas en la misma maceta y bastante tiempo después aparecieron dos plantas con las hojas características de la especie, Con unos 20 cm. de alto, ambas plantas se han puesto a florecer simultáneamente esta semana. La variedad discolor presenta lígulas blancas con una base amarilla, haciendo que los capítulos se vean como un disco bicolor. La variedad nominal es totalmente amarilla.

Centaurea cyanus
En esta misma maceta fui sembrando también algunos claveles que iba germinando durante el otoño y apareció por sorpresa otra Cerinthe major, posiblemente mezclada con la tierra. Tierra que, por cierto, reunía sustrato de varias macetas utilizadas hasta el año pasado y quedó con una capa superior de trozos de corteza que no retiene nada la humedad. En otoño las plantas germinaron y crecieron perfectamente, pero en la actualidad no he conseguido que las zinnias que estoy germinando duren más de dos días sin quemarse. Como no es cuestión ya de mover la maceta a semisombra, si quiero ver zinnias variadas quizá deba hacerlo en otra maceta.

Consolida ajacis
La otra maceta combinada contiene a la ya mostrada Phacelia grandiflora, una Malva sylvestris que todavía no muestra signos de querer florecer -y es la única malva que sigue sin hacerlo- y unos tabacos ornamentales Nicotiana alata, más especies que han llegado como polizontes en la tierra como las nombradas Oenothera speciosa y los antirrinos. Los tabacos han llegado a la fase de floración algo estropeados, quizá porque hay demasiadas plantas juntas, pero ello no es óbice para que abran cada atardecer sus flores blancas en forma de trompeta. Parece que es una especie que florece durante la noche y entonces debe ser cuando emite su perfume, porque de momento no huelo nada en las flores que quedan abiertas de día. No he podido visitar la terraza totalmente de noche, pero todavía estoy a tiempo de hacerlo, pues las plantas siguen produciendo flores estos días.

Caléndulas
El resto de anuales, viejas conocidas de la terraza, han aparecido de manera dispersa en todas las macetas que o bien se quedaron en el mismo sitio tras perder su contenido el verano pasado o bien contienen el sustrato de éstas reutilizado. Dado que tampoco había urgencia en utilizarlas y el sitio que ocupan es poco, a la inmensa mayoría las he dejado y de paso me ahorro sembrarlas o repicarlas por mi cuenta: es más, algunos de estos ejemplares espontáneos acabaron repicados a su vez en el contenedor y no tuve que usar semillas, aunque no funcionó igual de bien con todos. La mayoría de ellas han aparecido en macetas con bulbos, a los que han llegado a cubrir del todo.

Linaria reticulata
Destacan sobre todas ellas las Dorotheanthus bellidiformis, que formaron alfombras de flores durante el final del invierno y esta primera parte de primavera, pero ya se acercan a su final, Tomando el relevo a medio camino, las Ismelia carinata comenzaron a desplegar sus capítulos a la vez que han ido floreciendo ejemplares de plantas silvestres que llegaron accidentalmente a la tierra, como Spergularia, Papaver dubium o Melilotus. A éstos últimos los estoy eliminando minuciosamente ahora que todavía comienzan a florecer ya que llevan dos años apareciendo por la terraza sin que me dé cuenta. Deben haber cientos de semillas en el sustrato viejo del contenedor, donde aparecieron por primera vez, y no quiero que haya más. A las amapolas también las estoy "decapitando" sistemáticamente tan pronto como les caen los pétalos.

Anthirrinum majus
No todas las plantas que han invadido estas macetas son silvestres oportunistas. Plantas muy bonitas que he cultivado los dos últimos años están apareciendo ahora en forma de ejemplares grandes y saludables. Por ejemplo, florecen los primeros acianos que, a su vez, también lo hacen en el contenedor. También comienzan a abrirse las flores de las espuelas de caballero que dejé crecer voluntariamente en algunas macetas de bulbos, dando unas plantas espigadas y cargadas de flores. El caso es que esta especie la sembré y posteriormente repiqué algunos ejemplares en el contenedor, pero no veo ninguno que sobresalga. Al año que viene, si vuelve a ocurrir lo mismo, aprovecharé para repicar todos los ejemplares que encuentre y matar dos pájaros de un tiro: meterlos con todas las anuales y despejar la tierra de los bulbos. Lo mismo parece ocurrir con las arañuelas, con dos ejemplares a punto de florecer que llevan desde el verano pasado creciendo, pero no encuentro ninguna en el contenedor.

Consolida ajacis
Otras especies que no dejan de aparecer son los antirrinos, muchos de los cuales he arrancado o dejado secar en macetas totalmente abandonadas -e increíblemente soportan la ausencia de riego y se vuelven a levantar si llueve- y que descarté plantar en el contenedor por su tendencia a doblarse y llenarlo todo de semillas, que ya hay suficientes por toda la terraza; su pequeña pariente la Linaria reticulata ha resultado ser igual de oportunista y sale en varias macetas, al igual que el lino rojo, que se muestra esplendoroso tanto a pleno sol como en semisombra. Las Brachyscome iberidifolia el año pasado tuvieron su propia maceta y no recogí ni una semilla, con lo cual se resembraron y la siguiente generación ya comenzó a florecer en verano; en otoño sembré ejemplares en el contenedor que fueron bastante mal y ahora empiezan a florecer, pero sólo un par. Es posible que también las deje caer este año por todas partes para obtener ejemplares que repicar. Finalmente, también mantengo a las Isotoma axillaris gracias a este sistema: sus finísimas semillas cayeron por el entorno de la maceta donde se encontraban y los ejemplares que tengo para que florezcan este año son todos autosembrados. En el contenedor, más de lo mismo: siembras y repicados que no dieron resultado. Las semillas son así de caprichosas: tanto, que este año incluso tengo Mauranthemum y caléndulas creciendo en grietas de las baldosas.

domingo, 22 de junio de 2014

Entra el verano

Flores de alfalfa
La estación más larga del año vuelve a ser este verano que comenzó ayer sábado a primeras horas de la tarde, la cual nos acompañará hasta el 23 de septiembre. Las diferencias con el año pasado son varias, la primera de las cuales obviamente el hecho de que el calor llegará para terminar de apretar la ya maltrecha racha de sequía de nuestra comarca, en la que apenas ha llovido desde noviembre. Por lo demás, las temperaturas son algo más altas ahora que hace un año aunque tampoco comparables a las que llegaron poco después y que coparon unos 50 días de abrasador calor entre julio y agosto, lo normal por aquí, todo sea dicho. El año pasado el verano comenzaba con una situación de inestabilidad y llovió (poco, pero más del triple de lo que llevamos este mes de junio). Para estos próximos días se esperan nubes de nuevo y habrá que ver si dejan despedir junio con algunos litros más.

Geranium sanguineum
En la terraza, las plantas poco a poco van disminuyedo de manera progresiva y, tal como se esperaba, con las correspondientes bajas previsibles -las anuales que terminan su ciclo- y las inesperadas o quizá no tanto, de especies vivaces que no han funcionado bien durante la temporada y han acabado sucumbiendo, las cuales habrá que estudiar con detenimiento para ver si se trataba de errores corregibles o simplemente son especies que no soportan bien el cambio de condiciones que les supone el adaptarse a nuestro clima, pues la inmensa mayoría vienen de Holanda, con un clima mucho más suave, húmedo y con inviernos "de verdad". De todos modos, tras la hecatombe con los bulbos no han sido muchas más las bajas de cariz dramático, pues el primer episodio de calor intenso fue superado con éxito.

Dahlia 'Mignon' amarilla
A estas alturas llevo hecho un trabajo de limpieza y acondicionamiento similar al que llevaba el año pasado en agosto, siendo la principal baza la extracción de bulbos y tubérculos de especies varias para su conservación hasta que llegue el final de la estación y lo reorganice todo. He extraído montones de iris, anémonas, ranúnculos y los Oxalis bowiei, los únicos de la familia que están ahora en letargo dado su ciclo otoñal-invernal. Respecto a anuales y vivaces, ya casi no me queda superficie libre donde colocar los tarros y demás recipientes donde conservo las cápsulas de semillas hasta que otro día las organice y guarde ya limpias -muy complicado en algunos casos por el trabajo que supone separar restos vegetales de la semilla en sí. En resumen, que lo único que queda aparte de esperar a que llegue agosto y comenzar a hacer semilleros para la próxima temporada es desmantelar el contenedor de los bulbos y reorganizar esa parte de la terraza, cuya idea es colocar macetas elevadas sobre baldas como en el centro, en el rincón trasero y en la parte que da la calle. Para ello habrá que esperar a que terminen su ciclo las actuales bulbosas veraniegas que están creciendo y, en el caso de las Tigridia, floreciendo.

Echinacea purpurea
En el contenedor de las anuales queda poco que ver y actualmente incluso hay tantos vacíos que la falta de agua entre riegos se hace menos acusada. Quedan de casi todas las plantas que han ido floreciendo en primavera excepto los crisantemos tricolor, que ya se secaron del todo y fueron retirados. Florecen las ya habituales espuelas de caballero, un par de Rudbeckia hirta y finalmente varias plantas de alfalfa que se lo han tomado con calma y han pegado un estirón de última hora para florecer, con espigas de flores que caen hacia todos los lados. Sembrar esta especie popularmente cultivada para forraje para ganado tenía como función aportar un tono de color distinto y de paso nitrogenar el suelo con sus raíces, aunque parece que su potencial ornamental ha sido algo inferior al esperado. Demasiada planta -aunque ocupa relativamente poco espacio horizontal- para tan pocas flores, quizá al año que viene la ponga en otras combinaciones pero deje el contenedor a otras especies nitrificadoras y de aspecto llamativo como Phacelia o Trifolium.

Platycodon grandiflorus
En las zonas más expuestas al sol la situación varía según las especies que observemos. Las Echinacea siguen floreciendo aunque el follaje se está estropeando más de la cuenta, si bien hay algunos tallos que siguen bien verdes y confío en que sean los que mejor aspecto tengan durante estas semanas: por lo pronto, ninguna cabezuela consigue salir con las lígulas impecables, todas tienes algún defecto o marca. Entre los bulbos, bien crecidos, siguen floreciendo las Tigridia y se quedó a medio camino una Sparaxis tricolor, que dio dos flores deformes y nada más. Llevo años intentándolo con estas iridáceas y aunque crecen, no consigo verlas florecer con normalidad. No sé qué necesitan realmente, porque ni quieren una tierra seca ni termina de gustarles un riego continuado, llegando algunos ejemplares ya desarrollados a ponerse amarillos y perder las hojas si los riego cada dos días como a todas.

Rudbeckia hirta
Un caso similar ocurre con las dalias. Llegaron a dar tantos problemas y lanzarse a perder de manera tan radical en otras temporadas que me planteé no volver a tener más esta especie, aunque llegada esta temporada no pude negarme a no contar con estas bonitas y en teoría sencillas plantas. Las semilleras que sembré en febrero comenzaron con mal pie, pero cada vez tienen un follaje más atractivo y, además, consiguen ir floreciendo sin defectos. Lo mismo hace el único ejemplar que he plantado este año desde tubérculo, una variedad de hojas púrpura y flores rojas que lleva semanas floreciendo aunque todavía espero a que consiga desarrollar un capítulo sin defectos para poder mostrarlo aquí haciendo justicia a la belleza de la planta. Si el verano no les reporta muchos problemas, quizá para otoño hagan su último esfuerzo y florezcan con mayor impacto antes de que se echen a descansar.

Consolida ajacis
En la balda frontal las tornas comienzan a cambiar. La mayoría de Monarda citriodora se han ido secando y las he ido cortando para extraer semillas, agrupando los tallos restantes con un soporte para evitar que caigan y tapen otras plantas que siguen su desarrollo. El Delphinium produce nuevas varas florales a la vez que las Liatris comienzan a florecer intensamente. Algunas especies nuevas, de las pocas que quedan ya, preparan también sus flores. Va terminando también la breve pero intensa Sidalcea, mientras que sus primas mayores las Alcea ya han sido podadas puesto que los altos tallos otrora cargados de hojas y flores ya sólo contenían cápsulas secas. No obstante, aún hay una de las plantas floreciendo a poco más de veinte centímetros del suelo. Desde luego, aprovechan bien todo el crecimiento para dar semilla.

En el rincón trasero encontramos todavía muchas de las especies que fueron sembradas más tarde, algunas a punto de florecer o haciéndolo ya como la albahaca. Son quizá el último bastión de anuales y herbáceas que quedan por mostrar sus encantos si no tenemos en cuenta a las trepadoras que, con su origen mayoritariamente tropical, todavía están en su época de siembra y son actualmente las únicas plántulas jóvenes presentes en la terraza. Se acumulan allí también las macetas vacías donde hubo plantas anuales, vivaces que han pasado a la historia o tuberosas que esperan su época. Entre las vivaces que siguen a buen ritmo, por ejemplo, el Geranium sanguineum se encuentra en su mejor momento desde que comenzó a florecer y ahora ya muestra hasta seis flores a la vez en lugar de una como venía siendo habitual. Eso sí, no es que sea la panacea en cuando a frondosidad.

Tigridia visitada por una avispa
La última especie en llegar ya crecida a la terraza fue la Platycodon grandiflorus, una campanulácea de flores enormes originaria de China. Hace dos veranos que las vi en el Eroski de Cullera y de entrada no me llamaron la atención, aunque al llegar a casa e informarme vi que parecía una especie interesante y me arrepentí un poco de no habérmela llevado, en lugar de las gerberas que siempre acababan muriéndose. Dos veranos después la he vuelto ha encontrar y esta vez se ha venido a casa sin dudarlo. Ahora deberá adaptarse para convertirse en una planta grande y frondosa con flores que crezcan en altos pedúnculos en lugar de pegados a la mata como las tiene ahora mismo. Además, se trata de una vivaz con raíz napiforme que se queda seca en invierno y rebrota en primavera, con lo que con unos cuidados adecuados se le puede sacar mucho partido. La planta llegó a casa el pasado jueves y tiene un aspecto impecable, aunque las flores que traía ya se le han marchitado y se espera que en breve abra los capullos que traía en desarrollo.

Vista del Geranium sanguineum
Comienza pues la época más dramática del año para las plantas y en la que muchas veces ni los cuidados más estrictos consiguen paliar los efectos del calor unido a la humedad ambiental aportada por el mar. No obstante, esta temporada las cosas han ido relativamente bien y ha habido más flores que nunca en cualquier época, y el verano no será excepción, pues todavía quedan a estas alturas especies nuevas con buen aspecto que van a florecer en breve si no ocurren imprevistos. Las previsiones meteorológicas apuntan a que el martes habrá tormentas: es difícil imaginar, siguiendo esta mala racha, que vayan a traer una buena cantidad de agua, pero desde luego sería lo deseable para afrontar los al menos dos meses seguidos de intenso calor que nos quedan por delante.

jueves, 15 de mayo de 2014

Enanos de jardín

Bidens ferulifolia de talla reducida
Uno de los fenómenos que estoy observando con frecuencia en la terraza es la aparición de plantas anuales que comienzan a florecer con tamaños inferiores al que se espera que alcancen, particularidad que todavía no sé por qué motivo se produce ya que no he podido encontrar información detallada al respecto y comparar si alguna de las opciones coincide con mis condiciones de cultivo.

En temporadas anteriores no había visto proliferar tanto este fenómeno, no sé si porque no tenía todavía a las especies que lo están mostrando o se debe a algún factor ambiental (falta de frío y/o humedad) o químico (sustratos demasiado agotados que se reflejan en carencias en las plantas).

El caso más frecuente en la temporada 2013 era el de algunas Cosmos bipinnatus que crecían en una maceta "multiusos" que no he movido del sitio desde entonces. Las plantas empezaban a mostrar botones florales con poca altura y florecían más o menos a la mitad del tamaño normal, pero terminaban creciendo un poco más y los capítulos también eran mayores. Caso extraño pero ni de lejos tanto como alguna vez he observado en el contenedor, donde ejemplares de esta misma especie han llegado a florecer con apenas 3 cm. de altura y capítulos de menos de 2 cm. de diámetro. Es curioso porque en esta misma maceta que menciono al principio he visto crecer algunas plantas de talla ligeramente menor a lo habitual, como las rúculas de este año, pero también lo contrario, plantas particularmente grandes y robustas como las Xerochrysum bracteatum o las Tagetes patula. Un caso idéntico lo observé el año pasado con las Vaccaria hispanica, con plantas grandes y llenas de flores de algo más de 30 cm. de alto y enanas inferiores a un tercio de ese tamaño con no más de 2-3 flores a la vez, ambas creciendo en el mismo sitio.

Consolida ajacis enanizada
Lo mismo se puede decir del contenedor este año. Matas frondosas como las caléndulas, los crisantemos tricolor, el lino rojo o las tiempo atrás florecientes nomeolvides chinas han compartido espacio con auténticas enanas que todavía no se han visto representadas por especímenes de tamaño normal: Malcolmia maritima de apenas 7 cm. de altura y cargadas con sólo dos flores a la vez en lugar de portar varas rebosantes de ellas; amapolas, posiblemente Papaver commutatum, de tamaño ridículo y aspecto reseco con flores deformes; y el que es quizá el caso más extremo: dos alforfones o trigo sarraceno (Fagopyrum esculentum) que sembré en abril y que comenzaron a florecer tras sacar el segundo par de hojas. Hojas éstas triangulares que habitualmente son muy grandes y crecen sobre un tallo de hasta 80 cm.: las plantas mencionadas apenas llegan a cinco. También han aparecido plantas enanizadas de especies que sí han tenido representantes de talla normal, como la Linaria reticulata 'Flamenco' o la Consolida ajacis de la foto, que además de minúscula se observa que a las flores les falta el par de pétalos centrales que cubren los estambres y en su lugar han desarrollado un pétalo a modo de visera.

Una nueva planta enana que se ha revelado estos días ha sido un ejemplar de Bidens ferulifolia que sembré en una maceta a partir de semillas de la planta que compré el año pasado. Ésta era grande y frondosa, con cabezuelas de diámetro amplio como los crisantemos. El resultado ha sido la planta que se ve en la foto: una versión en miniatura perfecta, con hojas más reducidas y capítulos de la mitad de tamaño. El problema desde luego no lo achacaría a la maceta, de 11 cm. de profundidad, ya que en el mismo tamaño he tenido anuales grandes como la Agrostemma githago 'Milas', las Clarkia amoena o un Carthamus tinctorius que no tardará en florecer. Ignoro si será capaz de seguir creciendo como hacen las muy relacionadas Cosmos. De todos modos, en nuestros campos existe una especie asilvestrada de Bidens, la B. pilosa, a la cual también suelo ver en tamaños dispares, desde plantas que florecen casi a ras de suelo a matas ramificadas de más de un metro. Y más de lo mismo con otra asterácea invasora, la Symphyotrichum squamatum.

¿Soluciones? Debido al cambio que tengo planeado hacer con el desmantelamiento del contenedor grande, el de los bulbos, quiero aprovechar para cambiar el sustrato que usaba para éstos, más rico y poco utilizado hasta ahora, para sustituir toda la tierra del contenedor de las herbáceas, donde creo que puede jugar un mejor papel. Pero claro, quedará este sustrato sospechoso de estar algo agotado que seguiré usando para bulbos y otras plantas. No sería mala idea mezclarlo con un par de sacos de sustrato nuevo o de compost -mucho mejor esta última opción- para aportar nuevos nutrientes y salir de dudas.