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jueves, 23 de marzo de 2017

Una nueva primavera

Asperula orientalis
El pasado lunes día 20 por la mañana daba comienzo de manera oficial la primavera. Día y noche se igualaban en duración y el invierno, que no ha sido especialmente frío pero sí el más lluvioso de las últimas décadas, tocaba a su fin. La estación invernal comenzó tras un colofón lluvioso de tres temporales seguidos que dejaron buenas cantidades de agua desde finales de noviembre. El primer mes fue bastante tranquilo, pero la calma fue rota por un cuarto temporal más duro que los anteriores. Después de ello vino otro mes y medio relativamente tranquilo con lluvias dispersas y poco cuantiosas y terminaría, a falta de una semana para el cambio de estación, con otro temporal de lluvias y viento que a nosotros no llegó a afectarnos de manera tan grave como ocurrió en Alicante y Murcia, pero que proporcionó una cantidad de lluvia apreciable y muy bienvenida. Al final, el invierno queda con más de 300 mm. acumulados, algo insólito si miramos atrás. Las temperaturas se han vuelto a suavizar y el inicio de primavera está siendo más benevolente que en años anteriores. Una entrada de aire frío ha refrescado gran parte de la península, provocando una bajada ligera de las mínimas en nuestra región. De lluvias, por el momento, no estamos del todo seguros si veremos alguna gota los próximos días.

Arenaria montana
Lo que es indiscutible es que la cantidad de flores es cada vez más grande y variada. Diversas especies llevan casi un mes floreciendo sin parar y otras tantas se han ido apuntando estos últimos días. Entre las anuales habría que citar a las Nemophila menziesii, las cuales empezaron esta vez con los ejemplares correspondientes a la variedad 'Penny Black', curiosamente los únicos que fueron puntuales a su floración a partir de febrero. Ya en marzo aparecieron las de color blanco y finalmente, con el paso de los días, la forma original de color azul celeste ha hecho aparición de manera patente. Pero sin duda, la gran sorpresa ha sido la floración de la Nemophila maculata. El año pasado me quedé sin semillas de la especie salvo las que pudiera haber por azar de la recogida conjunta de todas las plantas que florecieron en 2015, y el único ejemplar que creció se secó en plena floración sin más, sin producirse ningún descuido en el riego ni nada parecido. Por ello, me quedaba provisionalmente sin semillas y quizá hubiera tenido que comprar más. A lo largo del invierno, un ejemplar de Nemophila me llamó la atención por su gran tamaño en una maceta en la que mezclé otras anuales, pero di por sentado que sería una menziesii. He olvidado del todo si esta recién revelada como maculata llegó allí porque trasplanté una planta aleatoria del semillero, hecho con las mencionadas semillas mezcladas de 2015, o simplemente salió de una semilla perdida en el sustrato. El caso es que se convierte en una segunda oportunidad para recoger semillas de la especie y recuperarla paulatinamente en los próximos años.

Nemophila maculata
Otras especies no tuvieron tanta suerte y este año no están presentes en la terraza. Las Layia platyglossa nunca han sido capaces de dar semillas viables -las que producen siempre están huecas- y tristemente, este otoño pasado las semillas que guardaba ya no germinaron, con lo cual habrá que conseguir nuevas y esperar al año que viene. No ocurre lo mismo, por fortuna, con las Malcolmia maritima. Aunque me descuide y muchas plantas acaben perdiendo las semillas antes de que las recoja, basta con que consiga guardar unas pocas para tener éxito a la siguiente temporada. Además, a estas alturas todavía germinan las semillas originales de 2013 con las que introduje la especie en la terraza. De manera similar, guardo todavía bastantes semillas de Collinsia heterophylla desde 2015, que también empieza a florecer esta semana, aunque el ejemplar parece que esta vez no consiguió ganar ventaja al crecer y las espigas no son tan espectaculares como las de aquel año. En general, el intento de dejar el contenedor de anuales a su aire a base de autosiembra no ha salido demasiado bien, y a ello hay que sumarle que el temporal de enero arrasó la parte trasera por la fuerza combinada de la lluvia y las fuertes ráfagas de viento, pudriendo a muchos de los ejemplares de plantas arraigados allí. Este otoño queda claro que todo irá a base de semilleros, y más todavía con ese enorme avance que ha supuesto el uso de molusquicida para acabar con los caracoles.

Collinsia heterophylla
No obstante, la variedad en el contenedor no es del todo mala a pesar de que faltan bastantes especies emblemáticas que no habían faltado estos últimos dos años, como las Agrostemma, Centaurea cyanus o Schizanthus. De las presentes, hace ya días que florecen las Salvia viridis y ahora comienzan a abrir sus flores las amapolas de California. Las demás especies es de esperar que florezcan ya en abril, quizá un poco antes. Haciendo ya un esbozo de lo que debería ser la lista de plantación para el contenedor este próximo otoño, sin duda introduciría a una planta que llega este año a la terraza: la Asperula orientalis. Se trata de una rubiácea anual de porte ligeramente postrado que tolera de buen grado la sombra, aunque obtuve tantos ejemplares en una única siembra que los repartí por todas partes y a pleno sol, aunque más pequeñas, las plantas adquirieron tonalidades oscuras y empezaron a florecer antes. Su floración consiste en unos pequeños ramilletes de flores tubulares con 4-5 lóbulos de color lavanda. Su tolerancia al trasplante es tal que llegué a desplantar ejemplares cercanos a la floración por accidente, replantarlos en otras macetas y continuar con su vida hasta florecer. Dado que el contenedor pasa muchas horas en sombra durante el otoño-invierno, considero que podrían ser una adición excelente para este punto. Además, los tallos y hojas son largos y estrechos y crecen perfectamente entre otras plantas, ajustándose en tamaño tanto como les sea posible.

Ajuga reptans 'Atropurpurea'
En cuanto a las perennes, quizá aún es un poco pronto para que muchas empiecen a florecer. Todavía durante estos días se están revelando muchas bulbosas, algo que era de esperar dado que empezaron a mostrar crecimiento de flores bien entrado marzo, y es probable que algunas duren hasta abril o incluso no empiecen hasta entonces. Dejando de lado a estas plantas, de las que hablaremos en una entrada aparte, las perennes herbáceas también despiertan tímidamente. Tenemos, por un lado, a las Anemone blanda, las cuales empezaron a florecer en febrero, de manera tan irregular que pensaba que no vería más flores en lo que quedaba de año. Sin embargo, parece ser que están despertando de manera muy escalonada y todavía a estas alturas empiezan a emerger hojas con nuevas flores de debajo de la tierra. En el mismo entorno de semisombra que ellas, multitud de lamiáceas han rebrotado con fuerza y vuelven a desbordar sus respectivas macetas. La mayoría de ellas, mentas y relacionadas, pueden crecer tranquilas ya que sus aceites aromáticos disgustan a los caracoles. Sin embargo, una de ellas fue severamente atacada pero conseguí salvarla a tiempo rodeándola de molusquicida: se trata de la ya conocida Ajuga reptans 'Atropurpurea', que empieza a llenarse de flores. Tuve un ejemplar con anterioridad que tardó muchísimo en florecer y nunca terminaba de crecer bien, hasta que murió. El actual parece ir por mejor camino y seguramente, ahora que está libre de ataques, consiga volver a llenar su maceta.

Malcolmia maritima
En el lado opuesto, esto es, a pleno sol y protegida apenas por las espigas florales de las Freesia híbridas que se doblan por su peso, florece de manera abundante la Arenaria montana. Se trata de otra especie que tuve años atrás, pariente de los claveles, y que aunque conseguí que floreciese, lo hizo de manera pobre e irregular. Nada que ver con el ejemplar actual, que empieza a cubrirse de flores blancas como la nieve que aumentan en número cada día. Casi todas estas especies de perennes que compro ya crecidas en tiendas sobreviven y florecen bien durante un tiempo, pero no consigo que pasen del verano. He probado distintas mezclas de sustrato, ya que necesitan que éste sea a la vez rico en materia orgánica, ligero y que drene bien, y parece ser que no hay que complicarse demasiado al respecto. Mi gran experimento durante esta temporada es comprobar si de verdad habrá una gran diferencia al haber eliminado por completo el uso de agua calcárea en el riego, algo que dejé de hacer a mediados de agosto. Por el momento puedo hacerlo con facilidad ya que o bien riego con el agua recogida de lluvia (decenas de litros desde septiembre hasta hace unos días) o bien puedo recogerla de una planta pública de ósmosis en mi ciudad, donde el agua viene descalcificada y filtrada. Hasta ahora las macetas aparecían con una gran cantidad de cal acumulada en las paredes interiores y es probable que muchas plantas tuvieran problemas para absorber algunos nutrientes por este motivo, empezando a pudrirse y favoreciendo la aparición de hongos.

Anemone blanda
Las diferencias meteorológicas también van a aportar cambios significativos. Hay especies que se han desarrollado prácticamente igual que el año pasado, otras van varias semanas por delante y otras se atrasarán hasta casi un mes respecto a la temporada anterior. El por qué ocurre esto es complicado de adivinar ya que muchas veces no parece que influya si el conjunto otoño-invierno es más o menos fresco o lluvioso. En años anteriores he visto Centaurea cyanus sembradas en septiembre y floreciendo en enero, o Consolida ajacis floreciendo en noviembre, apenas dos meses después de la siembra y en un otoño bastante seco. Es probable que este año se asemeje más, salvando las distancias, a 2013, en el cual las temperaturas bajas reaparecieron en abril y hasta mayo. Por el momento, cabe destacar que este mes de marzo terminará algo más frío de lo que empezó y que visto lo visto, con las masas de aire frío polar que no dejan de llegar desde el Polo Norte debido al inusual calentamiento de esta zona del planeta durante el pasado año, quizá podríamos esperar una primavera algo menos calurosa y con buena presencia de lluvias. Las del año pasado, aunque escasas y repartidas, fueron bastante decentes.

Nemophila menziesii
Sin más, llegamos a la época predilecta que todo aficionado a las plantas de las regiones templadas ha estado esperando justo desde el otoño anterior. En concreto, en Cullera son los meses de febrero a junio los de clima más benigno y los que concentran el mayor porcentaje de floraciones para la inmensa mayoría de plantas, sean cultivadas o silvestres. Con ellas, y con el avance de la estación, es de suponer que también los insectos se irán animando. Aunque de momento lo hacen tímidamente, especialmente las abejas, es probable que la referencia que tenía del año pasado, con aquel invierno tan insólito, no sirva como ejemplo para comparar con la presente temporada. Habrá que vivir el paso de las próximas semanas para comprobarlo. Como siempre, y más desde que el cambio climático es más que patente, uno siempre desea que la primavera tarde un poquito más en arrancar si a cambio el calor desolador del verano también se retrasa de manera proporcional. Ya habrá tiempo para esas semanas con temperaturas mínimas más altas que las máximas actuales.

domingo, 24 de abril de 2016

Flores de abril (II)

Salvia officinalis
Abril sigue su curso, y durante estos diez días centrales del mes el ambiente ha presentado distintos cambios que, si bien no han marcado demasiado el progreso de la primavera, han mantenido a raya el ascenso de las temperaturas. Éstas se habían empezado a disparar la semana pasada -con una máxima de 25ºC el día 16, algo perfectamente normal-, pero a lo largo de la siguiente, que hoy concluye, diversos episodios de nubes que finalmente no han dejado precipitaciones destacables y vientos frescos procedentes de Europa han dado una pequeña tregua. Sólo en la madrugada de ayer sábado las nubes consiguieron descargar una pequeña cantidad de agua, 0,3 mm., que rompe con la quincena sin precipitaciones que llevábamos desde el buen inicio de mes y que, como ya viene siendo habitual en los últimos años, parece que sólo esta franja de costa de la provincia de Valencia se quede sin su aporte de lluvias mientras descargan en el resto de la penísula.

Cosmos bipinnatus
Continúan sucediéndose las floraciones multicolores en la terraza, especialmente de parte de las especies anuales, aunque las perennes más efectivas tampoco tienen nada que envidiarles. Es el caso de la Salvia officinalis que adquirí a finales del mes pasado en un comercio local, con buen aspecto y floración incipiente, decidido de una vez a reintroducir esta especie en la terraza después del fracaso estrepitoso de hace dos veranos, en cuya ocasión adquirí un ejemplar de buen tamaño que murió sin más en apenas un mes. En esta ocasión he tenido mejor suerte y el ejemplar actual es un no parar de florecer, motivo por el cual las abejas de lengua larga no han parado de visitarla, como se ha ido mostrando en los más recientes vídeos. Las lamiáceas de clima templado suelen ser, en general, un éxito asegurado atrayendo a este tipo de insectos.

Nemophila maculata
Durante estos días ha tenido lugar el regreso de muchas especies conocidas. Algunas ya llevaban semanas floreciendo, como las Cosmos bipinnatus, de las que una vez más y por dejadez me da la sensación de haber plantado muy pocas; florece la segunda de las espuelas de caballero del contenedor, con un color similar aunque con los pétalos centrales quizá más oscuros que los de su vecina, que además debió surgir de las mismas semillas. Detrás de ella se encuentra el gran crisantemo Glebionis coronaria var. discolor, también obtenido de semillas propias de las plantas que cultivé el año pasado. Éste sigue extendiendo sus ramificaciones llenas de capítulos amarillos y blancos que, contra todo pronóstico, tienen un porte contenido y ordenado: a estas alturas, con el viento de estos días, las plantas de mayor altura se han removido de tal manera que toda esta zona está hecha un desastre cuando todavía quedan varias especies que tardarán un poco más en florecer.

Glebionis coronaria var. discolor
La siembra algo tardía de Phacelia grandiflora comienza a dar sus frutos estos días. Descuidé un poco el dedicarle un semillero a esta especie que tan bien había ido la anterior temporada y lo hice bastante tarde, a finales del pasado año y trasplantando posteriormente a una maceta menor que la de la primavera de 2015. Las plantas, que son tres, se han adaptado perfectamente y si bien no son ni una tercera parte de altas que la del año pasado, este aspecto compacto es de lo más atractivo y seguro irá mejorando todavía más en cuanto estén llenas de flores. Visto lo visto, en futuras ocasiones vale la pena usar una maceta de talla contenida ya que la planta ocupa menos pero sigue teniendo la misma cantidad de flores del mismo tamaño. Algo así ocurriría también con la Phacelia viscida, que este año he cultivado en una maceta pequeña sin desmerecer en absoluto: probablemente con mayor disponibilidad de tierra se hubiera hecho más grande, desgarbada incluso, pero no proporcionalmente más florífera.

Nicotiana mutabilis
Un regreso un poco más especial es el de la Nemophila maculata. Por descuido, he ido perdiendo a esta especie de mi propio banco de semillas. Las semillas originales, obtenidas de un compañero en un intercambio en 2013, están ya demasiado viejas y han perdido viabilidad. Las Nemophila menziesii, tanto las azules como las 'Penny Black' tuvieron más suerte a la hora de ser almacenadas. Con las maculata hice varios fallos: recoger tarde las semillas de la única planta de 2014, perdiendo varias por el camino; salir menos de las esperadas en la apretada combinación que obtuve en 2015, donde fui incapaz de separar a las plantas de esta especie y no salió ninguna del batiburrillo de semillas mezcladas que recogí. Finalmente, sembré unas pocas de aquellas que recogí en 2014 y las repartí entre el contenedor y una maceta. Las del contenedor, sin motivo aparente, murieron antes de que éste estuviese cubierto de hojas; de las de la maceta, tres, tuvieron un resultado que todavía me explico menos: las dos primeras en florecer resultaron ser una 'Penny Black' al uso y otra blanca y moteada como la variedad atomaria. Al final, la tercera salió como toca y por fin la Nemophila maculata vuelve a florecer en la terraza. La planta tiene buen aspecto, y a este paso será una de las Nemophila que más aguante floreciendo de todas estas primaveras. Por supuesto, no le quitaré el ojo de encima para guardar bien esta vez sus semillas.

Consolida ajacis
Cerca de allí, apenas una balda más arriba, hay que lamentar una baja que se ha llevado por delante a todos los ejemplares de una especie. Suena dramático, pero es así: el fin de semana pasado llegué a la terraza y las margaritas Thymophylla tenuiloba simplemente no estaban. Ni rastro de ellas. ¿Quién son los culpables? Afirmaría con total seguridad que los gorriones. En otras ocasiones se han llevado plantas enteras de la misma manera meticulosa, no dejando ni rastro. En esta ocasión incluso han seleccionado las tres de esa especie y no han tocado a las demás plantas de la misma maceta. La mayoría de veces, sin embargo, se dedican a cortar tallos y dejarlos caer en el sitio. No deja de ser curioso lo que han aguantado estas plantas, diminutas, totalmente expuestas sin problemas, y que los gorriones las hayan extraido selectivamente cuando estaban llenas de flores. Este año, todo hay que decirlo, los pájaros se pasan el día en la terraza y hasta se arriesgan a entrar bajo la malla del rincón cuando estoy allí, chocándose varias veces cuando me ven hasta que consiguen salir. Se nota este año la ausencia de cernícalos que solían volar hasta hace poco sobre la terraza, que seguro que a base de sustos harían que los gorriones no se distrajesen demasiado rompiéndome cosas. Habrá que esperar todo un año para volver a ver las pequeñas margaritas doradas de Thymophylla, pues.

Camassia leichtlinii
Precisamente bajo esa malla crecen las siguientes dos protagonistas de la entrada. La primera, la australiana Isotoma axillaris, que si bien cuenta con representación repartida por toda la terraza, el ejemplar que empezó a crecer prácticamente a finales de verano pasado a los pies de una Clematis es el primero en despuntar. Esta planta en concreto se ha hecho bastante grande y ya empezó a abrir flores a principios de mes, siendo también la ocasión más temprana en que lo hace en estas tres temporadas que la llevo cultivando. Esta vez sólo he obtenido los ejemplares autosembrados, pero de ellos podré obtener semillas para plantarlas intencionadamente junto a otras especies que florezcan a la vez aprovechando el conocimiento adquirido durante esta temporada, una de las más ricas en especies. El primer intento de combinación salió mal en su día: el otoño de 2014 puse unas pocas en el contenedor, pero ni les gustaban los riegos continuados ni pudieron sobreponerse al rápido crecimiento de sus vecinas, desapareciendo del todo antes de llegar al tamaño de floración.

Anemone blanda
De manera un tanto inesperada, durante la mitad de este mes han empezado a abrirse unas pocas flores de Anemone blanda. En las cuatro ocasiones que las he cultivado he acabado teniendo que comprar tubérculos nuevos: sólo en la primavera de 2014 tuvieron relativo éxito. En aquella ocasión florecieron ya a finales de invierno y lo hicieron varias a la vez. A la siguiente temporada, replantando los tubérculos y añadiendo una veintena más, ni siquiera brotaron. Este año parecía repetirse lo mismo cuando, de repente, han empezado a aparecer algunas hojas sueltas y capullos. Esto me anima a seguir probando con ellas, pero soy incapaz de encontrar el término medio a sus necesidades. Con sus parientes las Anemone coronaria es mucho más sencillo. Otros intentos con ranunculáceas similares han sido un fracaso prácticamente absoluto y ya ni siquiera lo intento. Mejor seguir con las anuales o con las que han demostrado tener poca dificultad.

Isotoma axillaris
También este punto central del mes ha visto florecer a una más de las bulbosas plantadas desde otoño. Se trata de la Camassia leichtlinii, que ya tuvo éxito el año pasado, aunque dos de los tres bulbos se malograron durante su conservación y todavía llegué a comprar unos nuevos. Sólo ha florecido una, que como ya ocurriera el año pasado, se da mucha prisa en despachar a las flores, no llegando a presentar nunca una vara con varias flores a la vez. Del resto de bulbos espero poco más, pues a estas alturas no han florecido los últimos narcisos que quedaban por hacerlo, los iris holandeses han empezado ya a secarse sin dar ni una flor y dos especies tardías, Hyacinthoides hispanica y Ornithogalum umbellatum, tienen pinta de que este año no repetirán aunque al menos tienen hojas que dejan claro que estar, están.

Phacelia grandiflora
Finalmente, abril también ha sido el punto de inicio de la floración de otro tabaco ornamental: Nicotiana mutabilis. Esta especie debe su nombre a la transformación que sufren sus flores, que se abren del todo siendo blancas, pero se tiñen de rosado a los pocos días. No tienen perfume y las flores son pequeñas, distribuidas de manera muy laxa, aunque el efecto que hacen todas juntas no resta belleza a la especie que, eso sí, parece necesitar obligatoriamente ser de un tamaño notable para que el conjunto de florecillas destaque. Al igual que el otro tabaco que cultivo, Nicotiana alata, no ha necesitado de una maceta muy grande. Su crecimiento lento durante el otoño se desató a partir de enero, cubriendo toda su superficie prácticamente en cuestión de días. En apariencia no llaman la atención de los insectos, o al menos de los que se ven durante el día, suponiendo que son plantas que en su zona de origen se valen de las mariposas nocturnas para su polinización.

viernes, 21 de marzo de 2014

Primavera otra vez

Cobaea scandens
Al fin llegó la estación más deseada del año. En esta ocasión el equinoccio se produjo el 20 de marzo, un día antes que en 2013, y un día después de terminar la festividad de las Fallas, que durante media semana han tenido a Cullera inmersa en el bullicio de la música, los petardos y la gente visitando los monumentos que fueron quemados la noche del miércoles. También las plantas se unen a este estallido de colores y formas con la llegada de esta estación, en la que se afianza el buen tiempo desde bastante temprano salvo bajadas de temperatura puntuales. Aunque de noche refresca y la humedad ambiental se hace notar, de día las temperaturas son cálidas, suaves, y la radiación solar parece que empiece a "picar" de verdad.

En la terraza, esta semana no ha sido más que la continuación de la primavera propia que las plantas ya habían iniciado hace un mes. Hay incluso plantas que ya están perdiendo sus flores, pero son las menos, pues el número de especies que florece por primera vez va en aumento. Algunas son viejas conocidas, aunque la mayoría son el resultado de la dedicación llevada a cabo desde que terminó el verano pasado. En estos seis meses han habido pocas bajas y la mayoría de siembras salieron adelante, a pesar de que algunas necesitaron varios intentos. Desde ya mismo, muchas de las anuales y perennes sembradas aquellos días empiezan a florecer, aunque algunas como la Cerinthe major 'Purpurascens' o las Nemophila llevan ya un tiempo haciéndolo. Se suman algunas de las que aparecen en esta entrada y no tardarán en hacerlo el resto.

Centaurea montana
La primera de la que hablaremos es también la que más tiempo lleva creciendo y aparece en la primera de las fotos que acompañan esta entrada. Se trata de la Cobaea scandens, una trepadora mexicana perteneciente a la familia Polemoniaceae, como las Phlox, Gilia o Polemonium y a las cuales encuentro que no se parece en absoluto. Un único detalle veo en común, y es el estilo alargado con un estigma de tres puntas que también aparece en la Gilia tricolor, única planta de esta familia que había cultivado hasta ahora. Mejor dicho, la única que ha florecido en la terraza hasta ahora, pues he probado con más especies.

La Cobaea es una trepadora perenne -aunque seguramente de vida corta- de crecimiento rápido, que prefiere climas suaves, subtropicales. Debe estar a gusto en Cullera porque germinó en agosto y ha crecido durante todo el invierno sin problema, aunque es de esperar que ahora vaya a más. La puse en el balcón porque me venía bien la barandilla para que trepase, y así también puede animar este punto de la casa. Las primeras flores comenzaron a formarse a finales de enero, pero tan sólo ha abierto una hasta el momento. Éstas tienen la forma de grandes campanillas moradas que no toman este color hasta abrirse del todo, siendo primero blanco-verdosas; del centro cuelgan los órganos reproductores con estambres y estigmas bien a la vista. Las semillas son redondeadas y planas y se recomienda sembrarlas de canto para que germinen buscando la humedad del suelo pero no se malogren al estar en contacto con ésta. Así lo conseguí tras varios intentos (alguna plántula incluso se marchitó con el calor veraniego) y vuelvo a probarlo de nuevo para intentar tener otra planta en la pérgola de cañas de la terraza. La planta trepa tanto enredándose con los tallos como aferrándose con los zarcillos que tiene en el extremo de sus ramas, llenas de folíolos ovales similares a algunas leguminosas.

Amapola de Islandia
Otra de las herbáceas perennes que por fin florece es la Centaurea montana, que se convierte también en la primera Centaurea del año en florecer: las Centaurea cyanus están cerca, mientras que algunas de las otras especies están en serios apuros por culpa de la araña roja. La mencionada Centaurea montana, conocida como aciano de montaña, fue sembrada en septiembre al mismo tiempo que otras especies del género. Todas aquéllas germinaron pronto, mientras que el aciano de montaña empezó haciéndose de rogar. Al segundo intento, de dos semillas una germinó y es la planta que hoy florece. Se trata de una mata de hojas anchas cubiertas de un vello corto que he mantenido en el rincón de semisombra sin problema, evitando el sol por si las moscas. No tenía experiencia con ella, pero conocí este verano una especie muy similar, Centaurea ligulata, presente en claros de los bosques en Teruel, e imité como pude esta ubicación. La floración empieza a producirse ahora, con un capítulo solitario al que parece que se sumarán dos más en breve. Éste es similar al de Centaurea cyanus, aunque algo más grande y con lígulas muy estrechas y alargadas, presentes en menor número. El color esperaba que fuese azulado, pero ha salido de un morado que va palideciendo conforme pasan los días.

Centaurea montana, vista superior
La tercera de las plantas nuevas floreciendo es la amapola de Islandia (Papaver nudicaule), una especie popular en jardinería que suele encontrarse en mezclas de colores variados y muy alegres. Hay que aclarar unas pocas cosas sobre esta planta: la primera, que no es originaria de Islandia sino de las estepas asiáticas; la segunda, que los ejemplares multicolores de los que disponemos en cultivo son en realidad híbridos entre Papaver nudicaule y P. radicatum. Las sembré en octubre y fui cuidando al detalle su ubicación, para que no pasaran demasiado calor -en aquellos días lo hacía- y pasaron del patio a una pared sombreada de la terraza, donde crecieron deprisa. Una vez estuvieron grandes y frondosas las dejé al descubierto justo delante de la maceta de las dedaleras, lugar en el que disponen de mucha luz pero poco sol directo. El primer objetivo está conseguido: empezaron a sacar flores y la primera en abrirse es la de brillante color naranja que aparece en la foto. La duda ahora es si resistirán bien nuestro verano o éste significará el fin de sus vidas. El mismo temor tuve en su día con las mencionadas Digitalis y no supuso mayor problema, pues sobrevivieron no a uno sino a dos veranos y la nueva generación está dispuesta a continuar sus andanzas.

Anemone blanda
Las de Islandia son amapolas al uso, con bonitas hojas lobuladas y flores con cuatro pétalos anchos que, como decía, en esta variedad pueden ser de distintos colores (rojas, amarillas, blancas o naranja). En principio son perennes de vida corta, aunque aquí como digo todo dependerá de si toleran el clima, cosa que de momento están haciendo. Si fuesen bien, quizá para el año que viene pondría algunas en la parte frontal del contenedor, pues tienen un tamaño más ajustado del que pensé en un principio y podrían compartir y combinar con muchas otras especies. Prefieren suelos húmedos y poco sol, a diferencia de otras amapolas propias de Europa y Oriente Medio.

Pasando a las plantas ya conocidas, esta semana abren también sus flores los ranúnculos. De momento han salido todos naranja, pero parece que haya más flores que el año pasado, y eso que en aquella ocasión diría que hubo al menos tres plantas a juzgar por las tonalidades de color -uno naranja brillante, otro naranja más sobrio como los actuales y uno amarillo. Parece haberse solucionado el problema de las flores que no se sujetaban derechas, aunque es inevitable que doblen los pedúnculos con su peso. Quizá no les hubiera ido mal una ubicación con más sol para crecer más rectos y compactos, aunque lo pensé cuando ya estaban bastante crecidos. No obstante, tienen muy buen aspecto. Junto a ellos siguen floreciendo las anémonas, coronaria y blanda. Estas últimas me tienen encantado con su gracioso aspecto de florecilla silvestre.

Ranúnculo
Durante la semana también han comenzado a florecer algunos iris holandeses en el desastroso rincón de los bulbos. El primero fue un 'Blue Magic' idéntico al del año pasado y que no he podido fotografiar puesto que ha tardado nada en marchitarse: el martes lo encontré abierto, pero pensaba que todavía le faltaría estirarse un poco más y daría tiempo a verlo más días. El próximo en florecer es morado, también similar a algunos del año pasado, quizá incluso el mismo.

Damos pues por comenzada la estación de las flores con esta primera y nada desdeñable muestra. Los próximos días serán una sucesión de sorpresas y alegrías con todas las novedades que ofrecerán las especies que con tanto esmero hemos ido seleccionando, sembrando y cuidando para, precisamente, alegrarnos la vista en estos espléndidos días y los que vendrán de aquí hasta el invierno próximo.

domingo, 2 de marzo de 2014

Cuenta atrás para la primavera

Cerinthe major 'Purpurascens'
Acabó un mes de febrero tan loco como lo fue el octubre pasado, con temperaturas fuera de lugar y precipitaciones casi anecdóticas, aunque desde luego no tan exagerado en calor por el simple hecho de que, al fin y al cabo, aún es invierno. Bueno, eso dicen, porque en más de la mitad de días del mes las mínimas han sido superiores a los 10ºC, y los 20ºC se han rebasado en siete ocasiones.  Es casi seguro que este febrero haya batido algún récord de altas temperaturas, a pesar de que ha dado las mínimas más bajas del año y del invierno casi por los pelos. Sin ir más lejos, el otoño pasado tuvo días de más frío que en lo que va de invierno.

Anemone blanda
Por este mismo motivo, que la primavera vaya a llegar no es más que una fecha en el calendario, pues las plantas de la terraza la están viviendo desde mediados de enero. Si no hay más plantas en flor es porque durante estos meses o bien han crecido despacio o bien todavía han sido sembradas recientemente aprovechando el calor, aparte de las que han llegado hace nada en forma de raíz, rizoma, tubérculo o bulbo. Por lo demás, la terraza está cargadísima de colores y eso bien lo agradecen los insectos, pues han encontrado en ella un "restaurante" de polen toda clase de himenópteros, moscas de las flores y hasta escarabajos, entre los que se incluye ya alguna mariquita que ha sido más que bienvenida debido a la enorme cantidad de pulgones que han pasado el invierno pegados a muchas plantas.

Rincón florido del contenedor
Una de las plantas más efectivas que a día de hoy está floreciendo sin parar es la Cerinthe major 'Purpurascens'. Este cultivar de la comúnmente llamada ceriflor o hierba palomera es una anual muy popular en los jardines extranjeros, y que cuando tuve la oportunidad de introducir, en un intercambio de semillas, no me lo pensé dos veces. La planta surge de unas semillas bastante grandes para tratarse de una anual de talla media y su crecimiento, seguramente ayudado por mi clima, ha sido endiablado: sembrada en noviembre y abriendo su primera flor en febrero. Se trata de una curiosa planta ramificada con tallos inclinados llenos de hojas glaucas redondeadas con la particularidad de repeler el agua. En el extremo de los tallos aparecen, mirando hacia abajo, flores en forma de tubo, totalmente cilíndricas, de un intenso color morado. Este tono suele teñir también las partes de la planta cercanas a las flores, aunque en mi ejemplar no aparece de manera particularmente intensa. Es una boraginácea, como las borrajas, las nomeolvides o las viboreras.

Anemone coronaria 'Sylphide'
Se abren también estos días las primeras anémonas, este año con las dos especies más típicas, Anemone coronaria y Anemone blanda. A la primera ya la conocía del año pasado y el anterior, y la segunda florece por primera vez en la terraza. Éstas fueron adquiridas en septiembre de 2013, aunque ya lo había intentado el año anterior y no hubo éxito. Sin embargo, y no me explico cómo, los tubérculos de la temporada anterior desaparecieron por completo y nunca brotaron, pero ahora resulta que en macetas donde reutilicé el sustrato del año pasado de las anémonas (que me pareció que retenía demasiado la humedad) aparecen algunas de estas Anemone blanda. Son tan encantadoras que no he sido capaz de retirarlas, además de que resulta complicado ya que podría dañar a las plantas inquilinas de dichas macetas.

Linaria reticulata 'Flamenco'
Las anémonas grandes que están en flor son las 'De Caen', sin que todavía sepa si ha sobrevivido alguna de las dobles, las 'St. Brigid'. Sólo han salido tres colores: las moradas-azuladas, que tienen algún tipo de problema por el cual salen con el botón central incompleto (al principio creí que sería algún insecto que se las comía, pero sólo les pasa a esas); la de color malva, la más grande de momento; por último, una con nombre propio, adquirida aparte: la 'Sylphide', de flores rosado intenso y que habitualmente no suele venir en las mezclas. Las Anemone blanda, por su parte, de momento sólo han aparecido en color azulado, aunque emergen capullos que apuntan ser de otros colores. También están cerca de florecer los ranúnculos.

Armeria maritima
En el contenedor todavía faltan plantas para la gran explosión primaveral, aunque ya van asomando tímidamente (y no tan tímidamente) los primeros ejemplares pertenecientes a esta parte de la temporada. Los linos rojos cargan de escarlata el lado izquierdo del contenedor, aunque sólo se trata de dos plantas muy ramificadas y altas. Es complicadísimo encontrar una flor "perfecta" que pueda ser fotografiada, pues el calor o el viento siempre las deforman, o bien no logran abrirse del todo como sus parientes los linos comunes, que se exhiben desplegados durante toda la mañana. En el lado derecho, todavía resentido por aquellas grandes caléndulas que hubo que quitar, sólo la Linaria reticulata 'Flamenco' florece, aunque de manera algo tímida. Esta planta, como todas las del género, posee flores muy similares a las de sus parientes los antirrinos, aunque de menor tamaño y con un espolón en la parte inferior. Es asimismo más grácil que sus primos, con hojas muy finas y flores aglomeradas en el extremo de unos tallos delgadísimos. Al ejemplar de la foto le ha costado un poco sacar flores sin marcas ni arrugas, aunque como se puede apreciar los espolones no acaban de desarrollarse bien del todo. No es la única del lugar, así que seguro que habrá tiempo para ver flores mejor desarrolladas que estas.

Como en la temporada anterior, a principios de año las Kalanchoe x houghtonii y blossfeldiana se llenan de flores rojas. A la primera todavía le quedan varias por abrir después de semanas haciéndolo, mientras que la segunda comenzó algo más tarde y ya le ha sacado la delantera. Son quizá las plantas que menos trabajo dan de toda la terraza, pues apenas necesitan agua -podrían sobrevivir sólamente con la de la lluvia- y sólo las he movido de sitio cuando he hecho "reformas". Si además, por unas semanas al año, ofrecen ese despliegue de rojos, siempre tendrán su rincón en la terraza.

Kalanchoe blossfeldiana
Siendo también esta la época en la que empiezan a llegar a los viveros las plantas perennes para la primavera, además de las que vienen empaquetadas, era de esperar que alguna especie más me tentase y se viniera para casa, con sus flores listas para deslumbrar. Las últimas han sido una Armeria maritima, una elegante planta costera con hojas similares a césped y flores agrupadas sobre largos y finos tallos, y una Saxifraga x arendsii, un híbrido popular en los jardines de rocalla, tremendamente florífero y con hojas pequeñas y similares a musgo. La primera ya tiene algunas flores abiertas aunque sobre tallos muy cortos, cosa que espero se deba a su producción "forzada" en invernadero y que con el sol consiga hacerse más alta; de la segunda elegí un ejemplar sano pero todavía sin flores, aunque tiene tantos capullos que seguro que no pasa más de una semana sin que vea flores abiertas.


Anemone coronaria 'De Caen'
Esta temporada febrero ha sido, desde luego, más prolífico que el del año anterior. Si por aquel entonces florecían tímidamente unas pocas plantas y empezaban a aparecer algunas bulbosas a la par que iban llegando las novedades, en esta no ha habido ni un sólo día en el que hayan faltado las floraciones abundantes de todas las especies que se han visto beneficidas por el otoño-invierno o directamente han llegado a casa cargadas de flores y no han dejado de sacar más. Además, con este buen tiempo, las siembras planificadas para primavera se han podido adelantar casi dos meses, con lo cual se pueden evitar casos como el del contenedor que, el año pasado, seguía prácticamente pelado a principios de abril. Actualmente ya quedan menos perennes y bulbosas por plantar y he dejado terminado un sitio para las trepadoras, plantas en las que no había profundizado demasiado por la falta de infraestructura adecuada y a lo que he puesto solución con unas pocas cañas. Esta primavera desde luego promete.