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miércoles, 25 de febrero de 2015

Las margaritas de febrero

Dimorphotheca sinuata
En la terraza ya se ha dado el pistoletazo de salida de la carrera de la floración y son varias las especies de distintas familias que despliegan sus encantos ante ese sol que empieza a alargar su presencia en el cielo. Con un gran número de ejemplares, las compuestas son desde siempre una de las familias con más presencia en la terraza, con una larga lista de alegrías, decepciones, re-intentos y abandonos. Hace casi un año, febrero empezaba a cerrar prematuramente un un invierno anormalmente cálido y seco, y multitud de especies de asteráceas perennes y anuales llenaban ya la terraza de color, algunas desde hacía semanas y hasta meses. Este año, aunque las condiciones han sido totalmente distintas, parece que el resultado no sea al fin y al cabo tan diferente.

Rhodanthe chlorocephala
Empezaríamos primero comentando las que menor impacto han tenido, aun cuando no ha habido realmente ninguna ausencia respecto al año pasado. Esta categoría la lideran las perennes africanas, que incomprensiblemente y tras pasar un otoño-invierno en el que casi no han necesitado riegos por la buena retención de la humedad que sucedió al duro trance del verano, no han causado el impacto del año pasado. La Felicia amelloides, la cual perdió su forma de arbusto compacto y vertical desparramándose hacia los lados, florece de manera tan pobre como los primeros días del verano en que vino a casa. Aunque desde el centro suben nuevas ramificaciones, todavía no sé si la planta irá a menos o podré esperar una recuperación de cara a la próxima temporada. Por otra parte, la Osteospermum fruticosum a estas alturas sólo ha sacado un capítulo de pétalos deformes y no sé si los demás que trae llegarán a cubrir la planta de manera tan espectacular como el año pasado. Esto vale para las dos, puesto que desconozco si en realidad lo que ha ocurrido es que el frío invernal ha causado un retraso proporcional y las plantas empezarán a llenarse de flores dentro de unas semanas.

Argyranthemum frutescens
Por otro lado, está la ausencia de la Ismelia carinata, el crisantemo tricolor, pero ésta es sólo temporal. Hay varias plantas en la terraza, que ni siquiera sembré voluntariamente dado que cayeron semillas de las plantas anteriores por doquier, y que ya están formando sus capítulos. Será más tarde, pero será. Su vecina cercana, la perenne Argyranthemum frutescens, sí parece que tras el crecimiento desarrollado en invierno volverá a llenarse de flores. Eso sí, parece que me la hayan cambiado, puesto que el año pasado los pétalos eran de un color rosa intenso y ahora son burdeos. Suele pasar, y de hecho ya me pasó con una Gazania anteriormente y sospecho que esto se debe a que las plantas que venden florecidas a finales de invierno se fuerzan con luz artificial para que estén presentables de cara a ser expuestas en los comercios.

Otra especie con grandes diferencias respecto al año pasado ha sido la caléndula. Quizá no acerté con su ubicación, pero esperaba que en la maceta donde está al menos saliesen tres o cuatro ejemplares de tamaño similar a los del contenedor durante 2013-2014, que a pesar de ocupar un sitio no deseado, fueron plantas exitosas. Se ha abierto por fin el primer capítulo de unas plantas que este año han crecido menos y no han estado exentas de problemas. A partir del próximo mes de septiembre habrá que buscar un contenedor mejor donde puedan desarrollarse a pleno rendimiento.

Mauranthemum paludosum
En la lista de las triunfadoras no podemos obviar a las campeonas indiscutibles, las Mauranthemum paludosum, la anual a la que nunca le encuentro las semillas y siempre se las apañan para aparecer no en un uno, sino en decenas de sitios a la vez, aun cuando este verano llegaron a desaparecer del todo. Les acompañan las Dimorphotheca sinuata, que tras tener que retirarlas del contenedor porque la falta de sol (¡falta de sol! justo el problema contrario al de verano) las hace crecer grandes, lacias y quebradizas, consiguieron tomar el testigo de las mencionadas margaritas perennes africanas, cubriéndose de flores en pleno invierno. Mientras el ejemplar grande ha ido sufriendo los envites del viento y ha acabado doblada y desordenada, pero aún en buen estado, un ejemplar de pequeño tamaño junto a las caléndulas se revela con un nuevo color, un naranja intenso y brillante.

Las Cosmos ya aparecieron en una entrada reciente. Si el año pasado sólo hubo un ejemplar de flores blancas, en esta ocasión los Cosmos bipinnatus rosados y los C. sulphureus anaranjados florecen juntos desde hace unas semanas. A su lado está una de las gigantes de la familia, la Leucanthemum x superbum, que vendría a ocupar la plaza que tuvo la Argyranthemum el año pasado, esto es, una planta que vino ya bonita y floreciente desde la tienda, pero que todavía tiene margen para dar más de sí. Y junto a todas ellas están las Gaillardia aristata, que llegaron para quedarse hace ya dos temporadas y actualmente conforman la segunda generación, aparecida de las semillas autosembradas de la primera.
Calendula officinalis

Finalmente quedaría hablar de una australiana, la Rhodanthe chlorocephala, que ya aparece en la entrada anterior. Esta margarita tiene la particularidad de contar con otra manera de asemejarse a una flor simple, y es que en lugar de formar una falsa corola alineando lígulas alrededor del disco floral, ha optado por colorear el interior de las brácteas del involucro. Su paisana la Brachyscome iberidifolia también cuenta con multitud de representantes en la terraza que salieron por la dispersión de semillas y las dejé a su aire; también parece que algunas florecerán pronto.

Así pues, la gran familia de las compuestas inaugura una temporada prometedora que se acerca poco a poco a los agradables días del mes de marzo. Quedan muchas más especies que ver e incluso todavía sembrar, lo cual es emocionante, más aún cuando algunas de ellas que hacen su debut esta temporada en la terraza.

sábado, 3 de mayo de 2014

Centaurea dealbata, el aciano persa

Centaurea dealbata
El año pasado me propuse explorar algunos géneros de plantas que suelen funcionar bien y tienen una amplia variedad de especies de aspectos y colores distintos aunque cuidados idénticos. Como se suele decir, "donde caben dos, caben tres": siempre hay sitio para una planta bonita más. Entre estos géneros se encontraba, cómo no, el de las compuestas Centaurea.

En 2013 había previstas tres especies, pero sólo una fue excepcionalmente bien, Centaurea cyanus y sus múltiples variantes de color -que, pese a que no me disgustan del todo, prefiero dejar de lado en pos de preservar el bello color azul original. Una especie parecida aunque de un azul más vibrante, Centaurea depressa, también floreció en una maceta. La pena es que es una especie anual y el ejemplar que tuve no me dio ni una sola semilla, perdiendo a la especie, con lo que me hubiese gustado conservarla y combinarla con otras flores. La planta salió de unas pocas semillas que conseguí de casualidad en un campo de cereal en Teruel de las cuales sólo una germinó, y no sé si alguna vez podré conseguir más.

La tercera en discordia era la Centaurea dealbata, el aciano persa, con la cual creía que lo tenía todo hecho y el éxito estaba asegurado. Las venden en LIDL en primavera en esa colección de plantas perennes que van en paquetes con turba, a raíz desnuda y sin tallo. La planté el mismo dia que hice lo propio con otras especies de la colección y nunca salió nada. Como hubo días de lluvia y calor alternos, que dejaban el mal sustrato que empleé o totalmente empapado o seco como un corcho, atribuí el fracaso a la mala elección de la tierra y volví a comprar una planta más. Tampoco salió. Volvieron a traer plantas frescas de la colección y lo intenté una tercera vez más con el mismo resultado: ni un ápice de verde.

Vista superior
¿Qué ocurre con esta planta? No puedo saber si es que todas las que trajeron a la tienda estaban en malas condiciones o simplemente la especie es muy sensible al procedimiento de empaquetarla y llevarla arriba y abajo durante días entre camiones, almacenes y tiendas. El caso es que tampoco he sabido de nadie más que haya comprado alguna vez la planta en el mismo supermercado y la haya visto emerger, crecer y florecer. Así, se me ocurrió buscar semillas en eBay y las encontré casi al mismo precio (poco más de un euro) y, salvo el hecho de que el proceso desde semilla es algo más largo, salí ganando porque el éxito fue total con las dos únicas semillas que utilicé.

En realidad, prácticamente cualquier Centaurea es muy sencilla desde semilla, sea perenne o anual, y este método es bastante seguro. Ese mismo septiembre de 2013 sembré las dealbata, las montana -que necesitaron de dos intentos pero han sido las primeras del año en florecer- y dos especies que me han ido peor: Centaurea americana, cuyos dos ejemplares acabaron destrozados hace poco por la araña roja, y Centaurea macrocephala, de la que sigo conservando las dos plantas que sembré pero su aspecto no es muy halagüeño, pues se encontraban en la misma maceta que las anteriores y sufrieron también los ataques de la plaga. Por supuesto, también sembré Centaurea cyanus y la Amberboa moschata que mostré hace poco. Seis especies en total.

El cultivo de la Centaurea dealbata no ha podido ser más sencillo. Una vez establecidas las plántulas, su crecimiento es pausado, pero siempre ha ido sobre seguro. No han sufrido ataques de ninguna plaga y no son excesivamente sensibles a la sequedad y supongo que al calor, pues cuando germinaron prácticamente seguíamos con temperaturas de verano y no aparecieron deformidades ni nada por el estilo. Como se deduce por el nombre, la especie procede de Asia occidental, de la zona comprendida entre Turquía e Irán.

La planta suele crecer en forma de mata mediana, aunque mis ejemplares no se han hecho muy grandes, estando formados por una roseta basal y algunas hojas superiores más antes de espigarse en los altos pedúnculos que sostienen los capítulos. Éstos son rosados con el centro blanco y tienen unas vistosas brácteas involucrales de color dorado que forman una estructura similar a una piña. Son algo más grandes que los de Amberboa moschata y el involucro es más grueso que el de C. montana, especie que quizá tenga mayor diámetro debido a sus delgadas y largas lígulas.

Este tipo de perennes floríferas siempre vienen bien para dar una nota de color en primavera y otras épocas del año en las que consiguen mantenerse bien. ¿Llegarán más Centaurea a la terraza? De momento habrá que reintentarlo con la C. americana y, quién sabe, aunque hay unas pocas especies más que me gustan, algo más complicadas de encontrar, no descarto que el género gane representantes en la terraza a la temporada próxima o siguientes. Pero, sin duda, quiero mantener y ampliar el número de las que ya tengo y que tan bien han funcionado.

jueves, 10 de abril de 2014

Margarita de Swan River, una maraña de blancos y lilas

Brachyscome iberidifolia de tonos lilas
Todas las temporadas pruebo con multitud de plantas obtenidas desde semillas. Cuantas más son, más complicado resulta que haya una buena representación de todas ellas, debido principalmente a que la mejor manera de controlarlas sería dedicando una maceta por especie, como sí ha sido en algunos casos y concretamente con el que nos ocupa en esta etrada, aunque la mayoría de veces he intentado combinarlas a todas juntas en el contenedor que dispongo para tal fin y no ha sido posible, sobre todo en años como éste en el que la humedad y la temperatura no ayudan. En 2013, los antirrinos altos y variados y las margaritas de Livingstone causaron sensación y se incorporaron a la vegetación de la terraza para quedarse cuanto haga falta. A los primeros los sigo teniendo en el mismo sitio -son perennes- así como desperdigados, mientras que a las segundas dejé de cultivarlas en el contenedor para reunirlas en una maceta, donde todavía impactan más al florecer tan apretadas. Y algo así hice con la especie que protagoniza este post.

Brachyscome iberidifolia blancas
La margarita de Swan River (Brachyscome iberidifolia) es una pequeña compuesta australiana. A veces el género aparece como "Brachycome", y esto se debe a un largo debate sobre si sería correcto de uno u otro modo al utilizar las palabras griegas "brachys" (corto) y "kome" (pelo) juntas, características que definen el aspecto de sus frutos. Actualmente se acepta como correcto Brachyscome, pero en muchas tiendas de semillas las seguiremos encontrando sin la "s" en medio. El nombre específico iberidifolia debe significar "hojas similares a Iberis", aunque lo cierto es que no les veo parecido al menos con las especies de Iberis que conozco, tengo o he tenido.

Lila con centro oscuro y anillo blanco
Sea como fuere, se trata de una curiosa planta que por la floración no difiere demasiado de muchas especies que conocemos en Eurasia, África y las Américas, lo que solemos conocer como crisantemos, margaritas o caléndulas. La Brachyscome iberidifolia es anual y tiene tallos rojizos recorridos por hojas lineares alternas, muy finas, recordándonos un poco a algunas Cosmos, aunque si comparásemos a ambas observaríamos diferencias por la manera en la que se dividen. Los tallos son erectos aunque parece que tienen tendencia a inclinarse y quizá la planta no tenga problemas en crecer postrada, como ya están haciendo algunos de mis ejemplares.

Blanca con el centro amarillo
Estas plantas las conseguí a finales del verano pasado en forma de pequeñas semillas. Dispuse una maceta redonda y baja idéntica a la de los antirrinos la cual llené de tierra, sembré intentando repartir lo mejor posible las plantas y cubrí con un plástico transparente para ayudar a conservar la humedad durante sus primeros pasos. Lo hice en el patio de la casa para evitar que el calor excesivo les afectase o que algunos rayos solares les alcanzasen directamente y secaran la tierra, puesto que en aquel entonces todavía nos encontrábamos en la fase de calor peligrosa para las siembras.

Lila con el centro oscuro
Efectivamente, tuve dificultades al principio porque el más leve secamiento de la superficie dificultaba la germinación homogénea de las semillas. Como la maceta parecía tener el sustrato más hundido en los rebordes, fue aquí donde comenzaron a aparecer las primeras plántulas, pero al mínimo descuido se secaban casi todas. En una segunda siembra que ya hice sobre octubre, con la maceta a la sombra en la terraza, la cosa comenzó a funcionar mejor e incluso me pude permitir descubrirlas para que se mojasen con la poca lluvia que cayó allá por noviembre. Fue en aquel entonces cuando tuvieron su máxima expansión hasta alcanzar los escasos 25 cm. que tienen ahora, en su tamaño final.

Estado de las plantas en abril
Las plantas han crecido desde entonces a pleno sol y parecen ser de esas anuales que se fortalecen si se siembran con bastante antelación, pero no sé qué ocurriría haciendo una siembra primaveral con ellas, pues no he vuelto a sembrar y cuando lo haga volverá a ser de cara al otoño. Parece que, paradójicamente, incluso les moleste el exceso de agua cuando ya tienen un tamaño -amarillean con facilidad-, con los problemas que dio eso a la hora de comenzar con ellas. Esto es, que sin pasarse, tienen cierta tolerancia a la escasez de riego y además se conforman con poco a la hora de elegir sustrato. A pesar de los problemas con el reparto y establecimiento inicial de las plantas, la maceta se ha llenado de manera homogénea y, finalmente, a mediados de marzo comenzaron a aparecer las primeras flores.

Lila con centro castaño
Éstas tienen el aspecto de una margarita al uso, con disco de flores flosculosas en el centro y lígulas formando una corola alrededor. No son muy grandes: apenas unos 3 cm. de diámetro. Recuerdan a los ásters por sus lígulas estrechas y numerosas, sobre todo las de colores lila. El color es un detalle importante: en la mezcla de colores que tengo, las plantas se presentan en combinaciones con apenas un par de colores: pueden tener los pétalos blancos con las flores centrales amarillas o de color castaño, o bien pétalos lila con el centro amarillo, castaño o púrpura; las del centro púrpura tienen los pétalos algo más oscuros. La otra opción se presenta con pétalos lila, flósculos castaño y un anillo blanco rodeando el disco central. Además, como es lógico, los estambres de las flores siempre son amarillos. Como se ve, con pocos colores las posibilidades son tremendamente llamativas.

Blanca con centro castaño
Al creer que tendrían un porte más postrado, elegí no plantarlas en el frontal del contenedor. Hubiera sido un gran error no hacerlo de no ser porque este espacio ha funcionado tan mal que no hubiera podido disfrutar de ellas, o me hubieran salido pocas y mal, como ha ocurrido con las Nemophila menziesii o con las Gilia tricolor y Linaria reticulata 'Flamenco', especies que sólo he sembrado allí y han salido de manera laxa y dispar. Ni que decir tiene que al otoño que viene, si mejoro el sistema sembrando sobre vermiculita húmeda, estas margaritas no van a faltar en el frontal del contenedor. Su porte plumoso, su resistencia una vez establecidas y sus colores perfectamente combinables y complementarios respecto a las demás especies de flor pequeña que cultivo las convierte en candidatas ideales para el bouquet de anuales.

Así pues, nos encontramos ante otro de esos descubrimientos que probamos por mera curiosidad y acaba convirtiéndose en una de las favoritas a quedarse en la terraza por mucho tiempo. Ahora sólo queda disfrutar de ellas mientras dure esta explosión floral en la que se encuentran y ver qué longevidad alcanzan, pues las anuales suelen ser bastante imprevisibles y en ocasiones incluso no sólo duran una temporada. Estas, por lo pronto, han tardado casi medio año en comenzar a florecer, con lo cual ya es más que muchas anuales de vida primaveral.

Actualización (otoño de 2014):
La duda de cómo se comportaría la planta en una siembra primaveral quedó resuelta automáticamente al comprobar que las semillas caídas prácticamente en verano todavía fueron capaces de germinar con la exigua humedad de la tierra, crecer -menos, eso sí, que las sembradas en otoño- y florecer en la misma estación. Actualmente la terraza está llena de plantas de la especie resultado de la dispersión de semillas de las plantas que aparecen en esta entrada. Las siembras intencionadas, realizadas en noviembre, todavía son muy pequeñas y parece que la ausencia de calor y alta humedad no les gustan demasiado.

lunes, 3 de marzo de 2014

Compuestas mutantes

Caléndula con capítulos múltiples sobre un capítulo viejo
En el mundo de las plantas ornamentales se han producido tantos cruces, selecciones y variaciones que pocas especies encontramos ya que tengan un aspecto totalmente idéntico al de la planta silvestre de la que proceden, apareciendo de vez en cuando ejemplares con aspecto que no se corresponde al de sus progenitores. La mayoría de veces esto se traduce en un abanico inmenso de coloraciones distintas o bien en un aumento del número de pétalos. Personalmente, soy muy selectivo en gustos para este tipo de mutaciones: con los colores no suelo tener problemas, aunque en ocasiones puntuales prefiero el color original de la especie y, particularmente, en muchos otros casos la versión en color blanco de una planta que suele dar flores en otro color es la que más aburrida encuentro.

Para el tema de los pétalos múltiples tengo varias opiniones. La inmensa mayoría de veces suelo preferir a la planta simple original, o bien me conformo con el aspecto más básico que, en la inmensa mayoría de ocasiones, suelen presentar las asteráceas de tipo margarita, crisantemo o caléndula. En estas plantas las flores se ubican sobre un disco rodeado de lígulas que simulan ser una flor simple con sus pétalos, como lo sería la de una anémona o las margaritas de Livingstone, perfecto ejemplo de una flor simple actinomorfa. En los casos más sencillos, las flores tubulares en ocasiones vienen acompañadas de una lígula en su base, ea veces plana y a veces tubular. Y así, tenemos plantas como las Zinnia 'Flor de Dalia' o la Bellis perennis 'Pomponette', centenares de dalias de pétalos dobles y multitud de variedades de crisantemos, Argyranthemum, caléndulas, reina margarita... Por decir, nunca he visto una Zinnia elegans de floración simple "auténtica", sino que a veces el capítulo comienza como una flor clásica pero acaba cubierto de pétalos que brotan de la base de las flores centrales.

Mauranthemum con lígulas múltiples
En la mayoría de estos casos suelo preferir la variedad simple aunque en algunos casos no me desagradan del todo las de pétalos múltiples. En las dalias, por ejemplo, tras la desaparición de la 'Duet', ya no me queda ninguna que no sea simple y por ello he dejado la idea apartada, además de que con el tiempo mis gustos han cambiado y encuentro mucho más llamativas a las plantas de flores simples. Tampoco me desagrada en el caso de que la mutación no sea muy exagerada, como en las anémonas 'St. Brigid'. Para el resto de plantas, pocas especies de pétalos múltiples me parecen llamativas, sobre todo aquellas cuya proliferación de pétalos extra las hace parecer "defectuosas", pero en especial me parecen horrorosas esas flores cuyos pétalos parecen pañuelos arrugados, que además suelen darse en plantas cuya flor original me parece muchísimo más bella: narcisos, peonías, adormideras, hibisco de Siria...

El primero de los casos que nos ocupa se situaría en lo mencionado en el segundo párrafo. Después de tres generaciones en la terraza, algunas Mauranthemum paludosum han producido flores con varios pétalos. En estas margaritas la variabilidad suele ser grande, pero siempre referida al tamaño final de las plantas o al diámetro de las flores. Es una planta que, por ejemplo, en el contenedor se ha hecho más alta para poder sobresalir entre las demás especies, alcanzando casi 30 cm. Los ejemplares en macetas individuales se quedan en la mitad. Como dato curioso, decir que estas flores con múltiples lígulas han aparecido en dos ocasiones separadas pero simultáneas, en una maceta y en el contenedor, y que en ambos casos las plantas han continuado sacando capítulos simples.

El segundo caso es si cabe más curioso, aunque he encontrado breves testimonios en la red de otra gente a la que le ha ocurrido, si bien no he encontrado una explicación detallada. Se trata de una caléndula amarilla, de capítulos "semidobles", en cuyo aspecto no reside lo llamativo de esta mutación. La caléndula tiene una floración bastante prolongada y tras ella las lígulas se pliegan, se secan y los frutos verdes quedan expuesto y comienzan a madurar y volverse marrones. Los frutos de la caléndula tienen forma de gancho y son más grandes en el contorno del disco de flores que en el centro. Bien, pues en este caso tenemos que, cuando el capítulo terminó su ciclo, de sus extremos salieron nuevos capítulos en donde deberían estar esos frutos más grandes. Es como si la planta hubiese dado una "generación prematura" formando más flores donde deberían estar los embriones contenidos en las semillas. También en esta ocasión ha ocurrido una única vez y la planta, antes y después de esto, ha sacado flores de aspecto normal.

jueves, 27 de febrero de 2014

Explosión de margaritas

Ismelia carinata
En esta suave segunda mitad de invierno, en la que no ha faltado el calor pero sí la lluvia, la mayoría de plantas comienzan a despuntar como si ya hiciese semanas que comenzó la primavera. Las compuestas, que tantas entradas protagonizaron el año pasado, toman la delantera aventajadas por su abundancia en número, como viene siendo habitual.

Hay muchísimas especies en la familia Asteraceae, pero la subfamilia Asteroideae es la que se lleva la palma con sus aproximadamente 16.000 especies. En esta subfamilia encontramos a la inmensa mayoría de las especies con el clásico aspecto de margarita, crisantemo, girasol o caléndula, esto es, con el disco central de flores tubulares y pétalos rodeándolos, imitando el aspecto una flor actinomorfa típica. Muchas veces los pétalos están ausentes y en algunas especies incluso las flores son de lo más inusual, como en las Xanthium americanas que se han asilvestrado en nuestros campos. Las flores de tipo margarita ganan por mayoría y además en cultivo tenemos formas mutantes, con varias líneas de pétalos (dobles y semidobles), con lo cual la oferta es inabarcable. Hay una pequeña excepción, y es que en la subfamilia de las achicorias, dientes de león y similares (Cichorioideae) también hay unas pocas especies con aspecto de margarita al uso, como las Arctotis y las Gazania.

Argyranthemum frutescens
Son precisamente las especies africanas las que más representación tienen en este momento en la terraza. Hace poco hablé sobre lo bien que estaba la Felicia amelloides, grande y cargada de flores al fin, y los presagios se han cumplido ahora con su compañera la Osteospermum fruticosum. Al mismo tiempo que la Felicia ya había abierto decenas de capítulos azules, la matacabras o caléndula de El Cabo empezaba a cubrirse de los futuros capítulos. Todo apuntaba a que se iba a convertir en una "bola" de flores y así ha sido. La planta ha triplicado su tamaño desde su adquisición hace casi un año y por fin ha comenzado a ir bien, coincidiendo con una ampliación de maceta que le hice a ella y a varias de sus compañeras hace poco. A pesar de ser una planta resistente, lo cierto es que con el calor y una maceta demasiado pequeña se resiente a menudo. Espero que con el cambio consiga estar espléndida incluso en los meses más calurosos.

Mata de Osteospermum
Una de las primeras novedades ha sido la floración de los crisantemos tricolor (Ismelia carinata), sembrados desde julio y septiembre en una maceta y en el contenedor, respectivamente. Esta planta, también conocida por nombres ya obsoletos como Chrysanthemum carinatum, Glebionis carinata o Ismelia versicolor, es originaria del norte de África, incluyendo la Macaronesia. Es una especie fácil de cultivar que no ha tenido problema en crecer durante el otoño-invierno, alcanzando los ejemplares más grandes del contenedor unos 40 cm. y algo más de la mitad los que tengo en una maceta relativamente pequeña. Tienen hojas muy divididas y capítulos grandes de colores variados, siendo el disco rojo-amarillo del centro, o en ocasiones sólo el amarillo, común a todos los ejemplares. A mí me han salido blancos (los del contenedor) y rosados. La planta grande del contenedor floreció la primera hace semanas, pero los pétalos salieron arrugados y marrones. La flor actual tampoco ha salido perfecta, pero está algo mejor. En 2013 tuve a la especie y todas las flores salían deformadas, creciendo bastante mal y secándose después de sacar unos tres capítulos. Es de esas plantas que se ha hecho de rogar (los capítulos han tardado unos dos meses desde su aparición hasta abrirse) y me gustaría tener muchas más combinando con otras de sus parientes.

Calendula officinalis
En el contenedor ésta ha sido la primera compuesta nueva del año desde la resiembra otoñal. Siguen en ella las dos caléndulas que dejé, con la de flores naranja cargadísima como siempre, y parece que se va soltando y animando una de las Mauranthemum paludosum. Hay otra especie de la familia cerca de florecer, que ya revelaré cuando lo haga. Mientras, la mayoría están dentro de la tónica general del contenedor, esto es, creciendo todavía o siendo muy pequeñas dado que ha costado establecerlas después de varias siembras. Si todo funciona, el número de miembros de la familia en este punto de la terraza todavía está por multiplicarse exponencialmente.

Cosmos blanca
De las mencionadas Mauranthemum paludosum poco más que decir salvo que se han convertido ya en una de esas plantas que aparece por cualquier lado en la terraza y soy incapaz de quitar voluntariamente por lo poco que ocupan y lo bonitas que son. Eso sí, algunos ejemplares han salido en macetas inadecuadas y quizá aproveche las plantaciones y organización que tengo pendientes estos días para trasladarlas a macetas grandes "comunitarias" donde tengo planeado combinar varias compuestas de las que tengo actualmente en semilleros. Además parece que no haya dos flores iguales y tienen la particularidad de ir bien tanto en sol como en sombra. Precisamente, el ejemplar que tengo en el rincón de semisombra es el más pequeño, pero el que da los capítulos de mayor tamaño.

Bellis perennis
La más reciente de las especies, que ha llegado hoy, es la margarita Argyranthemum frutescens. Se trata de una planta de origen canario frecuente en los comercios, siendo una de las margaritas más populares, de la que existen multitud de variedades con colores variados (casi siempre entre amarillo, rosado y el blanco original) e incluso con formas dobles. Era una planta que siempre había tenido en mente por ser de esas margaritas recargadas, perennes y de talla mediana, pero buscaba la mejor oportunidad para traerla a casa. O, dicho de otra manera: un ejemplar grande, sano y no muy caro. El de las fotos ha costado un euro y medio en la floristería cercana a casa -de donde también vinieron las Mauranthemum y las Gazania- y está espléndido. Había blancas y éstas, de un rosado intenso con una banda blanca en la base de los pétalos, colorido que me ha parecido mucho más llamativo y el cual, a pesar de haber tantas especies, faltaba entre las margaritas de la terraza. No tardaré demasiado en ampliarle la maceta para que se vaya expandiendo a gusto.

Otro crisantemo tricolor
Entre las especies obtenidas de semilla en los últimos meses, las primeras en florecer han sido una Cosmos blanca y una Bellis perennis doble de tipo 'Pomponette'. La primera la recibí como presente en un intercambio de semillas y la puse en una pequeña maceta por curiosidad, donde ha crecido sin demasiadas atenciones -es una planta estupenda para nuestro otoño-invierno pero que sufre en verano- y acabó floreciendo hace unos días. Las Bellis perennis son el segundo intento seguido y el enésimo de 2013. Las semillas las adquirí allá por febrero y todas las siembras que hice desde entonces se me malograron al aumentar las temperaturas (se cocieron, literalmente, bajo el plástico protector). En verano saqué más plantas en el patio, pero para otoño estaban llenas de manchas y deformidades, así que las arranqué y volví a sembrar, ocasión en la que por fin han ido mejor. Todavía son muy pequeñas y la flor que ha salido tiene pinta de haberlo hecho forzada por el calor, siendo también diminuta. Es una planta frecuente en las tiendas y podría haber tenido alguna al mismo precio que las Mauranthemum, pero eso lo supe después de tener las semillas en casa y prefería probar. Aunque las flores de la planta son margaritas "estándar", de pétalos planos y blancos con el centro amarillo, es más frecuente encontrarlas como la que tengo, dobles con pétalos tubulares que crecen muy apretados en una extensión variable, algo similar a las Zinnia 'flor de dalia'.

Mata de Mauranthemum paludosum
¿Qué más queda? Están las Gaillardia, que ya no sé de dónde sacan fuerzas para seguir floreciendo, pues las plantas están totalmente secas y ya casi no sacan hojas; las futuras dalias, que espero acertar con ellas después de la decepción del año pasado -de la cual quizá tengo más culpa de lo que pensaba- y con dos frentes abiertos, pues he plantado también de semilla. Tengo también un par de girasoles rojos mexicanos (Tithonia rotundifolia) que sembré en septiembre y han ido relativamente mal, quedándose muy pequeños, amarillentos y con la mitad de hojas secas por un ataque de hongos en otoño. Una de ellas está floreciendo de manera pobre, con un capítulo pequeño que apenas ha conseguido abrirse. He pregerminado otra semilla que seguramente enterraré en la misma maceta cortando antes los otros ejemplares. Es una anual de crecimiento rápido, muy grande, pero que seguro que será más feliz con más sol y temperatura. Esto pasa con algunas plantas, como las Zinnia, que no tienen inconveniente en germinar en nuestro otoño-invierno pero funcionan muy mal en esas fechas.

Argyranthemum
Como comentaba, a pesar de la gran cantidad de margaritas, crisantemos y caléndulas que pueblan estos días la terraza, hay que tener en cuenta que todavía falta un mes para la primavera, con todo lo que ello supone, y que sigo atendiendo a otras tantas especies que están creciendo o son candidatas para ser sembradas, como los próximos girasoles para esta temporada. Y, por supuesto, hay más tipos de compuestas a punto de ganar protagonismo: en este momento hay seis especies distintas de Centaurea creciendo en la terraza. Dos de ellas están teniendo problemas con la araña roja, que espero eliminar antes de que sea demasiado tarde. Otras, las viejas conocidas Centaurea cyanus, empiezan a desarrollar el tallo con el que florecerán, pero si todo va bien no serán la primera especie del género que lo haga este año.

Así pues, 2014 apunta a ser un año en el cual la mayor familia de angiospermas volverá a ser también la de mayor riqueza y variedad en la terraza, siempre dispuestas a sorprender con su belleza y colorido.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Girasoles y abejas en diciembre

Helianthus debilis con abejas
En la entrada anterior hablaba de los efectos negativos que producían unos animales, los gorriones, en las plantas de la terraza. La de hoy será justo para lo contrario, para alabar el trabajo de otros animales, más pequeños.

Las flores de la terraza son visitadas por muchos insectos, la mayoría himenópteros tipo abeja y avispa y dípteros como moscas y moscas de las flores. Echo en falta que vengan más mariposas, pues es difícil ver a las especies más habituales de los prados libando en las flores que generosamente ofrecen su néctar para todo el que quiera. Curiosamente, las protagonistas de hoy, las abejas de la miel (Apis mellifera) no son tan frecuentes como me gustaría, presentándose sobre todo en otoño. La ocasión que más abejas atrajo a la terraza fue la floración de 2012 del áster, con casi una abeja en cada capítulo. De hecho, la foto que ilustraba la primera entrada de este blog correspondía a esos días.

Durante estos días casi siempre ha habido al menos una abeja buscando entre las flores, pero ha sido producirse la floración de este girasol con múltiples capítulos simultáneamente y las abejas se han multiplicado. A pesar de que el tiempo se mantiene fresco desde hace casi un mes, las abejas parecen no retirarse del todo durante esta época y cualquier flor es como un regalo. Todas las abejas llevaban las patas llenas de polen y además aprovechaban para pasarse por otras flores grandes que encontraban, como las gallardias y las gazanias. Al girasol le viene muy bien tener abejas sobre él ya que ayudan en la polinización y futura producción de frutos, las pipas.

Abeja de la miel en las flores
Pero ¿qué girasol es este? No lo sé muy bien. En el sobre de semillas ponía Helianthus debilis. Esta especie originaria del sur de los Estados Unidos tiene multitud de subespecies tan distintas entre sí que podemos encontrar desde plantas rastreras que crecen en las dunas costeras hasta girasoles ramificados como el llamado cucumberleaf sunflower, el girasol con hojas de pepino (Helianthus debilis ssp. cucumerifolius) que suele ser la subespecie más típica en jardinería y el cual esperaba que me saliese a mí, aunque tengo mis dudas.

Mi planta tiene hojas anchas, acorazonadas, con menos pilosidad que los girasoles comunes (H. annuus). Sin embargo, en lugar de crecer como una planta ramificada, el girasol ha crecido hasta ahora como un girasol común, con un tallo único en el cual primero se abrió un capítulo grande (el que aparece ya con los pétalos arrugados en las fotos) pero acompañado de un montón de capítulos más apelotonados en la parte superior. Además, en cada una de las axilas de las hojas apareció una ramificación que ya venía mostrando un capítulo nuevo. Esperaba a estas alturas que esas ramificaciones hubieran convertido al girasol en algo más parecido a un pequeño arbusto, pero al parecer se llenará de capítulos más pequeños más o menos cercanos al tallo.

Obtuve las semillas en una venta "de saldo" muy curiosa, y es que un aficionado de Bilbao había conseguido un lote de semillas de una marca holandesa que al parecer había quedado sin vender y ya tenían unos años. Concretamente, estos girasoles llevaban inscrita la recomendación de plantarse antes de 2008. En septiembre puse a germinar cuatro y dos no salieron, pero los dos que sí germinaron lo hicieron con la facilidad de unas semillas frescas, en menos de dos días. Las plantas crecían muy bien y actualmente sigo teniendo los dos, pero uno de ellos muy a mi pesar tendré que destruirlo, ya que el oidio se fue extendiendo por toda la planta y a pesar de que no ha conseguido matarla, sigue presente en todas y cada una de sus hojas y la planta no ha conseguido florecer.

El girasol el pasado domingo
¿Qué es entonces este girasol? En principio lo etiquetaré como Helianthus debilis haciendo caso al nombre que venía en el sobre. A mí se me ocurre incluso que fuese un híbrido de esta especie con Helianthus annuus, pues no he sido capaz de encontrar fotos de ejemplares que cuadren con la primera y su porte, como digo, es similar a la segunda. Se parece también a muchos girasoles ramificados ornamentales, como el famoso 'Autumn Beauty', el cual desconozco si también proviene del cruce de distintas especies, o el 'Italian White', del cual no me queda claro si es un H. annuus, un H. debilis o un cruce que los implique.

Sus flores parecen ser distintas a las de otros girasoles que he tenido este año. Los capítulos son más pequeños (salvo el primero que abrió), con el centro oscuro y los pétalos algo más largos. Este aspecto es más de mi agrado que el típico girasol común con pétalos cortos y centro pardo-amarillento. Como sólo ha florecido este ejemplar no cuento con suficiente material como para poder comparar la variabilidad de estos especímenes. En primavera sembraré algunos más para ver qué sale.

A pesar de que estemos prácticamente en invierno, parece que a la planta no le afecta la temperatura dado que allí en Cullera difícilmente se baja de los 4ºC, y mucho menos llega a helar. No sólo tengo estos girasoles, pues en el contenedor consiguió prosperar uno que sembré seguramente a mediados de octubre y que ya muestra el botón de su primer capítulo. Curiosamente, a pesar de todo el sitio que tiene, ha salido un girasol llamativamente pequeño, de unos 25 cm. de altura y hojas (y futuro capítulo) de tamaño igualmente reducido. Veremos cómo progresan éste y el de esta entrada durante el invierno, pero sin duda se agradecerá la presencia de sus grandes flores en una época con algo menos de colorido.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Después de la lluvia

Tagetes patula
Las abundantes precipitaciones caídas en Cullera la semana pasada han dado un pequeño giro a la vida vegetal de la terraza, que se encontraba ya sumida en la típica decadencia del final del verano, introduciendo un poco la situación de lo que se irá dando en otoño, esto es, unas semanas de tiempo suave, con mucha humedad, que permiten a muchas plantas tener una breve época próspera similar a principios de primavera aunque con la diferencia de pillarlas mucho más crecidas y que también permite a las más pequeñas desarrollarse en un ambiente seguro.

El tiempo por supuesto ha cambiado, y aunque todavía hace bastante calor, la impresión general es que ya parece una época más segura para empezar a plantar cosas sin miedo al verano, al que ya le queda poco. Las temperaturas máximas han disminuido ligeramente, aunque se superan los 30ºC casi a diario, pero el sol parece que "pica" menos; las mínimas sí han bajado de manera visible y ya se sitúan por debajo de los 20ºC todas las noches, lo que las hace inferiores incluso a las de los días lluviosos de la semana pasada. La situación es similar a la de mediados de junio, aunque en aquel entonces y debido a la inusualmente fresca primavera, las mínimas eran aún más bajas.

Las lluvias ocasionalmente pueden traer bajas, debido principalmente a un mal drenaje de la tierra, el taponado de los propios agujeros de la maceta y el consabido exceso de agua que llega de golpe. No parecen haber sido muchas en esta ocasión, y de hecho todavía no pueden constatarse del todo. El antirrino de flores rosa que tenía desde el verano pasado y el lupino superviviente de la siembra pre-primaveral se han quedado sin hojas y muy amarillentos, y es posible que no rebroten ya. El primero tiene multitud de plántulas a sus pies, procedentes de la caída de sus propias semillas, y el segundo ya tiene puestos a sus sustitutos en una nueva maceta donde crecen deprisa.

Plántulas de Martynia annua
Entre las vivaces, la Echinacea purpurea no ha dejado de ponerse negra desde finales de agosto, aunque de momento y visto que la planta no decae, imagino que será el ciclo habitual de la planta a la hora de perder sus hojas -supongo que la parte aérea desaparece totalmente en invierno- ya que casi se podría decir que no se le había secado ni una sola hoja de las que lleva sacando desde marzo. Por su parte, los dos Eryngium planum, que han sobrellevado algo mal su primera temporada aunque han sobrevivido sin problemas, han perdido también todas sus hojas iniciales, especialmente tras las lluvias, y brotan nuevas rosetas más densas. Temía un poco por la excesiva retención de humedad de este sustrato, pero en principio parece que tras estas lluvias intensas no ha sido para tanto y ha bastado con devolver la maceta a la zona de sol y dejar que se vaya secando poco a poco. Es una planta resistente a la sequía, con lo cual si el otoño es muy lluvioso se puede considerar, directamente, no volver a regar las plantas hasta primavera siempre y cuando el follaje luzca fresco. Espero que para entonces sí consigan florecer.

No ha habido suerte al esperar que rebrotase alguna de las plantas "declaradas oficialmente muertas" tras perder toda su parte aérea de manera definitiva el mes pasado, así que cosas como la Campanula glomerata o la Prunella habrá que reponerlas si vuelven a traerlas a las tiendas. No sé si hacer lo mismo de manera cautelar con los edelweiss, ya que ambas matas casi han quedado reducidas a compost tras la lluvia, partiendo ya de lo secas que estaban en verano. Como digo, este estado también lo adoptan en invierno con su habitual letargo, pero lo de verano ya no lo conozco. A lo sumo, en el mejor de los casos la reposición se saldaría con una planta de más para 2014.

En cambio, la que parece que volverá a resurgir es la mata de margaritas Mauranthemum paludosum, cuya maceta, después de quedar totalmente seca y empaparse a fondo con la lluvia, se está llenado de plántulas que espero que provengan de una autosiembra; esto ya ocurrió en abril, cuando la planta original, ya estropeada, murió con las lluvias de finales de ese mes y al mismo tiempo ya estaba siendo sustituida por nuevas plántulas. Me pasa un caso curioso con esta planta, y es que a pesar de que aparentemente da tantas semillas que germinan con facilidad e incluso en alguna ocasión han conseguido "saltar" a otra maceta, apenas he sido capaz de encontrarlas por mí mismo al desgranar alguna cabezuela seca, con la intención de introducirla en otros puntos para ampliar su cantidad, como en el contenedor mismo. Sea como fuere, si regresa ciclo tras ciclo al final conseguiré expandirla.

Cosmos sulphureus
Ahora mismo, el número de compuestas floreciendo en la terraza se ha reducido drásticamente. Quedan la mencionada Echinacea, la Gaillardia aristata, ambas Gazania, una ya estropeada Ratibida columnifera, un girasol, la Cosmos sulphureus y la mata de Tagetes patula que cada vez está mas grande, y a cuyos pies aparecen también unas pocas Cosmos bipinnatus que no tardarán en florecer. La Felicia amelloides se ha puesto muy grande, pero sigue sin flores, y lo mismo se puede decir de la Osteospermum, aunque ésta de vez en cuando deja ver alguna flor. Dado al buen tiempo que queda todavía para las próximas semanas, no estaría de más hacer un hueco entre los múltiples semilleros y germinadores que tengo en marcha y poner alguna semilla de girasol y zinnia para que florezcan en los próximos dos o tres meses, ahora que el peligro del calor -y posiblemente también el de los hongos- se ha minimizado.

No hay demasiadas plantas aparte de las mencionadas que sigan con flores ocasionales. La Clematis 'Jackmanii' sigue sacando alguna de vez en cuando, y la Salvia farinacea parece que está más cargada ahora, aunque sigue peligrosamente vacía al quedarle sólo dos tallos y ninguna señal de rebrote desde el suelo. También la hierbabuena continúa con sus flores algo maltrechas ya y la Aquilegia alpina, que no ha dejado de crecer en todo el verano y no sé si llegará a comportarse como una vivaz, sigue sacando flores medio escondidas, pequeñas y no tan bien formadas como las de primavera. La Passiflora caerulea, que ha crecido muchísimo, también parece estar llena de capullos pero hace tiempo que no le veo flores nuevas.

El agua ha reactivado o incentivado a germinar o brotar a muchas pequeñas plantas. Las Digitalis purpurea han llegado a todas sus macetas vecinas, creando rápidamente parches de pequeñas plantas -véase en la foto del Eryngium planum- que desgraciadamente tendré que eliminar ya que lo han hecho en macetas ocupadas por otras plantas y las dedaleras crecen mucho. No obstante, es buena señal ya que puedo utilizar las semillas que guardé para preparar alguna maceta nueva, dado que no sé cuántos años más pueden durar las plantas originales.

Una pequeña seta
Además de las mencionadas plántulas, en una maceta que ya daba por perdida donde sembré Martynia annua (y donde esta misma especie creció en 2012) ha aparecido un pequeño grupo de plántulas. ¿Qué hago con ellas? Son plantas que gustan del calor y se desarrollan estupendamente en verano, pero esto ha sido inesperado. Otras veces, especies de esta familia han esperado un año entero para germinar, cumpliendo correctamente con su ciclo, pero este año llegan algo tarde. Puede, sin embargo, que en apenas dos meses consigan crecer y florecer al menos en una tanda. Un caso similar, pero con cormos en lugar de semillas, se ha dado con las aráceas Sauromatum venosum. Tengo cormos de estas plantas desde otoño de 2007 y hasta ahora han sido irregulares, brotando unos años en marzo y otros en mayo, pero lo de este año ya ha sido pasarse: han emergido tras las lluvias, a finales de agosto. Sí es cierto que en su momento de mayor esplendor y debido a mi falta de control, llegó a haber un momento que aparecían nuevas plantitas en macetas diversas al colarse algún cormelo en tierra reutilizada, y algunos de éstos brotaban durante verano o hasta principios de otoño. Las plantas grandes, sin embargo, solían hacerlo antes. Eso sí, parece que este año tampoco van a florecer: no lo han hecho nunca desde que las tengo, aunque las deje enterradas y olvidadas por varios años en la misma maceta.

Otra planta que hay que ir arrancando constantemente es la Kalanchoe x houghtonii. Como es sabido, esta planta produce propágulos en el margen de sus hojas, pequeños clones listos para desprenderse y enraizar. En verano cayeron algunos, pero con la lluvia han llegado a montones a distintas macetas. En los rincones donde hay acumulada algo de tierra hay plantas de tamaño bien visible que deben haber llegado allí durante el verano. Por suerte, se arrancan fácil y no dejan restos que puedan volver a rebrotar.

En el contenedor, finalmente me decidí por el método drástico y acabé arrancando todas las plantas que quedaban, salvando eso sí a la caléndula, que reside ahora en una maceta. Aquí también aparecen plántulas sin identificar por doquier, pertenecientes a las muchas especies que crecieron en el sitio. Tras arrancar las plantas, salvo unas rosetas bajas que no he conseguido identificar hasta ahora pero que parecen alguna especie de compuesta, removí totalmente la tierra eliminando algunas de estas plántulas y allanando la superficie totalmente. Un par de días después volvían a aparecer plántulas, que en esta ocasión ya no las tocaré salvo si en un futuro detecto que se trata de especies con ubicaciones comprometidas. Por ejemplo, un caso claro podría ser que apareciesen ageratos en el centro o fondo del contenedor, mala ubicación dado que en estos puntos quiero situar plantas medianas-altas y muchas de ellas son de semilla pequeña, y el agerato con su crecimiento rápido y anchas hojas acaba quitando sitio a las demás. En la parte frontal no supondrán ningún estorbo y además combinarían bien con otras especies, aunque no obstante prefiero limitar su número ya que producen demasiadas semillas y acaban ramificándose y creciendo demasiado, incluso durante el invierno.

Hojas nuevas en un Eryngium planum
Para mañana, el contenedor será precisamente el punto de atención, pues comenzaré en él los trabajos de preparación de la siguiente temporada. Lo principal, extender humus de lombriz sobre la superficie previamente allanada, a la par que depositaré algunas plantas de semilleros que llevo haciendo desde finales de agosto. Es bastante probable que muchas de estas pequeñas plantas no consigan resistir ya que estas semanas las han pasado desarrollándose con luz indirecta y muchas de ellas empiezan a alargarse demasiado. Optaré por ponerlas directamente sin acostumbramiento previo dado que en los semilleros, con poca tierra, quizá hacer una pre-exposición a la intemperie sea mala idea. Sin embargo, merece la pena intentarlo teniendo como base lo bien que están creciendo por toda la terraza estos días las mencionadas semillas que han ido cayendo de las plantas presentes. Paralelamente, sembraré algunas semillas pregerminadas y otras de especies de pequeño tamaño en cantidades mayores que pueden arraigar bastante bien siempre y cuando el vermicompost retenga bien la humedad que aplicaré a conciencia con el pulverizador, a lo que debería sumarse la posibilidad de lluvias en breve, pues las previsiones indican que es posible que eso ocurra a finales de semana aunque parece que el día que empezará a llover va retrasándose a medida que se tienen nuevos datos.

Como simple anécdota, en la maceta de la dicentra, aparte de plántulas de dedalera, ha aparecido una pequeña seta. Aquí no usé la tierra "maderera" de BricoDepot, sino el mismo sustrato de buena calidad que lleva el contenedor de los bulbos, formado por turba, fibra de coco, humus y perlita. Es probable, eso sí, que la seta llegase a través de esporas emitidas desde los hongos que crecieron en aquellas otras macetas. La presencia de estos hongos no molesta en absoluto, a diferencia de sus parientes los que dañan las hojas.

En fin, que esto es septiembre: mes de altibajos en los que el verano de vez en cuando nos recuerda que no ha terminado y las lluvias se encargan de anunciar la inminente llegada del otoño. Una época ideal para planificar la nueva temporada y empezar a colocar en su sitio a las nuevas plantas que nos acompañarán los próximos meses, algunias quizá incluso hasta el verano próximo o los siguientes años.

Corrección [12-09-2013]: Finalmente, las plántulas que aparecen en la foto han resultado ser Martynia annua y no Ibicella lutea. En esa misma maceta tuve una planta de M. annua el año pasado pero había asociado que, debido al tamaño de la maceta, había sembrado este año a esa especie en un tiesto mayor -donde el año pasado crecieron las Ibicella lutea y en 2013 no han germinado, aunque finalmente repetí macetas quizá para evitar mezclas de especies por si la temporada anterior había caído alguna semilla en sus respectivas macetas. ¡Ahora tengo varias plantas creciendo en una maceta diminuta para ellas!

viernes, 30 de agosto de 2013

El esperado cambio de tiempo

Gaillardia aristata
Debe ser complicado que un ciclo se repita durante dos años seguidos, y más cuando la tónica habitual era que esto no ocurriese. A finales de agosto de 2012 el calor veraniego se vio disminuido por una tromba de agua que caía casi al término del mes, relajando el clima y aportando una buena cantidad de agua a las plantas. 2012 tuvo un verano más cálido y seco que el actual, pero por suerte el cambio se ha vuelto a producir. No sólo ha sido similar, sino que la lluvia está durando más y trayendo más agua, casi como si estuviésemos ya en las primeras semanas de otoño. Las temperaturas mínimas no han bajado especialmente (siguen siendo más altas que las que hubo casi hasta finales de junio) pero las altas sí, amén de que la radiación solar ha estado filtrada desde el domingo por gruesas capas de nubes.

Si el año pasado caían unos 55 mm. de golpe en un sólo día, este año ha caido eso y más. En Cullera van acumulados ya alrededor de 80 mm. desde el lunes y todavía hoy viernes sigue lloviendo. La última vez que tuve que regar fue el sábado pasado, y ahora hay agua de sobra. Subrayo lo de "de sobra", pues hay pocas plantas ya que puedan aprovecharse de la situación, si bien yo esperaba este cambio no por ahorrarme unos riegos sino por el aumento general de la humedad en la tierra y la disminución del calor que hacen que ya pueda ir empezando a subir a la terraza algunas semilleras sin miedo a que se achicharren.

Antirrinos colonizando el contenedor
A las plantas que quedan les viene genial esta situación meteorológica ya que les devuelve la frescura que no han podido tener por muchos riegos que yo les dé. En lo peor del verano, regar cada dos días muchas veces es insuficiente, máxime si se hace a horas en las que la evaporación es mayor. Entonces, nos encontramos con hojas marchitas, partes secas y los temibles hongos. Con esta lluvia, plantas como las Gaillardia o los girasoles han vuelto a recuperarse y abren de nuevo sus flores.

Pero los verdaderos protagonistas de los días venideros van a ser los semilleros y los bulbos. A mediados de julio ya sembré algunas semillas de prueba y muchas plantas de esos días siguen vivas y con un aspecto tan bueno que todo parece indicar que seguirán hacia adelante. En estos últimos 10 días, aún sin saber que estas tormentas dejarían tan suave el tiempo, he empezado a preparar un buen montón más de semilleros pensando ya en replantar el contenedor de cara a la siguiente temporada. Actualmente quedan en él un montón de antirrinos que han ido creciendo a la sombra de las otras plantas durante la primavera-verano y ahora se convierten en los amos y señores. No sé muy bien qué haré con ellos, pero aunque me pese tendré que eliminar varios ejemplares, sobre todo aquellos que han crecido tumbados y ocupan espacio innecesariamente a lo ancho.

Girasol amarillo
Además de éstos, el grupo más compacto de lo que queda en el contenedor lo forman un antirrino blanco de aspecto impecable junto al que crecen las últimas Rudbeckia que quedan en flor. A pocos centímetros, la caléndula (la misma de siempre) y todavía dos zinnias forman otro grupo compacto. Puede que elimine las zinnias, pero las demás plantas estaría bien dejarlas allí y que protejan a las de próximas siembras. Quiero estudiar la posibilidad de moverlas de sitio ya que han salido donde ellas han querido y, por cuestiones de tamaño, preferiría tenerlas en otro punto.

El tema del contenedor de los bulbos sigue parado, me he relajado bastante. Todavía no he podido encontrar un plástico adecuado pero será cuestión de días que me decida por el que más me convenza, aún a riesgo de que vuelva a dañarse. Por si acaso, este año forraré antes la estructura con sábanas viejas, el mismo método que usé en el contenedor de las herbáceas y funcionó a la perfección. De momento todavía me queda un mes para ponerlo a punto, pues los bulbos de este año comenzarán a ir llegando a las tiendas a partir de esta semana y además tengo otra tanda de especies pedida que llegará este mes también. Lo importante es que para octubre estén enterrados -este año quiero hacer las cosas bien- y si la tierra se moja, que sea en su justa medida.

A pesar de que todavía hay tiempo para que vuelvan algunos días de calor, lo de esta semana ya no cuenta como los típicos chaparrones de verano que hacen mucho ruido y mojan poco. Es el primer indicio de la llegada del otoño, que no sabemos todavía cómo será, pero sin duda una época muy ajetreada para devolverle a la terraza el esplendor que el verano le ha ido quitando.

martes, 27 de agosto de 2013

Fracasos, decepciones y fiascos

Una imagen para el recuerdo, a mediados de abril
Sacar lo malo de dentro es bueno y, por qué no, compartir aquí en el blog las decepciones además de las alegrías no tiene por qué estar de más, ya que la afición de cultivar plantas tiene, como todo, una cara buena y otra mala. Además, y haciendo leña del árbol caído -¿nunca mejor dicho?, compartir los fracasos sirve tanto para repasar lo que uno ha hecho mal, como para advertir de ello a posibles lectores; también, por qué no, es probable que aparezca alguno de éstos que deje un comentario aportando su experiencia y así ayudándome a mejorar.

Hemos visto muchas plantas en El Jardín Sucronense y la temporada ha sido estupenda, pero siempre quedan en la sombra esas especies que murieron de manera prematura, inesperada... o, directamente, ni siquiera llegué a ver crecer. Estudiar las causas de su fracaso, como digo, ayuda a no desanimarse e incluso intentarlo de nuevo al año siguiente.

Primero que todo, y aunque no me gusta hacer "contrapublicidad", he de decir que uno de los mayores causantes del desastre fue un sustrato bastante malo que compré en la cadena de tiendas de bricolaje BricoDepot. Claro, finalizaba febrero, empezaban a llegar bulbos, tubérculos y rizomas varios a casa y de repente, gran coincidencia, lanzan una oferta de sacos de sustrato de 50 l. a dos euros la unidad... ¡justo el día que tenía que ir al lado de la tienda más cercana! Me llevé dos sacos, cien litros, y la inmensa mayoría de plantas que tenía en casa esperando fueron enterradas en él, excepto las que llegaron ya en marzo cuando, nuevamente en una coincidencia que parecía destinada a remendarlo todo, volví a pillar una oferta de sacos de la misma capacidad y precio, pero de mejor calidad, en la cadena de supermercados Vidal.

Tubérculos de Oxalis bowiei
Dicho sustrato parece estar hecho de material de desecho triturado y mezclado, en especial cortezas y otros residuos procedentes de la madera, pues de vez en cuando aparecen trozos de la chapa que suele cubrir las piezas de conglomerado de madera; en primavera, en las macetas que mantenía húmedas aparecían incluso unas diminutas setas sobre la superficie. Ya me di cuenta del desastre durante la lluviosa primavera, que lejos de beneficiar a las plantas enterradas en este sustrato como a las demás, las ahogaba dado que éste no drenaba bien. Acumula el agua, se mantiene como una esponja empapada y, como tal, cuando el sol aprieta se convierte en una suerte de corcho seco que se despega de los bordes de la maceta incluso. Un desastre.

Así pues, las muertes directas causadas por este sustrato fueron, no necesariamente en orden, la Centaurea dealbata, la Convallaria majalis, la Saponaria ocymoides, la Monarda 'Mahogany' y, recientemente, la Astrantia major 'Lars'. Milagro es que otras dos especies, la Echinacea purpurea y el Eryngium planum hayan sobrevivido, quizá por su tolerancia a la sequía. El sustrato queda seco cada dos días, pero veremos en otoño, que por norma general llueve más que en primavera con el añadido que la humedad se conserva gracias al ambiente fresco y húmedo. Sería un disgusto muy grande perderlas, con lo que les ha costado llegar hasta aquí. Otra planta más, el Iris siberica 'Blue King', está resistiendo sin problemas en la misma tierra puesto que quizá sea la planta menos exigente de las que planté, tolerante tanto con la sequía como los encharcamientos. Y, con mayor o menor suerte, con altibajos pero habiendo alcanzado la floración aunque en estos momentos en situación dudosa -plantas secas o parte aérea ausente del todo- están la Astilbe x arendsii 'Glut' y la Asclepias tuberosa, que habrá que esperar a ver si consiguen rebrotar.

¿Repetiré con ellas? Bueno, para empezar, con la Centaurea dealbata obtenida de raíz me quedé bastante mosqueado. Llegué a comprar tres paquetes y ninguno mostraba crecimiento tras un tiempo enterrado, incluso utilizando otro sustrato. Al final, he pedido unas semillas y a ver cómo se dan, pues las centáureas no suelen ser difíciles de sacar adelante, aunque es la primera vez que pruebo con perennes. Lo mismo para las Monarda: esta planta sí salió, pero fue de las que se asfixiaron en ese sustrato tras unos días de lluvia. La que tuve era el cultivar 'Mahogany', cruce de las especies M. fistulosa y M. dydima. Pues bien, he adquirido ambas especies como semilla, y estoy haciendo pruebas previas con ellas (con la M. fistulosa sólo, que es la que tengo de momento) y parecen germinar con facilidad, pero todavía hace demasiado calor para estos menesteres. Igualmente, si van bien, no volveré a probar con el esqueje de raíz.

La Salvia farinacea de momento aguanta
Con la Convallaria majalis ocurrió algo similar. La planta sí brotó, tuvo una hoja que no llegó a desplegarse nunca, hasta quedarse seca. Podría probar una vez más en un sustrato más suelto y orgánico, como el de la dicentra, pues seguramente si la planta se hubiera encontrado en un medio más adecuado podría haber continuado creciendo desde esa hoja. Por otra parte, la umbelífera Astrantia major 'Lars' estuvo manteniendo hojas prácticamente desde marzo hasta julio. Revisé la tierra esta semana y no queda rastro siquiera de su red de raíces, como si allí no hubiera habido nada. Dada la dificultad de encontrar semillas asequibles, si tengo la oportunidad repetiré al año que viene en un sustrato mejor, pues es una pena que una planta que sí es capaz de brotar y establecerse tenga que morir de esa forma.

Otro disgusto me lo he llevado con las anémonas. Hace ya meses que se secaron y decidí sacarlas hace unos días ya que en la plantación otoñal podría reorganizarlas mejor, porque en su día las fui metiendo en las macetas que tenía a mano. Creo poder decir que no ha sobrevivido ni un 10% de lo que había. Según recuerdo, planté unas 40 'De Caen' más algunos tubérculos sueltos del año anterior, pongamos unas 45 en total. De las 'St. Brigid', aquellas dobles que me salieron en blanco y en azul, había menos, pero ha sobrevivido sólo una. Habrá que reponerlas -son fáciles de encontrar, son baratas y son bonitas... ¿por qué no repetir?- pero ante todo, habrá que averiguar qué sustrato les viene mejor. Aquí gran parte de la culpa es mía, porque regué las macetas más allá de cuando ya no quedaban hojas e incluso mucho más, dado que en algunas de sus macetas aparecieron plantas, como aquellos eneldos que tuve. Hay que resignarse: las plantas que descansan tienen que descansar en seco, y si la humedad les viene mal, pues no regar aunque crezcan anuales en la maceta. Curiosamente, los ranúnculos han sobrevivido en su inmensa mayoría, tanto los que están totalmente secos como los que han seguido recibiendo humedad.

Con los Oxalis, la cosa ha ido algo mejor: aún así, los 'Iron Cross' podrían haber tenido un desenlace fatal. Están en ese mismo sustrato nefasto, y seguí regando un tiempo. Observé al escarbar que no parecía haber ningún tubérculo del tamaño que tenían al plantarlos, quedando pequeñas piezas blancas y tiernas que parecen seguir vivas, pero envueltos en una capa seca o podrida, así que los cambié de tierra. Al sacarlos, la mayoría estaban así, algunos incluso con hijuelos, pero con un aspecto poco esperanzador comparado con cómo eran al llegar, con lo cual no sé si habrá que reponerlos en primavera. En cambio, los O. triangularis están bien y los O. bowiei, sin hojas desde hace meses, los saqué totalmente de sus macetas y me encontré un total de 18 tubérculos, muy pequeños eso sí. Estas dos últimas especies los tengo en un sustrato que es prácticamente un 60% de arena; a los últimos, los bowiei, los he replantado ya en una nueva maceta más grande con sustrato similar al que tenían.

Dalia en marzo, hoy muerta
En febrero, el día aquel que granizó, enterré los Lilium y unos Eremurus stenophyllus. Los primeros fueron un éxito, qué duda cabe, pero los segundos protagonizaron uno de esos chascos incomprensibles. No asomó nada de esa maceta jamás. Ya en junio, tardísimo, excavé un poco la tierra y encontré los tubérculos prácticamente igual que cuando fueron plantados, enteros y con el punto de brote verde, como si fueran a salir. Los dejé allí, pero al volver a excavar ahora en agosto, ya me he encontrado pellejos vacíos. Qué ocurrió, ni idea, pero no sé si repetiré con la especie. Generalmente los venden en otoño, pero yo los encontré en una oferta en LIDL en febrero que no sé si volverán a repetir: la colección de bulbos "Premium", que únicamente he visto este año. Ojalá repitan, pues había cosas interesantes que no me llevé por dar prioridad a otras especies.

Los bulbos de plantación primaveral supusieron otra decepción. Ya hablé de las Triteleia 'Queen Fabiola', aunque han sido el  caso más benevolente, pues tuvieron hojas, han sobrevivido y se han multiplicado, pero sin florecer. Un caso un poco menos afortunado fueron las Leucocoryne, que apenas consiguieron sacar una hoja, pero al desmantelar la maceta saqué unos pocos bulbos, muy pequeños, pero que resistirán hasta ser plantados de nuevo. Luego tenemos a las Tigridia pavonia, que adquirí  en Leroy Merlin: brotaron, apenas crecieron y murieron. Salvé muy pocos bulbos, unos cinco, diminutos todos ellos. En los días que han estado en una caja guardados, parecen haberse podrido y no sé si llegaré a replantarlos. A su lado enterré gladiolos abisinios y dos tipos de crocosmias híbridas, la x crocosmiiflora y la 'Lucifer'. Las tres tienen en común que sufrieron un marchitamiento prematuro, a saber por qué, y dejaron de crecer. Los gladiolos han "adelgazado" y cada cormo sano enterrado se ha secado y tiene en su extremo un cormelo que es una tercera parte su tamaño, de donde brotan las hojas. Se puede decir que han sobrevivido, pero ya veremos cómo evolucionan. De las crocosmias, de momento sólo he ido sacando las x crocosmiiflora y no hay ni una viva. Las otras, todavía tengo que escarbar. Extraño que ocurra esto con plantas africanas amantes del calor y tan similares a los gladiolos enanos, que se desarrollan sin problemas e incluso se multiplican. Más de lo mismo podría decir con los Sparaxis, que este año no compré más y los del año anterior cada vez están peor. Sólo han dado flores dos veces y las abortan antes de emerger del todo.

Las perennes y vivaces no han ido mucho mejor, y han sido bajas definitivas la Lychnis viscaria, la Campanula glomerata -después de una buena temporada e incluso un repunte en pleno junio- , la Gerbera -con la que probablemente ya ni repita-, las fresas 'Ostara', las amapolas orientales (que llevaban con el mismo aspecto desde invierno, rosetas de hojas minúsculas) y la Prunella, ésta última ni siquiera alcanzo a entender el motivo, pues la planta se había secado del todo pero tenía multitud de puntos de brote con hojas verde vivo reemergiendo. De una visita a otra, en apenas dos días, no quedaba ni una. No he tirado la maceta de momento, pero parece que no hay nada que hacer. Además, y sin salir de la misma colección, los edelweiss tienen un aspecto idéntico al de invierno, esto es, con toda la roseta de hojas completamente seca, pero estamos a finales de verano, con lo cual no sé si esto es un letargo normal o han acabado muriendo. Espero que la colección vuelva a ALDI al mes que viene y reponer algunas plantas, pues me gustaría remendar errores y volver a disfrutar de ellas. De todos ellos sólo queda verde, y además brotando, el clavel Dianthus deltoides.

El contenedor a mediados de junio
El remate final e inesperado lo han dado las dalias, las cuales llevaban sin volver a crecer desde junio, cuando las acabé podando del todo para evitar la expansión de hongos. Sin riegos ni excesos de agua -la lluvia veraniega no llega ni a calar-, me dispuese a escarbar la tierra por tocar y comprobar la consistencia de los tubérculos, y estaban todos secos o todavía pudriéndose. Ya no sé qué hacer con esta especie, con lo cual la dejaré apartada de momento de mi lista de pretensiones, no descartando traer alguna nueva al año que viene o probarlas desde semilla.

Así pues, la terraza ha quedado bastante vacía, aunque hay plantas que todavía siguen floreciendo y otras que aún deberían hacerlo dentro de un tiempo, como las Nerine, las Tricyrtis o el áster, aunque éste último no tiene pinta de que vaya a alcanzar la talla para hacerlo a pesar de que ha conseguido hacer frente a meses y meses de infección fúngica. Sin embargo, el verano llega a su fin y quizá esa sea la salvación de todas ellas, pues ya estamos teniendo días nublados y descenso de las temperaturas que, ya digo, ojalá cambien la situación del todo como ocurrió el año pasado.

Lejos de suponer un motivo de desánimo, este final de temporada ya está encadenado con el inicio de la siguiente, y el ir y venir de semilleros, planificación de la siguiente temporada y la inminente llegada de los bulbos de otoño serán la tónica de estos días. Pero eso ya es otra historia, la historia que espero sirva de base para todo lo que os contaré a partir de la siguiente temporada, que queda inaugurada desde ya.

Actualización [12-09-2013]: Los sustratos que se mencionan en el texto corresponden a las marcas Globalplant (en el caso del de BricoDepot) y Valterra (el de Vidal).

Actualización [28-11-2014]: Quizá sería hora de aclarar que el famoso sustrato "malo" no ha resultado tan terrible de manera generalizada. Es pobre, sin duda, pero plantas que en el tiempo que escribí esta entrada vivían en él, han continuado adelante y hasta florecido, como el caso del Eryngium planum. Igualmente, las aguileñas 'McKana' y alpina, que viven en macetas con aproximadamente un 80% de ese sustrato y el resto del otro (el de Vidal), llevan dos primaveras floreciendo estupendamente allí. Una mala ubicación, un riego incorrecto y otros factores aleatorios pueden dar resultados totalmente opuestos a veces.