Mostrando entradas con la etiqueta Martynia annua. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Martynia annua. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de noviembre de 2015

El agitado inicio de noviembre

Leptothes piritous en la Portulaca umbraticola
Noviembre llegó y, tras casi una mitad de mes concluida, las diferencias respecto a octubre se han hecho de notar. El mes comenzaba con la llegada de una gran tormenta que fue recorriendo el este peninsular entrando desde el suroeste y que dejó en apenas unas horas 56,4 mm. la mañana del lunes día 2, igualando prácticamente al día más lluvioso de este otoño -y del año-, el 30 de septiembre, aunque en mucho menos tiempo. Además la tormenta vino acompañada de un temporal de levante que causó algunos pequeños desastres. Apenas unos días después llegaba un potente anticiclón, atípico para el otoño, que todavía persiste hoy. Al principio las temperaturas subieron notablemente, con días durante la misma semana que comenzó con lluvias que alcanzaron los 25ºC. Con el paso de los días, la temperatura se ha ido suavizando: las madrugadas son más frescas y a mediodía el ambiente es agradable, casi como a principios de primavera. La elevada presión ambiental mantiene a raya las nubes y el rocío que dejan las neblinas es muy patente durante las primeras horas de la mañana.

Crocus speciosus
La principal preocupación en la terraza estos días son los caracoles. Sigo enfrascado con la siembra de semilleros y plantación de los que están ya crecidos y cada día los caracoles frustran un poco más este cometido. Si bien los ataques a las plántulas no son generales y algunas de ellas llevan bastantes días ya en tierra, cada poco tiempo descubro con disgusto que han devorado algún ejemplar de las especies que por un motivo u otro han costado más de obtener: semillas que han tenido poco éxito germinando y el porcentaje de ejemplares obtenidos es bajo respecto a las semillas empleadas; ejemplares obtenidos en bajo número debido a que no sembré más de los presumiblemente necesarios, con la consiguiente pérdida de días para obtenerlos de nuevo: o, simplemente, plantas que ya llevaban días plantadas y dejé de preocuparme en sembrar más. Ni siquiera espolvorear las plantas con azufre parece estar haciendo efecto, con lo que el próximo paso será cubrir todo el contenedor con malla fina de mosquitera. A este paso, con el tiempo echándose encima, el contenedor con tanto esmero preparado puede terminar igual de mal que el de 2013-2014, con montones de especies lanzadas a perder por una mala planificiación.

Pentas lanceolata roja
En el resto de la terraza predomina el verde. El temporal de levante tuvo alguna consecuencia, la más destacada de ellas el vuelco de la maceta de la Buddleja davidii que, paradójicamente, debió pasar tanto rato tumbada y rodando que el viento acabó resecando su tierra justo el día de lluvia más intensa del año, además de troncharle varias ramas. Con esto, me he quedado abruptamente sin su floración aunque la planta sigue en perfecto estado y a base de regar con un recipiente debajo he rehidratado la maceta. Faltará ver si se recupera y puede estar de nuevo llena de flores en primavera. Aparte de este incidente, el viento descolgó parte de los tallos de una de las Clematis y ha dejado algo resentida a la colgante Nolana paradoxa. Eso sí, se han notado más los beneficios del agua, con plantas que a día de hoy siguen aguantando con poco o ningún riego desde hace ya más de un mes.

Martynia annua
El otoño sigue su curso habitual para muchas viejas conocidas en la terraza. El Erodium x variabile ha regenerado su verdor y no para de emitir florecillas rosadas continuamente. Las margaritas Mauranthemum, germinadas a principios de septiembre, se suman a sus primas las caléndulas comenzando a florecer ya. Como anual de última hora, empieza a florecer la Martynia annua, que a pesar de estar sus semillas enterradas desde poco antes del verano, no germinaron hasta las continuadas lluvias de principios de septiembre. En otras temporadas ha pasado lo mismo con otros miembros de su familia (Proboscidea, Ibicella) aunque lo normal era que, tras sembrarlas en primavera, tardasen en asomar hasta la llegada del verano y, a pesar de las condiciones poco propicias, crecieran bien y floreciesen hasta otoño. Nunca he conseguido forzar a las semillas a germinar cuando yo quiero y parece que sólo lo hagan cuando la tierra está húmeda y caliente. De un modo u otro, la presencia en la terraza de las anuales de esta familia ha sido contínua desde 2008.

Ceratitis capitata
La floración continúa, igual de laxa que siempre, entre los Dianthus plumarius, estando ahora mismo el Dianthus chinensis más cargado de flores que ellos. Al de flores blancas y rojas parece que le cueste más florecer, aunque ahora mismo los de flores rosa no tienen ninguna flor abierta, si bien sí siguen produciéndolas. Más extraño resulta el ejemplar que creció en otra maceta, que está tanto o más grande que los que están floreciendo desde verano y jamás ha dado signos de florecer. En la maceta de los primeros crecen tímidamente algunas plantas con aspecto de crisantemo, algunas arañuelas y una Cerinthe que como siempre ocurre, sufre los picotazos de los gorriones que no pueden resistir romperlas nada más las encuentran. Es otra especie que todavía no me he puesto a colocar en macetas aunque ya tengo dos semillas germinadas listas para poner en su ubicación definitiva. Dado lo rápido de su crecimiento, da tiempo de sobra todavía a que sean de las primeras en florecer al próximo año. Son varias las boragináceas que espero tener este año en flor en la terraza, algunas de ellas bastante grandes y propicias para que los insectos polinizadores se sientan atraídos.

Dianthus plumarius
Insectos ahora mismo se ven pocos. La mayoría son moscas, las que han ido naciendo del compost o incluso se han criado en los lixivados de éste producidos por las lluvias, como las Eristalis tenax. También he observado unas pocas Ceratitis capitata algo aturdidas. A pesar de sus llamativos colores, pocas son las simpatías que levanta esta mosca, temida y odiada por infestar los naranjos y otros frutales. También se ha dejado ver alguna que otra mariposa, entre ellas un par de ejemplares de Leptothes piritous, de alas azul metálico con el envés maculado y dos pequeñas manchas como ojos, y al menos una blanquita de la col. Hay que decir que, aunque en la foto aparezca la primera especie posada en una flor de la Portulaca umbraticola, no llegaron con intenciones aparentes de libar néctar. La blanquita prefirió pararse en las hojas de las bulbosas antes que probar, por ejemplo, las flores de la Pentas.

Erodium x variabile
De las Pentas, como se deja ver en la foto, he añadido otro ejemplar, esta vez de flores rojas. Me gustaban tanto los de flor roja como los de flor rosada, pero en su momento cuando encontré el primero que adquirí, el rosado, no había otro en la tienda. Recientemente vi que las tenían en una cadena de supermercados donde solemos ir, y al encontrar en el de mi ciudad una planta de flores rojas en estado excelente y a 0,99€, no me pude resistir. Viendo los buenos resultados del ejemplar que ya tengo, que no ha parado de producir flores en estos cinco meses aunque el aspecto general de la planta ha quedado algo más desordenado, será interesante tener de dos colores y ver qué sucede en primavera, cuando coincidan -espero- con las borrajas y otras especies que atraen abejas. Visto está que las Pentas también pueden ser del gusto de los himenópteros, a juzgar por las visitas de varios de ellos durante el verano.

Mauranthemum paludosum
En el rincón trasero de la terraza parece que las historias de las plantas sean distintas al resto del emplazamiento. Asoman algunas bulbosas más y entre ellas reconozco algunas hojas de Allium neapolitanum, que junto a los Allium triquetrum son los únicos ajos que han conseguido florecer el primer año que se plantaron y sobrevivir a la siguiente temporada. Los Oxalis en flor comienzan a decaer muy despacio, y probablemente los pes-caprae comiencen a hacerlo lo suficientemente tarde como para no coincidir con sus parientes de flores rosadas. Los Crocus speciosus inician la recta final de su floración con un último grupo en el que se puede comprobar que todos, los diez cormos plantados, han producido al menos una flor. Es de esperar que pronto crezcan las hojas que durarán hasta la primavera. Pocas flores más se pueden ver en el rincón, como las del Cyclamen persicum, dado que las Clematis dieron por terminado su espontánea floración otoñal.

jueves, 31 de octubre de 2013

Termina un mes de octubre loco

Prunella grandiflora
Desde luego, este octubre de 2013 ha dado mucho que hablar. Encadenando un septiembre cálido y seco, que no tuvo precipitaciones más allá de cuatro gotas insignificantes que cayeron durante la primera semana, octubre entró por la puerta grande de los récords comenzando con un primer día de mes a casi 35ºC, seguido de tres días más llegando a los 30ºC. Cuando parecía que esos episodios iban a quedar atrás, el día 16 se volvían a alcanzar esas temperaturas y, para no dejar de sorprendernos, este mismo domingo día 27 el termómetro llegaba de nuevo a esa cifra. A todo eso hay que sumarle que los días previos y posteriores a esos picos de temperatura no suelen bajar de los 27ºC de máxima. En resumen, que hemos tenido un mes de octubre con una media de máximas superior a los 27ºC y una media de mínimas por encima de 18ºC. Eso, de otoño tiene poco: de hecho son los valores típicos de los meses de mayo, y este año, en el que mayo todavía estuvo dentro de la dinámica de la primavera fresca que tuvimos, octubre ha sido más cálido que mayo, como si fuesen papeles invertidos.

Oxalis bowiei
Cuando llovió a finales de agosto y titulé una entrada como "El esperado cambio de tiempo", me estaba precipitando sin saberlo. Aliviado por la ayuda que habían supuesto esos días y litros de lluvia, que cortaron de golpe el verano, pensaba que iba a pasar como en 2012, cuando tras unas lluvias similares, las temperaturas bajaron y se estabilizaron en un tiempo más suavizado. Sí, realmente el paso de agosto a septiembre supuso una bajada sustancial de las mínimas, pero la sensación de que el verano realmente no había terminado nos ha acompañado hasta nada menos que el fin de semana pasado. Los meteorólogos han debido de estar volviéndose locos todo el mes ante las preguntas de la gente, como "¿cuándo lloverá?" o "¿cuándo vendrá el frío?". La lluvia fue imprevisible y en nuestra zona cayó concentrada en una sóla noche, con 81 mm. en Sueca y entre 11 y 38 en Cullera, según puntos. Todas las previsiones aproximadas que hubo a lo largo del mes, salvo la mencionada, acabaron quedando en días nublados y lluvias que pasaban de largo. Resulta paradójico, pero las cifra precipitada harían que la media mensual fuera igual o superior a otros años... pero la realidad es otra, y bien simple: ha llovido mucho un día, y ha hecho calor el resto. Eso "no vale", puesto que otros años no ha sido tanto la cantidad precipitada, sino los temporales, días nublados y el enfriamiento general lo que ha hecho que octubre tenga más pinta de lo que es: la llegada del otoño.

Calendula officinalis
Justo cuando escribo esta entrada se ha hecho efectiva otra previsión meteorológica, y es que a partir de la noche del martes entraba un frente frío que iba a colocar al termómetro en sus valores normales para esta época, lo que supone bajadas tan radicales que algunas máximas equivalen a las mínimas de días pasados. Así, ahora ya podemos disfrutar de agradables tardes a sólo 20ºC y el día amanece a 10-15ºC. Sólo espero que los próximos vaivenes de la temperatura no vuelvan a traer subidas marcadas, porque sería ya una locura. Se podría decir pues que este 2013 ha tenido un septiembre de 61 días de duración e invertido, es decir, con más calor en la segunda mitad que en la primera, pero con 1/4 menos de lluvia de la habitual.

Con las plantas, una de cal y otra de arena. El alargamiento del tiempo veraniego ha hecho que muchos hongos hayan seguido proliferando y los ocasionales capítulos de vientos del oeste y del sur unidos al implacable sol han sido momentos peligrosos en los que las plantas más pequeñas han sobrevivido de milagro. La peor parte es que el contenedor ha progresado de manera totalmente desequilibrada, con unas plantas sembradas en septiembre tan crecidas que muchas están floreciendo -caléndulas, nomeolvides chinas, zinnias y zinnias de México- o a punto de hacerlo, y una segunda siembra en octubre que empezó relativamente bien pero ha acabado dejando de nuevo mucha superficie aclarada ya que algunas plántulas no han conseguido prosperar en un ambiente tan seco y caluroso.

Tricyrtis formosana
El lado bueno sería, obviamente, que muchas de las plantas recién sembradas en esta etapa se han ganado unas semanas extra de tiempo primaveral y han crecido mucho. Los lupinos 'Russell' han triplicado su tamaño en un mes, y la gran mayoría de semilleras mantenidas aparte que sembré entre finales de agosto y mediados de septiembre han alcanzado un tamaño ideal para pasar el invierno -en el caso de las perennes- o para florecer antes de que haya poca luz y calor. Por ejemplo, las que mayor talla han alcanzado son los girasoles Helianthus debilis, una especie nueva que estoy probando y que de momento se ha hecho más grande que los Helianthus annuus que he tenido este año. Tengo dos, y uno de ellos ya muestra el primer capítulo entre las hojas del ápice. En teoría esta especie es un girasol ramificado, y así debe ser pues las plantas tienen un brote emergiendo en cada axila de cada hoja. Junto a uno de ellos planté zinnias y están floreciendo esta semana, pero he tenido que arrancar casi todas, pues a partir de los primeros signos de floración se empezaron a secar. No tengo ni idea de qué ha pasado, pero sospecho que, por un lado, el girasol les ha robado todos los nutrientes (éste está inmaculado) y posiblemente las plantas no se enterraron bien al brotar y a cada riego las raíces quedaban removidas y al aire, dañando a la planta. Los hongos e insectos han hecho el resto. Al menos alguna flor he visto, casi todas rojas.

Martynia annua
En lo respectivo a las perennes y vivaces, los Oxalis bowiei parecen haber llegado a su pico máximo de floración y han empezado a bajar el ritmo levemente. Los Oxalis triangularis, por su parte, siguen de manera más sostenida, con muchas hojas y alguna vara floral ocasional. Las aguileñas, sobre todo las alpinas, siguen todas con hojas. De las adquisiciones del mes de septiembre no puedo estar más contento, pues todas las plantas han aumentado su tamaño: la Prunella grandiflora acabó floreciendo desde los pedúnculos que traía al venir a casa, aunque parece que la floración es muy breve -quizá por no ser su época-; también la edelweiss nueva ha encontrado ocasión para florecer, en una estación en la que no le corresponde. Las demás mantienen una roseta de hojas muy tupida, salvó quizá el Astilbe chinensis var. taquetii, que parece haber dejado de crecer hace días. Nada raro en principio, pues es una planta con descanso invernal y quizá incluso pierda toda la parte aérea en lo que queda todavía para primavera.

Zinnia roja
Hay plantas que parece que no tengan ninguna intención de abandonar. Sería el caso de las Gaillardia aristata, que siguen floreciendo y fueron sometidas a una "limpieza" (cortar los capítulos secos) hace poco para que vuelvan a llenarse de flores. A la Ratibida columnifera le corté los tallos, que habían crecido totalmente laterales este verano, aprovechando que vi la roseta basal muy desarrollada. La planta parece estar regenerándose desde abajo: la he cambiado de sitio, con más sol ahora, con la intención de que los próximos tallos con flores crezcan verticales y luzcan adecuadamente. Por su parte, todavía muchos antirrinos altos -que ya tienen un año de edad- siguen floreciendo en tallos radiales que rodean la espiga principal de esta primavera; además, han aparecido plantas adventicias en la maceta de los edelweiss (los cuales no sé si han sobrevivido), que son los que aparecen en la foto. De los dos de porte bajo he perdido uno, el rosado, con poco más de un año de vida pero sin dejar de florecer ni una sola semana desde que abrió su primera flor. He dejado crecer algunas de las plantas que surgieron de las semillas que cayeron al suelo y algunas ya están a punto de florecer, aunque parece que esta vez no serán rosadas. El pequeño antirrino blanco "hermano" del anterior sigue con flores y acaba de cumplir este mes dos años. Como se ve, una longevidad muy variable.

Cosmos bipinnatus rosada
Las Tagetes las acabé cortando todas, pues estaban infestadas de hongos (nunca me había pasado) mientras que las Cosmos bipinnatus han aguantado bastante bien, dando flores blancas, rosa claro y unas rosa más oscuro que también tienen los pétalos más anchos. Todo esto a base de dejar caer las semillas propias una y otra vez. Las plantas actuales no tienen pinta de que vayan a durar mucho más, y se han quedado muy delgadas. Aunque no he mirado con detenimiento, no me ha parecido ver por el momento que haya semillas a la vista. Otro caso curioso fue el de las Lobelia siphilitica: todavía en plena floración, los tallos, hojas y flores empezaron a deteriorarse a un ritmo tan rápido que pensaba que perdía las plantas. En la base de los tallos empezaron a salir hojas, así que corté las partes afectadas. Las hojas de momento siguen verdes y parece que la planta seguirá creciendo desde ahí, quedando todo en un susto y un final prematuro para la floración, que era muy bonita.

En el balcón ha florecido durante gran parte del mes una Ipomoea anual que todavía intento averiguar qué especie es. La llevo cultivando desde el año pasado y la planta actual pertenece a una tercera generación tras las primeras semillas que sembré (añgo así como la "nieta" de la primera planta que tuve). No he podido hacer casi fotos porque las flores se empiezan a cerrar mucho antes del mediodía y muchas veces el viento todavía frustra más mis intenciones. No obstante algún día haré una entrada, pues tengo además fotos de la planta anterior, la de 2012.

Cosmos bipinnatus rosa oscuro
Todavía he tenido que lamentar una baja, un Iris siberica 'Blue King' que tuvo hojas y aguantó sin problema el verano, pero que empezó a pudrirse en estas últimas semanas. Brotaban hojas, amarilleaban al poco tiempo y se secaban. No entiendo por qué, puesto que la tierra no ha estado excesivamente mojada (¿cómo va a estarlo con este calor?) y éste es un iris apto para estanques, adaptado tanto al agua como a suelos moderadamente secos. Habrá que reponerlo a la próxima temporada si es posible, pues es una planta bonita que quería ver en flor y no pudo ser.

Las Martynia annua que brotaron tras las lluvias de agosto han llegado a buen puerto y estos últimos días de octubre se los han ido pasando floreciendo. Es curioso, pero al haber más plantas juntas no se han hecho tan grandes como la solitaria del año pasado. Su aspecto no es muy bueno ya, quizá porque la época en la que comenzaron a crecer quedó muy alejada del verano, pero ya parecen adivinarse algunos frutos en las flores que han caído.

Antirrhinum rosado
Las Tricyrtis han florecido durante todo el mes y se meterán en noviembre floreciendo, pero han ido muy escalonadas. Claro que también influye el hecho de que este año han sido más del triple de tallos floreciendo que el año pasado. De todos modos, muchos de éstos están empezando ya a pedir ser podados, pues están totalmente secos. Aunque para poda masiva las que han sufrido dos plantas vecinas de la anterior: a la maceta de hierbabuena, que corté desde la base en septiembre y se había regenerado estupendamente, he tenido que volver a podarla al ras porque las hojas estaban siendo pasto -nunca mejor dicho- de algún insecto, y habían perdido su porte y su aspecto impoluto. A las Digitalis purpurea me he visto obligado a eliminarlas totalmente. No a la especie, sino a todas las plantas adultas, las que sembré en 2011 y florecieron en 2012 y 2013. Estoy realizando un replantado en la maceta a base de trasplantar todas las plantas que fueron creciendo en macetas contiguas a partir de todas las semillas que cayeron. Muchas de ellas tienen un buen tamaño, pero tengo dudas sobre si serán capaces de alcanzar la talla para florecer en primavera. Si no, a esperar a 2015.

Ahora que ya hace fresco espero que el tiempo dedicado al riego ocupe menos y las plantas puedan ir a su ritmo. Mientras tanto, y con la mayoría de tareas importantes ya realizadas, durante noviembre toca dejar la terraza lo más aseada posible: todavía quedan muchos trozos de madera de muebles viejos que fueron apartados allí arriba hace años, que están en su mayoría podridos. Una vez hecho esto podré ampliar y reorganizar muchos puntos donde colocar plantas, especialmente en el rincón de semisombra, donde podré conseguir entre otras cosas hacer más efectivo este punto, colocando plantas en una pared -hoy ocupada- donde no da nada de sol directo. Los semilleros que mantengo en el patio los tendré que ir subiendo, porque ya apenas llega luz allí. Desde luego, aunque ya no sea tiempo de flores, aburrido no voy a estar.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Después de la lluvia

Tagetes patula
Las abundantes precipitaciones caídas en Cullera la semana pasada han dado un pequeño giro a la vida vegetal de la terraza, que se encontraba ya sumida en la típica decadencia del final del verano, introduciendo un poco la situación de lo que se irá dando en otoño, esto es, unas semanas de tiempo suave, con mucha humedad, que permiten a muchas plantas tener una breve época próspera similar a principios de primavera aunque con la diferencia de pillarlas mucho más crecidas y que también permite a las más pequeñas desarrollarse en un ambiente seguro.

El tiempo por supuesto ha cambiado, y aunque todavía hace bastante calor, la impresión general es que ya parece una época más segura para empezar a plantar cosas sin miedo al verano, al que ya le queda poco. Las temperaturas máximas han disminuido ligeramente, aunque se superan los 30ºC casi a diario, pero el sol parece que "pica" menos; las mínimas sí han bajado de manera visible y ya se sitúan por debajo de los 20ºC todas las noches, lo que las hace inferiores incluso a las de los días lluviosos de la semana pasada. La situación es similar a la de mediados de junio, aunque en aquel entonces y debido a la inusualmente fresca primavera, las mínimas eran aún más bajas.

Las lluvias ocasionalmente pueden traer bajas, debido principalmente a un mal drenaje de la tierra, el taponado de los propios agujeros de la maceta y el consabido exceso de agua que llega de golpe. No parecen haber sido muchas en esta ocasión, y de hecho todavía no pueden constatarse del todo. El antirrino de flores rosa que tenía desde el verano pasado y el lupino superviviente de la siembra pre-primaveral se han quedado sin hojas y muy amarillentos, y es posible que no rebroten ya. El primero tiene multitud de plántulas a sus pies, procedentes de la caída de sus propias semillas, y el segundo ya tiene puestos a sus sustitutos en una nueva maceta donde crecen deprisa.

Plántulas de Martynia annua
Entre las vivaces, la Echinacea purpurea no ha dejado de ponerse negra desde finales de agosto, aunque de momento y visto que la planta no decae, imagino que será el ciclo habitual de la planta a la hora de perder sus hojas -supongo que la parte aérea desaparece totalmente en invierno- ya que casi se podría decir que no se le había secado ni una sola hoja de las que lleva sacando desde marzo. Por su parte, los dos Eryngium planum, que han sobrellevado algo mal su primera temporada aunque han sobrevivido sin problemas, han perdido también todas sus hojas iniciales, especialmente tras las lluvias, y brotan nuevas rosetas más densas. Temía un poco por la excesiva retención de humedad de este sustrato, pero en principio parece que tras estas lluvias intensas no ha sido para tanto y ha bastado con devolver la maceta a la zona de sol y dejar que se vaya secando poco a poco. Es una planta resistente a la sequía, con lo cual si el otoño es muy lluvioso se puede considerar, directamente, no volver a regar las plantas hasta primavera siempre y cuando el follaje luzca fresco. Espero que para entonces sí consigan florecer.

No ha habido suerte al esperar que rebrotase alguna de las plantas "declaradas oficialmente muertas" tras perder toda su parte aérea de manera definitiva el mes pasado, así que cosas como la Campanula glomerata o la Prunella habrá que reponerlas si vuelven a traerlas a las tiendas. No sé si hacer lo mismo de manera cautelar con los edelweiss, ya que ambas matas casi han quedado reducidas a compost tras la lluvia, partiendo ya de lo secas que estaban en verano. Como digo, este estado también lo adoptan en invierno con su habitual letargo, pero lo de verano ya no lo conozco. A lo sumo, en el mejor de los casos la reposición se saldaría con una planta de más para 2014.

En cambio, la que parece que volverá a resurgir es la mata de margaritas Mauranthemum paludosum, cuya maceta, después de quedar totalmente seca y empaparse a fondo con la lluvia, se está llenado de plántulas que espero que provengan de una autosiembra; esto ya ocurrió en abril, cuando la planta original, ya estropeada, murió con las lluvias de finales de ese mes y al mismo tiempo ya estaba siendo sustituida por nuevas plántulas. Me pasa un caso curioso con esta planta, y es que a pesar de que aparentemente da tantas semillas que germinan con facilidad e incluso en alguna ocasión han conseguido "saltar" a otra maceta, apenas he sido capaz de encontrarlas por mí mismo al desgranar alguna cabezuela seca, con la intención de introducirla en otros puntos para ampliar su cantidad, como en el contenedor mismo. Sea como fuere, si regresa ciclo tras ciclo al final conseguiré expandirla.

Cosmos sulphureus
Ahora mismo, el número de compuestas floreciendo en la terraza se ha reducido drásticamente. Quedan la mencionada Echinacea, la Gaillardia aristata, ambas Gazania, una ya estropeada Ratibida columnifera, un girasol, la Cosmos sulphureus y la mata de Tagetes patula que cada vez está mas grande, y a cuyos pies aparecen también unas pocas Cosmos bipinnatus que no tardarán en florecer. La Felicia amelloides se ha puesto muy grande, pero sigue sin flores, y lo mismo se puede decir de la Osteospermum, aunque ésta de vez en cuando deja ver alguna flor. Dado al buen tiempo que queda todavía para las próximas semanas, no estaría de más hacer un hueco entre los múltiples semilleros y germinadores que tengo en marcha y poner alguna semilla de girasol y zinnia para que florezcan en los próximos dos o tres meses, ahora que el peligro del calor -y posiblemente también el de los hongos- se ha minimizado.

No hay demasiadas plantas aparte de las mencionadas que sigan con flores ocasionales. La Clematis 'Jackmanii' sigue sacando alguna de vez en cuando, y la Salvia farinacea parece que está más cargada ahora, aunque sigue peligrosamente vacía al quedarle sólo dos tallos y ninguna señal de rebrote desde el suelo. También la hierbabuena continúa con sus flores algo maltrechas ya y la Aquilegia alpina, que no ha dejado de crecer en todo el verano y no sé si llegará a comportarse como una vivaz, sigue sacando flores medio escondidas, pequeñas y no tan bien formadas como las de primavera. La Passiflora caerulea, que ha crecido muchísimo, también parece estar llena de capullos pero hace tiempo que no le veo flores nuevas.

El agua ha reactivado o incentivado a germinar o brotar a muchas pequeñas plantas. Las Digitalis purpurea han llegado a todas sus macetas vecinas, creando rápidamente parches de pequeñas plantas -véase en la foto del Eryngium planum- que desgraciadamente tendré que eliminar ya que lo han hecho en macetas ocupadas por otras plantas y las dedaleras crecen mucho. No obstante, es buena señal ya que puedo utilizar las semillas que guardé para preparar alguna maceta nueva, dado que no sé cuántos años más pueden durar las plantas originales.

Una pequeña seta
Además de las mencionadas plántulas, en una maceta que ya daba por perdida donde sembré Martynia annua (y donde esta misma especie creció en 2012) ha aparecido un pequeño grupo de plántulas. ¿Qué hago con ellas? Son plantas que gustan del calor y se desarrollan estupendamente en verano, pero esto ha sido inesperado. Otras veces, especies de esta familia han esperado un año entero para germinar, cumpliendo correctamente con su ciclo, pero este año llegan algo tarde. Puede, sin embargo, que en apenas dos meses consigan crecer y florecer al menos en una tanda. Un caso similar, pero con cormos en lugar de semillas, se ha dado con las aráceas Sauromatum venosum. Tengo cormos de estas plantas desde otoño de 2007 y hasta ahora han sido irregulares, brotando unos años en marzo y otros en mayo, pero lo de este año ya ha sido pasarse: han emergido tras las lluvias, a finales de agosto. Sí es cierto que en su momento de mayor esplendor y debido a mi falta de control, llegó a haber un momento que aparecían nuevas plantitas en macetas diversas al colarse algún cormelo en tierra reutilizada, y algunos de éstos brotaban durante verano o hasta principios de otoño. Las plantas grandes, sin embargo, solían hacerlo antes. Eso sí, parece que este año tampoco van a florecer: no lo han hecho nunca desde que las tengo, aunque las deje enterradas y olvidadas por varios años en la misma maceta.

Otra planta que hay que ir arrancando constantemente es la Kalanchoe x houghtonii. Como es sabido, esta planta produce propágulos en el margen de sus hojas, pequeños clones listos para desprenderse y enraizar. En verano cayeron algunos, pero con la lluvia han llegado a montones a distintas macetas. En los rincones donde hay acumulada algo de tierra hay plantas de tamaño bien visible que deben haber llegado allí durante el verano. Por suerte, se arrancan fácil y no dejan restos que puedan volver a rebrotar.

En el contenedor, finalmente me decidí por el método drástico y acabé arrancando todas las plantas que quedaban, salvando eso sí a la caléndula, que reside ahora en una maceta. Aquí también aparecen plántulas sin identificar por doquier, pertenecientes a las muchas especies que crecieron en el sitio. Tras arrancar las plantas, salvo unas rosetas bajas que no he conseguido identificar hasta ahora pero que parecen alguna especie de compuesta, removí totalmente la tierra eliminando algunas de estas plántulas y allanando la superficie totalmente. Un par de días después volvían a aparecer plántulas, que en esta ocasión ya no las tocaré salvo si en un futuro detecto que se trata de especies con ubicaciones comprometidas. Por ejemplo, un caso claro podría ser que apareciesen ageratos en el centro o fondo del contenedor, mala ubicación dado que en estos puntos quiero situar plantas medianas-altas y muchas de ellas son de semilla pequeña, y el agerato con su crecimiento rápido y anchas hojas acaba quitando sitio a las demás. En la parte frontal no supondrán ningún estorbo y además combinarían bien con otras especies, aunque no obstante prefiero limitar su número ya que producen demasiadas semillas y acaban ramificándose y creciendo demasiado, incluso durante el invierno.

Hojas nuevas en un Eryngium planum
Para mañana, el contenedor será precisamente el punto de atención, pues comenzaré en él los trabajos de preparación de la siguiente temporada. Lo principal, extender humus de lombriz sobre la superficie previamente allanada, a la par que depositaré algunas plantas de semilleros que llevo haciendo desde finales de agosto. Es bastante probable que muchas de estas pequeñas plantas no consigan resistir ya que estas semanas las han pasado desarrollándose con luz indirecta y muchas de ellas empiezan a alargarse demasiado. Optaré por ponerlas directamente sin acostumbramiento previo dado que en los semilleros, con poca tierra, quizá hacer una pre-exposición a la intemperie sea mala idea. Sin embargo, merece la pena intentarlo teniendo como base lo bien que están creciendo por toda la terraza estos días las mencionadas semillas que han ido cayendo de las plantas presentes. Paralelamente, sembraré algunas semillas pregerminadas y otras de especies de pequeño tamaño en cantidades mayores que pueden arraigar bastante bien siempre y cuando el vermicompost retenga bien la humedad que aplicaré a conciencia con el pulverizador, a lo que debería sumarse la posibilidad de lluvias en breve, pues las previsiones indican que es posible que eso ocurra a finales de semana aunque parece que el día que empezará a llover va retrasándose a medida que se tienen nuevos datos.

Como simple anécdota, en la maceta de la dicentra, aparte de plántulas de dedalera, ha aparecido una pequeña seta. Aquí no usé la tierra "maderera" de BricoDepot, sino el mismo sustrato de buena calidad que lleva el contenedor de los bulbos, formado por turba, fibra de coco, humus y perlita. Es probable, eso sí, que la seta llegase a través de esporas emitidas desde los hongos que crecieron en aquellas otras macetas. La presencia de estos hongos no molesta en absoluto, a diferencia de sus parientes los que dañan las hojas.

En fin, que esto es septiembre: mes de altibajos en los que el verano de vez en cuando nos recuerda que no ha terminado y las lluvias se encargan de anunciar la inminente llegada del otoño. Una época ideal para planificar la nueva temporada y empezar a colocar en su sitio a las nuevas plantas que nos acompañarán los próximos meses, algunias quizá incluso hasta el verano próximo o los siguientes años.

Corrección [12-09-2013]: Finalmente, las plántulas que aparecen en la foto han resultado ser Martynia annua y no Ibicella lutea. En esa misma maceta tuve una planta de M. annua el año pasado pero había asociado que, debido al tamaño de la maceta, había sembrado este año a esa especie en un tiesto mayor -donde el año pasado crecieron las Ibicella lutea y en 2013 no han germinado, aunque finalmente repetí macetas quizá para evitar mezclas de especies por si la temporada anterior había caído alguna semilla en sus respectivas macetas. ¡Ahora tengo varias plantas creciendo en una maceta diminuta para ellas!

viernes, 11 de enero de 2013

Martiniáceas: las garras del diablo (II)

Proboscidea parviflora, septiembre de 2012
En la entrada anterior dedicada a estas plantas hice una aproximación global a éstas. En esta entrada que nos ocupa toca hablar de su siembra, cuidados y los aspectos básicos de sus flores y frutos.

Las semillas, como ya se apuntaba, tienen una cáscara muy dura, rugosa. Gracias esta peculiaridad una semilla puede viajar y resistir infinidad de condiciones hasta que vaya a parar al sitio donde finalmente germinará. A nosotros en casa puede que se nos resistan un poco, pero por norma general el éxito es sencillo de alcanzar.

Al principio pensé que un método para ablandar la cáscara sería sumergir las semillas en agua en la que había disuelto una porción de una pastilla de AG3 (ácido giberélico) que se vende en tiendas de productos agrícolas. Este producto, también vendido como hormonas de enraizamiento, estimula la descomposición y crecimiento celular en las plantas y algunas semillas complicadas. Tras este tratamiento, enterré las semillas y unas pocas germinaron. La primera temporada con estas plantas, verano de 2008, tuve un par de Proboscidea louisianica y una Ibicella lutea. Las primeras brotaron en mayo y para el fin de su ciclo dieron varios frutos y semillas (que aún conservo). La Ibicella tuvo una vida algo más corta y sólo consiguió sacar adelante un fruto, del que también sigo conservando semillas.

Flor de Martynia annua
Me propuse desde entonces sembrar ambas especies todos los años, pero no siempre funcionó. En 2009 repetí método y puse dos macetas con semillas en cada una. No hubo plantas ese año pero, curiosamente, en primavera de 2010 empezó a brotar algo de una maceta. Me la llevé a casa, al balcón, y conseguí ver crecer una Ibicella que florecía pero no formaba frutos. Ya eran dos años sin resultado satisfactorio.

En 2011 conseguía hacer brotar una Proboscidea, esta vez sumergiendo las semillas durante un tiempo en agua del grifo, sin más. La planta creció en el balcón pero acabé volviendo a dejarla en la terraza donde actualmente están todas las plantas y donde ella misma se originó, para darle mejores condiciones de luz. Hasta ahora es la Proboscidea más grande que he conseguido desarrollar, cuyo resultado fue el proporcionar un buen montón de frutos y semillas. La planta murió pronto, a finales de septiembre, tras un chaparrón que la pilló cuando ya empezaba a decaer. Los frutos maduraron sin problemas.

Flor de Ibicella lutea
En 2012 me propuse sacar adelante a las dos especies juntas de una vez por todas, con el añadido de una más, la Martynia annua, que había recibido desde México. Sabiendo más o menos cómo funcionaba el asunto, simplemente mantuve las semillas en botes con papel de cocina húmedo desde marzo hasta mayo. Con la Ibicella me pasó algo curioso, y es que brotaron tres plantas de una maceta sin que yo supiera muy bien cómo habían llegado hasta allí. Es probable que ya ni recordase haberlas sembrado la temporada anterior, fallar y volver a utilizar esa tierra, que casualmente se encontraba en una maceta donde no tenía nada en ese momento. Las trasplanté y tras recuperarse un poco con el riego, sacaron hojas más grandes y continuaron adelante.

Esta temporada no les di mayor comodidad a las plantas que una maceta grande para cada especie, pero con sustrato arcilloso procedente de la huerta, un sustrato que a algunas plantas les gusta poco (se apelmaza con la humedad y se endurece con la sequedad) pero que pensé que no haría ningún daño a las martiniáceas por su rusticidad. Efectivamente, aunque con el calor se seca demasiado y las plantas se arrugan, si se controla el riego no tienen problema para desarrollarse en esta tierra.

Cápsulas de semillas: Proboscidea louisianica (izquierda); Martynia annua (centro): Ibicella lutea (derecha)

Las plantas alcanzan tamaños distintos, aunque creo que nunca sabré de qué son capaces hasta que no consiga plantarlas en algún lugar directamente en el suelo. La más pequeña suele ser la Proboscidea, que con unos 20 cm. de altura ya comienza a florecer, aunque puede seguir creciendo hasta el final de su ciclo y doblar ese tamaño. Sus hojas son acorazonadas, glaucas y con multitud de glándulas pegajosas y las flores crecen solitarias desde las axilas de éstas.

Las tres especies en septiembre
 Le sigue la Ibicella, con un aspecto similar en cuanto a desarrollo. La planta forma una mata ancha que se va ramificando continuamente, con hojas más grandes que las de su pariente y de aspecto redondeado. Es de un color verde claro e igualmente tanto hojas como tallos disponen de glándulas pegajosas. En el ápice de cada rama brotan las flores agrupadas en corimbos.

La Martynia annua es la más grande de todas. En mi caso, fue la última planta en germinar y la que mayor tamaño alcanzó. En la foto que aparecen las tres plantas se observa que ya es más grande que las demás cuando todavía se encuentra creciendo sin haber florecido; acabó doblando esa talla en apenas unas semanas. Tiene grandes hojas palmeadas de color verde oscuro que se disponen opuestas a lo largo del tallo , que crece totalmente recto, ramificándose cuando empieza a florecer y siempre de un modo curioso: las flores crecen en racimos en el ápice del tallo y éste se bifurca a partir de ese punto. A cada nueva rama, el proceso se repite: racimo de flores y bifurcación. Mi planta llegó a alcanzar unos 4 ó 5 niveles, asemejándose a un pequeño árbol de cerca de 80 cm. de altura.

Flores de Martynia annua
Los frutos básicamente son similares, a grandes rasgos, en las tres especies, con algunos aspectos distintivos. Cuando están verdes, parecen pequeños pepinos o calabacines totalmente lisos, cubiertos de pelusa y con un extremo alargado y curvo. Las cápsulas de su interior se endurecen y al secarse del todo, la piel se raja y deja al descubierto estas estructuras leñosas y duras. Proboscidea e Ibicella dan cápsulas oscuras con dos largas "garras" curvadas, mayores en Ibicella. En ésta, además, la cápsula se encuentra cubierta de espinas, mientras que en Proboscidea es lisa, con algunas hendiduras. Por su parte, Martynia tiene estas "garras" muy reducidas y la cápsula parecen dos discos unidos con una hendidura central.

La disposición de las semillas también varía. En Proboscidea e Ibiciella, si abrimos la cápsula tirando de las "garras" hacia lados opuestos, encontraremos un hueco del que caen semillas al sacudir. Sin embargo, hay más, puesto que en ambas mitades de la cápsula encontramos sendos compartimentos que cuestan algo más de abrir, y que contienen todavía más semillas. Parece tratarse de una estrategia que permite a la planta dispersar más semillas conforme la cápsula viaja enganchada a las patas de algún animal.

Cápsulas de Ibicella lutea
En Martynia la cosa cambia. Yo mismo me extrañé al intentar abrir una cápsula por el mismo método que con sus parientes. Acabé rompiéndola totalmente por la mera curiosidad de ver caer alguna semilla, pero allí no había nada. Por lo poco que pude saber luego, la Martynia contiene una única semilla por cápsula. Así que, a la hora de sembrarla, simplemente enterré la cápsula entera y efectivamente, de allí brotó la planta. Ha dado tantos frutos que el "sacrificio" de aquella semilla se ha visto compensado.

Esta temporada mi intención es repetir con ellas y disfrutar un año más de su singular belleza. Conociendo los métodos que mejor han funcionado, simplemente humedeceré las semillas y las enterraré cuando empiece a hacer calor, esperando que para mayo empiecen a germinar. A pesar de su sencillez, siempre es un reto conseguirlo.

martes, 8 de enero de 2013

Martiniáceas: las garras del diablo (I)

Martynia annua cargada de flores en 2012
Martyniaceae es una familia de plantas procedentes del continente americano. Algunos de sus miembros se cultivan por la mera curiosidad que producen sus frutos, cápsulas duras con dos "garras" de tamaño variable según la especie que tienen la desagradable función de clavarse en las patas de los animales para que estos ofrezcan un transporte gratuito a sus semillas. El tamaño, creedme, es tan exagerado (como podéis ver en la imagen) que cuesta imaginar hacia qué animales evolucionó este método, puesto que incluso para una vaca pisar uno de estos frutos puede ser desagradable. Es probable, sin embargo, que la planta se desarrollara en la época en la que América seguía poblada por miembros de la familia de los elefantes, como los mamuts, mastodontes y gonfoterios. Sólo unas bestias de este tamaño y con la piel tan gruesa serían capaces de clavarse las garras de los frutos sin inmutarse.

Flores de Ibicella lutea en 2012
Otra particularidad de las plantas es que sus hojas son pegajosas. No se trata de plantas carnívoras, puesto que no existen ni glándulas ni enzimas digestivas en ellas, simplemente los insectos de pequeño tamaño quedan pegados y acaban muriendo. Quizá se trate de un sistema de defensa para librarse de pequeños parásitos; la sustancia pegajosa es más similar a la resina que al mucílago, y conviene no acercarse mucho a la planta para no ensuciarnos con esta secreción. Siempre encontramos en ella decenas de mosquitos pegados, pero nunca insectos más grandes.

Actualmente cultivo tres especies de martiniáceas, una tan sólo desde el pasado 2012. Las más viejas llegaron a mí en 2007 en forma de semillas, compradas en eBay. Se trata de Proboscidea louisianica e Ibicella lutea. La tercera en discordia y más reciente es Martynia annua, que llegó directamente desde México gracias al intercambio que hice con otro cultivador el cual buscaba semillas de P. louisianica.

Se trata de plantas anuales amantes del calor y que no requieren demasiadas atenciones para salir adelante. Las semillas, para que os hagáis una idea, son como pipas de girasol aunque con una cáscara más dura y rugosa, tanto que puede conservarse durante años manteniendo su poder germinativo. De hecho, me ha pasado ya dos veces que la planta germinó un año después de su siembra: en 2012 aparecieron tres plantas de Ibicella en una maceta al reutilizar el sustrato de alguna ocasión que ni siquiera recordaba que había sembrado dichas semillas. Las trasplanté a una maceta más adecuada y crecieron sin problemas.

Proboscidea louisianica en 2011
Tanto les gusta el calor que, incluso en mi región, las semillas convenientemente enterradas no comenzarán a brotar hasta mediados de mayo. Esto no supone ningún problema, puesto que en la segunda mitad del verano las plantas empiezan a crecer a un ritmo inusitado y pronto estarán llenas de flores, seguidas de los primeros frutos que comenzarán a desarrollarse. Llegado el otoño, las plantas se secan y mueren. Sin embargo, en sólo medio año de vida les da tiempo a regalarnos decenas de semillas para la próxima temporada y las de los próximos años, tanto que llegaremos a acumular un buen puñado con el paso del tiempo.

Las flores tienen sus pétalos fusionados, formando una estructura tubular colgante similar a la de las dedaleras (Digitalis sp.) o al sésamo. Suelen tener un olor poco agradable, aunque su belleza es indiscutible. En P. louisianica son de un color malva pálido con una línea amarilla en el interior; en Ibicella, amarillas con líneas y manchas anaranjadas, creciendo además en racimos; en Martynia annua son más alargadas y de color blanco con los lóbulos de un rosa fuerte, y también una línea amarillenta en el interior. Además, en esta especie las flores crecen en las intersecciones entre tramas, quedando algo menos expuestas que en sus parientes.

Esta ha sido una primera aproximación global a la familia. En otra entrada os contaré cómo las cultivo y veremos particularidades y diferencias entre el aspecto de las plantas y sus frutos.