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| Proboscidea parviflora, septiembre de 2012 |
Las semillas, como ya se apuntaba, tienen una cáscara muy dura, rugosa. Gracias esta peculiaridad una semilla puede viajar y resistir infinidad de condiciones hasta que vaya a parar al sitio donde finalmente germinará. A nosotros en casa puede que se nos resistan un poco, pero por norma general el éxito es sencillo de alcanzar.
Al principio pensé que un método para ablandar la cáscara sería sumergir las semillas en agua en la que había disuelto una porción de una pastilla de AG3 (ácido giberélico) que se vende en tiendas de productos agrícolas. Este producto, también vendido como hormonas de enraizamiento, estimula la descomposición y crecimiento celular en las plantas y algunas semillas complicadas. Tras este tratamiento, enterré las semillas y unas pocas germinaron. La primera temporada con estas plantas, verano de 2008, tuve un par de Proboscidea louisianica y una Ibicella lutea. Las primeras brotaron en mayo y para el fin de su ciclo dieron varios frutos y semillas (que aún conservo). La Ibicella tuvo una vida algo más corta y sólo consiguió sacar adelante un fruto, del que también sigo conservando semillas.
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| Flor de Martynia annua |
En 2011 conseguía hacer brotar una Proboscidea, esta vez sumergiendo las semillas durante un tiempo en agua del grifo, sin más. La planta creció en el balcón pero acabé volviendo a dejarla en la terraza donde actualmente están todas las plantas y donde ella misma se originó, para darle mejores condiciones de luz. Hasta ahora es la Proboscidea más grande que he conseguido desarrollar, cuyo resultado fue el proporcionar un buen montón de frutos y semillas. La planta murió pronto, a finales de septiembre, tras un chaparrón que la pilló cuando ya empezaba a decaer. Los frutos maduraron sin problemas.
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| Flor de Ibicella lutea |
Esta temporada no les di mayor comodidad a las plantas que una maceta grande para cada especie, pero con sustrato arcilloso procedente de la huerta, un sustrato que a algunas plantas les gusta poco (se apelmaza con la humedad y se endurece con la sequedad) pero que pensé que no haría ningún daño a las martiniáceas por su rusticidad. Efectivamente, aunque con el calor se seca demasiado y las plantas se arrugan, si se controla el riego no tienen problema para desarrollarse en esta tierra.
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| Cápsulas de semillas: Proboscidea louisianica (izquierda); Martynia annua (centro): Ibicella lutea (derecha) |
Las plantas alcanzan tamaños distintos, aunque creo que nunca sabré de qué son capaces hasta que no consiga plantarlas en algún lugar directamente en el suelo. La más pequeña suele ser la Proboscidea, que con unos 20 cm. de altura ya comienza a florecer, aunque puede seguir creciendo hasta el final de su ciclo y doblar ese tamaño. Sus hojas son acorazonadas, glaucas y con multitud de glándulas pegajosas y las flores crecen solitarias desde las axilas de éstas.
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| Las tres especies en septiembre |
La Martynia annua es la más grande de todas. En mi caso, fue la última planta en germinar y la que mayor tamaño alcanzó. En la foto que aparecen las tres plantas se observa que ya es más grande que las demás cuando todavía se encuentra creciendo sin haber florecido; acabó doblando esa talla en apenas unas semanas. Tiene grandes hojas palmeadas de color verde oscuro que se disponen opuestas a lo largo del tallo , que crece totalmente recto, ramificándose cuando empieza a florecer y siempre de un modo curioso: las flores crecen en racimos en el ápice del tallo y éste se bifurca a partir de ese punto. A cada nueva rama, el proceso se repite: racimo de flores y bifurcación. Mi planta llegó a alcanzar unos 4 ó 5 niveles, asemejándose a un pequeño árbol de cerca de 80 cm. de altura.
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| Flores de Martynia annua |
La disposición de las semillas también varía. En Proboscidea e Ibiciella, si abrimos la cápsula tirando de las "garras" hacia lados opuestos, encontraremos un hueco del que caen semillas al sacudir. Sin embargo, hay más, puesto que en ambas mitades de la cápsula encontramos sendos compartimentos que cuestan algo más de abrir, y que contienen todavía más semillas. Parece tratarse de una estrategia que permite a la planta dispersar más semillas conforme la cápsula viaja enganchada a las patas de algún animal.
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| Cápsulas de Ibicella lutea |
Esta temporada mi intención es repetir con ellas y disfrutar un año más de su singular belleza. Conociendo los métodos que mejor han funcionado, simplemente humedeceré las semillas y las enterraré cuando empiece a hacer calor, esperando que para mayo empiecen a germinar. A pesar de su sencillez, siempre es un reto conseguirlo.









