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martes, 1 de abril de 2014

Lupinos a prueba: un resultado inesperado

Lupinus angustifolius fructificando
Seguir hablando del progreso de los lupinos es algo que hago por pura diversión, pues siempre suelo tener muchos frentes abiertos con otras plantas y no comento mucho sobre ellos, sólo muestro los resultados positivos. Con los lupinos comencé cuando el blog todavía no tenía material actual, hablando de los ejemplares que tuve en 2012 y el reto que encaraba al intentar repetir la proeza desde semilla. No fue del todo bien, porque las plantas se mantuvieron a duras penas y en verano estaban tan maltrechas que las arranqué justo a punto de morir del todo.

El mismo 2013 arranqué de nuevo y como sospechaba de los gustos de los lupinos con el sustrato, los sembré antes (en agosto-septiembre) y en turbia rubia, sustrato más ácido en el cual crecieron rapidísimo y no han amarilleado ni una sola vez. Ahora mismo -hablo de los lupinos híbridos- están detenidos, verdes aún, pero con unos brotes sin crecer que me recuerdan a la fase de descanso que tienen algunas plantas. Quizá más adelante reemprendan su ciclo, pero me tienen algo extrañado. Desde luego, al ritmo que iban, esperaba que floreciesen esta primavera. Veremos si es posible.

Paralelamente a aquello sembré lupinos de hoja estrecha, Lupinus angustifolius. Como los venden para cultivo nitrificante de suelos, no me compliqué y usé sustrato normal, el de menor calidad. Las plantas crecían aparentemente bien pero a partir del segundo par de hojas empezaban a ponerse amarillos, arrugados y morían como si les hubiesen echado veneno. Así pues, cambié rápido de estrategia y sembré unos cuantos en turba rubia también. Se atrasó la cosa y estos los planté en noviembre-diciembre, pero empezaron a funcionar correctamente y han tenido tiempo suficiente para llegar a la floración primaveral. Son anuales, y por tanto más rápidos.

Ahora viene lo extraño. Quedaron cuatro lupinos en tres macetas, pero murieron un par y han quedado dos en una maceta cada uno. A finales de febrero ya se adivinaba en el mayor de ellos la aparición del pedúnculo con los botones florales, así que el objetivo estaba a punto de ser conseguido. Floreció, sí, pero no quiso enseñar las flores; a los pocos días, los pétalos ya no estaban y se intuía un fruto, una vaina, creciendo. Había madurado sin abrir sus flores.

Este fenómeno se conoce como cleistogamia. La planta desarrolla flores, pero no se abren y por tanto no permiten la polinización cruzada, se fecundan a sí mismas. Esta autopolinización ocurre en muchas plantas, que aceptan su propio polen, el cual se deposita en los órganos femeninos por el viento o cualquier otro movimiento. En la cleistogamia, sin embargo, no hay otra opción ya que los órganos reproductores no quedan expuestos nunca. Hablando claro de mi decepción, adquirí la especie por sus flores moradas y no he podido disfrutar de ellas. Sin embargo, las legumbres, como se ve en la foto, sí se están desarrollando.

No tengo ni idea de si esta cualidad viene seleccionada exclusivamente para estas plantas que se venden como "abono verde", pero de ser así tengo todo un paquete de semillas del que no voy a ver flores. No sé si las semillas que me dé esta planta tienen alguna posibilidad de que desarrollen plantas normales que hayan perdido esta cualidad, cosa que se me antoja complicada teniendo en cuenta que la planta se ha fecundado a sí misma. Si son una copia totalmente idéntica, no hay nada que hacer.

Tocará esperar, pues pienso sembrar estas semillas resultantes con la pequeña esperanza de que alguna consiga abrir sus flores. Por otra parte, he obtenido semillas de otra especie, Lupinus hartwegii, que venían en una mezcla de semillas. No he encontrado mucha información sobre ellos al respecto, pero ya tengo una semilla germinada que enterrar y que espero que me dé la información que busco y por qué no, la posibilidad de introducir a largo plazo otro tipo de lupino entre mis plantas.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Lupinos a prueba: reincio

Lupinus 'Russell' semilleros de un mes o menos de edad
Lo último que se pierde es la esperanza. Los lupinos híbridos 'Russell', los más populares en cultivo por sus espectaculares colores y formas, han estado en mejor o peor forma siempre presentes en la terraza desde 2012, cuando comencé con unas raíces preparadas para plantar. El intento de sembrar en otoño de ese año las plantas de 2013 funcionó hasta que llegaron los calores, debido a una mala planificación. De los errores hay que aprender, y aquí está el resurgir de la idea inicial: ya hay lupinos a prueba de nuevo en la terraza.

Lo primero que hay que decir es que la foto es de ayer, 29 de septiembre, y los lupinos más "viejos" llevan sembrados apenas un mes, con un ejemplar todavía sembrado hace una semana. Esta vez la preparación fue minuciosa: dado que la planta prefiere suelos ácidos y ricos en materia orgánica, utilicé en su mayor parte restos de una mezcla de turba rubia y perlita usada que hasta ahora estaba "reciclando" mezclando con otros sustratos simplemente para aumentar su volumen. Pensé que quizá sería un buen medio de cultivo para ellos y así lo está siendo. En principio el sustrato no parece problema al comenzar la siembra, y la prueba está en el estropicio que causé el año pasado: buscando un buen drenaje, usé una tierra con muchísima arena que al llegar los meses de calor se quedaba reseca y suelta, acabando con todos los lupinos tras diez meses de vida y cero flores. Además, durante sus primeras semanas de vida las plantas amarilleaban constantemente, problema que ahora no estoy observando.

Por otra parte, he ido sobre seguro: nada de enterrar las semillas y esperar. Todas las semillas han sido pregerminadas por el sencillo método de ponerlas sobre papel de cocina húmedo en un recipiente hermético. Así, todas las plantas pasaron directamente a maceta con las raíces brotando, y salvo una o dos, todas emergieron sin problemas. La diferencia de crecimiento es notable respecto al año pasado: me gustaría que comparáseis la foto principal de esta entrada, con lupinos de un mes de vida tan grandes como los de la primera entrada que escribí sobre ellos (ver aquí, tercera foto), que tenían ya cuatro meses. Creo que es evidente la diferencia, la cual supongo que se deberá a que las plántulas han podido disfrutar de la luz y el calor que todavía ofrece septiembre. Se han pasado gran parte del mes en el patio, cubiertos por las lunas de cristal pero no por plásticos ni nada parecido, pues la tierra no llegaba a secarse. Ya llevan un par de semanas en la terraza, expuestos a pocas horas de sol directo.

Plántula de Lupinus angustifolius
Obviamente esto son los primeros días y puede pasar de todo, y el objetivo no estará cumplido hasta que consigan florecer. Esto debería ocurrir para abril-mayo y las plantas, ahora que tienen ventaja, quizá tengan una mejor etapa de crecimiento primaveral, momento en el que las hojas se ponen cada vez más grandes. El invierno no es problema, pues son plantas que resisten temperaturas más bajas de las que se dan aquí, y este año es posible que lleguen mucho más crecidas. Recordar también que es una planta que forma rizomas y que esa parte, que no se ve, también tiene una importancia vital.

Aparte de estos híbridos, para este año he introducido una especie mediterránea, Lupinus angustifolius. Se trata de un lupino fácil de encontrar dado que se suele utilizar como "green manure", compost verde. Dado que las leguminosas son plantas con capacidad para fijar el nitrógeno del suelo por medio de sus raíces, este lupino se planta durante el barbecho de las tierras para propiciar la proliferación de este nutriente. Antes de que dé semillas y previamente a la plantación de hortalizas, se arranca y se entierran las plantas a fin de devolver más nutrientes a la tierra. No es esta mi intención, obviamente, sino que los cultivaré por puro interés botánico. Esta especie al parecer crece más alta y ramificada y con espigas menores, con bonitas flores azuladas. Veremos también cómo le va nuestro clima.

Para estos Lupinus angustifolius procedí de la misma manera: humedad en un envase hermético. Algunos sacaron su raíz dos días después y otros tardaron casi cuatro semanas, pero la efectividad fue del 100%, ninguno quedó sin brotar. Aunque he perdido un par que se secaron a medio brotar, actualmente tengo cuatro en una maceta grande y otro en el contenedor de las flores, para rellenar un rincón -si resultara ser demasiado grande no dudaría en cortarlo. La foto es de hace una semana, y se puede comprobar el porqué del nombre: las hojas son más estrechas, más angostas.

De momento sólo queda esperar. Si los rizomas adquiridos en 2012 lograron florecer, unas plantas crecidas en casa, con nuestro clima y un sustrato y riego adecuados no deberían tener problema en conseguirlo. En 2014 tendré la respuesta.

domingo, 11 de agosto de 2013

Lupinos a prueba: fracasos y replanteamientos

Lupino superviviente
Aunque lleno de optimismo, el experimento con los lupinos de Russell que comenzó el mes de octubre del año pasado, se comentó aquí en enero y volví a comentar hace sólo mes y medio cuando aparentaba ir bien, no ha dado los resultados que se esperaban y se encuentra en un punto delicado.

La maceta con varios ejemplares continuó sus andanzas a finales de junio e incluso el ejemplar central, el más grande, empezó a sacar un intento de espiga floral que se secó sin sobrepasar el punto de brote de la planta. Posteriormente, todos los lupinos de esta maceta comenzaron a perder hojas, algo que achaqué a la estación veraniega. Pero en estas siete semanas transcurridas, la pérdida masiva de hojas se volvió común a todos los ejemplares y para finales de julio ya no quedaba ni uno verde. Hoy he ido tirando de los salientes de los rizomas y éstos, todos ellos, están muertos. Después de casi once meses de cuidados, el experimento ha fracasado.

Pero no está todo perdido. Ya comenté que hice una segunda prueba, casi sin darle importancia, y sembré otra vez unas pocas semillas a finales de invierno. El resultado fue que una de las macetas prosperó y ha tenido, y sigue teniendo, lupinos creciendo al principio más rápido que sus parientes -se pusieron a la par en tamaño en apenas 2 meses- y que posteriormente, y tras malograrse algunos ejemplares, han ralentizado su ritmo pero siguen verdes. Y cuando digo verdes no sólo me refiero a que tienen crecimiento nuevo y hojas sanas, sino que tampoco han presentado nunca el problema de amarilleo que afectaba a los otros.

¿Conclusión? Bueno, no es ningún secreto que a los lupinos de Russell no les gusta el calor, pero entran en juego otros factores. ¿Por qué, entonces, sí han sobrevivido los que sembré más tarde? Y no sólo sobrevivir, sino que han aguantado estoicamente varios golpes de calor, días de poniente y alguna que otra demora en el riego... y todo ello nada menos que en la zona de mayor exposición solar de la terraza. El secreto quizá esté en el sustrato, un punto que no tuve muy en cuenta y podría ser la clave.

Por lo que veo en la maceta, con ese montón de piedrecitas de perlita sucias, seguramente rellené ésta con restos de turba rubia y perlita que tenía en casa. Este sustrato es muy orgánico (está compuesto mayoritariamente de musgo de esfagno), ácido y suelto, y junto con la perlita retiene la humedad pero sin aprisionar y ahogar a las raíces. Además, la maceta es bastante alta, unos 20 cm., con espacio de sobra para las raíces. En la maceta larga donde tuve a los otros, en cambio, usé sustrato del que llevo años utilizando, con mucha arena mezclada. En invierno, como se riega poco y la tierra casi siempre está humeda, veía la capa superficial oscura y no me preocupaba. Pero, eso sí, había que echar quelato de hierro cada poco porque las plantas amarilleaban.

Con el aumento de las temperaturas y el constante remover de la tierra al regar, la capa superior del sustrato fue revelando que contenía un montón de arena, y cada vez que se secaba de más tomaba un aspecto reseco y apelmazado, falto de materia orgánica y soltura. Así pues, y a falta de ver si el lupino superviviente consigue llegar a la tregua del otoño-invierno, llego a la conclusión de que la planta es capaz de tolerar el calor siempre y cuando se desarrolle aquí desde su germinación y si tiene una mezcla adecuada donde enraizar.

Para el próximo año, la idea era probar a dejar crecer alguno en el contenedor, donde el sustrato está algo más equilibrado -hay sustrato universal, una pizca de arena, turba rubia, perlita y montones de raíces muertas compostándose en el subsuelo- y además tiene buena profundidad, a lo que hay que sumar que pienso añadir una capa superficial de humus tan pronto como empiece la época de lluvias para asegurar una cama esponjosa y húmeda a las plántulas en sus primeras etapas. Pero, por si acaso, repetiré una maceta exclusiva de lupinos, con una mezcla similar a la que me ha ido bien, para probar suerte de nuevo. El objetivo, por supuesto, que en 2014 los estandartes cargados de flores de esta bella leguminosa vuelvan a lucir en la terraza.

jueves, 20 de junio de 2013

¿Siguen a prueba los lupinos?

Grupo de lupinos
Hace ya medio año que hice una entrada hablando sobre los lupinos y mi experiencia con ellos, explicando cómo estas plantas se hicieron un hueco en mi terraza por un método que resultó ser válido pero efímero -no sobrevivieron tras el verano- y cómo estaba probando con un sistema diferente: por semillas. La entrada ha tenido bastantes visitas durante algún tiempo y supongo que se debe a que hago mención a que los primeros que tuve pertenecían a una colección que venden en LIDL; de hecho, la mayoría de entradas hablando sobre las plantas de esta colección han estado siempre en el top de entradas más vistas, imagino que debido a que hay poca información en español sobre ellas y el blog sale en las primeras búsquedas. Reconozco que yo hacía lo mismo, y me alegra que el blog sea útil en ese sentido. No obstante, me gusta puntualizar siempre que esto ha sido bajo unas condiciones determinadas, que quizá en otras regiones las plantas no necesiten tantas atenciones especiales.

Finalmente, este año no volví a comprar los esquejes de raíz de LIDL porque mis lupinos semilleros han funcionado bien, no hay más que verlos en la foto y comparar cómo eran hace seis meses. Han alcanzado prácticamente la misma talla que sus antecesores en la terraza sacados de esqueje, pero el motivo por el que no había vuelto a hablar de ellos es simplemente que todavía no han florecido. Las plantas están sanas y no dejan de crecer, siempre hay hojas en la base a punto de emerger. No sé si al proceder de semillas la floración no vendrá condicionada por las estaciones y aún serán capaces de florecer en verano u otoño, o bien habrá que esperar al año que viene.

Estos lupinos están ahora en la parte de la terraza que recibe menos sol, para evitar al menos que el calor lo pasen recibiendo la incidencia directa de los rayos solares. A mediodía ya han dejado de tener al sol encima y pueden tener una pequeña tregua hasta el día siguiente. Cuando esto ocurre, las hojas extienden sus folíolos en posición normal: cuando hace más calor algunos se pliegan hacia arriba, como se ve en la foto. De manera paralela, y siguiendo con las pruebas, sembré otros lupinos allá por marzo que no sólo tienen medio año de vida menos que los grandes, sino que los mantengo a pleno sol para ver cómo les va. De momento, han crecido hasta ponerse casi a la par con los más viejos. No suele fallar: las siembras de primavera dan plantas con un desarrollo más rápido por el simple hecho de tener más horas de luz y calor.

Los lupinos prefieren temperaturas suaves y no demandan demasiada agua, pero claro, eso hay que saber llevarlo aquí, donde poco riego se traduciría en plantas secas en pocos días. Los riego a cada visita y de momento no han dado problemas, incluso resistieron sin mayor problema unos días de poniente que pillaron por sorpresa en mayo apenas un par de días después de unas lluvias y que afectaron e incluso mataron a alguna planta (los linos).

Sin más, ahora queda ver cómo sobrellevan el verano estas plantas, que "se han criado" aquí y de momento van bien, pero el calor no ha hecho más que empezar. Si todo sale bien, en otoño quizá todavía siembre unos cuantos más en algún otro punto, donde puedan combinar con otras plantas de su tamaño.

lunes, 14 de enero de 2013

Mimosa sensitiva, viaje a través del tiempo

Cabezuela floral de mimosa sensitiva
Creo que no me equivoco si digo que la mimosa sensitiva (Mimosa pudica) es la planta que más años hace que tengo a pesar de no poder llevar la vida de perenne que suele tener la planta en sus lugares de origen. Explicándome mejor: sólo compré una planta hace casi siete años y es a partir de ahí de donde han surgido todas las plantas que haya podido tener después únicamente a base de semillas.

La mimosa sensitiva es una planta que a todo el mundo llama la atención por su peculiar modo de cerrar las hojas a modo de defensa. Cada hoja tiene de dos a cuatro divisiones pinnadas compuestas por un buen número de pares de folíolos. Al tocar una de estas hojas, se produce una contracción que hace que las hojas queden plegadas. Si se sigue insistiendo, también la hoja se inclina hacia abajo, doblando el pecíolo desde su unión al tallo. Plegando las hojas de esta manera intenta evitar que los insectos u otros animales mordisqueen las hojas; además, los tallos poseen pequeñas espinas que, si bien no son tan notables como las de un rosal, cumplen su función defensiva. Aparte, la planta utiliza esta peculiaridad durante las horas de calor, para evitar perder demasiada agua, y por la noche, en la que la planta permanece con todas las hojas plegadas.

Su floración consiste en unas cabezuelas filamentosas de color malva, que contienen multitud de flores. Se asemeja a la floración de los árboles a los que también llamamos mimosas (o acacias) y que encontramos cultivados como ornamentales (como Acacia saligna o Acacia farnesiana). Al madurar aparecen unas estructuras similares a las vainas de otras leguminosas aunque sin piel recubriendo las semillas, que quedan unidas por una estructura fibrosa en un modo que podría recordarnos a los aros de plástico que se utilizan para sujetar los packs de latas de refresco. Las semillas, de color pardo, se desprenden con facilidad.

Planta a mediados de julio de 2012
Adquirí mi primera mimosa en verano de 2006. Se trataba de un ejemplar de buen tamaño, posiblemente cultivado en un invernadero. Debido a que ya vino a casa bien establecido, durante ese verano alcanzó un tamaño notable y floreció a lo largo de todos los meses cálidos, dando un buen montón de semillas. Llegado el mes de octubre se secó y la tuve en un mismo rincón hasta la primavera siguiente, pero no mostraba señales de vida. Parece ser una planta muy estricta con las temperaturas: en el momento en que bajan de unos 13-15ºC de manera prolongada, la planta muere irremediablemente. Por ello, aunque se trate de una perenne de vida corta -en su zona de origen, de clima tropical- no queda más remedio que sembrarla todos los años. Debido a su rápido desarrollo, no supone ningún problema.

A la temporada siguiente sembré unas cuantas y obtuve 4-5 plantas, aunque se dieron bastante peor que la anterior. Sólo conseguí unas pocas semillas que ahora mismo no sé cuáles son, ya que sigo conservando las de 2006 en una bolsita de plástico y posiblemente las mezclara. Este sería el inicio de una larga pausa en el mantenimiento de esta especie, puesto que no volví a intentar su siembra, sin éxito, hasta 2011, germinando algunas semillas pero no consiguiendo sacar adelante las plantas, posiblemente por las malas condiciones de cultivarlas en el balcón.

Cabezuela con frutos ya secos
En 2012 me propuse hacerlo mejor y volví a rescatar algunas semillas, que contarían ya con seis años de antigüedad. A pesar de su edad, la simiente germina bien por el sistema de colocarlas sobre papel de cocina húmedo. En no demasiados días empiezan a asomar las raíces y podremos entonces enterrarlas en una maceta que cuente con un buen grado de humedad y calor. Mientras no les falte esto, pueden estar a pleno sol. Por si acaso, las mantuve un tiempo en el rincón de la terraza, evitando el sol de después del mediodía, hasta que alcanzaron una talla decente y ya las trasladé a una zona de exposición más prolongada.

Fueron dos las plantas que crecieron, aunque como siempre ocurre, al plantar dos en una misma maceta siempre hay una que no crece igual, con lo que se podría considerar que sólo hubo una planta. Para mediados de verano tenía un tamaño contenido, aunque ya con muchas ramas y hojas con un aspecto saludable. Poco después comenzaría a florecer, cosa que hizo con bastante regularidad y que se tradujo en un buen número de semillas tratándose de una sola planta. Al menos he conseguido aportar material más reciente y tener semillas frescas para otros años. No obstante, el éxito en la germinación de las semillas viejas sigue siendo óptimo a pesar de su prolongada edad.

En 2013 probaré de nuevo con ellas aunque quizá lo haga en una maceta de mayor tamaño. Al parecer es una planta que agradece tener espacio para sus raíces y posiblemente con ello consiga una planta de mayores dimensiones que la del año pasado que, todo hay que decirlo, cultivé en una maceta de tamaño contenido y aún así no fue nada mal. Un año más, espero que esta planta americana extienda sus ramas en la terraza.

jueves, 10 de enero de 2013

Lupinos a prueba

Inicio de la floración a finales de abril
El lupino, una leguminosa congénere del altramuz que cultivamos como alimento, es una planta ornamental que me llama bastante la atención, aunque parece que mi clima es un hándicap para cultivarlos con éxito. He intentado dos métodos y ambos parecen funcionar bien, pero con limitaciones.

Primero que todo hay que hablar de la planta. El lupino que solemos cultivar como ornamental es el híbrido de Russell, que proviene de una selección de cruzas entre Lupinus polyphyllus, Lupinus arboreus y posiblemente otras especies. Yo probé dos métodos, el esqueje de raíz preparado -de nuevo, de la colección de plantas permanentes de LIDL- y las semillas. Las semillas las tengo desde el otoño pasado, con lo cual todavía tengo plantas pequeñas en crecimiento y no sé cómo irán desarrollándose.

El primer método consistió en adquirir un paquete que contenía tres raíces en turba para plantar cuanto antes. Hice lo mismo que con las aguileñas y sufrieron su misma suerte: puse dos en un contenedor y una en una maceta. La de la maceta brotó primero y tenía hojas tras unos días, pero murió al poco tiempo, quizá por el exceso de calor que secaba muy pronto la tierra. Los otros dos se desarrollaron plenamente, pero no sobrevivieron al verano.

Al conseguir estas plantas por este sistema, pensé que serían vivaces de vida más o menos larga que volvían año tras año. No acabo de encontrar información sobre esto, pero parece ser que la planta tiene una longevidad variable y tanto dura una temporada como vive por varios años. No obstante, los míos seguramente murieron por el exceso de calor, algo que en todos los lados se coincide en apuntar que la planta no lleva demasiado bien.

Hojas brotadas de una raíz tras 25 días
En las fotos que acompañan a la entrada se ilustra la rapidez que ofrece este método. Enterré las raíces el 2 de marzo y para finales de mes ya había plantas con varias hojas de buen tamaño. Sólo hubo que esperar hasta finales de abril para ver cómo se erigían desde el centro de la planta las grandes espigas llenas de flores. Ambas plantas florecieron, con flores de colorido similar, durante los primeros días de mayo. Pensaba que con ello iba a tener un montón de semillas con las que experimentar pero, para mi desilusión, las flores caían tras secarse y no hubo formación de frutos.

Poco tiempo después de la floración las hojas de las plantas comenzaron a secarse. Todavía a principios del verano brotaba alguna hoja pequeña, así que pensé que las plantas seguían bien y quizá hasta estaban echando vástagos. Para finales de verano, aprovechando que iba a clarear algo el contenedor eliminando brotes invasivos de milenrama (Achillea millefolium), aproveché para escarbar un poco en el sitio donde crecían los lupinos. Sólo encontré restos descompuestos de lo que fueron sus raíces. Habían muerto.

Leyendo sobre cómo cultivarlos desde semilla, me propuse hacerme con unas pocas, ya que recordaba que la marca de semillas que venden en los Leroy Merlin los tiene. Así fue, y a principios de octubre tras visitar una de estas tiendas me llevé un sobre. Traté de germinar las semillas con el método del papel de cocina húmedo, para enterrarlas tan pronto como la raíz rompiese la cubierta. Planté varias semillas germinadas y no todas consiguieron emerger, aunque al menos una tuvo éxito y sigue creciendo a día de hoy.

Planta de 4 meses de edad, hoy mismo
Al mismo tiempo que enterré las semillas germinadas, para llenar la maceta, enterré otras tantas semillas directas del sobre. Alguna que otra brotó, aunque finalmente han quedado cuatro, curiosamente espaciadas ocupando los extremos y centro del macetero rectangular donde las tengo. Actualmente presentan buen aspecto; durante un tiempo amarilleaban las hojas, algo que me ocurría en muchas plantas de la terraza. Apliqué quelato de hierro al agua de riego y actualmente parece que el problema se ha solventado.

El aspecto de las hojas, de varios folíolos dispuestos en radio, recuerda a pequeñas palmeritas. Esta forma resulta muy eficiente capturando las gotas de agua, que resbalan por los folíolos hasta el centro de la hoja para posteriormente deslizarse por el pecíolo hasta tierra.

La cuestión ahora es esperar los próximos meses, hasta la llegada de la primavera, para ver cómo se desarrollan estas pequeñas plantas. Según he visto, algunas plantas crecen durante estas fechas y llegan a florecer para la misma primavera, pero tengo mis reservas, así que en principio no espero ver flores de estas plantas al menos este año. Si veo la oportunidad, volveré a adquirir raíces esta primavera para tener un segundo "foco" de lupinos que me asegure plantas adultas para este año. Eso sí, habrá que racionarles el sol y darles mayor humedad de cara a su conservación más allá del verano.