Mostrando entradas con la etiqueta Xylocopa violacea. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Xylocopa violacea. Mostrar todas las entradas

viernes, 27 de mayo de 2016

En el corazón de mayo



Mayo se acerca a su final y ha sido, una vez más, uno de los meses más coloristas del año. Debido a la primavera algo más suave que estamos teniendo, muchas especies más tardías han coincidido con varias de aquellas que comenzaron antes y que a menudo no suelen llegar en flor tan lejos. Aún así, parece que todavía queda margen para ver más floraciones que tomarán protagonismo durante el mes próximo.

Pasamos a la descripción del vídeo. Éste abre con una blanquita de la col (Pieris rapae) libando en una de las todavía abundantes flores de las clavellinas Dianthus plumarius. De ahí saltamos a otra escena similar, aunque esta vez la flor es un Iris germanica y su polinizador la robusta abeja carpintera Xylocopa violacea, la cual es la primera y de momento única vez que observo esta temporada en la terraza.

Damos otro salto y observamos las flores de las efectivas Monarda citriodora, especie que lleva con esta dos temporadas seguidas resembrándose y que a base de trasplantes he ido repartiendo en distintas macetas. Tarda en florecer e incluso en crecer desde el otoño hasta entrada la primavera, pero cuando lo hace puede estar semanas floreciendo, hasta la llegada del verano. La volvemos a ver posteriormente tras la aparición de la Iberis umbellata, cuyo gran tamaño ha resultado ser una sorpresa, pues la única vez que cultivé la planta, si bien era una forma enana, apenas superaba los 15 cm. de altura y no el casi medio metro de la actual. Avanzada la temporada sembré la siguiente especie que aparece, unas Cosmos sulphureus que han florecido muy pronto, antes que las Cosmos bipinnatus que también las acompañan en la maceta. Estas cosmos naranja también son una forma de tamaño reducido, puesto que no suelen superar los 30 cm. y tienen capítulos de escaso diámetro, siendo que la forma original puede llegar a superar los 180 cm. de alto.

Nos acercamos al grupo de pequeñas anuales en donde todavía florecen las blanquiamarillas Limnanthes douglasii, secundadas por el contraste rojo y púrpura de las Cuphea 'Firefly'. Justo por encima de ellas han comenzado a abrirse las cabezuelas amarillas del crisantemo Glebionis segetum. Más expuestas al sol se abren las diminutas florecillas rosadas de la Oscularia deltoides, y en el lado opuesto, donde a pesar de haber más paredes dando sombra el sol ya ilumina durante horas, encontramos una capuchina de vivo color anaranjado y a la malva Lavatera trimestris cargadísima de flores.

Volviendo al sol, encontramos a los cebollinos al máximo de su floración, al igual que la herbácea trepadora Vicia villosa, que se vale de los finos pedúnculos de las Briza maxima, ya secas, para agarrarse y poder desplegar en lo alto sus espigas de flores violáceas. De aquí pasamos a otra compuesta de floración amarilla, la camomila amarilla (Cota tinctoria) que ha florecido junto a los crisantemos anteriormente aparecidos y con apenas unos días de diferencia. El conjunto ha empezado a atraer insectos, y en la siguiente escena observamos a la mosca zángano (Eristalis tenax) probando uno de los crisantemos. También es compuesta la siguiente planta en aparecer, una Kleinia grantii de vivas florecillas naranja. No nos salimos todavía de esta gran familia, pues la próxima escena la protagoniza un áster de Nueva York de floración veraniega y la siguiente, la primera de las Rudbeckia hirta que florece en la terraza tras una temporada de ausencia.

Flores de todas las formas se abren durante estos días. Vamos viendo, en este orden, las inflorescencias de pequeñas florecillas rosadas de la Silene armeria; las oscuras flores de un denso granate de una Scabiosa atropurpurea en una de tantas formas ornamentales de distinto colorido y porte a las silvestres que frecuentan nuestros campos; la azulada Aquilegia alpina, que no falta en la terraza desde hace cinco temporadas, siendo esta planta en concreto un ejemplar autosembrado que ha aparecido en la maceta de una azucena. Les sigue una pequeña Lobelia erinus 'Crystal Palace', que comienza a florecer ahora, al igual que la Aquilegia 'McKana' que aparece después y cuya historia y comportamiento es paralelo e idéntico al de sus primas alpinas.

Observamos ahora una Gaura lindheimeri, de reciente adquisición, y el conjunto de floraciones amarillas de los crisantemos y camomilas, patrullados por un ejército de abejas Hylaeus y que también atrae la atención de la mariposa blanquiverdosa, Pontia daplidice. De ahí pasamos a la también compuesta Gaillardia aristata, y una sucesión de especies ya aparecidas aunque grabadas unos días más tarde, más avanzadas. Finalmente, una pequeña mariquita de siete puntos recorriendo las ya agostadas Dimorphotheca sinuata es la encargada de cerrar este vídeo.

viernes, 27 de marzo de 2015

Insectos tras la lluvia

Xylocopa violacea
Como era de esperar, después de que el sol comenzase a lucir sobre la terraza, la actividad de los insectos interesados en investigar las flores sería retomada desde donde se quedó. Algunos tienen claras sus preferencias y van directos al grano, mientras que otros gustan de investigar.

Al llegar a la terraza, a una hora a la que ya hace rato que el sol está en el cielo, me extrañó ver tan poca actividad, apenas unas moscas (las ya habituales Calliphora vicina), pero fue sólo cuestión de unos instantes. Al rato ya tenía por allí a las abejas de la miel y a las Anthophora plumipes, nerviosas como siempre y a las cuales no puede volver a fotografiar dado que son muy caprichosas y tan pronto están deteniéndose en las borrajas como les da por no parar de dar vueltas sin detenerse. Además es que, a diferencia de sus parientes fabricantes de miel, parecen no mostrar interés por ninguna otra flor que no sea la borraja, ni siquiera por las Cerinthe major, que vienen a ser muy parecidas a esas especies por las que sienten preferencia (borrajas y pulmonarias, mayoritariamente). Y de las Nemophila menziesii ni hablamos, y es curioso porque atraen la atención de otros himenópteros y moscas de las flores.

Eristalinus taeniops, hembra
Además de las avispas papeleras, que en ocasiones tropezaban en el aire con las abejas y moscas azules intentando acceder a las mismas flores, otros himenópteros se dejaron ver por la terraza, El zumbido grave que escuché mientras estaba revisando las plantas me alegró al adivinar lo que podía ser: el abejorro de la madera Xylocopa violacea, la abeja más grande de cuantas llegan a la terraza. A pesar de su gran tamaño, esta abeja investiga todas las flores y se posa grácilmente sobre ellas, aunque las doble con su peso, Suele tener preferencia por introducirse en flores tubulares aunque le basta cualquier flor que llame la atención. De hecho, su primer movimiento fue introducirse en la trompeta de un narciso y buscar polen. Esta abeja suele aparecer a menudo en la terraza y como su nombre indica, perfora la madera para anidar, aunque únicamente para ello, ya que a las larvas las alimenta con polen y néctar. Reliza visitas de manera aleatoria entre primavera y otoño, y cuando ha coincidido que tengo especies de la familia de las martiniáceas floreciendo, las cuales seguramente encuentran pronto por su peculiar olor, disfruta mucho de ellas introduciéndose en sus flores acampanadas y saliendo llena de polen. No descarto volver a sembrar algunas dado que no tengo mucho más que introducir en la terraza y la maceta donde las he cultivado otras veces sigue allí vacía.

Halictus scabiosae
Yendo a otro extremo, también encontré otra especie de abeja más pequeña que una abeja de la miel, aunque también de costumbres solitarias como Anthophora y Xylocopa: se trata de Halictus scabiosae, una pequeña abeja con el aspecto reconocible propio de estos animales y que anida excavando en suelos duros, de manera solitaria o con una socialización reducida. Se interesó bastante por los Cosmos bipinnatus, a los que volvió varias veces tras levantar el vuelo.

Eupeodes sp.
En cuanto a moscas, me reencontré con dos sírfidos conocidos y descubrí uno nuevo, que como siempre he podido identificar gracias a la ayuda de gente que conoce bien el mundo de los insectos, para el cual sigo bastante verde. Uno de ellos, varios más bien, eran las hembras de Eupeodes negras y amarillas, de los que todavía me encuentro a la espera de localizar algún macho para poder sacar conclusiones sobre su identidad; por otra parte, encontré una hembra de Eristalinus taeniops, mosca de abdomen rayado como una abeja y grandes ojos de colores la cual no veía desde hace años: de hecho, un macho aparecía en la foto de cabecera que tuvo el blog en sus inicios. La tercera especie fue Syritta pipiens, un macho, cuyo tamaño es inferior a las otras dos y de su aspecto destaca su abdomen cilíndrico y alargado y los gruesos fémures de sus patas traseras.

Syritta pipiens
Los primeros días tras la lluvia las temperaturas se mantenían frescas, pero pronto nos hemos vuelto a situar por encima de los 20ºC, aunque ayudados por el viento de poniente. Con este incremento de temperaturas es de esperar que la variedad de insectos también aumente. Reencontrarme con especies que vi en temporadas anteriores y no pude fotografiar bien, para volverlo a intentar, sería estupendo, pero casi seguro que la llegada de especies que no había visto nunca antes se producirá de manera segura, pues el de los insectos es un mundo abrumadoramente grande. Mientras vean flores en las que investigar, su presencia está asegurada, y la ayuda que aportan para la formación de semillas en las plantas parece que también.