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lunes, 5 de octubre de 2015

Cuándo y dónde

Ipomoea quamoclit
Que las plantas pueden ser caprichosas lo sabemos todos. Ahora bien, que tras prepararles un sitio para que crezcan no lo hagan y cuando ya ni nos acordemos de ellas aparezcan porque sí en otro sitio distinto, es otro asunto. Es lo que ha ocurrido con la protagonista de esta entrada, una Ipomoea quamoclit que ha aparecido fuera de tiempo y lugar, conviertiéndose en la única de su especie en aparecer este año por la terraza.

Empecé a cultivar esta especie el año pasado y, a pesar de su caprichosa naturaleza a la hora de germinar, acabó funcionando y creciendo donde quería. Sembré varias semillas, algunas pregerminadas, otras no, y pasaron meses hasta que empezaron a brotar las primeras, ya en verano, floreciendo entre agosto y octubre. Para este año, visto su patrón, simplemente enterré algunas semillas a principios de primavera confiando en que germinasen cuando tuvieran el nivel de temperatura y humedad óptimas. No lo hicieron, y de hecho aún no ha germinado ni una de las que puse. La planta de la foto apareció en otras circunstancias.

Con las lluvias de principios de septiembre, las pequeñas hojas divididas en folíolos finos como hilos de la Ipomoea quamoclit empezaron a asomar por un agujerito que queda entre las baldosas y el rodapié de la pared de la casa con la terraza. Dada la ubicación ni siquiera intenté sacarla, ya se las apañaría ella. Ha conseguido sobrevivir con la humedad que debe haber en el propio suelo de hormigón y ahora está floreciendo enredada en la malla que desenganché de la pérgola de trepadoras y dejé a un lado para guardar en otra ocasión. Mientras no haya motivo para quitarla, ahí se queda.

lunes, 13 de octubre de 2014

No tan deprisa

Tulbaghia violacea
Con el precedente del año anterior y el propio mes de septiembre que dejamos atrás hace un par de semanas, suponer que el calor volvería a aparecer tras las dos semanas de nubes era algo muy plausible. Y efectivamente, aunque las mínimas se han mantenido invariables, con 18-20ºC y madrugadas más frescas que las agobiantes noches veraniegas de septiembre, un frente de poniente ha llegado esta semana no con ráfagas de viento muy fuertes, pero sí con las consecuencias típicas de este viento: calor y sequedad. Otra vez hemos visto a los termómetros situarse entre los 27 y hasta 31ºC por las tardes, que siguen siendo bastantes aunque la radiación solar ya no apriete tanto como en verano. Las plantas crecidas apenas se han resentido porque muchas siguen aprovechándose del aporte de la lluvia y están resurgiendo, pero el entusiasmo de los semilleros sufre un nuevo retraso.

Commelina benghalensis
No ha sido una "masacre" generalizada, pero como cuando comencé a pasarlos al contenedor de tierra ésta estaba todavía húmeda hasta abajo del todo, aproveché para poner toda clase de plantas, algunas tan sólo con cotiledones. Lo hice así porque los semilleros originales no tengo más remedio que ponerlos a resguardo donde dé menos el sol -si los expusiera, las plantas se quemarían en cuestión de horas- y a consecuencia de esto el diminuto tallo inicial se alarga muchísimo hasta que la planta encuentra la luz que necesita y deja parte de éste postrado en el suelo, apuntando finalmente hacia arriba. La mayoría de plantas de semilla pequeña se han quemado, supongo que más por el viento seco que por el sol, ya que esto ocurrió tras tres días plantadas y muchas plántulas de las que coloqué el pasado día 2 siguen resistiendo sin problema. Esta vez me he curado en salud y las futuras plantas crecen bajo la protección de una pequeña malla antipájaros, que ya han inaugurado su etapa destructiva otoñal rompiéndome el tallo de una dalia que comenzaba a rebrotar tras el shock veraniego.

Ipomoea quamoclit
Poco a poco la terraza vuelve a llenarse de flores de plantas conocidas y alguna que otra nueva; llaman la atención de lejos los azules de la Commelina benghalensis y los rojos de la Ipomoea quamoclit; cerca de ellas florece la Buddleja davidii, de la que todavía no he puesto fotos esperando a que aumente la densidad de sus racimos de flores, cosa que quizá no tarde; también florece de nuevo el Erodium x variabile, que ha aguantado estoicamente el duro verano y demuestra así lo resistente que es. En la parte trasera de la terraza siguen en su máximo los Oxalis bowiei acompañados más discretamente de los Oxalis triangularis, y por detrás ya se evidencia que pronto el Oxalis articulata se unirá a la fiesta.

Erodium x variabile
La novedad para esta semana ha sido la floración de la Tulbaghia violacea. Esta especie me la regalaron en agosto y ha tenido una rápida adaptación en la terraza, como puede verse. Se trata de un pariente sudafricano de los ajos, rizomatosa en lugar de bulbosa Aunque huele como sus parientes y el "aroma" se encuentre igualmente en las flores -que huelen a ajo, a diferencia de las de éstos que son perfumadas- no es una planta utilizada como alimento -si bien ocasionalmente se utilizan las flores para dar sabor-, aunque sí con fines medicinales. Las flores en forma de estrella, rosadas, crecen en umbelas y le dan cierta similitud también a la también africana Agapanthus, pariente suya aunque taxonómicamente más alejada. Las hojas son lineares, finas, y en plantas grandes pueden formar densos cepellones. En mi planta son todavía pocas, lo que le da un aspecto encantador de pequeña bulbosa.

Salamanquesa común
Además de los gorriones, otras especies de fauna se van dejando ver por la terraza. Quizá los voladores más frecuentes todavía sean las libélulas, de los pocos insectos que se ven salvo ocasionales himenópteros, mariposas o las hormigas que nunca sé de dónde salen pero siempre están presentes. Entre los vertebrados nunca faltan las salamanquesas (Tarentola mauretanica) que desde hace años se esconden de día bajo las cubetas y detrás de algunas macetas y estantes. A la de la foto me la encontré dentro del contenedor del compost, del que puede salir y entrar cuando quiera. Parece que el ejemplar en cuestión ha tenido algunos percances en su vida, a juzgar por esa cola crecida después de haberla perdido o la falta de dedos en alguna de sus patas.

Tulbaghia violacea
En resumen, que tras las lluvias de septiembre parece que se vuelva a repetir el patrón del año pasado con sólo unas leves diferencias: ausencia de nubes, temperaturas hacia arriba y un otoño atípico que sólo se deja adivinar por el suave frescor de las madrugadas y el acortamiento de los días. Parece que para seguir adelante con los semilleros deberé imitar el modelo del año pasado, en el que me fié de plantar directamente y el desastre fue tal que el contenedor quedó empobrecido: plantar en noviembre. Las mejores floraciones de anuales y otras herbáceas se dieron gracias a las condiciones más suaves del mes de noviembre, en el que ya se puede exponer a las plantas al sol sin peligro e incluso hacer germinar las semillas en las mismas condiciones. Por tanto, debería darme más prisa en dejar el montaje para bulbosas hecho -los Crocus están brotando ya en sus paquetes- y dejar los semilleros para dentro de una quincena como mínimo.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Un mal comienzo

Catharanthus roseus
Septiembre era el mes en el que había puestas esperanzas en presenciar un cambio de tiempo que suponga, primero y más razonable, un descenso de temperaturas, y segundo, el regreso de la inestabilidad atmosférica propia del otoño que llevamos esperando prácticamente desde el año pasado o incluso el anterior. Sin embargo, no se ha producido ni una cosa ni otra, al contrario; por tanto, la razón nos dice que sería prudente atrasar el nuevo inicio de la temporada jardinera hasta que las condiciones sean al menos similares a las de principios de primavera. No es complicado darse cuenta de que hay que ser paciente: simplemente, con el potente sol y las temperaturas sobrepasando los 30ºC a diario, a nadie se le ocurriría exponer a las delicadas plántulas a la luz directa porque sería una pérdida de semillas considerable e innecesaria.

Aunque el año pasado el calor inusual se prolongó prácticamente hasta mediados de noviembre, lo cierto es que no puede compararse con lo que está sucediendo ahora. No en vano se calcula que es el inicio de septiembre más caluroso en 50 años; datos en mano, sólo hay que revisar temperaturas y pluviometría del cálido final de verano y primera mitad del otoño pasado para observar que ha quedado en nada comparado con lo que estamos teniendo ahora. Bueno, en lluvias salimos ganando: el domingo día 7 cayó un chaparrón que dejó poco más de 5 mm., lo cual hace que este septiembre haya llovido ya el quíntuple que el del año pasado. Además, en 15 días no ha habido ni un sólo día que haya amanecido a menos de 20ºC: parece que sigamos a principios de agosto. Triste y desesperante.

Las previsiones tampoco son muy alentadoras. Tenemos por lo menos otra semana de calor y ausencia de precipitaciones de importancia por delante. Lo más cercano que tenemos es una borrasca atlántica que va a estar enviando nubes a la península y dejando lluvias donde siempre: al oeste, algo en el centro y por el noreste hasta la mitad superior de Castellón. Y es que no tan lejos de aquí están teniendo lluvias considerables desde hace al menos un mes, mientras que nosotros vemos pasar unas nubes que no tienen fuerza ni para tapar el sol y mucho menos para dejar algo de agua. El Mediterráneo sigue cálido y despejado y los vientos de levante no traen otra agua que no sea la que se encuentra en suspensión en el aire, que aumenta en casi ocho grados la sensación de calor respecto a la temperatura real.

Con las plantas que quedan en la terraza las cosas no van demasiado bien. Muchas especies que consiguieron superar el umbral aproximado de la canícula, alrededor de la primera mitad de agosto, no han conseguido ver la luz al final del túnel. Las bajas han sido cuantiosas incluso entre especies que habían perdido sus hojas y estaban rebrotando. Otras, simplemente, están bajo observación dado que todavía se ha rescatado su sistema radicular que parece conservar las partes que acumulan energía -rizomas, engrosamientos...- pero esto no garantiza nada. Algunas plantas de este tipo acabaron igual el verano pasado y no rebrotaron en este 2014.

Ipomoea quamoclit
Con un comienzo tan desalentador, las tareas previstas para acondicionar la terraza o producir nuevas plantas han quedado suspendidas. Los semilleros más delicados han acabado perdiendo todas las plántulas que había creciendo y han quedado desecados hasta nueva orden, mientras que algunos que ya llevé al rincón de sombra de la terraza siguen creciendo moderadamente. La gran mayoría de bulbos y tubérculos para plantar están ya guardados a la espera de mejores condiciones e "instalaciones". No quería atrasar mucho la plantación de algunas especies, pero visto lo visto y con experiencias previas, las cosas pueden esperar: en la temporada iniciada en 2012, los bulbos fueron plantados en enero de 2013. No es lo mejor y de hecho perdí bastantes plantas, pero aún así la floración fue muy superior en cantidad y duración respecto a la de este año. Con las semillas, lo mismo: la mayor variedad de plantas la obtuve de siembras realizadas en macetas entre noviembre y febrero, mientras el contenedor no hacía más que recibir semillas pregerminadas que morían por desecamiento a los pocos días.

Lo realmente sorprendente es que especies ornamentales muy populares lleguen a la terraza y prosperen sin apenas prestarles atención. Nunca hubiera tenido por mis gustos una Catharanthus roseus como la de la foto que abre la entrada. Sin embargo, la planta apareció en agosto en la maceta del Lilium henryi y creció beneficiándose del riego que éste recibía. Mantendré la planta tanto cuanto resista ya que no veo por qué no va a tener sitio una especie que florece hasta en lo peor del verano; siempre que haya flores, más insectos habrá en la terraza. Por otro lado, de las especies residentes, la Ipomoea quamoclit sigue floreciendo a estas alturas y parece que va a dar muchas semillas. Junto con el Oxalis bowiei , la albahaca y la anteriormente mencionada Catharanthus es, tristemete, una de las pocas especies en flor ahora mismo. Debe ser una de las veces desde que comenzaron a haber plantas en la terraza que hay tal escasez de flores.

¿Qué hacer? Lo primero es no perder la calma ni el ánimo. Cuanto antes, debería dejar la terraza lista para comenzar a plantar tan pronto como el tiempo lo permita, eso sí, evitando las horas de más calor. Por otra parte, los desvaríos meteorológicos no deberían minar la moral, sino ser observados con paciencia y sosiego y pensar que el tiempo es relativo: el invierno, por lo menos, sí llegará algún día.

domingo, 31 de agosto de 2014

Cierre de temporada

Ipomoea quamoclit
Termina agosto, aunque por supuesto no el verano, y es tiempo de afrontar grandes cambios. Dada por finalizada la temporada 2013-2014, es el momento de apresurarse en dejar todo listo para sembrar las decenas de semillas que están esperando su oportunidad, algunas desde el verano pasado, así como reacondicionar todas las zonas de la terraza que alojarán a bulbosas, vivaces y perennes, tanto de sol como de semisombra. Septiembre no va a ser aburrido, desde luego, aunque se va a echar de menos la presencia de mayor cantidad de flores mientras duren los trabajos, pues han quedado pocas plantas capaces de ponerse a florecer ahora, aunque se suavicen las temperaturas. El año pasado también fue un mes muy tranquilo y apenas unas pocas especies otoñales dieron color al noveno mes del año.

Esta segunda mitad de agosto ha tenido un poco de todo. Desde las lluvias del día 16, día en el que uno se sentía en un ambiente similar al de los primeros días de otoño, hasta la exagerada subida de temperaturas que se dió el martes 26, un día muy cálido desde primeras horas de la mañana que llegó a dar una máxima de 40,2ºC en Sueca y algo menos en Cullera, alrededor de 36ºC que no fueron a más gracias a que las brisas marinas llegaron justo a tiempo. En general, no obstante, esta quincena ha experimentado una muy ligera bajada de las máximas y ha sido algo menos calurosa que la primera mitad del mes, con una disminución del ínidice ultravioleta, aunque la sensación de calor sigue siendo elevada debido a la alta humedad del aire.

Zephyranthes carinata
La terraza ha quedado bastante vacía de plantas después de la desaparición de prácticamente todas las anuales y la triste historia de siempre: las bajas de perennes que se pudren por exceso de humedad acumulada en las macetas. Me he decidido totalmente a no rendirme con esas especies y tomar cartas en el asunto, mejorando el drenaje de las macetas sea como sea. Además, he comprobado que el verano no implica inundar las macetas cada dos días, sino aportar una cantidad justa de agua para que las plantas no pierdan su buen aspecto. Decir que he llegado a regar algún día con sólo 15 litros frente a los 60 que he llegado a usar muchos días a finales de primavera y las plantas supervivientes presentan un aspecto más que decente, salvando claro los afeamientos causados por el calor y la edad.

Entre todo el ajetreo de ir preparando ya algunas cosas de cara a la nueva temporada y tras quedar la terraza más despejada, lo más satisfactorio es ver florecer por primera vez a plantas que todavía entrarían dentro de esta temporada, meses después de haber conseguido sus semillas o bulbos. En esta última quincena aún lo han hecho dos especies nuevas, una bulbosa y una trepadora, ambas originarias de México.

Oxalis bowiei
La bulbosa tuvo que ser rebautizada tras conocer su floración. Se trata de la Zephyranthes carinata, aunque los bulbos fueron adquiridos como Habranthus robustus. No tengo ningún problema con ello, dado que la especie sigue siendo muy bonita, con grandes flores rosa similares a las de un Hippeastrum aunque más gráciles. Son de los pocos bulbos que han tenido un éxito visible en 2014, y parece que los 10 que eran al principio siguen estando vivos y con un aspecto aceptable. Eso sí, la floración se ha limitado de momento a tres plantas con una flor cada una, de la cual sólo la de la foto la conseguí ver en su esplendor, pues se estropean muy deprisa. Además se cierran cuando se va la luz, con lo cual si hubiera ido a últimas horas de la tarde, ahora que el sol se esconde antes, quizá tampoco hubiera podido verla. La principal diferencia con Habranthus, que es un pariente muy cercano, es la forma de los pétalos y de los estambres; mis ejemplares coinciden totalmente con los de Zephyranthes. Parece que se animen a florecer cuando llueve, así que no descarto ver más flores las próximas semanas, aunque habrá que sacarlas de donde están dado que he de hacer cambios.

La trepadora que ha destacado y finalmente florecido en este final de mes ha sido la Ipomoea quamoclit, una especie de aspecto bastante curioso si se la compara con otras plantas del género. Las flores, con corola fusionada igual que las demás especies de Ipomoea, son pentalobuladas en lugar de circulares. Esto es, que en lugar de tener forma de campanilla o embudo, la tienen de estrella -más bien, de trompeta con el borde estrellado-, con el valor añadido de ser de un vivo color escarlata. Son, eso sí, más pequeñas que la mayoría de especies con flores acampanadas. Las hojas también marcan la diferencia y en lugar de ser las típicas acorazonadas, palmatilobuladas o sagitadas, están divididas en lóbulos de manera tan extrema que parecen pinnadas. Para hacerse una idea, son como pequeñas raspas de pescado de color verde. Es una planta de clima tropical y no ha tenido por tanto problema con el verano: al principio parecía que empezaba a perder fuerza al llegar a unos 40 cm. de alto, pero en estas últimas semanas ha pegado un estirón y ya alcanza el tope de los dos metros, lo cual quiere decir que el tallo más largo debe estar cerca de los 2,50 m. si se desenrollase. Ahora, a sacar todas las semillas que pueda, pues perdí bastantes con todos los intentos fallidos que hubo por el camino.

Ipomoea quamoclit
Algunas plantas que se encuentran ahora en flor, además de las pocas que todavía no han parado, podrían considerarse adelantos de la temporada 2014-2015. Es el caso de los Oxalis bowiei, que comenzaron a sacar alguna raíz tras apenas un mes guardados para replantar y fueron enterrados a principios de agosto; curiosamente, sólo han crecido y florecido en un extremo de la maceta, y no entiendo muy bien por qué, sería raro que en tan poco tiempo se hubieran estropeado el resto de plantas. Ahora mismo, salvo el Oxalis articulata que fue podado a ras recientemente, todas las especies de la familia en la terraza están sacando hojas, algunos tras un descanso y otros todavía desde primavera.

Sin duda, el factor que acompañará al mes de septiembre es el tiempo. Ello determinará si se pueden acelerar los trabajos de siembra y plantación o habrá que armarse de paciencia y esperar. Y, por supuesto, aparte de la esperada bajada de temperaturas, miramos con impaciencia al cielo: ¿volverá el régimen habitual de lluvias otoñales o encadenaremos otro fatídico período de escasez de precipitaciones?