viernes, 30 de septiembre de 2016

Otoño y el regalo de la lluvia

Erica gracilis
Septiembre es uno de los meses más esperados del año si se toma en cuenta el ritmo de la vida de las plantas aquí, en nuestra región y clima. Pone punto y final a un verano siempre caluroso y, sobre todo, trae la llegada de las lluvias más importantes del año. Importancia que se magnifica cuando nos encontramos en un año deficitario en cuanto a precipitaciones; rara vez, en una etapa así, los aledaños del otoño se quedan sin recibir agua hasta que no avanza la estación. En 2013, el peor inicio de otoño entre los más recientes, sólo se recogieron 2,3 mm. a principios de mes y no volvió a llover hasta octubre, con otra cantidad ridícula para la fecha (12,2 mm.) salvándose un poco la situación con lo que llovió en noviembre y diciembre, que no fue mucho de todos modos. Eso sí, veníamos de recoger 160 mm. en agosto en apenas unos días. Afortunadamente, el principio de este otoño ya sale ganando si se compara con el de aquel año.

Symphyotrichym novi-belgii
Este mes no empezaba del todo bien, con un aumento de temperaturas seguido de unas tormentas bastante llamativas que el día 13 pasaron de largo con bastante prisa y sólo dejaron 1 mm. acumulado mientras en el entorno de la ciudad de Valencia superaban los 50. Ha habido que esperar -poco, todo sea dicho- a que las nubes volviesen a entrar al Mediterráneo y finalmente decidieran descargar sobre nosotros. Y aunque ha llovido en todo el mes lo que solía llover en un par de días de un septiembre típicamente lluvioso, lo cierto es que no nos podemos quejar: 70,9 mm. en 4 días de lluvia de los que habría que destacar el pasado lunes, con casi 25 mm. en una hora, y el jueves, con 17 en la menos de la mitad de ese tiempo. No menos llamativo fue el viernes 23, cuando se produjo una espectacular tormenta eléctrica. Las temperaturas han ido teniendo altibajos, con unas máximas que rondan los 25ºC y mucho calor debido a la alta humedad y unas mínimas que han aumentado desde los frescos valores de mediados de mes, quedándose otra vez cerca de los 20ºC.

Jasminum grandiflorum
En la terraza todo está listo para ir desplegando los preparativos para la próxima temporada. Tras dejar un tiempo el contenedor sin tocar hasta que fuese necesario, el domingo pasado saqué las plantas que todavía quedaban y las pasé a una vieja maceta que hice con una garrafa de 10 litros y que casi nunca contenía plantas salvo algunas adventicias autosembradas. Justo a tiempo, las lluvias copiosas llegaron después y han valido tanto para remojar a conciencia la tierra removida en donde coloqué las plantas como para empapar la tierra también removida y vuelta a nivelar del contenedor, en donde ya se ven decenas de plántulas germinadas que, según la especie de que se trate, se quedarán ya allí a completar su vida. Entre las plantas desplazadas se encuentra Erigeron karvinskianus, una pequeña asterácea de largos tallos con diminutas margaritas blancas que sembré el año pasado en el contenedor, pero que frenó su desarrollo al ser privada de luz por otras plantas y no retomó su ritmo hasta verano; para más inri, cuando ya iba a florecer fue picoteada por los gorriones y finalmente retrasó su crecimiento y floración hasta agosto, muy cerca de la época en la que el contenedor pasa por su reinicio. Parece, no obstante, que ha aceptado bien su nuevo emplazamiento, al igual que el resto de plantas trasladadas.

Ipomoea purpurea 'Carnevale di Venezia'
Aunque los bulbos apenas asoman y sólo los Muscari armeniacum e Ipheion uniflorum tienen hojas, he cometido el fallo de no dejar en su sitio las especies que a lo largo del verano revisé y volví a plantar con algo de sustrato nuevo aprovechando su reposo. Me gustaría también haber plantado previamente a alguna de estas jornadas de lluvia, pero confío en que octubre vuelva a traer algún episodio de precipitaciones y haya otra ocasión para hacerlo. Tengo intención de plantar a la mayor brevedad posible y dejar ese asunto solventado, centrándome en los semilleros, que finalmente comencé durante la semana pasada primero haciendo hincapié en las perennes, pero parece ser ya buen momento para hacer lo mismo con las anuales.

Symphyotrichum novi-belgii
También algo tarde han vuelto, como todos los años, varios Oxalis. Los bowiei han tenido un crecimiento tardío y discreto, dejando la parte central de la maceta donde se encuentran, vacía; en cambio, las especies a las que les renové el sustrato, Oxalis triangularis y latifolia, han rebrotado mejor que en años recientes, llenando por completo sus respectivas macetas. Eso sí, el segundo no hace mención de florecer y lleva así desde febrero de 2014. Confío en que este nuevo aporte de nutrientes pueda solventar dicha situación. De la misma manera, el veterano Symphyotrichum novi-belgii ha vuelto este año con más fuerza que en ninguna temporada previa -a excepción de la primera- tan sólo por haber removido el sustrato y rellenado con algún aporte de tierra usada. Previamente a la próxima temporada de crecimiento, en invierno, volveré a renovarle el sustrato esta vez con material recién comprado, a fin de intentar que cada año pueda crecer más y mejor. Lejos sigue quedando aquella mata cargadísima de flores que engalanó la terraza en otoño de 2012.

Erigeron karvinskianus
Muchas de las plantas en flor durante estos días son, como casi todos los años, plantas nuevas adquiridas durante estos meses. Así, uno de los nuevos inquilinos de la terraza es un Jasminum grandiflorum, planta muy típica en los jardines de nuestra región que se caracteriza por su estupendo aroma y floración prácticamente ininterrumpida. También ha llegado un brezo sudafricano, Erica gracilis, cargadísimo de flores rosadas que espero permanezcan durante semanas y que lleguen a ser atractivas para algún insecto. Por su parte, el escueto crecimiento de las trepadoras sembradas en verano todavía deja de vez en cuando ver alguna flor, con la Thunbergia alata en un estado aceptable de floración diaria y algunas Ipomoea floreciendo de manera esporádica, como la Ipomoea purpurea 'Carnevale di Venezia'.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Insectos en septiembre

Amegilla garrula
Con las grandes diferencias que ha tenido el mes de septiembre, no solo en cuanto a tiempo atmosférico sino al número de plantas que quedan en flor en la terraza, la aparición de diversas especies de insectos ha sido un tanto caprichosa. No obstante, las escasas observaciones han tenido muchos momentos interesantes, dándose a conocer algunas especies no vistas hasta ahora o produciéndose el regreso de algunas que no se habían visto en meses. Sea como fuere, las principales visitantes de las plantas, las abejas, se encuentran ya en un punto bajo de su ciclo y la mayoría de especies habituales hasta hace poco han ido ya desapareciendo o dejando de prestar atención a las flores que quedan.

Villa sp.
Nada más comenzar el mes pude registrar, aunque demasiado brevemente, una nueva especie de mosca observada en la terraza perteneciente a una familia que se caracteriza por alimentarse en las flores. Se trata de una Villa, género muy amplio con especies muy similares entre sí, perteneciente al clado de las Bombyliidae, las llamadas moscas abejorro. Hasta ahora sólo había visto en Cullera -y la única vez en mi vida- un ejemplar del género Bombylio, una especie peluda con una trompa convertida en un tubo recto succionador de néctar. En la Villa, el aspecto es más cercano al de una mosca al uso, aunque con grandes alas oscuras que reposan extendidas hacia los lados. Lo que me llamó la atención enseguida fue observarla en vuelo, llegando a pensar que se trataba de alguna especie de abeja tampoco vista hasta ahora. Su vuelo cernido y cambios de dirección rápidos la hacen parecerse bastante a algunas especies de abeja de vuelo poderoso y directo. Debido a esta manera de moverse, apenas conseguí hacerle algunas fotos cuando se posó antes de marcharse definitivamente, sin más observaciones en días posteriores.

Evania appendigaster
El regreso más llamativo ha sido el de la Amegilla tentativamente asignada como la especie A. garrula, que vi una única vez al comienzo de julio. No sólo ha aparecido en diversas ocasiones en la terraza, sino que he tenido la oportunidad de observar ejemplares muy parecidos en el campo que no han hecho más que ampliar las dudas. Los ejemplares que vienen a la terraza siempre son iguales: hembras con escopas peludas en sus patas traseras, abdomen color pajizo con bandas ralas de pelo oscuro y ojos verdes, con dos marcas verticales en la cara. Sin embargo, en el campo he observado ejemplares que cumplen todas las características con la salvedad de que el abdomen poseía bandas negras y claras bien definidas; además, con ellos aparecía de vez en cuando algún ejemplar totalmente cubierto de pelo castaño rojizo. Parece tratarse de machos y hembras, pero desconozco si aquéllos tienen relación con la especie que se presenta en la terraza. Sea como fuere, las escasísimas flores que quedan, sean las escabiosas o, más a menudo, la Buddleja, han sido suficientes para realizar observaciones y fotografías de esta especie que tanto recuerda en comportamiento a su pariente primaveral Anthophora plumipes. En el campo observé que las albahacas atraían a estas abejas, haciendo caso omiso de las lavandas o romeros. En la terraza florecerá en breve una albahaca que ha crecido discretamente toda la temporada, pero quedará algo justa de tiempo, pues seguramente las abejas solitarias no duren mucho más.

Eupeodes sp.
Sí ha habido, sin embargo, presencia continuada de otras especies de abejas solitarias durante todo el mes, que presumiblemente también llegarán a permanecer en octubre. Las Lasioglossum han sido observadas hasta esta semana, aunque han disminuido su presencia notablemente. Se mantienen algo más estables las Hylaeus, que curiosamente son mucho más frecuentes en la única menta del balcón de casa que en la misma planta -acompañada por otras dos especies más del mismo género- que hay en la terraza, ambas con pocas flores ya. De las Megachile hace tiempo que no sé nada, ausentes quizá desde muy a principios de mes, aunque todavía he observado recortes de hojas en algunas plantas que parecen haber aparecido recientemente. En otro punto, en Sollana, todavía observo con frecuencia a otras especies del género que a estas alturas están construyendo nidos o buscando agujeros donde hacerlo.

Amegilla garrula
Las moscas tampoco abundan demasiado durante este mes, incluso las de costumbres necrófagas. Los sírfidos, por su parte, han tenido su mayor representación en la Syritta pipiens, aunque hace dos semanas se dejó ver por unos instantes una especie de Eupeodes de tamaño grande que no había visto hasta ahora. "Grande" si se la compara con la frecuente Eupeodes corollae: la observada era del tamaño aproximado de una mosca común y se detenía a recoger néctar en los pequeños estambres de la Gaura y una Commelina. En otro orden de cosas, las avispas tampoco han tenido mucha presencia en la terraza más allá de las típicas Polistes. Eso sí, pude finalmente fotografiar -e identificar- a la pequeña Evania appendigaster, una avispa de color negro y largas patas traseras parecidas a las de un saltamontes que llevo viendo de manera puntual desde hace años. Se trata de una especie que parasita las ootecas de las cucarachas, resultando pues beneficiosa de manera indirecta para nosotros, principal objetivo de dichos insectos. Además de dípteros e himenópteros, a la esfinge colibel la he observado realizando de vez en cuando visitas vespertinas a las flores de la Buddleja. A partir de ahora, no obstante, vendrán los meses de menor actividad en los que las primeras flores nuevas apenas recibirán visitas de polinizadores más allá de las siempre atentas abejas de la miel y algunas mariposas que siguen activas en invierno.

martes, 20 de septiembre de 2016

Un paso hacia el otoño



Durante la última semana las condiciones ambientales y meteorológicas han conseguido devolver a su cauce el progresivo viaje hacia el otoño. Septiembre comenzó batiendo todos los récords de calor; mes de septiembre más cálido en décadas, días y noches más cálidos de todo este verano de 2016... Las temperaturas dieron su pico máximo de manera repentina el domingo día 4, con un calor intenso que se prolongó un par de días más y fue dejando su rastro patente hasta la llegada del primer frente de tormentas el pasado martes día 13.

Las lluvias no fueron gran cosa -1 l./m² para Cullera- pero la mayor intensidad se produjo en el interior peninsular, con lo que esta vez el viento de poniente que sopló durante días fue reduciendo las temperaturas a medida que se llevaba también parte de la humedad. Con ello, desde hace una semana las temperaturas por fin han ido estabilizándose en valores que rondan los 25ºC de máxima y 18 de mínima, todavía similares a los de la segunda mitad de la primavera. En zonas abiertas y más alejadas de la costa, eso sí, las mínimas ya caen por debajo de los 15ºC con asiduidad.

En la terraza, la actividad se ha reducido al mínimo. Riego con apenas 15-20 litros a cada visita y ya me puedo permitir dejar sin atender a las plantas durante tres días. Por otra parte, el grueso de la actividad ya empieza a concentrarse en los semilleros para la próxima temporada, que tendrán bastantes semanas de trabajo, pero espero que valga la pena y la recompensa se traduzca en muchísimas más flores al año que viene. Sobre el tiempo, parece que 2016 sigue en su línea de ser el año más seco y con las precipitaciones más localizadas de la última década. Sobre el horizonte, parece que comienza a vislumbrarse para la semana que viene una concentración de nubes sobre el Mediterráneo que debería darnos ya las primeras lluvias otoñales de importancia.

En el vídeo observamos el amanecer del jueves día 15 grabado en time-lapse desde las inmediaciones de la orilla sur de la laguna de L'Estany Gran de Cullera, donde se aprecia la cantidad de nubes viajando hacia el este que tuvieron lugar aquellos días.

lunes, 5 de septiembre de 2016

El verano golpea al final

Portulaca umbraticola
Que el verano no termina hasta finales de septiembre es algo que cada año tengo presente, especialmente para no tener que arrepentirme por empezar demasiado pronto con los preparativos para la temporada siguiente. Siempre cabe la posibilidad de que haya días calurosos en septiembre, hasta en octubre o incluso noviembre, pero cuanto más tarde se producen más anecdóticos resultan, pues suelen ser jornadas aisladas en las que el sol calienta toda la península y el viento del oeste se encarga de hacer un trueque en nuestra contra: humedad ambiental por calor. De manera inusual, en todo 2016 no habíamos tenido todavía ningún episodio de poniente importante más allá de aquellos días de enero de temperaturas primaverales. Sin embargo, ayer se repitió una situación muy parecida a la de aquel 14 de mayo de 2015, en el que llegó una masa de aire cálido del sureste que estuvo azotándonos todo el día y que, para terminar de rizar el rizo, viró a poniente volviendo a pasarnos por encima todo el calor acumulado en el interior.

Ha habido unas cuantas diferencias respecto aquella ocasión, aunque mínimas. Por la mañana los 30ºC se superaron pronto: aunque cueste de creer, no habíamos rebasado ese valor en todo el mes de agosto, que ha resultado ser bastante benevolente. El tope de ayer se había quedado en 34,1ºC por la tarde, pero con el giro del viento a poniente, el arrastre de calor ha conseguido sobrepasarlos ya con el sol escondido: 36,6ºC a las 21:20, la temperatura más alta en Cullera en 2016. En Sueca hemos llegado a los 39, y todavía me sorprende que no se hayan rebasado, aunque fuese por poco, los 40.

Hoy de nuevo nos queda por delante una jornada calurosa, quizá más que cualquier día del pasado agosto, y parece que parte del resto de semana será así. Las plantas, por suerte, ni se han inmutado gracias al riego adecuado que reciben cada dos días. Aunque no deje de ser una curiosidad y quizá en unas semanas nos hayamos olvidado, es hasta frustrante pensar que el verano ha esperado escondido para dar su mayor golpe a pocas semanas de su fin. A largo plazo, es todavía más decepcionante comparar lo irregular que se ha vuelto septiembre, con años recientes en que todavía se recogían más de 200  mm. de lluvia en todo el mes y refrescaba por la noche, hasta volverse ocasionalmente en una exagerada prolongación del verano meteorológico. Es más, incluso el año pasado, con todo un mes de julio tan agobiante como el día de ayer, a finales de agosto el tiempo dio una tregua y para estas fechas tuvimos las precipitaciones más importantes del año. Precipitaciones que ahora estamos esperando con impaciencia.

miércoles, 31 de agosto de 2016

Abejas de agosto

Hylaeus pictus
Con un espacio lleno de flores interesantes para las abejas, la presencia de diversas especies de estos insectos parece que se puede mantener con relativa frecuencia durante todo el verano, etapa en la que en años anteriores era precisamente la falta de flores la que hacía de las observaciones de abejas algo totalmente anecdótico. Sí es cierto que, por ejemplo, observo abejas de la miel hasta en las flores que tienen a la venta en la calle algunas tiendas y a la terraza apenas han llegado a verse durante este mes, pero el verdadero protagonismo recae sobre las especies solitarias, generalmente de pequeño tamaño, que siguen enfrascadas en su búsqueda de alimento para llevar adelante a la próxima generación, que deberá aguardar en su nido hasta la temporada próxima.

Hylaeus sp.
Si bien las mismas especies de flores que quedan desde finales de junio y tenían su estatus de importancia para las abejas siguen llamando su atención, no hay duda de que el aporte de algunas lamiáceas perennes ha dado un pequeño bonus a estas incansables trabajadoras. A principios de mes traje una Lavandula x allardii que vino ya con la floración comenzada y que a los pocos días se convirtió en la preferida de las Megachile, que ya parece que comiencen a hacer menos caso a las Helenium -aunque siguen en flor- y que hasta ahora sólo tenían cierto interés en las Scabiosa y las Cardiospermum, que también han entrado ya en decadencia. Aunque las Megachile siguen observándose a diario, en el momento que la lavanda se quedó sin flores su presencia ha disminuido. La otra lavanda que adquirí, Lavandula dentata, lleva intentando florecer desde hace unas semanas y su aspecto no parece ser el más óptimo, pues empezó a perder tallos enteros a los pocos días de traerla. Con todo, espero que se regenere este otoño y florezca: por lo que suelo ver en ejemplares plantados en el monte, la especie se mantiene en flor durante gran parte de los meses suaves del año.

Lasioglossum sp.
Como en el mes pasado, en agosto las especies mayoritarias han sido, prácticamente en exclusiva, las de pequeño tamaño. Aquellas dos Lasioglossum distintas, las de abdomen gris y negro y las de segmentos ribeteados de rojizo, se han ido presentando con frecuencia en busca siempre de flores de pequeño tamaño. Con todo, la más frecuente es la de las bandas grises. Tampoco descartaría, no obstante, una identidad similar a la de las Megachile: quizá las de abdomen sin bandas sean los machos de la misma especie, pues casi siempre estos ejemplares tienen antenas y abdomen alargados, rasgos propios de los machos, y no recuerdo haber visto a ninguna con las patas llenas de polen. Esto merece sin duda algo más de observación, eso sí, si durante lo que queda de verano siguen frecuentando la terraza. De momento siguen teniendo flores a su disposición, y además de las especies que más suelen gustarles.

Megachile sp.
El mes todavía ha permitido conocer algunas especies nuevas. Tras la lluvia del día 10 empecé a observar las pequeñas abejitas que visitaban la Buddleja davidii, que con su pequeña talla y vuelo nervioso no llegaba a observar con detalle y, por asimilación, di por hecho que serían Lasioglossum. Nada más lejos, cuando tuve oportunidad de verlas quietas y fotografiarlas, observé que se trataba de Hylaeus. Al principio no me paré a comparar imágenes y supuse que pertenecían al mismo tipo de las que vienen en primavera en gran cantidad, pero en una observación detallada se aprecian caracteres diferenciales. La especie que viene en primavera se presenta en dos formas, una de ellas con el abdomen rojizo y varias partes de su cuerpo con un vistoso color amarillo. No hay ninguna parecida entre las observadas estos días, y los ejemplares oscuros, similares a aquéllos de primavera, presentan algunas diferencias. Por ejemplo, no poseen el rebode amarillo en la parte anterior del tórax y, en cambio, toda la mitad inferior de sus patas es de dicho color, mientras que en las de primavera las patas son enteramente negras con una banda amarillo pálido en el centro. Además, por lógica, es probable que se trate de una especie distinta con una época de vuelo diferente a las observadas en primavera. Sea como fuere, no han dejado de aumentar en número durante estos días.

Lasioglossum sp.
Pero no es la única de su género observada este mes, si bien para encontrar novedades tendremos que cambiar la terraza por un balcón. Cuando adquirí la Mentha x rotundifolia lo hice por partida doble, dejando una para casa para futuros fines culinarios. Mi calle en Sueca, que es esencialmente urbana con la única presencia de un jardín exclusivamente de árboles, ha resultado ser otro punto de esos en los que las abejas aparecen como por arte de magia en cuanto dejamos una planta interesante a su alcance. Tan pronto como la dejé allí llegaron las mismas Lasioglossum que en Cullera, y poco después las mismas Hylaeus mencionadas en el párrafo anterior, de las cuales llegan a reunirse hasta 20 sobre la misma planta. Sin embargo, se presentó una especie visiblemente distinta, Hylaeus pictus, que no he visto nunca en Cullera. Aunque no deja de ser pequeña, es claramente más grande que las demás Hylaeus y las Lasioglossum, además de presentar un llamativo colorido negro y amarillo. La he observado también en Sollana, donde a su vez he visto especies de Halictus y Megachile no observadas en la terraza. No son las únicas abejas solitarias que he ido viendo en el campo durante este mes y que nunca he podido ver en la terraza. La más destacable es una especie de Amegilla, probablemente Amegilla quadrifasciata, una abeja robusta y peluda similar a las Anthophora que durante el mes de agosto he observado de manera escasa pero frecuente en el límite entre el monte y los arrozales de Cullera, así como en las motas de los caminos cercanos al río Júcar en Sueca. Quizá es tarde o directamente improbable, pero tomo nota para intentar tener al año que viene mayor cantidad y variedad de plantas capaces de aguantar todo el verano en flor a fin de conseguir más variedad de abejas, que, dentro de lo que cabe, sé que están cerca y por tanto existe la probabilidad.

martes, 30 de agosto de 2016

Conclusión de agosto

Mentha x rotundifolia
Agosto llega ya mañana a su fin y ha sido, como la mayoría de veces, un mes calmado en el que ya pocas plantas lucen su mejor aspecto y uno empieza ya a centrarse en planificar la siguiente temporada. También, aunque el mes ha acumulado algunas precipitaciones -el último día de lluvia, el 16, se dieron 0,8 mm.- lo cierto es que el verano prosigue, y según las predicciones inmediatas parece que no sólo eso, sino que en los primeros días de septiembre volveremos a recordar que el calor no tiene por qué irse de golpe nada más comenzar este mes. No se prevé por tanto que se dé una situación similar a la de años pretéritos, en los que las primeras lluvias de importancia llegaron muy pronto: a finales de agosto en 2012 y 2013 y durante los primeros días de septiembre el pasado 2015. Las predicciones a largo plazo apuntan que el otoño será cálido y menos lluvioso de lo habitual, y visto lo visto, con el déficit de precipitaciones que arrastramos, no sería de extrañar que volviésemos a vivir una situación tan dramática como la del otoño de 2013, el más seco de las últimas décadas. Un hándicap a tener en cuenta de cara a la siembra, que es preferible comenzarla cuando el tiempo se empiece a suavizar.

Ipomoea x sloteri
En la terraza hay pocas plantas que pertenezcan genuinamente a estos días de agosto. Sembré una gran cantidad de trepadoras, todas ellas de climas tropicales y por tanto aptas para el verano, pero ninguna de ellas ha conseguido sacar provecho del sustrato donde se encuentran y todas presentan taras y carencias en su follaje, lo que acaba afectando también a la floración. Así, aunque las dos especies que ilustran la entrada sean nuevas, la sensanción de que no están todo lo bien que deberían empaña esa alegría. La de color rojo es una Ipomoea x sloteri, una forma alotetraploide que deriva del híbrido natural Ipomoea x multifida, que a su vez surge del cruce entre la I. hederifolia y la I. quamoclit. Esta última, que también cultivo, tiene flores similares aunque con lóbulos más estrechos que le dan forma de estrella de cinco puntas al extremo de la corola, que en la x sloteri es pentagonal. La quamoclit, por cierto, también la he cultivado este verano y ha muerto después de no conseguir estar verde ni cuando germinó. En general, este problema ha afectado a todas las trepadoras, que ni con quelato de hierro han mejorado. Lo mismo ha ocurrido para la sudafricana Thunbergia alata, de flores amarillas con centro oscuro, que a pesar de que está comenzando a florecer a mayor ritmo tiene un aspecto raquítico y amarillento.

Thunbergia alata
El segundo bloque a comentar sobre agosto sería la adquisición de diversas especies de lamiáceas perennes de las que empiezo a hacer acopio de cara a la próxima temporada. Dos lavandas, que habrá que ver cómo se desenvuelven puesto que parece que no estén del todo a gusto en macetas, y tres mentas, entre las que se encuentra la Mentha x rotundifolia de la foto, un híbrido que como su especie parental Mentha suaveolens florece en pleno verano. Las florecillas blancas han sido una salvaguarda para multitud de abejas y otros polinizadores. También he adquirido una nueva menta poleo, dado que el ejemplar que he tenido este año estaba moribundo, como descubrí al intentar trasplantarlo. La misma suerte ha corrido la Salvia officinalis, que desgraciadamente ha ido decayendo progresivamente y he sustituido ya con un nuevo ejemplar que espero poder mantener hasta primavera. Del resto de especies similares tengo semillas, semillas que tendrán que esperar un poco a que el verano quiera dar algo de tregua.

lunes, 29 de agosto de 2016

Artrópodos veraniegos

Codophila varia
Con las altas temperaturas, los pequeños seres con exoesqueleto se encuentran en estado de gracia. Arácnidos e insectos se mueven a todas horas y en la terraza tienen, a pesar de encontrarse ya en decadencia, su jungla particular. Sus intenciones pueden ser beneficiosas, perjudiciales o neutras, según la especie: las perjudiciales, al menos, parece que han remitido bastante. Los ataques de cochinilla algodonosa y cochinilla acanalada parecen haber remitido después de haber matado a varias dedaleras, y de los pulgones hace tiempo que no sé nada. Parece, eso sí, que quedan arañas rojas en alguna que otra planta. Y es que, a pesar de que algunas veces observo mariquitas y crisopas, los depredadores de plagas siguen siendo otros grandes ausentes en la terraza.

Thomissus onustus
No podría considerarse como realmente perjudicial al primero de los protagonistas de la entrada, una chinche de escudo Codophila varia. Aunque estas especies se alimentan de los jugos de las plantas, lo cierto es que en la terraza sólo suelen estar de paso y rara vez dañan a las especies allí presentes. Este ejemplar en concreto, muy calmado, salió de entre unas flores secas de una de las Scabiosa atropurpurea que me disponía a cortar para extraer y guardar semillas. No he vuelto a verlo en días posteriores, aunque sí me he encontrado a su pariente y habitual de la terraza, Graphosoma lineatum, el cual poca comida va a encontrar ya estos días. He observado alguna especie más de chinche, aunque de pequeño tamaño, que no he podido fotografiar o, mejor dicho, no lo he intentado debido a la escasa talla y el nerviosismo de la criatura en sí.

Hermetia illucens
Las moscas tienen siempre bastante presencia en la terraza, aunque actualmente no tanta como en primavera. No obstante, aún he observado en repetidas ocasiones a algunos sírfidos como Syritta pipiens, Eristalis tenax y Eristalinus aeneus, este último tras una ausencia prolongada, pues suele resultar más frecuente su pariente Eristalinus taeniops. Mención aparte son las moscas que acuden al compost, aunque allí me topé con un esperado regreso: el de la mosca soldado negra (Hermetia illucens), una especie grande introducida desde América con gran valor a la hora de procesar las fibras vegetales más duras, algo que otros insectos no pueden hacer, ni mucho menos las lombrices. Sus grandes larvas deben haber estado alimentándose de los restos vegetales y estos días han empezado a emerger. Todavía recién salidas de su pupa, se pueden coger con la mano sin que escapen, pero a los pocos minutos ya serán capaces de volar.

Codophila varia
Aguardando entre las flores se encuentran todavía las feroces arañas cangrejo, que aprovecharán hasta el último momento en que queden flores donde puedan esconderse. Esta vez han acertado, todo hay que decirlo, al escoger las cabezuelas de las escabiosas, que si bien sólo durarán unos días hasta que empiecen a formar semillas, son un buen escondite que además cuenta con comida a domicilio, pues son flores cuyo polen resulta atractivo para las todavía frecuentes especies de abejas de pequeño tamaño que visitan la terraza estos días. Desconozco qué ocurre con ellas cuando las flores desaparecen del todo, pero cabe destacar, por ejemplo, que el ejemplar que aparece en la foto con las flores rosadas parece que ha ido cambiándose de una cabezuela a otra y ahora tiene el abdomen mucho más abultado: no sería raro que fuese una hembra grávida a punto de dejar todo listo para producir una generación de arañas para el año que viene.

Thomissus onustus
Otras criaturas han visitado la terraza, sin poder llegar a fotografiarlas. Varias mariposas, entre ellas las conocidas esfinge colibel, la cual he visto varias veces durante la temporada y aún así no he sido capaz de grabarla a fin de incluirla en algún vídeo, o la mariposa del geranio. También varias polillas de pequeño tamaño, aunque un ejemplar de mayor talla con un aspecto que no me recordaba a ninguna que conociese salió volando de entre unos tallos, se escondió en el rincón trasero de la terraza y no fui capaz de relocalizar. También, cómo no, las avispas papeleras se presentan a diario, así como la pequeña avispa alfarera Odynerus, que al parecer se pasea entre las plantas no en busca de flores, sino de presas para surtir el nido donde depositará sus huevos.

sábado, 13 de agosto de 2016

Agua de agosto

Rumina decollata
Como viene siendo habitual en estos últimos años, en el mes de agosto, a pesar de su carácter plenamente estival, las lluvias pueden hacer acto de presencia con cierta relevancia. El pasado día 10 tuvimos el que es, de momento, el día individual en que más ha llovido de todo 2016: 21,3 mm. acumulados en apenas unas horas. Resulta paradójico, pero cuando comprobemos el balance pluviométrico mensual de este año, veremos que en agosto ha llovido más que en marzo; sin embargo, la lluvia más repartida y las temperaturas más suaves del tercer mes del año hacen que las precipitaciones tengan más relevancia. En agosto, y más en una fecha tan temprana, su efecto se irá diluyendo a medida que los días pasen y el calor prosiga.

Calor que, todo hay que decirlo, durante la mañana del pasado miércoles se ausentó por unos momentos. La gruesa capa de nubes vino durante las horas de más sol y calor del día, con lo que la luz diurna era poco más patente que la de un amanecer; las temperaturas llegaron a descender hasta los 18,7ºC de mínima alcanzados a las 13:26, en pleno mediodía. No sólo fueron más bajas a esas horas que en las madrugadas previa y posterior, sino que se trata, por el momento, de la temperatura más baja de este verano.

Este aporte de agua ha venido bastante bien a la terraza y me ha permitido guardar bastante agua de lluvia para posteriores usos. Los pequeños animales allí presentes también han sacado provecho a su manera, como la típica llegada de abejas poco después de que haya salido el sol que encuentran rápidamente polen en algunas flores. Además he podido descubrir que todavía quedan por allí caracolas Rumina decollata, una especie que despierta más simpatías que el caracol de jardín, pues son omnívoras y capaces de depredar sobre dichos caracoles, con lo cual se trata de una de esas criaturas beneficiosas que siempre da gusto ver.

sábado, 6 de agosto de 2016

Medio verano



Hoy llegamos al ecuador exacto del verano. Parece mentira, pero todavía quedan otros 47 días hasta que llegue el equinoccio de otoño, si bien solemos dar por terminado el verano una vez comienza septiembre, o bien cuando las tormentas que suelen llegar en ese mes, en fechas variables, calman un poco el calor ambiental. La realidad es que agosto acaba de empezar y por tanto todavía nos quedan por delante muchas jornadas en las que pasar calor. El primer día del mes, el pasado lunes, los cielos se cubrieron y llegó a llover, dejando 1 mm. en Sueca pero nada en Cullera. En los últimos años, el mes de agosto suele ser algo impredecible con las tormentas y tanto puede estar exento de lluvias como producirse acumulaciones importantes.

Entre las plantas, poca novedad ya, con un patrón que mantiene más o menos lo mismo de los últimos días de julio, con la ausencia de algunas especies que van terminando su floración. Por tanto, y por las pocas novedades que hay que contar, he elegido esta entrada para mostrar el vídeo resumen del pasado mes de julio, que como siempre se detalla escena a escena.

Comenzamos con asteráceas. Primero, observamos los grandes capítulos de la Leucanthemum x superbum, obtenida de semilla y que quizá ha tardado demasiado en florecer, durando poco más de un mes. Lo mismo han sufrido las anuales Zinnia haageana y Zinnia angustifolia, que sembradas ya en primavera apenas han tenido tiempo para desarrollarse bien: a la próxima, siembra en otoño. Más cargadas de flores se presentaban sendas Angelonia angustifolia, que no parecen tener problema con el intenso sol veraniego. Lo mismo para la Mandevilla sanderi, de flores rojo intenso, cuyo carácter tropical la hace perfecta para este ambiente estival.

Una Megachile macho busca alimento entre las flores de una Scabiosa atropurpurea. Estas abejas han tenido una importante presencia durante el mes de julio, especialmente alrededor de la siguiente planta en aparecer, la Helenium autumnale, de vivas cabezuelas rojigualdas. Tras ella observamos las flores de un Delphinium, de aspecto impecable, visitadas por otra abeja muy frecuente este verano, una Lasioglossum. Frente a ellas se encuentra la Lobelia cardinalis, de vivas flores de color rojo que este año están teniendo su mayor despliegue hasta la fecha, con cuatro espigas a la vez.

Volvemos a los insectos, primero con una avispa alfarera Odynerus y acto seguido nuevamente una Lasioglossum, en esta ocasión visitando una de sus flores predilectas, la de un coleo, las cuales están produciendo semillas, algo a lo que sin duda deben haber ayudado las reiteradas visitas de las abejas. Tras ambas, vemos a un himenóptero mucho más grande, un abejorro, enfrascado en la tarea de buscar alimento en las flores de la Buddleja davidii.

Finalizamos el vídeo entre los cactus. Primero, la floración del ya veterano Ferocactus herrareae, y para concluir, la escena de la araña cangrejo con una abeja capturada entre sus quelíceros que se produjo sobre el pequeño Mammillaria nejapensis.

domingo, 31 de julio de 2016

Verano de abejas

Amegilla garrula
Las altas temperaturas del verano son una bendición para los insectos, que tienen carta blanca para desplazarse todo el día sin más preocupación que encontrar alimento. Entre ellos, claro está, las abejas son una gran parte, y su actividad no cesa durante el periodo estival. Otra cosa es que acudan a la terraza y encuentren flores, cosa que en verano es algo más complicada debido a que muchas plantas floríferas ya han muerto para entonces y las perennes que quedan no siempre son especies atractivas por su polen. Sin embargo, a poco que consigamos tener alguna planta que interese a las abejas, allí estarán. También hay que tener en cuenta otros factores, como los períodos de vuelo de determinadas especies, lo cual explica una ausencia que no se debe a la falta de comida sino a la simple desaparición de los adultos durante esta época del año.

Bombus terrestris
La primera especie que aparece en las fotos que ilustran la entrada no ha dado oportunidad a despejar las incógnitas que su propia presencia planteó. La identifiqué como Amegilla garrula por similtud con esta especie, aunque esta determinación podría ser incorrecta. Morfológicamente no quedan dudas al situarla como cercana a Anthophora; del género Amegilla he observado tanto en Cullera como en Sueca ejemplares que parecen corresponder a Amegilla quadrifasciata, observados durante estos días en algunas visitas en zonas de monte bajo y en los márgenes de los caminos del río. Una nueva observación de esta abeja podría facilitar las cosas, pues su visita fue breve y no he vuelto a verla ni siquiera de pasada en todo el mes. Me di cuenta de su presencia porque entró y salió de casa mientras regaba las plantas, produciendo un sonoro zumbido y aferrándose con sus mandíbulas de los tallos de algunas plantas que guardo colgadas para sacar semillas. Apenas permaneció un rato en la terraza y fue gracias a que una Monarda citriodora todavía conservaba unas pocas flores que despertaron su interés. Recuerdo una observación similar, de una abeja voluminosa con rayas y tórax peludo de color castaño en agosto del año pasado, la cual tampoco volvió a repetirse. Como detalle aprendido, quizá tendría que intentar buscar algunas especies de lamiáceas de flores grandes, tipo salvia o esta Monarda, que florezcan durante todo el verano, con lo que quizá consiga afianzar la visita de este tipo de abejas.

Lasioglossum sp.
No mucho más prolíficas han sido las visitas de los abejorros. Concretamente dos, la misma semana, y el mes termina sin nuevas observaciones. Por suerte, la segunda vez que observé un ejemplar permaneció durante un buen rato acicalándose sobre la Buddleja antes de ponerse a buscar polen. La foto de rigor pudo hacerse bien dentro de lo que cabe, y todavía es la primera vez que consigo sacar una foto así de esta especie en la terraza, pero me confié demasiado a la hora de grabar una toma de vídeo: corté mientras grababa para buscar un encuadre mejor y el abejorro acabó marchándose. A pesar de ser abejas sociales tan activas y trabajadoras como las abejas de la miel, parece ser que no entra en sus planes perder tiempo dentro de la ciudad, donde casi siempre la cantidad de flores que les aporten alimento suele ser escasa o nula. Y es que, a diferencia de otras regiones y países, en nuestro entorno la gente suele conformarse con las pocas especies de plantas "de toda la vida" que se encuentran en las tiendas, la inmensa mayoría de veces tropicales que no llegan casi nunca a florecer o los muy vistos geranios Pelargonium híbridos. En los jardines y casas de campo tampoco aumenta la variedad. Al final, los abejorros poco beneficio sacan de los núcleos urbanos, si bien los cultivos de frutales y hortalizas ya son otra cosa.



Lasioglossum sp. ♂
Las mayores representantes del mundo de las abejas durante este mes de julio han sido sin duda dos géneros: Megachile y Lasioglossum. Las primeras se habían ausentado, no del todo, desde aquellos días de todavía abundancia de flores a principios del mes pasado. Fue comenzar la floración de las Helenium autumnale y, de repente, su número aumentó exponencialmente. Al tratarse de abejas con escopa en la parte inferior de su abdomen, las flores con grandes cantidades de polen en su superficie facilitan el trabajo de recogida a las hembras de este género. Tengo dudas sobre si lo que estoy observando son dos especies o simplemente una con acusado dimorfismo sexual. Las hembras, con escopa, ojos negros y constitución más robusta, tienen bandas grisáceas en su abdomen. Los machos, con antenas largas, abdomen esbelto sin escopa y ojos verdes, tienen las bandas del abdomen y el pelo del tórax de color dorado. Además, en el vídeo en que aparecen sobre las Helenium, con machos tanteando a las hembras, sólo aparecen de estos dos tipos. En el siguiente vídeo se observa a una hembra (o varias, aunque seguramente sea la misma) regresando varias veces a por fragmentos de hojas para construir su nido. Dado que volvía a por más trozos cada poco más de dos minutos, no es descartable que el nido esté muy cerca de la terraza.



Lasioglossum sp.
El siguiente género, las Lasioglossum, también podría estar representado por al menos dos especies. Una la estoy observando desde junio, de color negro con bandas grises en el abdomen. El caso es que he observado algunos ejemplares diferentes, con el abdomen negro cuyos segmentos tienen el borde teñido de color rojizo. Una aparente hembra con este aspecto aparece fotografiada entre las fauces de una araña cangrejo en la entrada que les dediqué (ver foto), mientras que el macho que acompaña estas líneas, de largas antenas, también presenta dicho colorido. Aquel ejemplar atrapado tenía las alas transparentes, mientras que las de bandas grisáceas las tienen teñidas de oscuro. Sea como fuere, se trata de unas diminutas abejas de carácter social, aunque no tan complejo como el de las abejas de la miel y los abejorros, que se presentan a todas horas en busca de polen en cualquier flor que parezca una buena opción. En la mayoría de casos, estas Lasioglossum parecen preferir pecorear apartadas del sol directo, buscando polen en plantas ubicadas en semisombra o acercándose a las Cardiospermum, una de sus especies favoritas, cuando el sol de la tarde ya no incide en la malla por donde trepan. Con sus patas siempre cargadas de polen, sin duda serán de gran ayuda polinizando toda aquella planta que visiten.