domingo, 19 de marzo de 2017

Pocas abejas

Lasioglossum sp.
El invierno prácticamente ha terminado y tras él, el número de especies de abejas que irán visitando las flores de la terraza es de prever que aumentará a lo largo de las próximas semanas. Existen unas pocas especies que para estas fechas ya son abundantes y de hecho, muchas de ellas llevan zumbando entre las flores desde la segunda mitad de febrero. El caso es que, de manera anecdótica, este año la variedad de especies, e incluso de ejemplares de éstas, está siendo mucho menor respecto al año pasado en la misma época. En aquel entonces había dedicado un par de entradas ya a la variedad de especies que visitaban las flores presentes. Claro, que habría que tener en cuenta que apenas fue el año pasado cuando comencé a interesarme por identificar a todas y cada una de las especies que venían, conociendo sólo a unas pocas de años anteriores y entendiendo que 2016 quizá no fuese un buen año de referencia, ya que el invierno excepcionalmente suave que tuvimos pudo acelerar el ciclo vital de muchas de las especies que aparecieron antes del 20 de marzo.

Actualmente sólo he contado cuatro especies en la terraza. A las habituales abejas melíferas habría que sumar una visita fugaz de un abejorro el pasado día 12, que se detuvo un instante en las rúculas y se marchó. Me detuve para observar de lejos qué hacía y si me daría tiempo a coger la cámara, pero el animal se limitó a probar dos o tres flores y se fue volando sobre los edificios. Es frecuenter que pase esto y en los últimos años apenas cuento unas tres ocasiones en las que los abejorros se tomaron su tiempo en la terraza, especialmente hace tres años cuando pusieron atención a buscar néctar en los Anthirrhinum majus y las Digitalis purpurea. Esta primavera podría ser que ambas especies florezcan, con lo cual habrá que estar al tanto.

Lasioglossum sp.
Las Anthophora plumipes este año no faltan, pero lo cierto es que cuesta encontrar el momento en que la visitante sea una hembra. A pesar de la observación muy temprana el pasado 12 de enero, las hembras de esta especie este año están escaseando incluso cuando ya hay distintas plantas en flor demostradamente atractivas para ellas: las Linaria, las borrajas y Cerinthe, las salvias S. officinalis y S. viridis o la reciente Echium candicans, entre otras. Hasta ahora parece ser que la especie no suele verse más allá de finales de abril, pero desconozco totalmente si esta aparente ausencia se verá traducida también en una presencia más prolongada. Por otro lado, las pequeñas Lasioglossum aparecen a menudo buscando alimento en las margaritas desde principios de febrero. El año pasado, aunque seguramente no me fijaría bien, no llamaron mi atención hasta abril o mayo.

El año pasado por estas fechas había visto a varias de las mencionadas y al menos otras cuatro más. Por un lado tenemos a las Rhodanthidium, que empezaron a venir a mediados de marzo, si bien en años anteriores aparecieron a mediados de abril; las Hoplitis aparecieron a finales de febrero en 2016, pero en 2015, que fueron más abundantes, llegaron la segunda quincena de abril; las Halictus, de presencia bastante amplia pero irregular, también empezaron a dejarse ver en marzo. Apareció también antes de primavera una especie de Andrena sin identificar que sólo vi un par de días y unas Osmia que estuvieron presentes un breve tiempo y que no volví a ver hasta finales de abril. Por otro lado, ahora mismo echo en falta algunas plantas llamativas que hubieran venido bien para las abejas visitantes: las Cosmos bipinnatus, que los caracoles y las tormentas echaron al traste, o las Ismelia carinata, que ya no tienen facilidad para aparecer solas y habrá que volver a resembrar. Aparte, habrá que ver cómo termina el mes, pues esta primera semana de primavera parece que comienza con descenso de las temperaturas provocada por otra bolsa de aire frío que podría provocar de nuevo una situación de lluvias importante para el fin de semana próximo. Por suerte, todavía queda un buen montón de especies de plantas que florecerán a partir de ahora y de seguro darán una buena acogida a las abejas que decidan visitar la terraza las próximas semanas.

sábado, 18 de marzo de 2017

El invierno se despide


Dentro de dos días diremos adiós oficialmente al invierno, aunque la primavera climática ya se ha instalado sobre nosotros. Con días de sol, algunos de ellos excepcionalmente cálidos, y una jornada de lluvias que dio un empujón importante al desarrollo de las plantas, esta primera quincena de marzo está a la altura de las expectativas que se han impuesto como norma desde que cultivo plantas de flor en la terraza. Pasemos ahora al desglose de las distintas escenas que componen el vídeo:

00:00- Un par de flores de los pequeños Narcissus 'W. P. Milner'
00:20- Varias Linaria nevadensis 'Grenada Sol' con unas linarias de forma intermedia entre reticulata y maroccana al fondo
00:27- Nigella orientalis
00:32- Rhodanthe manglesii
00:37- Un macho de Eristalis tenax alimentándose en unas flores de rúcula
00:46- Cerinthe major
00:50- Mariposa del geranio (Cacyreus marshalli)
00:52- Arctotis fastuosa
01:04- Felicia heterophylla
01:12- Ursinia anthemoides 'Solar Fire'
01:26- Un escarabajo Tropinota squalida recorre las flores de la Osteospermum
01:38- Freesia híbrida de color rojo
01:47- Freesia híbrida de color blanco
01:54- Lampranthus aureus
02:01- Sparaxis tricolor
02:07- Nicotiana mutabilis
02:17- Gilia tricolor
02:20- Matthiola longipetala
02:26- Muscari latifolium
02:31- Syritta pipiens sobre flores de Malcolmia maritima
02:37- Argyranthemum frutescens
02:45- Sisyrhinchium bellum
02:48- Lupinus angustifolius
02:55- Echium candicans
03:21- Apis mellifera sobre las flores de Echium candicans

viernes, 17 de marzo de 2017

Echium candicans, el orgullo de Madeira

Espiga de flores de Echium candicans
La paciencia es una virtud que viene bien al jardinero, pero he de reconocer que en los últimos años encuentro más satisfactorio el cultivo de especies o bien anuales o bien perennes capaces de florecer tan rápido como éstas -indiferentemente si hablamos de semillas para sembrar o bulbos, rizomas o esquejes para plantar directamente. Preparar el sitio, el orden y la planificación puede ser algo complejo, pero los resultados se dejan ver tan pronto que a partir de épocas como la actual, en plena transición a la primavera, uno ya ha olvidado los montones de semilleros, los movimientos de macetas de sombra a sol, la protección de las plántulas y todos los quehaceres que permiten que cada año, entre febrero y junio, las plantas luzcan con las mejores de sus galas. Y con ello, se consigue también la experiencia para hacerlo cada vez mejor. Sin embargo, la especie que protagoniza esta entrada es todo lo contrario a esto, ya que su historia se ha prolongado tres años hasta llegar al colofón final, esto es, la producción de flores, con lo cual prácticamente ha estado en segundo plano recibiendo los cuidados necesarios y poniendo en duda si había acertado con ella.


Espigas de flores
Echium candicans (sinónimo de Echium fastuosum), conocida comúnmente como orgullo de Madeira, es una de esas especies de Echium propias de la Macaronesia que destacan por su desarrollo enorme, a diferencia de las hierbas de roseta basal que tenemos en la costa mediterránea. Con espacio de sobra puede convertirse en una planta que ocupa casi dos metros de alto y otros tantos de ancho, pero en una maceta de 30 cm. de profundidad, como en mi caso, la planta es prácticamente una miniatura de ello; no obstante, sigue siendo una planta grande y muy llamativa. Llegó a la terraza en forma de semillas y en principio barajé varias opciones para ello, ya que había visto en otros blogs cómo mucha gente cultivaba estos grandes Echium en maceta. Podría haberme decantado por el espectacular Echium wildpretii, que crece en una única y alta columna de flores rojas, o el similar Echium pininana, todavía más alto y con flores moradas. Me quedé con el candicans por su crecimiento ramificado que produce múltiples espigas de flores azuladas a modo de candelabros. La idea, sin embargo, tardó unos años en confirmarse como una buena elección.

Sembré las semillas en junio de 2014, ya que en principio al ser una perenne que necesita ganar tamaño no importaba ajustarse al calendario que suelo utilizar para casi todo, esto es, la siembra otoñal. No fue mal y las plantas germinaron, crecieron y para el otoño próximo ya las estaba colocando en su maceta definitiva, donde al parecer sólo quedó una planta. Teniendo en cuenta que es una planta tolerante a la sequedad y no contaba con más sustrato universal en ese momento, simplemente utilicé tierra arcillosa de la que solía emplear cuando sembraba las anuales de la familia Martyniaceae. Lo cierto es que la planta no va mal en este sustrato, pero tiene el inconveniente de que cuando se seca demasiado (en épocas de calor o viento de poniente), la planta queda con las hojas colgando. Sin embargo esto nunca ha significado un problema ya que basta con regar para que la recuperación sea inmediata; sorprendentemente, no acusa el exceso de riego y pasa perfectamente los días de lluvias prolongadas con el plato lleno de agua. Otro problema es que la maceta pesa demasiado, pero es tarde para cambiarlo. De hecho, viendo que pasaban los años y la planta no florecía, estuve cerca de intentar sacar el cepellón de tierra, quitar todo lo posible sin dañar las raíces y rellenar con un sustrato más ligero, todo ello a riesgo de que la planta no tolerase el trasplante. Finalmente, la aparición de montones de botones florales al empezar el invierno hizo que desistiese.

Vista general de la planta en flor
Con la planta ya bien desarrollada -prácticamente sin cambios desde finales de 2015- en cada uno de los extremos de los tallos empezaron a adivinarse las futuras espigas. Aguantaron sin problemas el granizo caído a mediados de enero y al fin, a principios de marzo, empezaron a abrirse rápidamente. El tono azulado de las flores tarda un poco en aparecer, ya que al principio son de color violeta como ocurre con nuestros Echium herbáceos. Como era de esperar, todas las abejas presentes en esta época se han acercado a tomar alimento de ellas. En estos momentos faltan ya bastantes flores, pero no consigo discernir si las estructuras que aparecen entre ellas son las cápsulas de semillas en formación o nuevos botones florales que irán llenando los huecos que quedan. Desconozco también si la planta durará mucho tiempo, ya que suelo encontrar la información de que es una perenne de vida corta. Supongo que siendo la primera vez que florece será capaz de repetir al menos a la temporada que viene.

La floración del orgullo de Maderia es pues un premio digno a la espera y constancia puesta en ella durante estos tres años, y un añadido excepcional al conjunto de flores espectaculares y llamativas para los insectos que pueblan la terraza. Podría haber tenido compañía, ya que durante 2016 tuve también unos Echium vulgare que, desgraciadamente, se pudrieron con las primeras lluvias de otoño y, visto lo visto, si no lo hubieran hecho entonces los hubiera perdido después con los continuos temporales. Sin embargo, no desisto en mi empeño de traer más especies de este género, aunque sea a base de recolectar semillas de los abundantes Echium creticum ssp. coyncianum que pueblan esta región.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Colores de Sudáfrica

Sparaxis tricolor
Las plantas de origen sudafricano que cultivamos como ornamentales son tantas y tan variadas que es bastante fácil que, incluso quien tan sólo tiene unas pocas macetas en su ventana o balcón, cuente entre su pequeña colección con alguna especie procedente de este país. La inmensa mayoría de suculentas, los pelargonios, los gladiolos, las gerberas y otras tantas bulbosas y anuales crecen de manera natural en los variados ecosistemas sudafricanos, y bien en su forma original o como híbridos creados pacientemente en cultivo forman parte de nuestras vidas. El año pasado ya dediqué un par de entradas a plantas con este origen, y aunque hay otras zonas geográficas que reúnen grandes cantidades de especies que cultivo usualmente, como podrían ser México, el Cono Sur o China, lo cierto es que sería complicado hacer una entrada temática de golpe ya que una de las particularidades de las plantas de Sudáfrica es que la inmensa mayoría florecen de manera simultánea entre febrero y abril, quedando aparte unas cuantas especies repartidas por el resto del calendario.

Ursinia anthemoides
En este primer acercamiento de 2017 a las plantas sudafricanas hay pocas novedades respecto al año pasado, pero eso sí, sienta bien comprobar cómo algunas plantas repiten floración igual o mejor que en la temporada anterior. Aparte del prematuro inicio de perennes como Felicia amelloides u Osteospermum, la delantera la tomaron las anuales. Como ya viene siendo costumbre, el pistoletazo de salida lo dan las Dimorphotheca sinuata, que empiezan en enero. Este año la siguiente fue la Heliophila coronopifolia, una crucífera de flores azuladas que ha tenido un desarrollo bastante breve, algo que parece lógico viendo el pequeño tamaño de las plantas, que ya están formando semillas. No obstante, como se ve de fondo en algunas fotos, todavía aparecen varias flores sueltas y desconozco si las plantas tendrán capacidad para reflorecer. En similares fechas se abrían las viejas conocidas Dorotheanthus bellidiformis, de las cuales nunca me parece que tengo suficientes y como mejor lucen es sembrando sin miramiento en una superficie amplia, pues ya se encargan ellas de mezclarse en multitud de colores. Aún así, es de esas especies que se han dispersado tantas semillas con los años que todas las primaveras aparecen varias de manera inesperada. También repiten las imponentes Arctotis fastuosa, obtenidas precisamente de semillas del año anterior, y las Felicia heterophylla, que este año han florecido antes y parece que se desarrollan bastante mejor.

Freesia híbrida roja
Como primera novedad tenemos a la Ursinia anthemoides. Ésta es una de esas plantas que si no he tenido antes ha sido por pura mala suerte. Estuve sembrando de un mismo paquete de semillas desde 2013 hasta que perdieron viabilidad; posteriormente conseguí unas pocas que venían en una mezcla de semillas que me regalaron. A pesar de conseguir germinar varias, sucesivos errores acabaron con ellas: básicamente, se trata de una anual tan fácil como cualquiera pero es de esas plantas que no tienen un ritmo de crecimiento muy rápido al principio de su vida. La mayoría de veces perdí las plantas por querer mezclarlas con otras mayores o por sembrarlas fuera del otoño. Esta vez las saqué adelante en una maceta con otras especies mencionadas en esta entrada, primero en invernadero y luego sin preocuparme mucho de dejarlas al exterior, pues los caracoles ni las tocaron: sólo había que tener cuidado con los pájaros, que este año por el momento se están comportando. Se trata de unas caléndulas similares a las Dimorphotheca aunque con un follaje muy fino, similar al de los eneldos. Crecen más verticales que aquéllas y las cabezuelas aparecen sobre largos y finos pedúnculos. En principio la especie es correcta, aunque posiblemente la variedad cultivada, llamada 'Solar Fire', pertenezca a la subespecie versicolor; la anthemoides nominal tiene cabezuelas totalmente amarillas. Desde que vi asomar las futuras flores hasta que se abrieron las primeras pasó más de un mes, aunque como era de esperar en pocos días las diversas plantas han florecido de golpe. El anillo púrpura que forman sus lígulas alrededor del disco floral es más intenso que en las Dimorphotheca. Es una especie que espero cultivar durante mucho tiempo, pero la primera conclusión que he obtenido es que es más alta de lo que esperaba y habría que buscarle unas compañeras de su talla, quizá las Nemesia strumosa.

Arctotis fastuosa
Pasamos ya a las bulbosas y ponemos la mirada en las Freesia. Este año las híbridas toman la delantera y los ejemplares de flores rojas y blancas producen espigas muy cargadas, tanto que ya se han tumbado por su propio peso. No han aparecido flores rosa como el año pasado, pero podrían aparecer más adelante. La que ha resultado una sorpresa es la Sparaxis tricolor de color rojo que ha aparecido entre ellas, siendo la primera vez que consigo no sólo que florezcan bien, sino que se adapten a un ciclo estacional más acorde. De hecho, este año he vuelto a comprar y la idea es plantarlas antes de que acabe este mes para repetir la táctica seguida con las Freesia híbridas. Como estas plantas deberían estar plantadas desde otoño en nuestro clima, pero vienen de cultivos holandeses y por tanto se venden en pleno marzo, hay que plantar y esperar que sean capaces de crecer un poco antes de volver a aletargarse en verano. Si rebrotan con las lluvias de otoño, lo más probable es que ya funcionen bien a partir de entonces. Por su parte, las pequeñas Freesia laxa este año parece que, como ocurriera en 2015, florecerán en la segunda quincena de marzo. Las espigas de flores empezaron a aparecer hace unos días y crecen deprisa.

Felicia heterophylla
A pesar de que el intento por cultivar diversos bulbos sudafricanos juntos fue un fracaso importante, todavía quedan varias especies repartidas por la terraza a las que nunca habría que dar por perdidas. Las Crocosmia 'Lucifer', una de esas plantas que he tenido varias veces y no consigo más que hojas y cormos que no llegan vivos al año siguiente, siguen creciendo en una maceta en la que empezaron a brotar en otoño. Su aspecto no es muy esperanzador pero estaría bien si fueran capaces de sacar sus primeras flores, pues no parece ser difícil. O sí: las Nerine bowdenii, de floración otoñal, llevan tres años sacando hojas puntualmente cada otoño, perdiéndolas en verano y vuelta a empezar. Comentándolo con otros cultivadores, parece que es un problema bastante común: las plantas viven durante años, multiplicándose incluso, pero las flores nunca llegan, No obstante no pierdo la esperanza y espero que algún otoño me sorprendan. Lo mismo para Amaryllis belladonna, uno de los bulbos sudafricanos más populares y que comparte con la Nerine su particular calendario, esto es, flores en otoño y crecimiento de otoño a verano. El ejemplar fue plantado en febrero de 2016 y como se ha comentado para otras especies, al venir de un vivero holandés tuvo que pasar esa primera primavera con un ciclo "interrumpido": afortunadamente, llegó el otoño y su crecimiento se disparó.

Lampranthus aureus
Las suculentas parece que se lo toman con más calma. Con una ampliación significativa en la variedad de especies obtenida en su mayoría a partir de esquejes, las primeras en florecer son las mismas del año pasado: la aizoácea Lampranthus aureus, de vivas flores naranja, y la espinosa Euphorbia aeruginosa, que curiosamente esta temporada concentra todas sus flores en el lado de la planta que apunta al este, en lugar de un reparto homogéneo como el año anterior. Empieza a florecer también una Aloe humilis que encontré recientemente en un supermercado y me llamó la atención precisamente porque venía con flores creciendo. Posteriormente fui encontrando información sobre ella y descubrí que es una especie de pequeño porte y bastante florífera, con lo cual constituirá una gran adición a la colección. Es de suponer pues que, a lo largo de la primavera, distintas suculentas irán engalanando los rincones de la terraza donde se encuentran: especies como la Oscularia deltoides suelen tener un periodo de floración algo más tardío, produciendo flores entre abril y mayo, con lo cual las siguientes semanas parecen ser aptas para que estas plantas demuestren de qué son capaces.

Freesia híbrida blanca
Algunas especies no han podido llegar a buen puerto por un motivo u otro. Por ejemplo, las semillas de las recargadas Nemesia strumosa 'Carnival' no quisieron germinar en ninguno de los varios intentos hasta que, totalmente fuera de tiempo, se me ocurrió sembrar las que recogí de mis plantas de 2016: éstas sí funcionaron. Sólo obtuve tres o cuatro plantas pequeñas que todavía no pasan de dos centímetros y he pasado recientemente a maceta. Aparte, durante el otoño adquirí semillas de varias especies sudafricanas, algunas venidas directamente de Sudáfrica, y precisamente estas últimas resultaron ser un fracaso, germinando sólo una de las especies que, afortunadamente, se desarrolla favorablemente y espero que sea capaz de alcanzar el tamaño de floración este mismo año. Así pues, todavía quedan algunas especies obtenidas de semilla, tanto perennes como anuales, de las cuales ni siquiera sé si florecerán o no -o si lo harán este año, en el caso de las perennes- pero de seguir todo como hasta ahora, no van mal encaminadas. En los próximos meses se revelará el misterio.

martes, 14 de marzo de 2017

Flores y meteorología cambiante

Nigella orientalis
Esta primera quincena de marzo parece recuperar la racha de récords que empezaron con el pasado enero, el más lluvioso en décadas, pero en esta ocasión sumaremos datos de temperaturas. Con 27,2ºC en Cullera, 28,8 en Sueca y más de 30 en varias localidades valencianas, este pasado viernes día 10 se convertía en el día de invierno más caluroso en la Comunidad Valenciana desde que se tienen registros. Y no fue algo aislado, ya que el calor empezó a apretar el día anterior y las temperaturas fueron muy similares. Dos días de principios de marzo que bien podrían haber sido de finales de mayo. El pasado mes de febrero fue bastante templado, algo que tampoco debería ser lo habitual. Y es que el preocupante cambio climático es cada vez más patente: hasta las golondrinas y aviones sobrevuelan ya estos días la terraza. Para terminar de añadir interés a la situación, el domingo llegó por el noroeste una bolsa de aire frío que provocó una lluvia moderada que dejó 72 mm. en menos de 24 horas cayendo ininterrumpidamente, lo cual es una ayuda estupenda para las plantas en esta época. El viento fue menos intenso de lo que se esperaba -menos mal- y la bajada de temperaturas ayer lunes fue notable, reducida a la mitad respecto a días anteriores. Ahora tenemos ya el mes de marzo más lluvioso desde 2012 y hoy martes el sol volvía a lucir.

Rhodanthe manglesii
Eso sí, con la maquinaria de la floración puesta ya en marcha, las especies de plantas en flor que hay en la terraza ahora mismo son variadísimas. Hay de todo: especies nuevas, especies conocidas y algunas que quedaron pendientes ya que si bien había tenido floreciendo antes, por un motivo u otro éstas tuvieron un desarrollo irregular. De este último tipo de casos habría que destacar al Lupinus angustifolius. Hace años que cultivo la especie, que es relativamente fácil de encontrar ya que se vende como abono verde: la planta nitrifica el suelo durante su vida y posteriormente puede segarse y utilizarse como mantillo. A mí me interesaba ver sus flores azules, pero con el tiempo fui descubriendo que es netamente acidófila. No obstante, el primer resultado positivo lo obtuve plantándolos en un sustrato ácido (turba rubia) pero regando con agua calcárea. En aquel entonces las plantas resultaron ser cleistógamas y produjeron semillas sin abrir sus flores. En posteriores intentos, lo mismo. Este año los sembré en un sustrato a base de arena, arcilla y pinocha regado con agua de lluvia o descalcificada y filtrada por ósmosis. Los primeros ejemplares empezaron a repetir la historia y de hecho están formando frutos desde hace semanas; de semillas sembradas posteriormente he obtenido al fin al primer ejemplar capaz de abrir flores. Éstas aparecen en estructuras irregulares que no siempre llegan a formar las altas espigas típicas del género. Son de un llamtaivo color azulado oscuro con el centro de la flor violáceo. Ahora toca comprobar si el resto de ejemplares florecen igual y si será posible conseguirlo más a menudo a partir de ahora.

Lupinus angustifolius
Otro caso parecido es el de las ranunculáceas Nigella orientalis. Hace años que cultivo a sus parientes, las Nigella damascena, que tienen la peculiaridad de aparecer por cualquier parte ya que las semillas tienen bastante éxito germinando sin asistencia. Aunque lleguen a germinar en septiembre, siempre florecerán en la segunda mitad de la primavera. Las orientalis parecen no tardar tanto y ya hay un ejemplar en flor, así como otros formándolas. Esta especie me vino en una mezcla de semillas y éstas son muy fáciles de diferenciar, ya que en lugar de los granos negros y rugosos de su pariente damascena éstas tienen semillas aladas en forma de disco de color pardo, con el centro -la semilla propiamente dicha- hinchado, y germinan con facilidad. La planta cuenta con hojas igualmente divididas, finas, y las flores a grandes rasgos se diferencian de sus parientes por los prominentes folículos que se erigen en el centro y por el color amarillo y rojo de sus pétalos. El año pasado sembré algunas por probar, algo tarde, y florecieron a finales de primavera, durando apenas un par de días. Eso sí, produjeron semillas. Las cápsulas, en lugar de la estructura globosa de su pariente damascena, se limita a unas vainas que prácticamente vienen a ser los folículos engrosados y secos, con un aspecto similar a las de Consolida o Delphinium.

Nemophila menziesii blanca
Respecto a especies nuevas, toca hablar de la australiana Rhodanthe manglesii. Similar a Rhodanthe chlorocephala, que cultivo desde hace algunos años, se diferencia por tener hojas redondeadas que abrazan los tallos, perfoliadas. Las brácteas que simulan ser flores parecen ser también mayores en proporción al disco floral central que en su pariente. Debido a problemas con exceso de humedad, caracoles y demás, sólo he obtenido un ejemplar de pequeño tamaño de los tres que hubo en principio, desconociendo si el tamaño menor es una característica de la especie. Por otra parte, entre las especies conocidas, aparecen en de nuevo las Nemophila menziesii blancas. Aunque ya se han abierto algunas azules típicas, lo cierto es que ni siquiera llegué a sembrar las semillas recogidas específicamente del ejemplar de flor blanca del año pasado, con lo cual la mutación parece hacerse cada vez más dominante entre los ejemplares replicados año tras año. No me molestaría en absoluto que la mutación se mantenga siempre y cuando las plantas azules sigan apareciendo en, digamos, un 50% de los casos al menos.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Más linarias sospechosas

Linaria nevadensis con patrón de reticulata
Las plantas del género Linaria tuvieron su mayor variedad en la terraza el año pasado, y esta temporada su éxito se mantiene. Si bien de la perenne Linaria vulgaris no conseguí obtener más ejemplares de semilla, algo que quería hacer para repartir la especie en macetas con otras perennes, el mismo ejemplar obtenido a finales de 2015 sigue vivo y actualmente está rebrotando desde la base tras mantenerse floreciendo prácticamente hasta enero. La Linaria reticulata fue sembrada por primera vez en 2013 y desde entonces aparecen solas, lo mismo que las Linaria maroccana desde 2015. De la tercera especie en florecer, Linaria nevadensis 'Grenada Sol', parece ser que no hubo dispersión de semillas y la formación de éstas resultó ser una sorpresa, pues al finalizar la floración me pareció que la planta se había marchitado antes de tiempo y no había cápsulas de semillas bien visibles como ocurre con el resto de sus parientes. Sin embargo, al cortar las plantas secas y sacudirlas en un recipiente cayeron multitud de semillas que germinaron rápidamente cuando las sembré en otoño.

Linaria nevadensis 'Grenada Sol'
Fue en 2016 cuando coincidieron en flor las tres especies anuales -la perenne lo haría más tarde- y, a su vez, llamaron la atención de abejas como Anthophora plumipes y Apis mellifera, que pasaron semanas revisando minuciosamente cada flor buscando el néctar que se encuentra en los largos nectarios en forma de espuela. Tanta visita propició una excelente polinización que se vio traducida en centenares de semillas, pero también apunta a que hubo una hibridación entre las especies. Si ya en diciembre detecté plantas con un aspecto superficial de Linaria maroccana pero con un patrón de color idéntico a Linaria reticulata, la historia se repite ahora en las Linaria nevadensis. Tras la floración de los primeros ejemplares, de color violeta como el del año pasado, aparece un ejemplar que parece la réplica de aquellas L. maroccana dudosas. Nuevamente, mantienen el aspecto de base de la especie que produjo las semillas, Linaria nevadensis en este caso, pero el esquema magenta-amarillo con nervaduras rojas parece evidenciar un cruce obrado por las abejas. Es curioso que se impongan los colores de la reticulata sobre las otras y no al revés, ya que siguen apareciendo reticulata de aspecto original. Sea como fuere, y aunque con el tiempo quizá haya que obtener semillas nuevas para recuperar el patrón original de cada especie, no deja de ser curioso lo sucedido y su porqué, esto es, la gran atracción que producen estas flores sobre nuestras amigas polinizadoras.

martes, 7 de marzo de 2017

Dos muscaris

Muscari latifolium
Estamos en la época álgida de floración para muchas plantas bulbosas. Los narcisos y jacintos, que fueron los protagonistas indiscutibles del mes pasado, empiezan a acercarse progresivamente al final de esta etapa, aunque quedan todavía varias especies que están tomando o podrían tomar el relevo en las próximas semanas, tanto de narcisos como de otras amarilidáceas, liliáceas, iridáceas y asparagáceas. A lo largo del mes de marzo es de esperar que florezca la mayor variedad y posteriormente, antes de terminar la primera quincena de abril, la inmensa mayoría de especies de floración primaveral habrán terminado. Habrá que aguardar a la siguiente etapa a la espera de que repitan floración algunas azucenas y los gladiolos plantados esta temporada. Entre todas esas plantas encontramos también a los Muscari, cuyo miembro más madrugador, Muscari macrocarpum, comenzó a florecer en el mes de enero. Eso sí, uno de ellos todavía ha llegado a mantener abiertas sus flores estos primeros días de marzo, aunque su etapa florífera puede darse por terminada ya.

La especie más abundante en la terraza es el Muscari armeniacum. Plantados desde 2011, y aunque todavía quedan ejemplares procedentes de aquella época, los diversos bulbos repartidos por varias macetas proceden de unas tres o cuatro ocasiones distintas en las que se compraron a fin de obtener ejemplares más vigorosos. Afortunadamente, parece que los más recientes, los que se plantaron en 2015, han vuelto este año con un vigor similar al de la temporada de plantación, a pesar de que se han demorado un poco respecto a ésta. Son los más altos y de flores más voluminosas, aunque también los que se encuentran en una zona más sombría de la terraza. De todos los ejemplares, los que están a pleno sol suelen ser los primeros en florecer, aunque siempre son los más pequeños, quizá por la sobrepoblación de la maceta en la que se encuentran. No cabe duda que son bulbos muy tolerantes que pueden soportar por igual el no recibir agua desde el final de la primavera hasta que llueve en otoño como vivir en macetas con riego continuo. De hecho, todavía a estas alturas me aparecen pequeñas hojas de esta especie en muchas macetas donde he usado tierra que pudo estar en algún momento en contacto con ellos. Tampoco habría que descartar que algunos sean germinados allí, pues producen semillas en gran cantidad. En ocasiones pueden volver a crecer tras su descanso tan pronto como a finales de agosto.

Muscari armeniacum
Este año he introducido una tercera especie de Muscari en la terraza. Después del fallido intento con Pseudomuscari azureum -la típica especie de bulbosa de la cual florecen sólo unas pocas plantas y posteriormente, los bulbos se pudren en verano- me decidí por probar con especies más cercanas en aspecto al M. armeniacum. El elegido fue Muscari latifolium, especie con el aspecto típico del género cuya principal característica son sus hojas, que en lugar de las numerosas y largas, acanaladas y reptantes que poseen los armeniacum se limitan a un par de hojas cortas, anchas y verticales que envuelven el pedúnculo de las flores, algo similar a las hojas de un tulipán recién brotado. Las flores tienen la particularidad de ser moradas, sin reborde blanco, siendo las que coronan el extremo de las espigas de una tonalidad algo más clara, y estériles . Por ahora sólo ha florecido uno y apenas encuentro otro más brotado, pero parece ser en general algo más tardío y todavía podrían aparecer más. Confío en que sea una especie que consiga establecerse y vuelva un año tras otro. Y quién sabe, puede que en próximas temporadas decida traer otras especies que si bien son muy parecidas, cada una tiene su particular encanto.

martes, 28 de febrero de 2017

La antesala de la primavera


Como cada año, los últimos quince días del mes de febrero son testigo del despliegue de flores que abarcará los próximos meses, sin necesidad de esperar a la llegada del equinoccio primaveral. Nuestro suave clima permite que las plantas más tempranas comiencen a aprovechar estos días templados para emitir sus flores.

En esta ocasión, para evitar alargar mucho la descripción del vídeo ya que, como es habitual, se habrá hablado o se hablará de las plantas e insectos que aparecen en él en otras entradas, se opta por hacer una relación minutada del contenido de cada escena. A medida que los vídeos van creciendo en contenido y se publican a mayor ritmo, probablemente este sistema sea mejor. No obstante, si hay alguna sugerencia, los comentarios están abiertos.

00:00- Diversas flores de Iris reticulata

00:20- Una abeja de la miel libando néctar en las flores de Plectranthus neochilus

00:43- Flores de rúcula

00:49- Una abeja Lasioglossum recolecta polen en una Bellis perennis

01:05- La misma especie de abeja de la escena anterior, en esta ocasión en una Mauranthemum paludosum

01:23- Flores de Narcissus 'Winter Waltz' recién abiertas

01:28- Un macho de Anthophora plumipes se detiene unos instantes a tomar néctar de una Linaria maroccana

01:32- Narcissus 'Fortune'

01:40- Lamium amplexicaule

01:44- Hyacinthus orientalis 'Anastasia'. Al fondo a la derecha se observa la flor de un Narcissus 'Winter Waltz'

01:52- Narciso de copa pequeña sin identificar

01:56- Grupo de flores de un sólo ejemplar de Dorotheanthus bellidiformis

02:02- Heliophila coronopifolia

02:07- Dimorphotheca sinuata

02:19- De nuevo la Heliophila coronopifolia, con la Dimorphotheca sinuata en segundo plano

02:32- Plano grupal de diversos narcisos que crecen y florecen juntos: 'Dutch Master', 'Winter Waltz' y  'Grand Soleil d'Or'

02:43- Narcissus 'Grand Soleil d'Or'

02:50- Narcissus 'Winter Waltz' unos días después de la anterior escena donde aparecían en solitario

02:58- Otra imagen de Narcissus 'Grand Soleil d'Or'

03:04- Narcissus 'Loveday'

03:10- Narcissus 'Avalanche'

03:18- Las dos variedades anteriores de narciso, juntas

03:29- Narcissus 'Tête-à-tête'

03:35- Muscari armeniacum

03:42- Ipheion uniflorum

03:57- Anemone blanda

04:01- Linaria maroccana de flores blancas

04:10- Malcolmia maritima

04:14- Hembra de Anthophora plumipes recolectando néctar y polen en una Linaria maroccana

04:38- Linaria nevadensis 'Grenada Sol'

04:46- Jacinto de flores rosadas

04:53- Arctotis híbrida, con Lavandula dentata en segundo plano a su derecha

05:00- Arctotis fastuosa

05:05- Felicia amelloides

05:10- Lampranthus aureus con Osteospermum de fondo

lunes, 27 de febrero de 2017

Destellos de invierno

Heliophila coronopifolia
Como viene siendo habitual cada año, el mes de febrero, a pesar de su corta duración, experimenta el cambio transicional más acusado entre el invierno y la primavera. En nuestro particular clima, de inviernos cada vez más suaves, el breve mes se va tornando más benigno al mismo ritmo que aumentan las horas de luz. Puede haber episodios de frío, lluvias u otros elementos típicos del invierno, pero lo cierto es que siempre acaba siendo un aperitivo de la primavera. El sol durante estos últimos días consigue calentar lo suficiente para dejar una temperatura de alrededor de 20ºC, si bien éstos suelen ser producto del calentamiento, ya que las verdaderas máximas medidas a la sombra todavía se mantienen en torno a los 15-17ºC. Este año el mes ha contado con unos pocos días de lluvia que no han alcanzado a acumular unos escuetos 14 mm. en total. Con el ambiente todavía fresco, dichas cantidades aún fueron suficientes como para regar bien las macetas.

Linaria nevadensis 'Grenada Sol'
Siguiendo la tónica de este mes, la terraza ha comenzado a llenarse de flores. Éstas suelen ajustarse a alguno de estos patrones: bulbosas de crecimiento invernal, anuales de crecimiento rápido o perennes que mejoran en cuanto bajan las temperaturas. De muchos de los bulbos ya se ha hablado en las entradas dedicadas a los Iris reticulata y los narcisos, aunque todavía hay cabida en esta para los jacintos. El primero en florecer ha sido un cultivar adquirido el pasado otoño, 'Anastasia'. Se trata de un jacinto de aspecto silvestre con flores de tamaño ligeramente menor y más separadas entre sí que en las variedades ornamentales más populares. Son de color morado-azulado y como particularidad producen más de una espiga floral como norma general. Casi un mes después se han abierto las flores, precisamente, de un jacinto rosado de una variedad de flores más grandes. Éstas por lo general sólo conservan el aspecto lleno y apretado el primer año, cuando vienen preparados desde donde los cultivaron, apareciendo las flores más sueltas y separadas en temporadas posteriores. Rara vez producen más de una espiga por temporada. Estos en concreto llevan tres años floreciendo en la terraza y han ido produciendo bulbos nuevos en su base.

Jacinto rosado
Las plantas anuales comienzan su periplo de temporada única. Podrían haber sido muchas más, pero este año he tenido que lidiar con una excepcional voracidad por parte de los caracoles. Muchas plantas han desaparecido bajo su apetito insaciable en cuanto las he dejado al descubierto, a pesar de haber hecho todos los esfuerzos posibles por protegerlas y hacerlas crecer a cubierto, sea en invernadero o bajo malla, hasta tener un tamaño que les permitiese sobrevivir. Algunas especies ya no las podré volver a sembrar hasta el otoño que viene -no vale la pena probar ya ahora- y faltará ver si las semillas, algunas con bastante tiempo, todavía germinan. Por ello, y aunque debería haberlo hecho hace mucho tiempo, me decidí a probar a utilizar cebo molusquicida. Encontré un bote de 300 gr. por 3,50€ y me puse en ello. Se trata de unos sticks coloreados de azul (supongo que para hacerlos localizables para el cultivador) que contienen metaldehído, el cual resulta fatal para los moluscos. Al parecer se les añade una proteína que llama la atención de los caracoles -información encontrada en la red, pues en el bote no se explica- y hace que se sientan tentados a comerlos. A los dos días de aplicar el cebo encontré decenas de caracoles de todos los tamaños muertos. Vistos los buenos resultados me animé a seguir quitando protecciones a muchas plantas y por el momento, todo bien. Cierto es que los caracoles todavía han aprovechado para seguir mordiendo brotes y flores allá donde no esparcí el cebo, pero los daños han sido menores y tan pronto como los he detectado he dejado caer algunos sticks alrededor.

Jacintos 'Anastasia'
La anual que primero se estableció esta temporada, con flores ya en diciembre antes incluso del inicio del invierno, fue la Linaria maroccana. Casi todos los ejemplares salían en diversas tonalidades de rosado y amarillo, y aunque han ido cambiando de aspecto, llegué a pensar que eran el resultado de un cruce fortuito entre sus progenitoras y las Linaria reticulata, cosa que todavía no descartaría del todo. Alejadas de esta duda, un par de ejemplares de flores totalmente blancas -salvo por la mancha amarilla central- han roto el esquema y, ahora sí, parece que sí hubo semillas caídas de ejemplares fuera de sospecha en lo referente a posibles hibridaciones. También florecen ya las Linaria nevadensis 'Grenada Sol', que parecen una versión agrandada de la planta de la que obtuve las semillas. Tienen las mismas flores de color morado intenso pero esta vez son plantas más altas: el año pasado las flores estaban cerca de las hojas, siendo un ejemplar compacto de apenas 12 cm. de altura. Sorprende la firmeza y rectitud del pedúnculo que sujeta las flores, más delgado y flexible en sus parientes maroccana y reticulata.

Lamium amplexicaule
Raro es que acabe dejando alguna anual adventicia allá donde ha aparecido, y la mayoría de veces es por lo que cuesta retirarlas una vez han crecido entremezcladas con las plantas cultivadas. Ocasionalmente han florecido en la terraza las amapolas Papaver dubium y este año hay varias plantas que parecen corresponder con esta especie; a éstas, por su aspecto llamativo y el poco espacio que ocupan, se les puede conceder un indulto. Desde hace un tiempo, la lamiácea Lamium amplexicaule aparece de manera habitual, cada vez en mayor número, en macetas de cualquier rincón. Lo curioso es que todos los ejemplares eran cleistógamos, esto es, que producían semillas a partir de flores que no necesitaban ni abrirse. En alguna ocasión pensé incluso en recolectar semillas nuevas, pues se trata de una especie frecuente en herbazales y es probable que sus flores atraigan abejas. No ha hecho falta: los propios ejemplares autosembrados este año, sin que conozca el motivo, han comenzado a producir flores regulares. La planta en sí no es demasiado grande, aunque crece de manera postrada y sus hojas redondeadas pueden tapar parcialmente a sus vecinas. Las diminutas flores poseen el aspecto clásico de las lamiáceas, con corola bilabiada, fusionada en un largo y estecho tubo. Por el momento no he visto a las abejas fijarse en ellas, aunque lo cierto es que hay tanto pocas flores como pocas abejas.

Arctotis híbrida
Las especies de origen sudafricano suelen copar el primer trimestre, o cuatrimestre, de cada año. Da igual si son anuales o perennes, siempre son de las primeras en el calendario. Con las bulbosas no suele ocurrir lo mismo, aunque me he pasado años intentándolo con especies en principio sencillas que no terminan de establecerse y por tanto, no puedo sacar conclusiones. Este caso es particularmente triste con las Ixia y Sparaxis, especies bastante fáciles de encontrar, muy económicas, que sin embargo nunca han tenido éxito a pesar de que brotan con aparente normalidad. Las primeras, curiosamente, florecieron la primera temporada que probé con ellas, en la primavera de 2013. Las segundas, tras muchos intentos, apenas las he visto florecer en un par de ocasiones y siempre salen flores deformadas. Mi idea al respecto es que estas plantas estarían mejor si pudieran plantarse en otoño, pero suelen salir de los viveros holandeses como bulbos de venta primaveral. No descarto seguir probando con ellas para intentar conseguir lo mismo que con sus parientes las Freesia, las cuales sí se establecieron y en la actualidad crecen con las lluvias otoñales y florecen poco antes de primavera. En estos momentos, los mismos ejemplares del año pasado están ya formando flores. Es lógico, puesto que son plantas que reposan en verano, con la sequía, y no deberían plantarse en primavera sino en otoño. Al moverlas cuando se supone que deberían estar creciendo hay que esperar tener suerte y que consigan crecer un poco hasta el verano, perder las hojas y volver a crecer con los cambios otoñales, adaptándose a una rutina más propia de su biología.

Heliophila coronopifolia
Por otra parte, las perennes y suculentas sudafricanas suelen ser más agradecidas. Las segundas son, posiblemente, unas de las plantas más populares y fáciles de cultivar, nada exigentes, hasta el punto de que algunas especies se han vuelto invasivas en nuestros parajes naturales. Muchas de las especies de la terraza, como Lampranthus aureus o Euphorbia aeruginosa se encuentran en pleno inicio de la floración. Las herbáceas y arbustivas también comienzan a abrir sus flores antes de la primavera, algunas mucho antes: desde hace unos años las Gazania florecen mejor en otoño, y la Felicia amelloides este año empezó a hacerlo en noviembre. Por el momento ya ha durado más que el ejemplar que le precedió, que murió al segundo verano de estar en casa. Desconozco si es una planta de vida breve o simplemente hice algo mal. No obstante, el ejemplar actual ha perdido parte de su volumen al secarse algunas ramas, pero lo cierto es que esto empezó a ocurrir la primavera pasada y por el momento la planta se ve verde, sana y con crecimiento nuevo, floreciendo algo más que en los tres meses previos. También la Arctotis híbrida, que sembré en otoño de 2015 y ha duplicado su tamaño después de trasplantarla el otoño pasado, se encuentra floreciendo de manera más abundante y temprana que la temporada anterior, lógico por otra parte. El otoño-invierno le ha sentado bien, no hay duda.

Linaria maroccana blanca
Para finalizar, hablaríamos de las anuales sudafricanas. Emulando el ciclo vital que experimentan en su zona de origen, las plantas crecen deprisa durante los días cortos y florecen bastante pronto. En los prados sudafricanos germinan con las lluvias otoñales y tienen de tiempo hasta que el calor y la sequía vuelvan a apretar, posiblemente antes del verano. Dado que el clima de mi zona permite que las plantas crezcan perfectamente en invierno, tan pronto como llega el mes de enero comienzan a abrirse las más tempranas, en este caso las Dimorphotheca sinuata. Les siguen pronto las Dorotheanthus bellidiformis y. en pocos días, el resto de especies. Este año he vuelto a repetir con las Arctotis fastuosa, que han empezado a florecer ya, y algunas especies nuevas que si bien no todas han tenido éxito, las que han salido adelante añaden un toque extra de belleza. La primera, por ahora, es la crucífera Heliophila coronopifolia, un pariente de las mostazas con unas particulares flores de color azulado y hojas lineares, aspectos ambos radicalmente opuestos a lo que acostumbramos a ver en especies europeas como las mostazas, colzas y rabanizas.

domingo, 26 de febrero de 2017

Abejas de patas peludas

Macho de Anthophora plumipes descansando
La Anthophora plumipes es, aparte de las siempre presentes Apis mellifera, la abeja que más temprano comienza a visitar la terraza tan pronto como ésta se llena de flores. Si bien este año hubo una visita inusual de una hembra en la primera mitad de enero, lo habitual es que sean los nerviosos machos los primeros en emerger. No sólo en esta especie, sino en todas las abejas solitarias, puesto que su principal tarea consiste en patrullar una y otra vez los lugares florecientes para tratar de sacar ventaja frente a otros machos rivales en pos de encontrar a hembras con las que reproducirse. Ellos vivirán algo más de tiempo, pero no deja de ser una vida breve que va ligada al ciclo del clima y las plantas en flor.

Hace sólo dos años, o tres temporadas si se cuenta por estaciones, que me percaté de la presencia de esta especie. El primer año era incapaz de conseguir una imagen nítida puesto que, al parecer, sólo venían los machos, que rara vez se detienen, siendo incluso muy escuetos a la hora de beber néctar. Su vuelo poderoso y directo les lleva a recorrer, de manera repetitiva, una ruta alrededor de todos los puntos de flores de la terraza. Si bien es una especie de coloración variable, los machos de esta región se diferencian por su tonalidad grisácea. Lo que confirma su sexo son los parches desnudos de su cara de color blanco-amarillento y la pelusa rala de sus patas traseras. Las hembras tienen la cara negra y las patas traseras con una densa cubierta de pelos dorados en los que pegan el polen que recogen. Además, su librea general incluye tonalidades pardas y oscuras que faltan en los machos.

Esta especie cría en paredes de tierra consistente, donde excavan túneles que servirán de nido. El año pasado conseguí ver nidos de esta especie en Alzira, debajo de una gran roca que se sustentaba sobre un terraplén arcilloso, en el cual habían excavados multitud de agujeros. La especie no forma colmenas, pero varias hembras suelen criar cerca si el medio es el adecuado: esto ocurre con varias especies de abejas solitarias. Desconozco de dónde vendrán las que acuden a la terraza, que vuelven más frecuentes sus visitas en cuanto descubren que existen flores de su agrado. En un radio de medio kilómetro a la redonda, una minucia para recorrer volando si se es una de estas abejas, hay suficientes zonas de campo y monte para criar.

En la terraza se han aficionado a las plantas con nectarios tubulares y a ser posible que permitan un acceso y retirada sencillos para su lengua. Visitan a varias de las linarias y a la ocasional Misopates, pero no a los antirrinos, que requieren de una visita más prolongada abriendo la corola y entrando en ella. Las salvias, borrajas y Cerinthe también forman parte de su recorrido. Este año las dos últimas no han florecido en febrero, aunque están cerca de hacerlo en las próximas semanas. A la Lavandula dentata han dejado de prestarle atención, pero en cambio he descubierto que se detienen a recolectar el polen de los estambres de los Iris germanica.

El macho de la foto tuvo un comportamiento un tanto excepcional. Suelen detenerse a descansar de vez en cuando, pero se marchan en cuanto entramos en su campo visual. Este en concreto estuvo tanto rato posado que me dio tiempo de sobra a acercarme y enfocar lo mejor posible. Las hembras, por su parte, llegan a ser más fáciles de fotografiar o grabar una vez se las encuentra enfrascadas en alguna planta que les proporcione alimento. Este año han aparecido prácticamente a la vez que en el anterior, pero han tenido que encontrarse con una menor variedad de especies de su agrado, limitándose a las Linaria maroccana que, eso sí, han florecido en distintos puntos.