viernes, 24 de mayo de 2013

Compuestas en la terraza

Capítulo de alazor en floración
Creo que salta a la vista mi predilección por las plantas de la familia Asteraceae, las compuestas, pues deben  ser de las que más especies o híbridos individuales tengo entre mis plantas, y cada poco llega alguna nueva. Siendo tan populares, variadas y en ocasiones fáciles de conseguir, no es de extrañar que la familia de las margaritas, cardos, girasoles y dalias cada vez tenga mayor representación en la terraza.

Os hablaré de unas pocas ahora y del resto conforme vayan floreciendo. Como siempre, hay noticias buenas y malas y, para quitarnos pronto el mal trago, hablaré primero de las malas. Entre ellas, podría mencionar que el bonito crisantemo de flores rojas que tenía el otoño pasado se secó del todo y no ha vuelto a rebrotar, con lo que habrá que sustituirlo e ir investigando causas de por qué una planta perenne no ha vuelto este año. Por otro lado, el áster de Nueva York lleva semanas sufriendo una invasión de hongos tipo oidio que lo han dejado bastante estropeado. He intentado poner remedio y de momento las hojas están o bien secas del todo o bien muy deterioradas, tanto por el ataque fúngico como por la reducción de riego a la que le he ido sometiendo para evitar males mayores. Veremos si con el verano consigue reponerse o por el contrario supone su final definitivo.

Dalia rosada
Por lo demás, os he ido enseñando distintas compuestas que han florecido este año: girasoles y margaritas, perpetuas, cosmos, ageratos o gazanias. Todas ellas siguen con su historia y más o menos van haciéndose su sitio en la terraza. Casi todas estas plantas son de floración primaveral que se prolonga hasta el verano, aunque este año con tantas especies seguro que puede haber una presencia de flores continuada hasta la temporada siguiente.

Empezaremos hablando del alazor o cártamo, Carthamus tinctorius. Descubrí que podía obtener esta planta de una manera inesperada y, por qué no, con toques de ignorancia. Desde siempre, en la mezcla de semillas que daba a mis ardillas (hoy sólo una) veía unas pequeñas pipas de color blanco. El aspecto es tan idéntico al de las pipas de girasol que pensé que simplemente se trataba de una variedad de ésta. Creo que fue la primera vez que las sembré y vi asomar un par de hojas distintas cuando busqué en internet sobre ellas y descubrí que no eran girasoles, sino alazores, un tipo de cardo del que se obtiene un colorante que puede hacer de sucedáneo del azafrán. Si no recuerdo mal, las dos plantas que tengo las sembré en verano en una maceta larga y las acabé trasplantando a macetas individuales, donde están ahora. Han ido más o menos bien aunque entre los tallos delgados y que los gorriones han estado usando continuamente las macetas para darse baños de tierra no sé cómo no se han caído. Los capítulos son realmente gruesos para una planta que creía que crecería algo más, aunque quizá las pequeñas macetas hayan influido.

Margarita de El Cabo
Seguimos con las dalias. Poco que decir de momento, salvo lo que ya conté de que las dalias pompón que compré han resultado no serlo. Qué remedio, me conformo con las que han salido mientras funcionen bien. Este año por lo que veo me han vuelto a tocar las amarillas simples y unas rosadas, y no sé si llegará a salir otro color (el año pasado salían unas rojas simples) dado que creo que venían tres unidades en el paquete. Estoy aplicando con ellas un método de riego que aprendí a base de pudrir a casi todas las que tuve anteriormente y ver cómo una que le regalé a mi tía prosperaba sin riegos: simplemente, no regar tanto. Prácticamente sólo han recibido agua de las lluvias y algún chorro muy puntual que les he echado en todo este tiempo. No parecen acusarlo en absoluto y por el momento el follaje se muestra más o menos sano. El otro ejemplar de dalia ha crecido más a lo ancho y también comienza a sacar los primeros botones florales.

Alazor
Las margaritas de El Cabo (Osteospermum fruticosum) parece que están respondiendo a su buena adaptación. Llegaron a principios de abril llenas de flores, pero al parecer no habían visto mucho sol, pues tan pronto como consideré oportuno pasarlas a la zona más expuesta dejaron de florecer y se chamuscaron las hojas más altas. Volvieron a la zona de semisombra y tras este periodo apartadas, recibiendo riegos moderados, las he vuelto a exponer y parece que ahora sí he acertado. Las hojas siguen verdes y las flores vuelven a aparecer, algo más grandes y de un rosa más intenso.

En una fase similar se encuentra la margarita azul (Felicia amelloides), que todavía no lleva un mes en casa. Está trasplantada a una maceta mayor y ha ido pasando progresivamente de una zona menos expuesta a más, aunque justo ahora no se la ve muy animada a florecer, pero en cambio el follaje luce impecable.

Seguiremos hablando de compuestas en próximas ocasiones, pues todavía hay muchas más dispuestas a mostrar sus mejores galas de cara al verano.

Las aguileñas de este año... ¡todas blancas!

Varias flores: nuevas, viejas y hasta sin abrir
Bueno, el título podría matizarse un poco: todas las aguileñas que tengo actualmente en la terraza no son blancas porque las alpinas son azuladas; además, las blancas no lo son del todo, sino que tienen un tono amarillento pálido, más visible en unas flores que otras y generalmente más intenso con la flor recién abierta.

No obstante, la diferencia en cultivo con el del año pasado es abismal. Repasando rápidamente, las aguileñas que tengo son de LIDL, de una colección que las vende como rizomas en turba ya brotados que hay que enterrar. Vienen tres por paquete y el año pasado ya las tuve, plantando dos en la zona de sol en el contenedor-jardinera y una separada en una maceta. La de la maceta murió al poco tiempo y las del contenedor creo recordar que sólo floreció una, la otra se quedó en hojas. Tras el verano, con alguna hoja que brotaba de vez en cuando, desaparecieron de la superficie. Al buscarlas en invierno para cambiarlas de sitio, sólo encontré la piel de los rizomas seca.

Este año repetía con intención de mejorar y de momento parece que así ha sido. Sólo tengo palabras positivas para este nuevo intento: plantas mucho más grandes, todas florecidas e infinitamente más frescas a estas alturas del año (que también está siendo menos caluroso que el pasado), con pinta de que por lo menos el follaje puede que dure unas semanas o meses más. Esto lo puedo aplicar tanto a las híbridas como a las alpina.

Pero, ¿cuáles han sido las diferencias que he aplicado este año? Poca cosa, la verdad: he situado las plantas en un rincón menos expuesto al sol, que si bien apenas tiene algún guiño durante el invierno -hay que recordar que las plantas estaban ya colocadas allí la última semana de febrero- en primavera-verano recibe al astro rey de pleno durante unas horas por la mañana y cada minuto de insolación cuenta. Supongo, no obstante, que las aguileñas serían capaces de crecer bien incluso con menos luz todavía, como otras plantas que tengo en el mismo punto de la terraza pero ubicadas de manera que todavía incide menos el sol sobre ellas.

Detalle de una flor
Usé también sustrato recién comprado para evitar malas mezclas. Creo que el año pasado las plantas que separé en macetas murieron a causa de un sustrato quizá demasiado poco apto para retener agua por contener demasiada arena. Absolutamente todas las plantas que planté de raíz o rizoma de esta manera murieron en poco tiempo, desde los dos tipos de aguileña hasta las equináceas y un lupino. Hacía más calor -aunque fuese marzo- que este año, pero desde luego no el suficiente como para provocar un desastre inevitable.

El resultado por el momento, como digo, no podría ser más satisfactorio. Montones de flores que no paran de salir, en las tres plantas. La más grande de ellas incluso se ha vencido por su propio peso y crece apoyada hacia delante, cubriendo el sitio que las anémonas, ya cada vez más estropeadas, han ido dejando. Desde que se abrió la primera flor ha pasado más de un mes, aunque parece que las plantas han crecido en un escalonado decreciente: la de más a la izquierda es la mayor, y la de la derecha, la menor, con una de talla intermedia en el centro que, además, fue la primera que floreció.

Sea como fuere, el veredicto final no estará completo hasta que se cierre y reabra el ciclo, esto es, hasta que en la siguiente temporada consiga ver a las mismas plantas rebrotando. Además me he propuesto sembrar semillas después de unas referencias que me dieron, a fin de conseguir mayor variedad de tonalidades. De momento a disfrutar de sus flores, de color monótono, sí, pero siempre sorprendentes por su aspecto inusual.

jueves, 23 de mayo de 2013

Novatas y veteranas

Hippeastrum rojo
No cabe duda de que este año, con el suavizado del tiempo atmosférico, las cosas parecen ir con más calma que el año anterior. Se nos echa encima junio y todavía quedan bastantes anuales por florecer, las bulbosas de floración estival esperan un empujón más y las de floración primaveral todavía cuentan con hojas. Sin embargo, sí es cierto que otras plantas no han dejado de florecer desde hace semanas o incluso ya van terminando, como es el caso de las anémonas y ranúnculos.

La flor roja que abre la entrada -decía hace poco que tenía pocas flores rojas, ¡olvidaba la más grande!- es un Hippeastrum híbrido. Ha requerido algo de paciencia ver estas flores: llegó en octubre de 2011 y empezó a florecer de manera prematura a principios del año siguiente, con flores deformes (no se salvó ni una). A lo visto no le sentaron bien los altibajos de temperaturas y demás provocados por su viaje y su nueva estancia: generalmente son plantas que florecen a mediados de primavera -este año parecen haberse atrasado un poco- pero se venden algo adelantados en otoño y llegan a florecer antes de marzo. Tengo otro, rojo y blanco, también con flores. Éste llegó a casa en octubre de 2010 y es su tercer año consecutivo floreciendo.

Vaccaria hispanica
También hay sitio para las especies nuevas estos días. Entre las semilleras han aparecido varias Vaccaria hispanica, una cariofilácea similar a las Silene y Saponaria con unas características flores de cáliz ovoide con unos marcados ángulos que hacen que parezca estar hecha con piezas planas entrecruzadas. Crece en matas de hojas glaucas opuestas y se ramifican en el extremo, con lo que dentro de pocos días todavía lucirá más espectacular el conjunto de florecillas rosadas. Dos parientes suyos se encuentran a medio camino: uno es la Gypsophila elegans, de porte similar pero con flores blanco puro, que no llegué a fotografiar porque considero que todavía pueden llenarse más de flores. El otro es la neguilla, Agrostemma githago, otra especie de hojas opuestas y flores rosa que todavía no llegan a dejar entrever su color pero que están al caer. Parece ser pues que la familia del clavel se impone.

Meliloto
Entre las zinnias aparece ya alguna flor y abundan los ageratos, que han cumplido todas las predicciones. No sembré voluntariamente ni uno dado que el año pasado fueron tan prolíficos y soltaron tanta semilla que sabía que aparecerían solos por doquier, y así ha sido. De hecho han aparecido en sitios inesperados, como la maceta de los ranúnculos o varias partes del contenedor-jardinera donde, debido a su porte redondeado y sus anchas hojas, quizá le estén quitando sitio a otras pequeñas plantas. De todas formas no sobra en absoluto su elegante colorido violeta formado por los apretados capítulos de aspecto plumoso. Eso sí, al año que viene tampoco sembraré ninguno nuevo: sigo manteniendo dos ejemplares muy envejecidos y leñosos germinados en 2012 que todavía tienen semillas que dar y que de seguro el viento esparcirá aquí y allá.

Agerato
Entre las semilleras, hace ya semanas empecé a ver una planta de hojas trifoliadas y largos pecíolos. No cabía duda que se trataba de una leguminosa, aunque no sabía cuál: en la terraza han crecido muchas veces de manera involuntaria pequeñas alfalfas que venían en la tierra recogida del campo y tengo también la alfalfa forrajera (Medicago sativa), de la que me podría haber caído una semilla cuando planté, ya que aún no ha florecido. En los botes de semillas mixtas no se indicaba la presencia de ninguna leguminosa pero sí dejaba entrever que la relación de especies que vienen en cada mezcla es aproximada, pudiendo haber algunas más no indicadas. Hace pocos días dicha leguminosa ya sobresalía entre otras plantas y mostraba unas inflorescencias sin abrir en forma de piña... ¡un meliloto! No tengo ni idea si ha salido de las semillas compradas o lo ha traído algún pájaro, pues estas especies pequeñas abundan en Cullera. No me desagrada en absoluto su presencia, es una fabácea elegante y pequeña que queda muy bien entre las otras pequeñas plantas de flor. También apareció una pequeña amapola similar a Papaver dubium que ya ha dejado de florecer y no le llegué a ver ni una sola flor entera, encontrando los pétalos caídos. ¿No duraban ni tres días?

Vaccaria hispanica
Entre algunas de las especies más esperadas está tambien la gallardia, Gaillardia aristata, que sembré en enero y a pesar de que las indicaciones decían que es una planta perenne que comenzará a florecer en su segundo año tras ser sembrada, las plantas dieron una importante escalada de crecimiento a partir de abril y se han puesto grandes y con varios capítulos asomando en el extremo de sus tallos. Se trata de una compuesta americana tipo margarita con el centro muy prominente, como las especies cercanas Echinacea, Rudbeckia o Helenium, con pétalos rojo-naranja y amarillos. Estoy impaciente por verlas, más teniendo en cuenta la satisfacción de haberlas sacado adelante yo mismo y en tan poco tiempo para tratarse de una perenne.

Otro curioso evento lo han protagonizado los guisantes de olor (Lathyrus odoratus). Tengo unas pocas plantas que llevan desde otoño en la terraza, sembradas desde octubre. Crecieron bien y en un momento dado se detuvieron sin más, aunque también forzados a ello porque los gorriones picaron casi estratégicamente el ápice desde donde crecían, así que mi idea de ver temprano (marzo-abril) la reja cubierta de tallos y flores de esta leguminosa se desvaneció. Tras estos últimos dos episodios de lluvia, no sé cómo ni por qué, de las axilas de las hojas superiores han reaparecido tallos en crecimiento y han continuado escalando. Aparte, hace sobre una semana o poco más, sembré nuevas semillas de la especie. Sé que quizá no es buena idea por la época, porque a la planta le gusta poco el calor, pero a estas me las he llevado al balcón de la casa a ver si llegan a cubrir rápido la barandilla.

Seguimos en breve con la próxima visita, pues parece que hay varias plantas más animándose a abrir sus flores.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Una extraña perpetua

Capítulos de perpetua de tamaño "extra"
Las perpetuas (Xerochrysum bracteatum), de las que hablé en una entrada, son unas compuestas australianas que pueden comportarse como anuales, bienales o incluso perennes. De ahí que quizá no me sorprendiera tanto que un par de ejemplares hayan sobrevivido desde 2011, pero su comportamiento, y finalmente su aspecto, resulta algo desconcertante comparado con sus vecinas.

Lo que se ve en la foto son las inflorescencias de la planta que está en flor actualmente y, efectivamente, están apoyadas en el suelo. Esto no se debe más que a un capricho natural, pues la planta creció muy delgada y a finales de invierno los vientos y lluvia la fueron doblando de manera que quedó enganchada bajo el tablón que hace de mesa que tiene justo al lado. Por más veces que la solté, la planta ya no conseguía enderezarse y volvía a la misma posición, creciendo así. Tanto ha sido, que lo que ahora sería una planta de unos 60 cm. de alto recta como una caña, describe un arco que va desde la tierra hasta el suelo de la terraza, floreciendo pegado a las baldosas como una planta rastrera.

El otro aspecto curioso es que los capítulos desplegados son el doble de grandes que las anteriores, de unos 7-8 cm. frente a unos 4 de los más grandes de la temporada pasada. Ayudaría que las fotos tuvieran una regla o cualquier otra referencia, pero basta con ver el monstruoso tamaño de la parte amarilla, la zona de las flores tubulares. Hace poco supe de la existencia de perpetuas de flor "gigante" con llamativos capítulos muy gruesos, pero el caso es que mi planta salió de las mismas semillas que las de la entrada que enlazo al principio y, de hecho, la planta propiamente dicha es del mismo tamaño y grosor que una normal. Es decir, que casi seguro que si hubiera crecido recta, el peso de estas grandes flores las hubiera doblado igualmente; además, las plantas del año pasado sacaban un capítulo por tallo para posteriormente abrirse 1-3 más pequeños alrededor, o ramificándose en el extremo: la planta actual tiene ya cuatro o cinco de estos enormes capítulos abiertos a la vez.

El primer grupo de perpetuas que planté fue este, y hasta ahora no he visto plantas de siembras posteriores aunque es probable que las haya escondidas en la mata del contenedor-jardinera. Esto fué sobre septiembre-octubre de 2011 y las plantas crecieron a un ritmo pausado, comenzando a florecer alguna a finales de abril y pasando a estar en su esplendor en mayo, decayendo conforme avanzaba el verano. Llegado a cierto punto, las plantas se secaban terminando con las últimas flores y las arrancaba ya muertas. Quedaron por lo visto dos ejemplares, pequeños, que nunca hubiera pensado que fueran a durar más que unos meses. Uno de ellos es el de la foto y el otro, que está a punto de florecer, parece que tendrá el tamaño y aspecto normal: además éste sí ha crecido recto.

Quizá no luzca tan bonita así tumbada en el suelo, pero el color rojo purpúreo de las brácteas no lo vi el año pasado y resulta muy llamativo. Guardaré sus semillas por si se mantuviera la mutación, aunque quizá sólo haya sido una casualidad. Al ser una planta de vida no muy larga y que además suele producir un único tallo, veo más dificil probar a obtener un esqueje para asegurarme del todo.

martes, 21 de mayo de 2013

Antirrinos a todo color

Antirrino alto rojo púrpura y amarillo
Parecía que ninguna planta de este año rivalizaría en colorido con las vívidas margaritas de Livingstone, pero nuestras semilleras siempre tienen con qué sorprendernos. Los antirrinos o bocas de dragón (Antirrhinum majus), entre otros nombres, todos los cuales han llegado a la terraza en forma de semillas con dos orígenes distintos, han explotado al fin con todo su esplendor en estos días.

Primero, unos conceptos básiscos. "Anthirrinum" significa "como una nariz", por el aspecto de las flores, quizá un poco rebuscado, aunque sí es cierto que tienen cierto aspecto de nariz humana unida al tallo por la punta de ésta. El nombre "boca de dragón" ya parece más acertado, pues las flores, de simetría bilateral, parecen estar formadas por dos "mandíbulas" que se abren y en cuyo interior encontramos el polen. Las abejas lo saben, situándose en el centro y empujando con la cabeza para introducirse en el receptáculo interno. El nombre inglés, "Snapdragon", también me suena atractivo.

Antirrino alto amarillo
Y ahora, algo de historia. Tengo dos tipos de antirrino: unos son bajos y muy ramificados, y las flores se agrupan en el extremo de los tallos bastante apretadas entre sí, aunque a lo visto el ápice no deja de crecer y las flores van apareciendo a un ritmo irregular; los segundos son de porte espigado, con un sólo tallo a modo de "abeto en miniatura" (hasta ahora no he visto ninguno ramificado, puede que desde la base) de cuyo centro brota una única espiga llena de flores aparentemente más anchas. Los primeros los vengo cultivando desde 2011 y los últimos, todavía sigo este año con ellos.

Los ejemplares de porte bajo proceden de una única planta que tenía mi tía en la terraza en 2011, que acabó completamente seca en verano y, movido por la curiosidad, la examiné en busca de posibles semillas y encontré algunas cápsulas secas que las contenían. Llené un pequeño sobrecito hecho con un post-it y la verdad es que podría haber extraido todas las semillas que quisiera, pues la planta estaba ya muerta y su destino estaba echado, acabando en la basura. Creo recordar que era de flores amarillas, pero lo curioso es que ninguno de sus descendientes ha dado este color.

Antirrino de mata baja blanco
En septiembre de ese año sembré semillas en una maceta hecha en casa con un recipiente de plástico. Aparecieron dos matas, una a cada extremo, de cuya presencia no me percaté hasta ver las primeras flores en la primavera de 2012. El primer ejemplar floreció con apenas 10 cm. de altura, con lo que las flores, rosadas y de tamaño normal, parecían desproporcionadas. Este ejemplar se pasó toda la primavera floreciendo de manera irregular y acabó totalmente seco tras el verano, con lo cual fue arrancado de raíz. Su vecino y hermano floreció un poco más tarde y presentaba flores blancas que aparecían igual de tímidamente que el anterior. Se secó parcialmente, y desde el tallo que quedaba verde se ha regenerado de manera notoria y esta primavera ha multiplicado visiblemente su floración, dato que se aprecia en la foto. Por tanto, es el ejemplar más viejo de la terraza en la actualidad.

Antirrino alto rosa claro
En la misma primavera del año pasado sembré las mismas semillas en mayor cantidad en el contenedor-jardinera. Para mi asombro, las plantas estaban crecidas en pocos meses y tardaron poco en equipararse a sus hermanas más viejas, para posteriormente superarlas en número, altura y profusión de la floración. Aquí también salieron flores rosadas y blancas, y la floración se extendió de manera ininterrumpida en el tiempo, continuando aún a día de hoy. Al remover el contenedor no tuve más remedio que deshacerme de unas cuantas plantas que estaban enmarañadas entre las raíces del áster y las milenramas, pero hice lo posible por conservar al ejemplar más grande, que en ese momento -este pasado enero- se encontraba en floración como si de verano se tratase. Nunca es buena idea tocarle las raíces a una planta que está en pleno apogeo, pero no se resintió demasiado y continuó a lo suyo, y así sigue. Por tanto, este sería el segundo ejemplar más viejo y el que tiene el récord absoluto en cuanto a duración de la floración, que como digo no se ha detenido quizá desde el verano del año pasado.

Antirrino alto púrpura
Durante la primavera, aunque quizá ya algo tarde, me llevé a casa un sobre de semillas de antirrinos de LIDL denominados como "Mix Alto", es decir, mezcla de colores del tipo de antirrinos con espigas altas, más similar en forma a una dedalera o a las Linaria que a sus congéneres de mata baja. Me había llamado la atención este tipo de antirrino que no paraba de ver en fotos de Internet e incluso había visto plantado en una calle que suelo atravesar a menudo. El fracaso fue estrepitoso, no sé si por el calor, pues no conseguí ver siquiera alguna plántula de las sembradas en esa temporada. Daba también por comenzada la época en la que ya no podía sembrar nada, metidos ya en el verano como estábamos, y me olvidé un poco de ellos.

Tanto fue así que ni siquiera anoté el siguiente intento que hice, del cual puedo aproximarme a la fecha de siembra a juzgar por otra planta que crece en la misma maceta, un par de espuelas de caballero (Consolida ajacis) cuyas semillas no tuve hasta primeros de octubre. Por tanto, debió ser en este mes cuando sembré también el montón de antirrinos que aparecen en esta entrada y que tan bonitos lucen. Usé una maceta ancha pero baja, que primero envolví en un plástico: al parecer éste se levantaba frecuentemente con el viento y empecé a darlo por perdido, pero la maceta mostraba una cantidad enorme de plántulas y continué regando. Uno de los mayores méritos, pues, es que esta maceta de tan poco fondo ha estado a la intemperie, enfrentándose a los elementos -y a los temibles gorriones- desde que empezaron a aparecer las plantas, e increíblemente ha funcionado mejor que otras que han estado vigiladas a conciencia.

La maceta llena
Pero claro, otoño e invierno con plantas diminutas es una cosa, el problema empieza en primavera. Actualmente la maceta necesita un buen aporte de agua con frecuencia, ya que las hojas se vienen abajo a la mínima, y un desecamiento prolongado puede hacer que algunos tallos se doblen irreversiblemente y que muchas flores caigan. Durante estos días haré lo posible por ponerle debajo un recipiente que retenga el agua de manera eficaz para procurarles la humedad necesaria durante la floración. Aparte de las espuelas de caballero, solo un par de lobelias 'Crystal Palace' crecen en la maceta, que se ha convertido prácticamente en monopolio de los antirrinos.

La mezcla de semillas de LIDL ha dado pues un resultado espectacular del que estoy muy contento. Suelo tener la mala suerte de que cuando se trata de plantas de colores variados, sólo predominen 1-3 tonos distintos. Lo he visto en los pensamientos, las anémonas, casi todos los bulbos... pero los antirrinos, como las margaritas de Livingstone, han roto esa mala pata. Si bien los colores básicos serían cuatro -rojo, rosa, amarillo y blanco- la diferencia y fusión de tonos es tal que parece que el patrón se repita en no más de dos plantas distintas. Particularmente me llaman la atención los de fuertes tonos rojo oscuro o purpúreo: me gustan las flores rojas y vaya, buscando otras cosas quizá he descuidado el aportar más rojo a la terraza.

Antirrinos altos blancos
No sólo en esta maceta prosperan los antirrinos de tipo alto. En las siembras que he ido realizando en el contenedor-jardinera no faltaron tampoco varios golpes de sus semillas, y acompañando a esa repentina facilidad que han tenido ahora para germinar (ya digo, antes de otoño de 2012, ni uno), son varias las plantas que asoman entre el montón de tallos de especies variadas que pueblan este punto. Ya he visto uno floreciendo, más bajo que sus compañeros, en un tono que parece estar más cercano del asalmonado o amelocotonado: ¡otro color nuevo! Si lo veo en buenas condiciones, pondré su foto en una entrada próxima. Estas serían entonces las plantas más jovenes, germinadas en 2013.

Me sorprende lo distintos que son ambos tipos teniendo en cuenta que se trata de la misma especie, si bien ésta tiene una extensión amplia (desde el Mediterráneo oeste hasta el Cáucaso) y cuenta con diversas subespecies con aspectos distintos, con lo cual no sería raro que a base de unos pocos cruces hayan surgido las distintas variedades en cultivo. Existe al parecer otra variedad que se vende como pumilum y que no es más que un tipo de planta más baja, de porte enano -aunque quizá con flores igual de grandes- y postrado. Parece ser que es un tipo adecuado para cestas colgantes. Lo he tenido a mano este año, pero no me lo llevé porque parece ser más de lo mismo y prefieron antes las plantas más altas, que llenan más en la misma superficie.

Antirrinos altos rojos
En cuanto a la floración, los de tipo bajo van sacando flores en el extremo de los tallos formando grupos más o menos densos. Tengo fotos actuales del ejemplar más grande, pero dado que la floración se ha ido volviendo menos abundante y hay partes secas y partes florecidas, prefiero que veáis al ejemplar en cuestión en la foto de esta entrada, donde lucía en todo su esplendor. Parece que, como si de una crucífera se tratara, el tallo sigue creciendo desde el centro y van apareciendo flores. Tienen sus más y sus menos, pues este mismo ejemplar estaba más lleno en invierno que ahora: tuvo un parón en primavera, justo cuando las temperaturas aumentan y hay más horas de sol, y ahora parece que vuelva a la carga. En cambio, el de flores blancas para en seco durante el invierno y vuelve en primavera. Es increíble que vengan ambos de semillas de una misma planta.

Los altos, aunque llevan poco floreciendo, lo hacen de manera ligeramente distinta. En el extremo del tallo vemos aparecer directamente los botones florales y acabarán abriéndose a modo de espiga piramidal casi todas a la vez. Desconozco si seguirán alargándose en el extremo o simplemente cuando terminen se quedarán los tallos vacíos, como en las dedaleras, pues en la última visita ya vi que iban quedando menos flores. Esa es una incógnita que habrá que resolver a lo largo de estas semanas. Y también otra, más importante si cabe: ¿serán perennes como sus parientes?

Antirrino alto rosa vivo
En cuanto se sequen un poco, estos días quiero coger con calma al antirrino de mata baja rosado y buscar cápsulas de semillas bien conservadas y secas, a fin de obtener una posible futura generación. Desconozco la efectividad de este método, si la planta no admitirá tanta remezcla propia, pero hay que probar. Estoy empezando a dudar de esto -reconozco que estoy flojo en genética, más tratandose de plantas que se autopolinizan- ya que llevo semanas queriendo germinar semillas de Mimosa pudica e Ipomoea purpurea que provienen de ejemplares descendientes de al menos dos generaciones de plantas autopolinizadas y sólo he conseguido que brote una Ipomoea, aunque tratándose de especies tropicales podría ser simplemente que quieran más calor. Igualmente, procuraré guardar también todas las semillas de los antirrinos altos a la espera de que el resultado sea otra lotería de colores. Aún así, me quedan bastantes semillas todavía del sobre original y en cualquier caso podría comprar nuevas siempre y cuando el supermercado las siga trayendo.

Si todo va bien y no hay olas de calor, días de poniente extremos o cualquier otro incidente, supongo que al menos en el caso de los antirrinos bajos o los altos que vayan rezagados seguirán floreciendo en semanas venideras. Sería espectacular ver estas plantas florecer junto a otras especies de espiga floral de tamaño medio, como las dedaleras, campanillas de Canterbury, lobelias más altas o algunas salvias, pero el espacio manda y de momento hay que ajustarse a lo que hay. Puede, eso sí, que coincidan con las espuelas de caballero y formen una combinación curiosa. Lo veremos.

jueves, 16 de mayo de 2013

Repaso de mediados de mayo

Anémona de Caen bicolor
Esta entrada podría tomarse como una continuación de la anterior una semana después, en la que parece que el tiempo se vuelve a poner de mi parte y desde el martes las nubes y la lluvia, eso sí, más suave esta vez, vuelven a hacer acto de presencia y salvan una situación que ya empezaba a tornarse dura debido al calor que apareció inmediatamente tan pronto como terminaron las últimas lluvias de abril.

Ha habido, por supuesto, una de cal y una de arena: el calor -combinado incluso con las tormentas anteriores- lo puso difícil para algunas plantas y otras, que aguantaron bien, se han visto recompensadas con esta lluvia que les ha dado el empujón que necesitaban. Esta vez, por hacerlo más dinámico, plantearé la entrada en puntos, contando la situación para cada especie o grupo de especies:

- Los girasoles florecieron. Una pequeña decepción, pues han resultado ser dos ejemplares de aspecto típico, con flores amarillas cuyos pétalos no llegan a desplegarse del todo (Nota: son los de semillas de LIDL). Han tenido sus más y sus menos con el calor, hasta estar a punto perder dichos pétalos antes de tiempo, pero siguen floreciendo. Por si acaso, he sembrado más pipas pequeñas y negras de otra mezcla de semillas a ver si consigo que aparezca alguno de flores rojizas. No sé si estos girasoles que tengo serán de los que se ramifican, espero que sí, pero no veo crecimiento en el ápice que lo sugiera.

Girasol amarillo
- La margarita (Mauranthemum paludosum) que tenía desde hace un mes pasó a mejor vida. Cuando a las lluvias anteriores, por un descuido pasó varios días con la bandeja de agua inundada, y comenzó a pudrirse. La puse al sol para intentar secarla y salvar algo... y secarla sí lo conseguí, pero del todo. Dado que me costó poco (0,60€) y en la tienda seguían teniendo, me traje otra. En la maceta donde estuvo la anterior hay brotando unas plántulas que parecen otras margaritas, así que corté la planta seca y dejé el resto tal cual.

- Los ranúnculos parecen haberse echado ya a descansar. Dejaron de florecer y tanto éstos como los que no han florecido han ido perdiendo las hojas, ayudados bastante por el calor. Las anémonas parece que también van dejando de abrir flores y no tardarán en venirse abajo, despidiéndose seguramente hasta el otoño, aunque todavía hay bastante verde. Varios eneldos (Anethum graveolens), seguramente de semillas que planté sin éxito el año pasado, han ido creciendo en las macetas de las anteriores y van bastante avanzados, con un ejemplar imponente y recto de alrededor de medio metro de alto. Les daré los cuidados necesarios dado que el año pasado, cuando los planté intencionadamente, no los tuve. Tras todos ellos se erigen las aguileñas, con las Aquilegia alpina llenas de cápsulas de semillas y las híbridas cada vez más grandes y llenas de flores... eso sí, las tres plantas iguales, con flores blancas y amarillentas.

- Los antirrinos se encuentran en su máximo esplendor. Están en flor tanto los nuevos como los viejos, los de mata baja y los de espiga alta. De ellos hablaré en una entrada dedicada muy pronto.

Mauranthemum paludosum
- Las semilleras de este año han sufrido distintos destinos. Quizá el más triste ha sido para los linos (Linum usitatissimum), dos ejemplares sembrados en febrero que ya se encontraban en flor, vino el poniente y los secó. Como el primer día que vi flores hacía mucho viento, lo dejé estar para la siguiente visita... que no pudo ser. En el contenedor empiezan a aparecer especies conocidas y nuevas: florecen las primeras zinnias, ageratos y un carraspique (Iberis umbellata); florecerán pronto la Gypsophila elegans y algunas Vaccaria hispanica, procedentes de aquellos botes de 100 g. de semillas que adquirí en marzo y que estoy seguro que me darán más sorpresas.

- Hace dos fines de semana llegaron dos nuevas adquisiciones: la margarita azul o áster de África (Felicia amelloides) y el cantueso (Lavandula stoechas), del centro de jardinería Kuka de Alginet. La primera llevaba tiempo buscándola porque me atraía su aspecto de margarita al uso, delicada, pero sobre todo su combinación de azul y amarillo; la segunda simplemente es una planta que me parece espectacular, así que me la llevé. Me gustan bastante las labiadas con acumulaciones de flores curiosas: desgraciadamente, la otra que adquirí este año, una Monarda híbrida, empezó a brotar tímidamente en abril, desaparecieron los brotes tras las lluvias y al escarbar el otro día encontré las raíces totalmente secas. Quizá pruebe al año que viene de nuevo si surge la oportunidad (vino a casa desde Eurobulb.nl, en un pedido que hicimos varias personas; no salió nada cara, menos de 2€).

-Las dedaleras han seguido floreciendo, pero perdieron toda la estética que habían logrado -con espigas densas y rectas- tras el poniente, ya que las varas se doblaron por la sequedad y su gran peso ha impedido que volvieran a ponerse totalmente verticales una vez fueron regadas. Además, ello aceleró la caída de flores. Menos mal que antes de eso registré su aspecto en foto... salen en esta entrada.

Aguileña híbrida
- Los bulbos de verano, ahí siguen. Los gladiolos enanos lucen espectaculares, con las hojas perfectamente alineadas y rectas; muchas hojas también para las Triteleia, los gladiolos abisinios, las Tigridia y las crocosmias, pero parece que todavía vayan a tardar en florecer todos. No sería raro pues este año abril y mayo están siendo bastante frescos. Las dalias, sin embargo, ya están floreciendo. Las "pompón rojo" de ALDI, nuevamente, han resultado ser de flores simples y colores variados... si van bien no me quejo, pero está claro que no vuelvo a intentarlo nunca más con esta marca. Brotaron los Ornithogalum saundersiae al fin, tras dos meses y medio enterrados, y siguen con hojas las Nerine bowdenii aunque una de las tres las ha perdido.

- Para ir terminando, hablaremos de las perennes y vivaces. Han ido bastante bien todas: a la Lychnis viscaria ya le he podado las flores, todas secas y dando ya semillas que han sido convenientemente guardadas; las edelweiss se encuentran en floración, algo que me alegra bastante pues tenía dudas sobre si llegaría a hacerlo con mi clima: le dedicaré una entrada. Las Incarvillea han dejado de florecer y están formando frutos, mientras que la Astilbe empieza a abrir sus delicadas florecillas rojizas. A la Campanula glomerata le he hecho una poda porque las flores viejas, en lugar de formar semillas, se quedan como aplastadas y apelmazadas, así que he decidido "sanearla" dado que sigue floreciendo, por si creciera más. La dicentra ya se ha quedado sin flores y es de suponer que el follaje, que sigue frondoso, se vendrá abajo en verano. Sólo queda por mostrar algún rastro de floración la prunela -de la que no podré confirmar la especie hasta que vea las flores.

Y este es básicamente el panorama de la terraza a día de hoy. Me he dejado muchas cosas, pero es que es imposible condensarlo todo en una entrada. Estamos teniendo un mes de mayo bastante impredecible, pues tras algunos días de calor y poniente parecía que el calor venía para quedarse y no ha sido así del todo: sigue refrescando de noche, por la mañana e incluso a media tarde, y cae alguna lluvia de vez en cuando. A mí esto me parece perfecto, no hay duda de ello, pues sólo hay que ver lo que ha ocurrido a poco que el calor y el viento seco han aparecido: si esta situación empezase a mantenerse, no podría dejar de regar más de dos días seguidos y tendría que hacerme a la idea de que muchas plantas se iban a venir abajo irremediablemente. Dejemos pues que el verano se retrase todo lo que pueda y disfrutemos de este tiempo más "normal" (si es que "normal" significa algo) que está permitiendo que las plantas engalanen la terraza con sus flores de manera más intensa.

jueves, 9 de mayo de 2013

Contrastes dispares

Antirrinos, cosmos, perpetuas y otras flores.

Estas últimas dos semanas han dejado tras de sí algunos contrastes curiosos. El domingo 28 de abril, las temperaturas eran tan bajas como en un día de mediados de invierno, con una humedad altísima (más del 90%) y tanta lluvia que parecía que no habría que regar en semanas. El martes 7 de mayo, sólo 9 días después, un abrasador viento de poniente tumbaba la humedad relativa por debajo del 50% y el termómetro superaba ya los 30ºC. Un cambio así a las plantas no les sienta nada bien.

No había regado las plantas desde el domingo, ya que en visitas anteriores ni siquiera hizo falta debido a la humedad que todavía retenía la tierra. El domingo ya se notó algo de calor y algunas plantas estaban decaídas, pero no de manera alarmante. No pude volver hasta el miércoles y ya estuve preocupado en casa viendo que el termómetro no bajaba de 20ºC ni de noche, y para colmo el mencionado poniente del martes que arrastraría la humedad de forma drástica.

El panorama el miércoles era el esperado: muchas de las plantas más tiernas estaban pidiendo agua a gritos, lacias, pero no secas. Irónicamente, todavía las regué con el agua de lluvia que quedaba acumulada en las bandejas y cubos que tengo dispuestos para tal fin. Como hoy iba a volver, comprobaría resultados y repetiría el riego para que aguanten hasta la próxima visita, que tendrá que ser obligatoriamente antes de acabar el fin de semana.

Aunque muchas plantas se han recuperado, las consecuencias han aflorado en forma de follaje y pedúnculos que ya no se enderezan, hojas verdes que caen y, en el caso de los linos que tenía sembrados desde febrero, me parece que ya no hay nada que hacer. La planta justo empezó a florecer después de las lluvias, y no hice ninguna foto dado que la vi un día de mucho viento y sólo había una flor, se iban a abrir más. Parece que habrá que esperar a ver si ha crecido alguno más (sembré muchos, pero no parecen prosperar si no se les dedica atención exclusiva, como casi todas las anuales).

Pero, a pesar de todo, parece que las cosas vuelven a la normalidad y las plantas que se encontraban floreciendo han recuperado la forma y prosiguen a lo suyo. Prueba de ello son los antirrinos de la foto, procedentes de una mezcla de semillas de su forma alta (véase uno "normal", el de color rosa, a la izquierda) que tras unos meses de vida se animan a florecer y, esta vez sí, lo hacen con una variedad de colorido impactante, algo que no suele ser denominador común en esos sobres de semillas de colores mezclados (que más bien habría que llamarlos "aleatorios"). Creo que darán para protagonizar una entrada cuando se encuentren totalmente abiertos.

El tiempo, por lo visto, se mantendrá de esta manera y supongo que habrá que mentalizarse de que el verano ya está a punto de llegar, y el riego generoso con varias decenas de litros semanales se convertirá en denominador común a todas las visitas de aquí al otoño.

viernes, 3 de mayo de 2013

El meridiano de la primavera

Ixia blanca
Se podría decir que estamos cerca de la mitad de los tres meses que dura oficialmente la primavera, y como no podía ser de otra manera, las flores en la terraza son cada vez más abundantes.

Hemos visto ya de todo un poco: margaritas de Livingstone, Lychnis viscaria, anémonas y ranúnculos, Aquilegia alpina, Oxalis tetraphylla, claveles del poeta... y todas ellas, entre otras, siguen en floración en mayor o menor medida. Pero abril ha sido un mes suave que ha permitido a las plantas desarrollarse sin mayores problemas, ayudadas por dos situaciones de lluvia y nubes que les han aportado temperaturas adecuadas, humedad ambiental y un pequeño respiro ante plagas como los pulgones, que inevitablemente han acabado llegando.

Empezaremos por la Ixia, una de las últimas bulbosas de otoño que ha abierto sus flores. Ha tenido un poco de mala suerte, pues se encontró con muchos días nublados y lluviosos y eso hace que la planta no abra del todo las flores, como hacen también sus parientes los crocus, amén de estropearse antes con tanta agua. La curiosidad, que salta mucho a la vista, es que el paquete que compré (de Alcampo) rezaba "Ixia Rose Emperor" y al parecer no han acertado con esa denominación en ninguna de las diez plantas. De hecho, la mayoría de flores eran blancas con el centro púrpura-azulado, como la de la foto, y otras dos varas muestran flores amarillas con el centro también oscuro y que, curiosamente, se vuelven rosadas cuando ya se han cerrado. A la blanca la pillé abierta de suerte el martes, un rato que salió el sol, y desde hoy parece que ya no queda ninguna más por abrir; las amarillas no consigo verlas bien abiertas aunque sea con el sol de mediodía que ya volvemos a tener. Supongo que haré una foto "testimonial" tal cual están ahora para dejar constancia de ellas por aquí.

Incarvillea delavayi
Las Ixia son parientes cercanos de los gladiolos, de crecimiento también similar a éstos, originarias de Sudáfrica. De las plantas que suelen venderse en mezcla de colores no hay mucha información disponible, aunque lo más probable es que sean híbridos de varias especies. Como los gladiolos, poseen una roseta de hojas dispuestas en abanico, largas y afiladas, aunque en mi caso eran bastante menores que las de los gladiolos, resultando en una planta de tamaño compacto, bastante ideal para mi gusto. Las varas florales han alcanzado unos 25-30 cm. de alto, y los cormos, curiosamente, son incluso más pequeños que los de los crocus, aunque supongo que podrán crecer más, aparte de dividirse como hacen todas las plantas similares de esta familia. En principio sólo a una se le han secado las hojas, las demás siguen verdes.

Dedalera rosa claro
Pasamos a otra planta procedente de un órgano de reserva, esta vez un tubérculo similar al de las dalias aunque con un aspecto que se limita a un cilindro de color marrón, como una zanahoria o un puro: la Incarvillea delavayi. Esta planta pertenece a la familia de las bignoniáceas, familia con plantas muy variables en la que encontramos otras ornamentales populares: existen trepadoras, como las Campsis y las Bignonia, arbustivas como Podranea o incluso árboles como Catalpa y Jacaranda. La Incarvillea, curiosamente, no es nada de eso: se trata de una planta con una roseta de hojas pinnadas a ras de suelo, sin tallo, con un pedúnculo central del que cuelgan ramilletes de grandes flores rosadas, tubulares como la mayoría de especies de la familia, pero con lóbulos muy prominentes. Se asemeja más a las plantas de bulbo y cormo que a lo que estamos acostumbrados a ver en esta familia. La planta más grande que tengo, la de la foto, tuvo un problema prematuro con sus flores al doblarse por el viento y la lluvia, aunque sigue floreciendo. En total han salido dos de tres tubérculos, lo cual dentro de lo que cabe no está mal.

Cosmos bipinnatus
Entre las plantas de raíz más tierna, encontramos a pleno rendimiento a las dedaleras, de las que ya comenté su excelente progresión en esta segunda temporada de vida, en la que definitivamente la floración parece haberse vuelto tan intensa como el crecimiento, con espigas florales más o menos igual de altas que el año pasado pero al parecer más cargadas de flores. Se han abierto casi la mitad de flores en tres de estos pedúnculos y cada una de ellas tiene un tono de rosa y una forma y tamaño distintos. Hay una que destaca por lo intenso de su color, otra por el suave tono pálido y otra que, de un colorido intermedio entre las dos, presenta flores algo más pequeñas que aparecen en mayor número. Parece que el abonado les ha sentado bien, y estas lluvias no digamos.

Dedalera cargada de flores
Siguen floreciendo sin parar las cosmos descendientes de las plantas de 2012, con flores grandes que con bastante suerte parece que han resistido los episodios de vientos fuertes de este mes. Muchas flores ya han dado semillas y seguramente algunas se hayan caído o volado a otras macetas, aunque procuro desgranar las flores secas y depositar las semillas en la misma maceta. Dado que tengo una buena reserva de semillas del año pasado y de momento estas plantas van poco a poco, prefiero dejarlas en el mismo sitio para que germinen cuando se den las condiciones propicias. Además, en el contenedor tengo más cosmos procedentes tanto de estas semillas como de otras nuevas, con lo que la presencia en flor de esta planta se puede alargar bastante este año.

De manera similar, los ageratos, que este año ya no sembré intencionadamente porque me lo veía venir, empiezan a florecer por todos lados. Sitios donde, evidentemente, no fueron sembrados por mí. En el contenedor no sólo aparecieron sin que nadie les invitase, sino que ya son algunas de las plantas más grandes que allí crecen. En la maceta de los ranúnculos hay también uno a punto de abrir sus flores. La culpa de esto la tiene, aparte del montón de plantas que crecieron el año pasado como anuales, el ejemplar más grande que todavía conservo pese a su aspecto depauperado, cuyas semillas deben haber volado por toda la terraza en lo que va de año. El ejemplar está tan envejecido que su tallo se ha vuelto leñoso y he podado varias ramas que estaban totalmente secas, dejando alguna que todavía tiene flores en el extremo. Parece ser, no obstante, que sigue creciendo desde tierra un nuevo tallo, desde el que posiblemente pueda renovar la planta. Junto a éste todavía conservo otro agerato más, algo menor en tamaño pero de edad similar, también floreciendo.

Dedalera rosa intenso
Otra de las plantas que el año pasado traté de controlar, la milenrama, la cual mantengo por separado y además resembré en 2012 -cuya totalidad de plantas acabé eliminando por invasivas- parece que vuelve a asomar por donde no le llaman. En las macetas del aster y en las de los ageratos han aparecido sus hojas, donde en principio no molestan, pero es que en el contenedor, donde realicé una criba a fondo para eliminar cualquier rastro suyo, ya han aparecido dos hojitas. Por la manera en la que salen, directamente de dentro del sustrato, no creo que se trate de una planta brotada de alguna semilla, sino de un trozo de raíz perdida. Habrá que arrancarla, por triste que suene, dado que lo que hoy son dos hojitas al final del otoño puede ser una mata que cubra una cuarta parte del contenedor, quitando sitio a todas las demás plantas.

Mayo promete seguir igual de interesante, pues mientras muchas plantas jóvenes siguen creciendo y yo continúo preparando semilleros (así seguiré hasta que el verano esté demasiado cerca), algunas plantas han alcanzado ya la madurez necesaria o el estado de crecimiento adecuado para florecer. Asoman por ahí futuras flores de antirrino, cineraria marina, espuela de caballero o cebollino entre otras. Desde luego va a ser un mes muy entretenido: al fin y al cabo, de eso trata la segunda parte de la primavera, del ascenso de la mayor explosión floral del año.

jueves, 2 de mayo de 2013

Las margaritas de Livingstone enseñan más colores

Naranja y amarillo pálido
Como dije hace poco, una de las grandes protagonistas de esta primavera en la terraza está siendo la margarita de Livingstone (Dorotheanthus bellidiformis), la pequeña aizoácea anual de bellas y multicolores flores. Casi parece que, en cada visita a la terraza, descubra un color que no había visto antes. A lo visto, incluso una misma flor puede variar según pasan los días.

En varias visitas, por ejemplo, había visto brotar flores de color anaranjado, pero luego el color no se volvía una constante en la mata de plantas. El martes encontré abiertas dos flores de este color, muy vivo, y no dudé en tomarles fotos. Hoy ya no estaban pero sin embargo su posición estaba ocupada. ¿Y las flores naranja? Bueno, seguían allí, pero al parecer pierden fuerza con los días y adquieren un suave tono salmón.

Rosas intensos y anaranjados
Algo parecido pasa con el color rojo, que realmente no llega a aparecer. Las flores de color rosa intenso con el centro amarillo empiezan a abrirse con un tono rojo brillante, pero éste no se mantiene hasta la apertura si bien el rosado resultante es mucho más saturado que en las flores de rosa muy vivo. En la foto donde aparece el grupo de flores podemos ver uno de estos ejemplares que destaca por ser de una mayor intensidad que los ya de por si brillantes ejemplares rosados.

La cantidad de flores se mantiene con bastante variedad, aunque ya son muchas las que se han ido convirtiendo en cápsula de semillas. Ésta me recuerda en cierto modo a las de sus parientes los Carpobrotus, y casi seguro que, al igual que éstos, también estén rellenos de una pulpa dulce y fragante. No he indagado para descubrirlo pero, en cualquier caso, dejaré que se sequen en la planta para que las semillas caigan a los pies de la mata actual a fin de resembrarse en las lluvias que sucedan al final de su vida.

Un regalo en forma de lluvia

Plántulas en el contenedor-jardinera
Desde el jueves hasta el martes pasados hemos tenido encima una situación de inestabilidad meteorológica que trajo descensos de temperatura bastante acusados para la época y una buena cantidad de lluvia, cercana a los 75 mm. en Cullera, que ha caído bastante repartida y de manera moderada. Como era de esperar, tan pronto como se han retirado las nubes las temperaturas han continuado escalando.

Una situación como esta ha venido de maravilla a la terraza. Lo que la lluvia consigue a su ritmo es superior a lo que pueda conseguir yo regando incluso con frecuencia, dado que a partir de ciertas cantidades el agua va calando la tierra de manera suave y uniforme, dotándola de una humedad bien repartida y manteniendo siempre húmeda la superficie, la zona más delicada cuando se trata de macetas o contenedores donde hemos sembrado semillas o las plántulas todavía son pequeñas.

Esta situación ha pillado esta vez al contenedor descubierto, aunque con reja, a diferencia de las lluvias que hubo a finales de febrero -con la misma cantidad, pero caída en un solo día y parte de ella en forma de granizo- donde todavía estaba el plástico que cubría para evitar el escape de calor. El resultado ha sido un empapamiento constante durante esos días que ha hecho que las semillas pequeñas germinen en masa y que algunas de cáscara algo más dura, como las tagetes, caléndulas o acianos, logren por fin romper. Algunas de estas especies, si caen en un trozo de turba reseca, son incapaces de germinar y no hay manera de hacerlo a menos que se pongan sobre papel de cocina húmedo o en una maceta específica con una cobertura que retenga la humedad.

Algunas especies son ya reconocibles
Sabiendo que esta tierra es algo complicada, era de esperar que apenas un par de días después de la primera lluvia, se secara la superficie. Hoy ya empezaban a mostrarse algunos parches de turba seca, con lo cual las semillas deberán apresurarse a excavar hondo con sus raíces para ubicarlas en la zona de profundidad media, que todavía seguirá fresca y húmeda durante más tiempo.

He tenido que retirar la reja cobertora dado que ya no hay una manera de ponerla sin que tropiece con las plantas más altas. Esto es algo peligroso, ya que estas nuevas plántulas y las hojas más tiernas de las plantas presentes quedan así expuestas a los gorriones. Sin embargo, y cruzo los dedos, las aves han estado algo más tranquilas últimamente y puede que den una pequeña tregua. Además, otras plantas pequeñas han conseguido salir adelante en ese punto de la terraza -lino, antirrinos, espuelas de caballero, gallardias- sin recibir picotazos, y esperemos que así siga. Ahora, a observar cómo crecen este montón de plantitas a la vez que ya podemos ir disfrutando de las primeras floraciones de las plantas que germinaron con anterioridad, dando un casi involuntario pero interesante escalonamiento.